El objetivo de este blog es fomentar el estudio de la historia de los Estados Unidos y analizar las prácticas, instituciones y discursos del imperialismo estadounidense.
La revista Tribuna Norteamericana del Instituto Franklin en la Universidad de Alcalá de Henares, acaba de publicar su número 34, dedicado a la administración de Donald J. Trump. Tres ensayos componen está edición. El primero de ellos, escrito por Fernando Vallespín, enfoca la polarización de las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses. El segundo, escrito por Cristina Manzano, enfoca la misoginía del expresidente. El tercero y último artículo, escrito por Pedro Rodriguez Martín, analiza el papel protagónico de la mentira como arma política durante los cuatro años que Trump ocupó la Casa Blanca. En su conjunto, estos trabajos constituyen importantes aportaciones al necesario análisis del gobierno del cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Quienes estén interesados pueden acceder a la revista aquí.
La Dra. Wagner analizará el papel que jugaron las nativo americanas en el desarollo del movimiebto sufragista en Estados Unidos. Debo reconocer que este es un tema para mí desconocido. La conferencia se llevará a cabo el 14 de abril, 2:00PM hora del este a través de Facebook y Youtube. Quienes estén interasados deben visitar el sitio en Facebook de la Franklin D. Roosevelt Library.
La colega Valeria L. Carbone dictará un seminario virtual como parte del programa doctoral del Instituto de Relaciones internacionalesde la Universidad de la Plata en Argentina. El curso, titulado Política, economía y sociedad en los Estados Unidos de América desde la segunda posguerra, comienza el 5 de mayo. Los interesados pueden ir aquípor más información.
Comparto esta breve nota del historiador Luis Valer del Portillo, analizando lo que él considera, los tres principales retos a nivel de política exterior que enfrenta Joe Biden.
Enero de 2021 supuso el inicio de una nueva etapa en el gobierno de los Estados Unidos con la toma de posesión del 46º Presidente, Joe Biden. Desde los primeros compases de su mandato ha puesto en marcha acciones y ha firmado decisiones ejecutivas que buscan reconducir la huella internacional del legado de Trump en áreas clave de la política exterior a la vez que afronta los grandes retos del futuro:
La cuestión climática
El anuncio en 2017 del abandono del Acuerdo de París supuso un serio daño a la imagen de liderazgo mundial de Estados Unidos en la lucha climática. Sin embargo, Biden dejó claro durante la campaña que volvería a incluir la firma de Estados Unidos en el Acuerdo, cosa que ordenó en una de sus primeras decisiones ejecutivas. John Kerry, quien estampó su firma en abril de 2016 sobre el Acuerdo de París, es el enviado especial contra el cambio climático. La cuestión climática es una prioridad para Estados Unidos, como uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero (suponiendo un 14,7 % del total, solo superado por China con un 27 %). Entre los principales puntos del programa de Biden-Harris estaba la descarbonización de la economía para 2035, para lo cual se han comprometido 1,7 miles de millones de dólares para poner en marcha esta transición. Sin duda, es un objetivo ambicioso pero complejo ya que requiere de medidas estrictas que llevarán a la reconversión del mercado laboral dentro del paquete de 10 millones de “empleos verdes”. Por otro lado, se pretende potenciar la inversión en tecnologías e industrias verdes bajas en carbono, infraestructuras de energías renovables, apoyado por un fuerte compromiso en innovación y desarrollo. Liderar con el ejemplo y guiar al resto de países del mundo consiguiendo que amplíen sus compromisos adquiridos al inicio del acuerdo –especialmente China– es un punto clave de la agenda climática.
El multilateralismo abandonado
El “America First” de Trump significó un paso atrás en materia de cooperación y presencia internacional. Esto se tradujo en la salida de consensos y foros globales como la UNESCO (2017), la Organización Mundial de la Salud (2020) y las trabas al funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio. Biden, con su vocación multilateralista, pretende dar continuidad a la herencia de Obama; algo que ha resumido en la frase “America is back, diplomacy is back”. Por otro lado, los aliados tradicionales, especialmente los europeos, han visto cómo se les daba no solo el tradicional “toque de atención” por no cumplir con los gastos en defensa establecidos por la OTAN, sino que han escuchado las amenazas veladas del presidente Trump cuestionando la utilidad de la organización. Así, el compromiso con el multilateralismo y la fe en su funcionamiento por parte de Biden auguran un nuevo y esperanzador horizonte para la OTAN, Naciones Unidas y otros organismos de carácter internacional. En este plano, buscando potenciar el multilateralismo, destaca la elección de Anthony Blinken como secretario de Estado. Blinken, que es un europeísta (francófilo) e internacionalista de firmes convicciones, buscará retomar el legado de Obama en materia exterior, con quien ya fue vicesecretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional. Nombramiento clave, también, el de Jake Sullivan como consejero de Seguridad Nacional, quien ha dejado claro su convencimiento de que Estados Unidos debe reflotar la idea del liderazgo de puertas a dentro y a nivel global, defendiendo el concepto de American exceptionalism, también conocido como el excepcionalismo estadounidense.
El Pacífico y China
Biden anticipa una “competencia extrema” con China que seguirá siendo una preocupación mayor y si bien se espera que el enfoque que aplique no sea tan hard-line como el desplegado por Trump desde el inicio de la guerra comercial en 2018, la guerra arancelaria continuará. Más allá de cuestiones comerciales, hay otras de carácter estratégico y de seguridad que preocupan, como son las violaciones de derechos fundamentales de ciudadanos chinos en Xinjiang y Hong Kong, así como el expansionismo de Pekín en las aguas y atolones del Mar de la China Meridional. También la cuestión de Taiwán ocupa un lugar clave en las relaciones con China, especialmente tras las últimas decisiones ejecutivas de Trump realizando un acercamiento diplomático que no sentó nada bien en Pekín. La persona clave en las relaciones de la administración Biden con China es Kurt Campbell que será el coordinador de la Casa Blanca para el espacio del Indo-Pacífico.
En definitiva, tres son los grandes bloques que estructuran la acción exterior de los Estados Unidos dirigidos por Biden-Harris. Todo ello sin olvidar la importancia que se le ha dado a terminar con las long lasting wars (guerras de larga duración) en las que Washington está inmerso desde hace años.
Escrito por Luis Valer del Portillo (Zaragoza, 1993), graduado en Historia por la Universidad de Zaragoza. Ha realizado estudios de posgrado y master en Barcelona y Madrid, habiéndose especializado en geopolítica y asuntos internacionales de seguridad y políticas de defensa, con especial enfoque en Europa y su vecindad. Twitter: @ValerPortillo/@geopol21
El Gilder Lehrman Institute anuncia los seminarios para maestros de escuela que estará ofreciendo en los meses de junio y julio. Entre ellos podemos mencionar los siguientes: colonización y exploración (Dr. John Fea), la revolución americana (Dra. Carol Berkin), la ilustración nortemericana (Dr. Caroline Winterer), la era revolucionaria (Dr. Denver Brunsman) y los negros durante la república temprana (Dr. James G. Basker).
Quienes estén interesados en estos seminarios deben ir aquí.
El pasado martes 16 de marzo ocho personas fueron asesinadas en Georgia. Desafortundamente, este tipo de eventos son comunes en Estados Unidos. Lo que hizo especial estas muertes es el hecho que seis de las víctimas eran mujeres asiáticas. Esto ha activado las alarmas de aquellos preocupados con el aumento en la violencia contra los asiático-estadounidenses producto de los efectos de la pandemia y, en especial, por el incremento de la retórica antichina en Estados Unidos. Desde el inicio de la pandemia se han registrado 3,800casosdediscriminacióncontra los asiáticos. Según el Center for the Study of Hate and Extremism, el número de crímenes de odio antiasiáticos estadounidenses reportados a la policía aumentaron un 149% entre 2019 y 2020.
La violencia contra los asiáticos no es un fenómeno nuevo en al historia estadoundisense. Basta recordar el trato que recibieron los miles de chinos que llegaron a Estados Unidos en el siglo XIX para construir ferrocarriles. A los chinos les toca el honor de ser el único pueblo al que se le negó al acceso a Estados Unidos a través de una ley aprobada por el Congreso en 1882.
Comparto esta breve nota publicada en la revista The Nation sobre la violencia contra los asiático y su vínculo con el desarrollo imperial de Estados Unidos.
Unanunciodejabóndeladécadade1880,subtitulado‘TheChineseMustGo’. Biblioteca del Congreso
Shortly after the mass killing in Georgia—including six Asian women—earlier this week, US Secretary of State Antony Blinken denounced the violence, saying it “has no place in America or anywhere.” Blinken made the comments during his first major overseas trip to Asia with Defense Secretary Lloyd Austin, where Blinken warned China that the United States will push back against its “coercion and aggression,” and Austin cautioned North Korea that the United States was ready to “fight tonight.”
Yet such hawkish rhetoric against China—which was initially spread by Donald Trump and other Republicans around the coronavirus—has directly contributed to rising anti-Asian violence across the country. In fact, it’s reflective of a long history of US foreign policy in Asia centered on domination and violence, fueled by racism. Belittling and dehumanizing Asians has helped justify endless wars and the expansion of US militarism. And this has deadly consequences for Asians and Asian Americans, especially women.
Anti-Asian violence through US foreign policy has manifested in the wars that have killedmillions, torn families apart, and led to massive displacement; in the nuclear tests and chemical weapons storage that resulted in environmental contamination in Okinawa, Guam, and the Marshall Islands; in the widespread use of napalm and Agent Orange in Vietnam, Laos, and Korea; in the US military bases that have destroyed villages and entire communities; in the violence perpetrated by US soldiers on Asian women’s bodies; and in the imposition of sanctions that result in economic, social, and physical harms to everyday people.
Trincheras filipinas, 1899
These things can’t happen without dehumanization, and this dynamic has had dire consequences for Asian Americans, especially women. Of the 3,800 hate incidents reported against Asian Americans last year, 70 percent were directed at women. Exoticized and fetishized Asian American women have borne a dual burden of both racism and sexism, viewed on one hand as submissive and sexually available “lotus blossoms” and on the other as manipulative and dangerous “dragon ladies.”
Asian women are particularly harmed by US militarism and foreign policy—economically, socially, and physically. In Korea, women have long been collateral damage from militarized US foreign policy. The 1950–53 Korean War, which killed 4 million people, led to social and political chaos, separated families, and orphaned and widowed millions, creating conditions where women were without homes and work. This forced women into prostitution, according to Katherine H.S. Moon, an expert on US military prostitution in South Korea and author of the book Sex Among Allies.
Huérfano coreano
Over a million Korean women have worked in “camptowns” that surround US military bases in South Korea. This system of military prostitution was controlled by the South Korean government and supported by the US military in order to strengthen military alliances and prop up the South Korean economy. Yet the women were stigmatized, “destined to invisibility and silence,” according to Moon.
These camptowns not only facilitated the immigration of thousands of Korean “war brides” to the United States, but also transported the system itself. As the US military steadily reduced its troop presence in Asia, camptown establishments, facing social upheaval and economic uncertainty, began sending their madams and sex workers to US domestic military sites through brokered marriages with US servicemen. Many of these exploited Korean women arrived in the US South, a region housing many domestic military bases, which saw the proliferation of military prostitution. By the 1980s, the Korean American sex trade would spread from these Southern military towns to elsewhere in the United States—including the Atlanta metropolitan area, site of Tuesday’s horrific mass shooting.
We see this anti-Asian violence now manifesting in ramped up US aggression toward China and the ubiquitous US military presence throughout the Asia-Pacific region. According to American University professor David Vine, there are approximately 300 US bases in the Asia-Pacific region circling China, which along with “aggressive naval and air patrols and military exercises, increases threats to Chinese security and encourages the Chinese government to respond by boosting its own military spending and activity.” The military buildup is raising regional military tensions, and increasing the risk of a deadly military clash or what should be an unthinkable war between two nuclear-armed powers.
If we are to successfully stop anti-Asian hatred here in the United States, we must recognize how US foreign policy perpetuates it and end US militarism and wars throughout the Asia-Pacific region. The Biden administration could start by formally ending the Korean War, which cost nearly $400 billion (in 2019 dollars) to fight, and continues to be a source of justification for military-centered policies by the United States, South Korea, Japan, and others in the region.
As we address violence against Asians and women and dismantle white supremacy here at home, we must also fundamentally reorient US foreign policy in the Asia-Pacific region away from domination and control and toward true human security for all.
El Gilder Lehrman Institute invita a la entrega virtual delGilder Lehrman Lincoln Prize a los ganadores de los años 2020 y 2021: Elizabeth Varon y David S. Reynolds, respectivamente. Este prestigioso premio reconoce la calidad de las mejores publicaciones dedicadas al análisis de la guerra civil estadounidense. La ceremonia será llevada a cabo el 19 de abril a las 7PM, hora del Este de los Estados Unidos. El acceso es completamente gratuito y quienes quieran asistir deben reservar aquí.
Según el diario The New York Times, un grupo de 17 historiadores han estado coordinando a través de Zoom, la publicación de lo que sería el primer balance histórico de la presidencia de Donald J. Trump. Nos guste o no, es inevitable reconocer el impacto, a corto y a largo plazo, de los cuatro años de Trump en la Casa Blanca. Siendo así, resulta imprescindible analizar y entender ese triste periodo.
Este proyecto -dirigido por el historiadorJulian A. Zelizer– será publicado en el año 2022 por la Princenton University Press con el título The Presidency of Donald J. Trump: A First Historical Assessment. Cada uno de los 17 historiadores estará a cargo de un capítulo analizando un tema específico. La temática del libro será muy amplia. Por ejemplo,Jason Scott Smith (University of New Mexico) escribirá un capítulo sobre infraestructura que incluirá el tema del famoso muro, Merlin Chowkwanyun (Columbia University) analizará el manejo de la pandemia, Beverly Gage (Yale University) enfocará las tumultuosas relaciones de Trump con el FBI, Keeanga-Yamahtta Taylor(Princeton) estudiará el tema racial a través del movimiento Black Lives Matter y Mae Ngai (Columbia Unversity) atenderá las controversiales politicas migratorias del exmandatario.
Habrá que esperar con paciencia la publicación de esta obra, que debería sentar las bases para un análisis histórico profundo de la presidencia de Donald J. Trump.
Henry Ford es, sin lugar a dudas, una de las figuras más importantes de la historia de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX. Ford hizo posible la producción en masa de automóviles a través de la creación de la línea de ensamblaje. Con ello pudo bajar considerablemente el precio de sus automóviles. Por ejemplo, el Ford Modelo T costaba $950 en 1909, $360 en 1916 y $290 en 1925. De esta forma los automóviles dejaron de ser un lujo y se convirtieron en una necesidad. Para 1923 había 23 millones de carros en los Estados Unidos. La masificación del uso del automóvil cambió de forma dramática de vida de los estadounidenses.
Ford fue una persona muy controversial. Además del inventor y empresario exitoso, Ford fue un feroz opositor del sindicalismo y sometió a sus trabajadores a un régimen laboral opreviso y regulador. Su antisentismo está plenamente confirmado. Una de sus facetas menos conocidas son sus vínculos económicos con la Alemania Nazi y, en especial, la Unión Soviética.
Comparto con mis lectores una reseña del libro de Stefan J. Link titulado Forging Global Fordism: Nazi Germany, Soviet Russia, and the Contest over the Industrial Order (Princeton University Press, 2020) escrita por la historiadora Claudia Contente. La Dra. Contente comenta el análisis de Link sobre la cercanía entre el modelo empresarial de Ford – el Fordismo- y los totalitarismos de izquierda y de derecha en la década de 1930.
A Henry Ford se le puede considerar en gran parte el padre del sistema industrial del siglo XX, que es lo mismo que decir que muy posiblemente sea uno de los grandes responsables de la forma de vida de los países occidentales. Sin embargo, sorprendentemente, su huella fue mucho más allá: su concepción de la producción industrial y su propuesta social fueron muy influyentes en el periodo de entreguerras tanto en la URSS como en la Alemania nazi. Con esta última, Ford compartía además el beligerante antisemistismo.
Cuando el primer Ford T salió de la línea de producción de la Ford Motor Company en 1908, Henry Ford ya llevaba años buscando cómo mejorar el sistema para producir más y más barato. Aplicaba los principios de gestión científica del trabajo de Frederick Taylor, que dividía las tareas entre los operarios y las cronometraba para racionalizar al máximo cada gesto.
No era suficiente para él. En los mataderos de Cincinnati y Chicago encontró la fórmula para perfeccionar el sistema: hizo que el coche en construcción avanzara por una cinta trasportadora mientras cada obrero intervenía sin moverse de su lugar, tal como Chaplin inmortalizó con fina ironía en Tiempos Modernos (1936). Resultó un éxito. Pero aún quedaban otras dificultades.
Una era la rotación del personal, pues había que contratar y capacitar operarios que permanecieran en la compañía. ¿La solución? Duplicó los sueldos, con lo que además de estabilizar la mano de obra, pudo atraer a los mejores y, contra todo pronóstico, pudo reducir todavía más los costes de producción.
Los accionistas eran otro inconveniente porque, cuando los beneficios empezaron a ser consistentes, exigieron que se repartieran dividendos. Ford se negó, prefería invertir ese dinero en ampliar la compañía. La solución fue radical: compró las acciones, expulsó a los demás del negocio y la empresa quedó en manos de solo tres accionistas: su mujer, su hijo y él mismo.
Y si para los empleados, el trabajo era monótono y cansado, las mejoras salariales y la caída de los precios, además de ser un alivio, hicieron que si antes de la primera guerra mundial un trabajador medio necesitaba el equivalente de dos años de salario para comprar un coche, hacia fines de la década de 1920 el sueldo de unos tres meses era suficiente. Los propios operarios de la Ford se convirtieron en clientes potenciales, algo no previsto al principio.
Así, Ford había dado con la fórmula mágica que prometía tanto un crecimiento infinito como una alternativa al sistema económico mundial y el capitalismo salvaje. Stefan J. Linkexplica en Forging Global Fordism: Nazi Germany, Soviet Russia, and the Contest over the Industrial Order(Forjando el fordismo global: la Alemania nazi, la Rusia soviética y la lucha por el orden industrial) que naciones como Alemania, Italia, Japón o la URSS, devastadas tras la Gran Guerra, que buscaban un modelo de transformación social e industrial, vieron en la propuesta y el éxito apabullante del fordismo, la solución a sus problemas.
Ford publicó varios libros sobre sus ideas en la década de 1920. El primero fue El judío internacional. El primer problema del mundo, un panfleto antisemita plagado de argumentos sobre el complot del poder judío en el mundo. Luego fue su libro más conocido, My life and Work (Mi vida y obra), seguido por Today and Tomorrow (Hoy y mañana) que tuvieron una enorme repercusión.
Link señala que My life and Work más que consejos para hacer buenos negocios, contiene un proyecto de reforma social y una crítica al sistema industrial y a la organización económica de la sociedad. Y eso es justo lo que seguramente impactó tanto en Hitler como en los soviéticos.
El mensaje claro era, por una parte, que solo gracias a haber logrado ser independiente del capital financiero (tras el cual veía el poder judío), la empresa pudo llegar hasta donde lo hizo. Por otra parte, que la producción a gran escala es un esfuerzo colectivo. Sostenía, además, que su compañía no pagaba buenos salarios, si no que compartía beneficios con el personal en el que descansaba el éxito de la empresa.
Pese a las diferencias abismales que separaban ideológicamente a EE.UU. de soviéticos y nazis, Ford ofrecía al mundo un modelo productivo, social y cultural seductor que encajaba con las ambiciones y necesidades de ambos regímenes. Cada uno de ellos encontró en aquel modelo elementos que, más allá de la producción en serie, influyeron en la sociedad que querían construir. Además, si querían ponerse al día y competir, necesitaban desesperadamente alcanzar las capacidades productivas de los EE.UU. en lo relacionado con la industria pesada y tecnología.
Trabajadores rusos junto a empleados estadounidenses que participaron en la construcción de la planta de Ford en la URSS. Bettmann Archive
De modo que las fábricas automotrices de Detroit, y en particular la de Ford, se convirtieron en la meca a la que peregrinaban una multitud de ingenieros y especialistas de todo el mundo para ver, copiar y si fuera necesario, robar, las técnicas de fabricación. Ford, dada la ideología populista de la compañía, a menudo dio acceso ilimitado a sus instalaciones a todo aquel que quisiera visitarlas.
Link señala que, según Stalin, la “esencia del leninismo era la combinación de la limpieza de la revolución soviética y la eficiencia estadounidense”. Así que se pusieron manos a la obra. Había que obtener su tecnología al precio que fuera, pero también pretendían mantener los extranjeros a distancia, de modo que firmaron un acuerdo por el que comprarían automóviles y repuestos a Ford que, a cambio, se comprometió a transferir tecnología y brindarles asistencia técnica para que construyeran su planta de producción de Gaz en Gorky, lo que dio lugar a un fluido intercambio de personal que pronto fue capaz de innovar y diseñar por su propia cuenta.
Especialistas estadounidenses en la fábrica de autos diseñada por el arquitecto Albert Kahn en Cheliábinsk en 1932
Los alemanes, en cambio, encararon su transformación industrialde otra manera: invirtiendo en su propio territorio. Dado que algunas empresas como Ford o la General Motors ya tenían intereses allí, la estrategia empleada por el nacionalsocialismo consistió en combinar presión política, incentivos e intercambios económicos.
El propósito era obligar a los industriales estadounidenses a desplegar su tecnología en territorio alemán y, además, enviaron varias delegaciones a Detroit en busca de ideas, máquinas, reclutando incluso a veteranos de Ford (de preferencia de origen alemán) a los que propusieron condiciones fantásticas para que fueran a impulsar el desarrollo de Volkswagen en su tierra natal.
Henry Ford, en el momento de recibir la Gran Cruz del Águila, la mayor condecoración nazi a un extranjero. Bettmann Archive
Así, tanto Ford como la GM invirtieron y desarrollaron sus plantas de producción en Alemania. GM fue incluso más receptiva a las presiones del régimen y construyó en Brandeburgo en asociación con Opel y, en coordinación con las autoridades militares, una fábrica de camiones que combinaba tecnología de vanguardia e instalaciones de producción fácilmente adaptables a la producción militar.
El resultado fue que cuando estalló la guerra, entre el 50 y 70% de la flota alemana de camiones había salido de una planta de propiedad estadounidense. Está de más decir que en ese momento aquellas fábricas pasaron a producir armamento y se convirtieron en objetivo de bombardeos aliados. De hecho, fueron bombas norteamericanas las que destruyeron la planta de la GM en Brandeburgo.
Justo antes de la guerra, en 1938, cuando las relaciones entre los EEUU y Alemania estaban ya muy deterioradas, en un gesto por recomponer la situación, Henry Ford y James Mooney (director ejecutivo de la GM) fueron condecorados con la Orden del Águila alemana por el régimen nazi.
Link piensa que la significativa colaboración norteamericana con los nazis se debió esencialmente a que, tras la crisis de 1929 y el derrumbe de la economía norteamericana, ambas compañías apostaron por las posibilidades de recuperación económica que brindaba Alemania, más allá de consideraciones ideológicas.
En todo caso, las realidades de postguerra y la llegada de Henry Ford II al frente de la empresa, haría que el centro de gravedad de la compañía pasara de los talleres y líneas de producción a la sala de juntas y acabarían con la visión populista de la producción en cadena. El tiempo de Henry Ford y su sueño de reformar la sociedad había terminado.
Franklin D. Roosevelt llegó a la Casa Blanca en momentos en que los Estados Unidos vivían una de las peores crisis de su historia. En el invierno de 1932, los efectos de la crisis habían superado la capacidad de las instituciones públicas de ayuda. El hambre amenazaba no sólo a la población urbana, sino también rural. En la ciudad de Nueva York se reportaron 95 muertes por inanición. El país parecía avocado a la anarquía, la revolución, la destrucción. Ante un clima de desesperanza general Roosevelt inició su mandato buscando inyectar confianza al pueblo estadounidense. Roosevelt comenzó esta campaña en su discurso inauguralpidiéndole a sus conciudadanos que sólo le tuvieran miedo al miedo mismo. Al día siguiente de su juramentación, Roosevelt emitió una proclama cerrando todos los bancos del país por cuatro días. Durante la crisis económica iniciada en 1929, la quiebra de bancos había minado la confianza de los norteamericanos, pues sólo en 1931 cerraron 2,000 instituciones bancarias. El Presidente también convocó al Congreso a una sesión especial para que discutiera, entre otras cosas, la aprobación de una ley bancaria de emergencia. De acuerdo con esta ley, los bancos serían intervenidos por el gobierno federal y sólo se le permitiría abrir a aquellos que demostrasen solvencia. Los que no, recibirían ayuda del gobierno federal. Presionado por las circunstancias, el Congreso aprobó la ley rápidamente. La ley ayudó a disipar el pánico, pues tres cuartas partes de los bancos volvieron abrir sus puertas en los tres días siguientes avalados por el gobierno federal. Los ciudadanos recobraron así la confianza y comenzaron a depositar su dinero nuevamente en los bancos, poniendo fin a la crisis bancaria. Prueba de ello es que en 1934 sólo cerraron 61 bancos.
El 12 de marzo de 1933, una semana después de asumir la presidencia, Roosevelt emitió por radio su primera “charla hogareña” (fireside chat). En ésta, como en los cientos que seguirían semanalmente, el Presidente se dirigió a los estadounidenses de forma directa para darles a conocer los pasos que su gobierno estaba tomando para la enfrentar las crisis. Las charlas radiales de Roosevelt se convirtieron en un excelente instrumento para mantener una comunicación directa con el pueblo, y darles ánimo y esperanza. Su objetivo era claro: que el pueblo estadounidense recuperara la confianza en el gobierno y en sí mismo.
Comparto con mis lectores esta nota escrita porWilliam A. Harris sudirector de la Biblioteca Presidencial Franklin D. Roosevelt, conmemorando 88 años de esa histórica primera fireside chat de Roosevelt. Esta incluye un archivo de voz en donde Roosevelt aborda uno de los principales problemas que enfrentaba Estados Unidos en marzo de 1933: la crisis bancaria.
With water at the ready and microphones arrayed before him, the President prepares for a radio address, 1934. (FDR Library, 47-96 1783)
This week marks the 88th anniversary of FDR’s first “Fireside Chat.” Though not identified as such on March 12, 1933, the President’s address to the nation marked a key moment in his new Administration. He would speak directly to the American people over the airwaves about the banking crisis. And he would come to them not in the formal setting of an inauguration or a conference, but in a more personal manner. He would join them by radio in their homes, after dinner, and speak frankly, in plain terms, about the crisis and and his Administration’s efforts to stabilize the financial system and move forward.
FDR had already begun to fashion his radio style through statewide addresses to the citizens of New York during his gubernatorial years, 1932. (FDR Library, 09-1712M)
Not a distant or aloof leader speaking down to his subjects, FDR opened his remarks with “my friends,” and proceeded to engage listeners on terms that made sense to them. Those who might normally be tuning into programs such as the Manhattan Symphony Orchestra or D.W. Griffith’s Hollywood sat rapt before their sets as the President spoke with them, not at them. That these talks became known as “Fireside Chats” is easy to understand in listening to the March 12th broadcast. Here was a President in complete command of the medium–engaging, stalwart, respectful, and altogether confident that his hosts, the American people, who’d invited him into their homes, would join him in tackling the issues at hand.
FDR’s remarks to the American people on the banking crisis, his first “Fireside Chat,” March 12, 1933. (FDR Library, 65-9:2(1-2) [dig]. RLxA-4)
The President’s radio remarks had been publicized beforehand in newspapers and on radio. Carried by all major networks at the time (NBC Red, NBC Blue, and CBS), he spoke from the White House promptly at 10:00 Eastern Time. The White House had yet to organize the radio and newsreel setups with the efficiency that would come later through experience, but the broadcast proved a success, judging from coverage in the press the following day and from mail and telegrams that poured into the White House.
In this 1930s photograph, the complexities of broadcasting live from the White House are readily evident. Announcers and technicians crowd along the wall in the Diplomatic Reception Room before a “Fireside Chat.” (Photo courtesy of Library of Congress, Harris and Ewing Collection)
Don’t forget the newsreels. Usually after the live radio broadcast, the President filmed a portion of his remarks for newsreel cameras. This 1930s view of the opposite side of the room from the previous photo evidences how crowded the room would get with equipment and personnel. (Photo courtesy of Library of Congress, Harris and Ewing Collection)
The address had an immediate impact in terms of instilling confidence in the banking system and the Administration’s executive and legislative program. Over the next twelve years, FDR would continue to go directly to the American people by radio, forging a personal relationship with everyday Americans unlike any other President before. He was a trailblazer in harnessing the power of technology and media to achieve his goals, and the impacts of his visionary approach are still felt today.
FDR used this RCA model 4-A-1 carbon condenser microphone, now in the Library’s collection, to deliver some of his Fireside Chats from the White House during the 1930s. (FDR Library, 5-7-MO-1997-10)Enter a caption