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Archive for the ‘Imperialismo norteamericano’ Category

Para muchos, el futuro de la democracia estadounidense está en entredicho, amenazada por el ascenso de los extremismos y la polarización política. En este corto ensayo, el historiador Josiah Osgood usa el ejemplo de la crisis de la República Romana para llamar la atención sobre la actual situación política de Estados Unidos. En sus propias palabras: “La historia romana no puede decirnos exactamente qué hacer ahora. La historia siempre se está desarrollando. Pero de los romanos podemos tomar advertencia y también aliento. Los estadounidenses no deben quedar totalmente paralizados por el miedo”.

El Dr. Osgood es especialista en la literatura latina e historia de Roma. Sus líneas de investigación incluyen  la caída de la República Romana y ascenso del Imperio Romano. En su primer libro, Caesar’s Legacy (Cambridge University Press, 2006) exploró la guerra civil que siguió al asesinato de Julio César. Su último libro es Uncommon Wrath: How Caesar and Cato’s Deadly Rivalry Destroyed the Roman Republic (Basic Books, 2022). Osgood es profesor de Historia en Georgetown University.


Where are they now? The faces of the January 6 US Capitol riot | Crime News  | Al Jazeera

Los romanos destruyeron su república en guerras partidistas. Nosotros también podríamos

Josiah Osgood

TIME Magazine      2 de diciembre de 2022

El despliegue de Donald Trump de una turba armada en el Capitolio para anular una elección el 6 de enero de 2021 fue una clara advertencia de la fragilidad de la democracia. Y ha habido otros signos de tensión. En un mitin frente a la Corte Suprema en marzo de 2020, el entonces líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, advirtió a los jueces Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh: “Han liberado el torbellino y pagarán el precio”, ganando una reprimenda del presidente del Tribunal Supremo Roberts. Ante el estancamiento en el Congreso en el verano de 2022, el senador Sheldon Whitehouse pidió un “executive Beast Mode”.

Incluso después de una elección de mitad de período que fue mejor de lo esperado, muchos estadounidenses están preocupados por el futuro, incluso la supervivencia, de un gobierno democrático. Tienen razón, como muestra una mirada al destino de una de las repúblicas más famosas de la historia. Hace poco más de dos milenios, los romanos, después de derrotar a todos sus principales rivales en la guerra, sucumbieron a la guerra interna. La desaparición de la República Romana muestra los peligros del partidismo extremo y su lógica.

En las últimas décadas de la República, los romanos enfrentaron desafíos que resuenan hoy. Los italianos sin derecho al voto clamaron por este. La ciudad de Roma, con una población de quizás 1.000.000, expuesta a incendios, inundaciones y escasez de granos, necesitaba desesperadamente mejores servicios. También había una disputa en curso sobre dónde debería descansar el poder político: en el Senado de varios cientos de miembros vitalicios o en la Asamblea Plebeya, mucho más democrática.

Uncommon WrathDos de los políticos más capaces que Roma haya producido aparecieron en escena al mismo tiempo, lo que paradójicamente empeoró las cosas. Uno fue Julio César, quien era vestía de manera muy elegante y podía producir frases tan memorables como “Vine, vi, conquisté”. César subió al poder defendiendo a los romanos comunes y luego lanzó una guerra de conquista en la Galia (Francia moderna), tan sangrienta como rentable. El otro gran talento era Catón el Joven, un personaje mucho más austero que caminaba por Roma con una toga vieja y áspera de la que sacaba pergaminos de filosofía estoica. Catón hizo una cruzada contra el dinero, exprimido de los súbditos provinciales de Roma, que chapoteaba en la política. Para él, el Senado era el baluarte para que políticos como César adquirieran demasiado poder.

Con sus diferentes visiones para Roma, ambos políticos atrajeron seguidores, y la lógica implacable de la polarización se estableció. César quería aprobar un proyecto de ley que distribuyera tierras a los ciudadanos y tenía los votos. Para detenerlo, Cato recurrió a técnicas obstructivas como el filibusterismo, que se convirtió en su movimiento característico. César hizo que Catón y sus aliados fueran retirados físicamente de una asamblea electoral. Los catonianos negaron la legitimidad de la votación subsiguiente. En luchas continuas como esta, cada lado respondió al otro con estrategias cada vez más devastadoras. El partidismo se convirtió en una reacción en cadena. A medida que las normas políticas y las instituciones se debilitaron, los enfrentamientos futuros se volvieron aparentemente inevitables. La disputa de Catón, César y sus respectivos aliados finalmente condujo a una guerra civil, al final de la cual los romanos aterrorizados tuvieron que aceptar la autocracia.

Cato the Younger - Wikipedia

Catón el joven

A pesar de todas las diferencias con Roma, vemos los mismos estragos de partidismo en los Estados Unidos hoy. Un ejemplo claro es el proceso de nominación de la Corte Suprema, en el que cada parte, en diversos grados, actúa en su beneficio, pero en el proceso ha puesto en tela de juicio la legitimidad de la Corte.

Como ha demostrado el historiador Edward Watts, casi siempre ha estado de moda invocar la “caída de Roma” como una terrible advertencia. Esta tendencia oscurece una parte clave de la historia romana sobre la que también vale la pena reflexionar: la capacidad de compromiso. El mundo romano era uno de desigualdad y brutalidad impactantes, pero, a lo largo de su existencia de siglos, la República logró incorporar nuevos grupos y llegar a una visión más amplia de la ciudadanía que otros estados antiguos.

Incluso en lo que resultarían ser los últimos años de la República libre, la clase política elaboró un compromiso novedoso para llevar la paz a la ciudad después de meses de violencia, en los que se suspendieron las elecciones. La guerra civil que finalmente estalló entre Julio César y sus enemigos podría haberse evitado, y varios políticos, así como miles de ciudadanos comunes, tenían un deseo de compromiso e ideas sobre cómo hacer que eso sucediera.

Gaius Julius Caesar (@julius_gaius). / ทวิตเตอร์

Cayo Julio César

La historia romana no puede decirnos exactamente qué hacer ahora. La historia siempre se está desarrollando. Pero de los romanos podemos tomar advertencia y también aliento. Los estadounidenses no deben quedar totalmente paralizados por el miedo. El agorero y la denuncia solo pueden llegar hasta cierto punto. En nuestro momento de crisis, los políticos deben ofrecer una visión inspiradora de autogobierno pacífico y compromiso donde puedan. Y debemos recompensar a los que lo hacen.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Agradezco a Nicanor Dominguez por compartir este  artículo. 

 

 

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En el episodio más reciente del podcast  ‘Talking Empire’ del Centre for Imperial and Global History the (History Department, University of Exeter,) el profesor Richard Toye entrevistó al Dr. Henry Knight Lozano sobre su libro California and Hawai’i Bound: U.S. Settler Colonialism and the Pacific West, 1848-1959 (University of Nebraska Press, 2021).

Knight Lozano es un  historiador cuyo trabajo explora la expansión de los Estados Unidos y el estudio del clima, las interacciones humano-animal y el medio ambiente, con un enfoque particular en las fronteras tropicales y semitropicales de los Estados Unidos.  (California, Florida y Hawai’i). Es autor de Tropic of Hopes: California, Florida, and the Selling of American Paradise, 1869-1929 (2013), fue galardonada con la Medalla de Oro del Premio del Libro de Florida en Florida Nonfiction.

Imperial & Global Forum

In the newest in CIGH’s ‘Talking Empire‘ series, Professor Richard Toye interviews Dr. Henry Knight Lozano about his bookCalifornia and Hawai’i Bound: U.S. Settler Colonialism and the Pacific West, 1848-1959, published by the University of Nebraska Press in 2021.

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La Operación Pedro Pan fue una de las más crueles de la guerra fría porque conllevó la separación de miles niños cubanos de sus familias. En pleno incremento de las tensiones que llevaron al rompimiento de las relaciones cubano-estadounidenses, a la invasión de bahía de Cochinos y a la crisis de los misiles, el gobierno norteamericano puso en marcha un programa de evacuación de niños cubanos basado en una mentira fabricada por sus organismos de inteligencia. Preocupados por un rumor de que el gobierno revolucionario cubano le iba a quitar la patria potestad de sus hijos por medio de una ley, miles de padres y madres cubanas enviaron sus hijos a Estados Unidos, en donde luego les debían darles alcance.  Sin embargo, por diversos factores que analiza la historiadora Deborah Shnookal, miles de estos niños quedaron varados en territorio estadounidense. Demasiados de ellos no volvieron a tener contacto con su familia.

La Dra. Shnookal es una historiadora australiana dedicada al estudio de la historia cubana. Es investigadora en el Institute of Latin American Studies en La Trobe University y autora  de Operation Pedro Pan and the Exodus of Children from Cuba (University Press of Florida, 2020).

Los interesados en este tema pueden consultar el libro de Yvonne M. Conde, Operation Pedro Pan. The Untold Exodus of 14,048 Cuban Children (Routledge, 1999) y el artículo de Susan Maret y Lea Aschkenas, “Operation Pedro Pan: The Hidden History of 14,000 Cuban Children” (Research in Social Problems and Public Policy, 19, 171–184).


Operación Peter Pan: los 14.000 niños que huyeron del comunismo

Las víctimas olvidadas de la Crisis de los Misiles

Deborah Shnookal

NACLA   18 de octubre de 2022

Hace sesenta años, cuando Moscú y Washington llegaron a un acuerdo que resolvió la crisis de los misiles cubanos en octubre de 1962, el mundo respiró aliviado. Pero para 4,100 de los 14,000 niños cubanos no acompañados que habían llegado a Miami en los 22 meses previos, y que todavía estaban dispersos por todo Estados Unidos, el futuro parecía sombrío. La perspectiva de reunirse con sus familias era más incierta que nunca.

Curiosamente apodada Operación Pedro (o Peter) Pan, el  plan de evacuación de niños cubanos se había iniciado en el período previo a la fatídica invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961. Washington había esperado que al ofrecer refugio a los hijos de activistas anticastristas, más cubanos permanecerían en la isla y participarían en lo que se esperaba que fuera el derrocamiento exitoso de Fidel Castro y detuviera el proceso revolucionario que se aceleraba rápidamente.

Lo que estaba detrás de este éxodo masivo sin precedentes de niños cubanos sigue siendo muy controvertido. En Cuba, a pesar de que nadie fue arrestado o acusado por haber organizado el plan de evacuación, la historia a menudo se relata como un secuestro masivo de los ciudadanos más pequeños de la nación. Por otro lado, la historia de la Operación Pedro Pan ha ayudado a reforzar la política beligerante de Washington hacia la Cuba revolucionaria durante más de medio siglo.

El engaño de “Patria Potestad”

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en junio de 2017 que estaba  “cancelando” la política hacia Cuba de su predecesor Barack Obama, hizo mención especial del éxodo como evidencia de lo que enfatizó era la “naturaleza brutal del régimen de Castro”.  Al hacerlo, simplemente estaba reiterando lo que se ha convertido  en la visión ortodoxa en los Estados Unidos: que la operación era una misión humanitaria urgente para salvar a los niños cubanos del “adoctrinamiento comunista”.

Deborah Shnookal - Historian, writer, editor - Melbourne, Victoria,  Australia | LinkedInEl puente aéreo fue impulsado por un rumor generalizado de que el gobierno estaba a punto de promulgar una nueva ley que eliminaría la patria potestad. Este engaño sin duda aprovechó los temores, prejuicios e inseguridades entre los cubanos en gran parte blancos y más privilegiados en un clima político altamente volátil. La introducción de guarderías para alentar a las mujeres a participar en la fuerza laboral y el proceso revolucionario, junto con la desegregación, nacionalización y secularización de un sistema educativo previamente altamente discriminatorio y corrupto, también alarmó a los sectores más conservadores de la sociedad cubana.

Los agentes de guerra psicológica de la CIA en Cuba llegaron a imprimir y hacer circular un falso “decreto” del gobierno que describía los planes del gobierno para asumir la custodia de sus ciudadanos más jóvenes. Solo décadas más tarde algunos ex agentes como Antonio Veciana expresaron su sincero pesar por su participación en la perpetración de este fraude.

En la atmósfera de la Guerra Fría, la publicidad sobre la difícil situación de los pequeños exiliados cubanos alimentó la propaganda estadounidense contra la revolución en el país y en el extranjero. Un documental desgarrador con un niño triste y solitario fue hecho y distribuido por la United States Information Agency, y los llamamientos para las familias de acogida publicados en los periódicos estadounidenses declararon sin rodeos: “Podemos pensar en pocas maneras mejores de ‘luchar contra el comunismo’ que cuidar a los niños que huyen de él”.

Los Pedro Pan fueron exhibidos como celebridades anticomunistas junior en las funciones de la Legión Americana y la Iglesia Católica para contar sus historias de horror de la Cuba de Castro, y sus “salvadores“ fueron aclamados como héroes.

Del “rescate” al aislamiento

El puente aéreo fue facilitado por una política de inmigración extraordinaria, políticamente motivada y sin precedentes. Durante los años de Trump, los hijos de familias centroamericanas y otras familias migrantes fueron brutalmente arrancados de los brazos de sus padres en nombre de una política de “tolerancia cero” hacia los indocumentados que ingresan. En contraste, después de la Revolución Cubana, el padre (más tarde monseñor) Bryan Walsh, un joven sacerdote que dirigía un pequeño personal en la Oficina Católica de Bienestar en Miami, recibió el visto bueno del Departamento de Estado para firmar exenciones de visa para tantos niños cubanos como sus padres quisieran despachar.

Se estableció un programa de cuidado de crianza financiado con fondos federales  (el Cuban Children’s Programs), y en pocos años se había convertido en una parte importante del presupuesto de refugiados del gobierno federal. Lejos de ser superados por el pánico por la supuesta amenaza a las mentes de los niños y los derechos de los padres, algunas familias cubanas vieron esto como una oportunidad para una muy codiciada “beca” (o beca) para que sus hijos estudien y aprendan inglés en el Norte, un factor que con frecuencia se pasa por alto en los relatos de la operación.

Para octubre de 1962, el plan de evacuación de niños había cumplido en gran medida su propósito en las guerras encubiertas y de propaganda de Washington  contra la Revolución Cubana. Las redes anticastristas en Cuba en las que se había basado la operación se debilitaron significativamente. Más importante aún, sin embargo, el puente aéreo ya no era viable después de la cancelación de vuelos directos entre los Estados Unidos y Cuba.

En este punto, la política de Estados Unidos hacia Cuba se volvió aislacionista, haciendo que la emigración de la isla fuera más difícil y costosa ya que los cubanos tenían que viajar a través de terceros países. Esto obstaculizó significativamente la posibilidad de reunir a los niños varados con sus familias. Además, el número de niños que requerían colocación era abrumador para las agencias de cuidado de crianza en Florida y en otros lugares, y los jóvenes cubanos que llegaban a Miami durante 1962 a menudo tenían más probabilidades de ser enviados a orfanatos y otras colocaciones inapropiadas si no podían ser reclamados por familiares o amigos.

Estos cambios de política resaltaron las justificaciones defectuosas para el programa: ¿las mentes de los niños que permanecen en Cuba ya no estaban en peligro? ¿Por qué detener el esfuerzo de evacuación, incluso si era más difícil en este momento?

Como reconoció el ex diplomático estadounidense en La Habana Wayne Smith, “ahora sabemos que los rumores [sobre la ley ‘patria potestad’] eran falsos. Los niños [que se quedaron en Cuba] no fueron separados de sus familias, por lo que la dolorosa experiencia no fue realmente necesaria”.

La generación Pedro Pan crece

¿Qué pasó con esos miles de jóvenes cubanos que se encontraron varados por los trascendentales acontecimientos de octubre de 1962? La mayoría, pero no todos, se reunieron con sus familias cuando comenzaron los llamados Vuelos de la Libertad de Cuba a los Estados Unidos en diciembre de 1965. Sin embargo, varios meses después, entre el 5 y el 10 por ciento de los Pedro Pan aún no se habían reunido con al menos uno de los padres. Alrededor del 3 por ciento nunca volvió a conectarse con sus familias, y solo un puñado de ellos regresó a vivir en Cuba.

Operación Peter Pan: así la CIA trasladó secretamente a EE.UU. y España más  de 14 mil niños cubanos sin acompañantes › Hoy en la Historia › Granma -  Órgano oficial del PCC

Cuando las familias finalmente se reunieron, en ciudades y pueblos de todo el país donde los niños habían sido enviados, a muchos les resultó imposible continuar donde lo habían dejado, especialmente aquellos que habían estado separados durante años. Por lo tanto, aunque los Pedro Pan eran de hecho “niños que podían volar como Peter Pan” en el “juego de hadas” original de J.M. Barrie, la metáfora del éxodo resultó trágicamente irónica. A diferencia del personaje de cuento que nunca creció, muchos de los jóvenes cubanos pronto se encontraron solos en una tierra extranjera y obligados a crecer demasiado rápido.

Con los años, la historia de la huida desesperada de los niños cubanos se convirtió en clave para la base ideológica de la comunidad de exiliados cubanos. Continúa justificando el poder político y los privilegios especiales que los inmigrantes cubanos aún esperan y disfrutan como refugiados “políticos” y no “económicos”. De hecho, algunos cubanoamericanos se enfurecieron recientemente cuando el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, se atrevió a comparar a los niños no acompañados de América Central que intentan cruzar la frontera hoy con la huida de los Pedro Pan de la “Cuba comunista”.

Recordemos a Carlos Muñiz VarelaUn final trágico es la paradójica historia de Carlos Muñiz Varela, quien fue asesinado a la edad de 26 años por los mismos exiliados anticastristas que supuestamente lo habían rescatado como un Pedro Pan. Junto con su madre y su hermana, Carlos se estableció en Puerto Rico, donde fue influenciado por el movimiento independentista de la isla. Como estudiante, se unió a un grupo de jóvenes cubanoamericanos que buscaban un diálogo y reconciliación con su tierra natal. Las visitas de estos jóvenes emigrados a Cuba, sin embargo, provocaron una reacción violenta de la comunidad de exiliados. Aunque la organización terrorista en el exilio Omega 7 se atribuyó la responsabilidad del crimen, nadie fue acusado por el asesinato a sangre fría de Carlos.

“Mi madre tomó la decisión de enviarme [fuera del país]”, comentó Silvia Wilhelm, ex Pedro Pan, “pero la decisión de regresar fue mía”.  Sintió la necesidad de regresar “para cerrar el círculo y hacer las paces con nosotros mismos, nuestra historia y nuestro país”. Para muchos padres, sin embargo, tales visitas de retorno desafiaron no solo su dolorosa decisión de enviar a sus hijos fuera del país solos, sino su propia identidad como comunidad de exiliados.

Un ex Pedro Pan reflexionó enojado: “Comencé a sentirme parte de un gran engaño de una enorme máquina manipuladora … Lo que había sucedido es que los estadounidenses estaban utilizando a los cubanos: la salida de los niños había sido una herramienta de propaganda. Y lo que salió de los campamentos [de niños de Miami] fue una generación herida”.

Muchas familias cubanas permanecen divididas hoy, política y geográficamente. Sesenta años después, recordar la trágica historia de la Operación Pedro Pan arroja luz sobre cuán efectivamente los sentimientos familiares naturales fueron manipulados por la propaganda de la Guerra Fría y cómo los niños cubanos quedaron atrapados en un juego de poder político internacional. Aunque poco conocido entre la población en general en los Estados Unidos, el episodio sigue siendo una piedra de toque en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y todavía se recuerda con gran amargura en ambos lados del Estrecho de Florida.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

 

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Crecí viendo películas y series sobre la segunda guerra mundial. Este tal vez  sea el origen de mi fascinación por las películas que tratan temas históricos y, en especial, bélicos. Hijo de una colonia estadounidense, no pude escapar de la gran producción de obras fílmicas exaltando la participación de Estados Unidos en la segunda guerra mundial. A mi mente vienen imágenes de John Wayne combatiendo a los japoneses en Iwo Jima, de Vic Morrow enfrentando con su tommy gun  en mano a los nazis  o del coronel Hogan y sus héroes engañando a sus carceleros.

Una de las figuras más destacadas de la segunda guerra mundial es, sin lugar a dudas, Douglas McArthur; quien como prometió, regresó a las Filipinas. Comparto este corto escrito de Donal R. McClarey sobre libros y películas dedicadas a esta controversial figura.

Para ver video, ir aquí


MacArthur in Film - YouTube

Big Mac en películas

Donald R. McClarey

Almost Chosen People    18 de octubre de 2022     

Me pregunto qué habría pensado MacArthur de estas versiones cinematográficas de sí mismo.  Probablemente algo picante sin duda, al menos en privado.

Más de medio siglo después de su muerte, el general Douglas MacArthur sigue fascinando, como Francis P. Sempa demostró en un post en Real Clear Defense:

“En 2015, el prolífico y popular historiador militar Winston Groom (más conocido como el autor de Forrest Gump) elogió a MacArthur (junto con Marshall y Patton) en The Generals como un soldado excepcionalmente bueno y un gran capitán, que era tan valiente como un león, audaz como un toro, y audaz e inventivo en “reunir enormes ejércitos victoriosos”. MacArthur, escribe Groom, sirvió a su país con distinción, y su memoria “enriquece la confianza nacional”.

La Guerra del fin del mundo de James Duffy, que apareció a principios de este año, proporciona una historia detallada de la campaña de MacArthur en Nueva Guinea, que durante mucho tiempo ha sido injustamente eclipsada por las batallas de islas de la Marina y los Marines en el Pacífico Central.

MacArthur at War: World War II in the Pacific de Walter Borneman acaba de ser publicado. Borneman, al igual que otros biógrafos de MacArthur, señala los defectos de carácter del general, pero enfatiza el sentido de misión de MacArthur, la brillantez estratégica y los “principios rectores del deber, el honor y el país”.

Lo más esperado, sin embargo, es la nueva biografía de Arthur Herman, recién lanzada este mes, titulada Douglas MacArthur: American Warrior. Con 960 páginas, rivaliza con los tratamientos de un volumen más completos de MacArthur hasta la fecha: American Caesar de William Manchester y Old Soldier’s Never Die de Geoffrey Perret.

A finales de este otoño, The General vs. the President: MacArthur and Truman at the Brink of Nuclear War de H.W. Brands está programado para ser lanzado y, con suerte, proporcionará un tratamiento más justo de la controversia Truman-MacArthur que la historia convencional que trata a Truman como santo y MacArthur como pecador.  La verdad, como de costumbre, es más compleja”.

Vaya aquí para leer el resto.  Durante mucho tiempo he pensado que la clave para entender a MacArthur es que, en muchos sentidos, fue una extraña combinación de los siglos XIX y XXI, arrojado a la deriva por el destino en el siglo XX.

War Hero Cinema: Gary Cooper and Gregory Peck as LR natives | Little Rock  Culture Vulture

Siglo XIX en su oratoria rotunda, su odio a los teléfonos, su deseo de reuniones cara a cara y su falta de comprensión de la política y las costumbres contemporáneas, y el siglo 21 en su comprensión de que Asia es más importante para el futuro de América que Europa, su exitoso ejemplo de rehabilitación de una nación deshonesta y en su comprensión de que las operaciones combinadas cuidadosamente planificadas y ejecutadas fueron un multiplicador de fuerza necesario para un adverso a los Estados Unidos. Bajas.  No es de extrañar que tanto sus admiradores como sus detractores en ese momento vieran a MacArthur casi como un fenómeno de la naturaleza, y por lo general fallaran en entender a este más complicado de todos los grandes líderes militares estadounidenses.

Un verdadero genio militar, esta faceta del hombre ha sido oscurecida por sus grandes fracasos, una actuación mediocre, para ser caritativa, en las etapas iniciales de su defensa de Filipinas y su desastroso fracaso para planificar la intervención china en la Guerra de Corea, pero quizás más por sus grandes éxitos, operando en una cuerda de zapato logístico,  a miles de kilómetros de los Estados Unidos, hizo que todo pareciera simple por su habilidad sobrenatural para usar los recursos disponibles con habilidad consumada, superando rutinariamente a los oponentes japoneses capaces, y haciendo grandes avances a un costo relativamente pequeño en la vida de sus hombres.

Watch The Hunted | Prime Video

La vanidad y el talento de MacArthur para el drama también ayudan a ocultar que en el fondo era un hombre decente que, en un siglo manchado de sangre, trató de minimizar dónde podía el sufrimiento humano, ya fueran prisioneros de guerra estadounidenses o la población de Japón después de la guerra.  Lo ames y lo odies, MacArthur es en muchos sentidos una figura contemporánea, y un estudio detallado de su vida no es meramente de valor histórico.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

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Hoy tengo el gran honor de compartir un trabajo del compatriota y colega  Pablo L. Crespo Vargas.  Se trata de un análisis de la primera gran crisis doméstica que enfrentó la joven república estadounidense, la rebelión del whisky.  Por causas que el Dr. Crespo explica muy  bien, en 1794 se registró una rebelión de granjeros que fue sofocada por el propio George Washington. La importancia de esta rebelión ha sido reconocida por la historiografía, que la ha interpretado como la primera prueba de la autoridad del gobierno federal estadounidense. Esta rebelión permitió al  nuevo gobierno confirmar y afirmar su poder  de recaudar  impuestos que afectaran a los ciudadanos en todos los estados. También sirvió al gobierno federal para consolidar su derecho de aprobar y hacer cumplir las leyes a nivel nacional.

El Dr. Crespo posee una Maestría y un Doctorado de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Su tesis de Maestría obtuvo el primer premio para ensayo crítico e investigativo otorgado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.  Se ha desempeñado como maestro del Departamento de Educación de Puerto Rico y como como profesor adjunto en la Universidad Interamericana de Puerto Rico (Recinto de San Germán y  Recinto Metro).  No puedo dejar de destacar el gran trabajo que ha realizado como parte del excelente proyecto del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Coloqueo. Con más de 200 episodios, Coloqueo se ha convertido una  importantísima plataforma de promoción de la cultura y la historia puertorriqueña.

Sus áreas de investigación son diversas, pues abarcan la investigación antropológica, arqueológica, etnográfica, histórica y folclórica.  Es autor de El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII (2014) y de La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano, 1610-1632 (2018). Para terminar,  Crespo es el creador y administrador de la bitacora Akelarre: Historia y ficción, «un espacio literario donde se combinan dos de sus principales géneros: la narrativa y análisis histórico y la narrativa de ficción.» 


La insurrección del whiskey

Pablo L. Crespo Vargas

Akelarre: Historia y ficción    30 de setiembre de 2022

El 27 de julio de 1791, a los dos años y cuatro meses de haber comenzado la presidencia de George Washington, un grupo de ciudadanos se reunió en las facilidades del antiguo fuerte Piedra Roja en el condado de Fayette en Pensilvania para organizar las acciones a tomar en cuanto a la ley federal que le impuso un impuesto a las bebidas alcohólicas. Los protestantes a esta política argumentaban que la guerra de independencia se había luchado, entre varias cosas, por las imposiciones financieras que el gobernante continuamente establecía.

A partir de ese momento se realizaron una serie de protestas pacíficas que no dieron el resultado esperado más allá de la reducción de un centavo en el impuesto. De manera inicial, el arbitrio según la categoría de producción era de 6 a 9 centavos por galón, favoreciendo a las grandes destilerías. Las autoridades federales fueron agresivas, especialmente con los pequeños productores quienes tenía que pagar las cuotas más altas, ya que su volumen tendía a dejar menos ganancia.

Dado a que la resistencia pacífica no dio frutos, los protestantes comenzaron a atacar a los encargados de la recolección de impuestos. El resultado fue que entre 1791 y 1793, en muchos de los condados de Pensilvania no se cobró el gravamen. Alexander Hamilton propuso una intervención militar para acabar con las protestas y restablecer el pago de impuestos, sin embargo, desde la procuraduría general federal se opusieron a esta medida.

George Washington and the Whiskey Rebellion - Owlcation

En Pensilvania al conocerse las intenciones de Hamilton se comenzó a organizar una milicia que estuvo dispuesta a luchar en contra de la imposición federal. Los primeros ataques fueron dirigidos hacia los recolectores de impuestos, quienes eran golpeados y expulsados de distintos condados. Luego, los principales empresarios de la producción de alcohol, quienes apoyaban la medida del gobierno ya que al final acapararían con la competencia de los pequeños productores, también fueron atacados.

Las tensiones continuaron, el gobierno federal ya no tuvo dudas de intervenir militarmente. El 15 y 16 de julio de 1794 se dio un enfrentamiento que fue llamado la batalla de Bower Hill (Pensilvania) entre 600 protestantes que trataron de capturar a un alguacil federal que se refugió en la residencia del general John Neville, líder de los empresarios productores de alcohol, y quien respondió con la ayuda de fuerzas federales (alguaciles y tropas) y su personal de seguridad, incluyendo a sus esclavos. En la batalla murió uno de los líderes insurrectos, dos protestantes y un soldado federal.

Para agosto, a las filas de los protestantes se le habían unido unas 7,000 personas que se encontraban incómodos con la desigualdad social en que estaban viviendo. En su mayoría eran personas que no tenían hogares o tierras propias. El presidente Washington reacción enviando a un equipo de negociadores, a la vez que preparó una respuesta militar a la situación. Se convocaron a las milicias de varios estados. En total, se federalizaron 13,000 tropas. En Maryland hubo una protesta en contra de de movilizar soldados locales y el gobierno terminó arrestando a sobre 150 personas. En otros lugares de Pensilvania hubo enfrentamientos entre tropas y civiles, los cuales terminaron con la muerte de al menos 4 ciudadanos y el arresto de 2 militares que se excedieron en el uso de la fuerza.

El presidente Washington dirigió a las tropas convocadas en una muestra de poder militar dirigido a desalentar a los insurrectos. Esto tuvo su efecto, ya que según las fuerzas militares avanzaron los focos de protesta se fueron apagando. Muchos de los insurrectos fueron arrestados, aunque solo a diez de ellos se les enjuició en las cortes federales. Al menos dos fueron ahorcados por sedición.

Para más detalles, recomendamos las siguientes lecturas:

Carol Berkin, A Sovereign People: The Crises of the 1790s and the Birth of American Nationalism, New York, Basic Books, 2017.

Robert W. Coakley, The Role of Federal Military Forces in Domestic Disorders: 1789-1878, Washington, Centro de Estudios Militares, 1996.

Thomas P. Slaughter, The Whiskey Rebellion: Frontier Epilogue to the American Revolution, New York: Oxford University Press, 1986.

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Fallece historiador ganador del Pulitzer David McCullough

Ayer 7 de agosto de 2022 murió a los 89 años el historiador, biógrafo y periodista estadounidense David McCullough. A lo largo de una larga y fructífera carrera como narrador e investigador del pasado de Estados Unidos, McCullogh produjo una cantidad impresionante de libros sobre temas muy diversos. Entre ellos destacan The Johnstown Flood (1968), The Great Bridge (1972), The Path Between the Seas (1977), Mornings on Horseback (1981), Brave Companions (1991), Truman (1992), John Adams (2001), 1776 (2005), The Greater Journey: Americans in Paris (2011), The Wright Brothers (2015), The American Spirit: Who We Are and What We Stand For (2017), and The Pioneers (2019).

McCullough ganó  premios prestigiosos como el Pulitzer (en dos ocasiones), el National Book Award y  el Francis Parkman Prize (dos veces). Fue honrado con la Presidential Medal of Freedom, el National Book Foundation Distinguished Contribution to American Letters Award, la National Humanities Medal y la Gold Medal for Biography otorgada por la American Academy of Arts and Letters. Fue elegido miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias, así como de la Academia Americana de Artes y Letras, y recibió 56 títulos honorarios.

McCullough también tuvo una presencia destacada en  la televisión pública, como presentador de Smithsonian World, The American Experience y narrador de numerosos documentales, incluido The Civil War de Ken Burns.  John Adams la miniserie de siete partes de HBO basada en su biografía del segundo presidente de Estados Unidos, producida por Tom Hanks, fue aclamada.

Qué descanse en paz.

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La guerra de Vietnam provocó una fuerte resistencia popular que dividió profundamente a Estados Unidos. Hubo diversos medios de oposición a la guerra: marchas, conciertos, actos terroristas, etc. Miles de jóvenes estadounidenses optaron por huir del país para evitar ser reclutados por las fuerzas armadas y enviados al sudeste asiático. Se calcula que por lo menos 60,000 estadounidenses se convirtieron en draft dodgers, y que buena parte de ellos huyó a Canadá.

En este artículo publicado en la revista Medium, Rick Ayers comenta el libro de Dee Knight My Whirlwind Lives: A Political Memoir & Manifesto (Guernica Editions, 2022) en el que su autor recuerda y analiza su pasado como draft dodger en los años 1960. Ayers, sin embargo, lleva su análisis más allá del contenido de la obra de Knight, ya que incluye su experiencia como opositor de la guerra de Vietnam y evasor del reclutamiento militar. El pasado de Ayers le añade a su ensayo una mayor relevancia, pues éste jugó papel importante entre los grupos radicales que se enfrentaron al gobierno estadounidense en las décadas de 1960 y 1970. Ayers fue miembro de Weather Underground, un grupo catalagado por el FBI como terrorista, que reclamó el crédito por 25 ataques con bombas contra edificios y oficinas públicas, incluidos el Capitolio, el Pentágono, la oficina del Fiscal General de California y una estación de policía de la ciudad de Nueva York.

Ayers es profesor asociado de educación en la Universidad de San Francisco. Posee un doctorado de la UC Berkeley Graduate School of Education. Es coautor, con su hermano William Ayers, de Teaching the Taboo: Courage and Imagination in the Classroom. Es coautor con Amy Crawford de Great Books for High School Kids: A Teacher’s Guide to Books That Can Change Teens’ Lives; y es autor de Studs Terkel’s Working: A Teaching Guide.

Dee Knight ha sido organizador sindical y activista político.

A quienes le interes el tema de la resistencia violenta contra la guerra de Vietnam les recomiendo el podcast Mother Country Radicals producido por Crooked Media & Audacy


When President Carter Pardoned Draft Dodgers, Only Half Came Back - HISTORY

Las vías del exilio: resistentes a la guerra estadounidenses en Canadá

Rick Ayers

Medium 4 de agosto de 2022

En octubre de 1967 recibí y devolví a  la junta de reclutamiento la tarjeta en la que se convocaba a unirme a las fuerzas armadas. Para ese momento el  movimiento contra la guerra era grande y creciente, nuestras protestas se intensificaron y nuestra militancia se acentuó, pero nada de lo que hicimos detuvo la agresión genocida de nuestro gobierno contra el pueblo de Vietnam. El Día Nacional de la Resistencia, muchos de nosotros que éramos estudiantes universitarios, protegidos por el privilegio de un aplazamiento 2-S, declaramos que ya no aceptaríamos esa exención. Saboteamos el sistema con nuestros cuerpos negándonos a luchar en la guerra.

Las cosas se movieron rápidamente. En noviembre, mi junta local me reclasificó 1A y me ordenó que me presentara para la inducción. Intenté una apelación, pero duró poco. El abogado asignado a mí por la junta de reclutamiento, que se suponía que debía apoyar mi apelación, me denunció como comunista y dijo que esperaba que me reclutaran pronto. Con una fecha de inducción fijada para marzo de 1968, me enfrenté a tres opciones: entrar en el ejército como soldado antibélico (donde temía sufrir palizas por ser izquierdista), ir a prisión (donde probablemente estaría dos o tres años), o ir a Canadá, donde aceptaban a los estadounidenses y no los devolvían. Me dirigí hacia el norte.

Canadá a finales de los años 1960 fue el punto de aterrizaje para miles de personas que se resistían al reclutamiento (“draft dodgers”) o desertaban del Ejército. Migrar a Canadá no fue el final de la historia. Además de la vida personal de estos nuevos canadienses (trabajos, amores, crecimiento), el panorama político del que formaban parte era infinitamente complicado. Las nuevas y convincentes memorias de Dee Knight, My Whirlwind Lives, expresan la forma y la sensación de esos años e iluminan los problemas que estaban en juego. Captura las muchas formas en que los estadounidenses en Canadá se reunieron para cuestionar y debatir lo que estábamos haciendo allí y cómo continuar la lucha por la paz y la justicia.

My Whirlwind Lives: Navigating Decades of Storms - Dee Knight

Mi primer punto de contacto con los nuevos inmigrantes, así como con Dee, fue el Programa Anti-Draft de Toronto, un centro comunitario que proporcionaba asesoramiento, ayuda legal, redes de supervivencia y organización política. Conocí a Bernie Jaffe allí y me encontré con amigos de Ann Arbor que estaban haciendo la misma caminata hacia el norte. Todo estaba en debate. Por ejemplo, ¿debemos considerarnos exiliados o expatriados? Hubo serias implicaciones con cada término. Aquellos que se sentían disgustados con toda la empresa estadounidense, que querían salir para siempre, preferían expatriados. Otros argumentaron que todavía éramos parte de la lucha contra la guerra, y que habíamos sido exiliados, y que éramos, entonces, exiliados.

Había otra dimensión en esta distinción. Si solo estuviéramos enfocados en los Estados Unidos, solo mirando hacia el sur, ¿nos negábamos arrogantemente a entender la política canadiense, las enormes luchas allí en torno a los programas sociales, la soberanía de las Primeras Naciones, la independencia de Quebec? Ahora que éramos nuevos canadienses, ¿no éramos responsables de estar donde estábamos? Dee Knight nos lleva a través de estos dilemas y su activismo en ambos frentes, oponiéndose al imperialismo estadounidense y uniéndose a las luchas sociales en Ontario.

En agosto de 1968, me senté en la sala de estar de un amigo en Toronto viendo los disturbios de la policía en la convención del Partido Demócrata. Fue angustioso ver a mis amigos golpeados, la lucha política de mis camaradas contra la guerra llegando a un punto crítico. ¿Y dónde estaba? Seguro en Canadá. Sentado. ¿Fue esto? ¿Ausentarme de la guerra fue la totalidad de mi contribución? Fue una sensación terrible. Muchas personas hoy en día consideran abandonar los Estados Unidos a medida que los movimientos políticos fascistas ascienden, para protegerse a sí mismos, para proteger a sus hijos. Pero los exiliados suelen enfrentarse a una profunda sensación de ambivalencia y contradicción. Lo hice; Dee Knight lo hizo. Yo estaba ahí fuera, lejos de las líneas del frente, mientras mis hermanos y hermanas estaban atrapados en el vórtice, todavía en el caldero, todavía luchando. El exilio es una opción posible, pero no es ni fácil ni dolorosa, no es el final de las dudas o los miedos, las preguntas o las decisiones difíciles que se avecinan.

En sus memorias, Dee Knight también explora las divisiones de clase y raciales en la comunidad de exiliados estadounidenses. Generalmente los dodgers eran universitarios, con la movilidad social y los contactos para salir adelante del draft. Los desertores, que eran cada vez más numerosos a medida que los años 1960 avanzaban hacia los años 1970, eran en su mayoría de clase trabajadora, a menudo negros o hispanos. Habían sido arrastrados al reclutamiento y luego se enfrentaron de cerca a la realidad de la invasión y ocupación imperial, y tomaron la valiente decisión de unirse a la gran migración lejos de la guerra. La propia ley de inmigración canadiense era un mecanismo de clasificación opresivo, con un sistema de puntos que daba prioridad a aquellos con más dinero, más educación. A menudo, los desertores del ejército eran los que seguían siendo fugitivos, incluso en el norte.

11 ways people dodged the Vietnam draft

Cuando me mudé a Vancouver, me involucré con proyectos que priorizaban trabajar con desertores. No nos llamábamos ni expatriados ni exiliados, sino refugiados. Establecimos un albergue gratuito, así como asesoramiento. Organizamos oportunidades de trabajo e incluso algunos matrimonios de inmigración. Frente a un sistema de inmigración imposible, comenzamos a aprender cómo hacer documentos de identificación canadienses falsos. Violar la ley parecía completamente legítimo frente a la guerra ilegal y genocida que se estaba librando.

El siguiente capítulo para mí me llevó al otro lado del movimiento de resistencia: al ejército. Mientras que en 1968 pensaba que la cultura militar era fanática  y aislante, para 1969 estaba claro por mi trabajo con desertores que la maquinaria militar estadounidense estaba en crisis, se estaba desmoronando, ante la derrota que estaban sufriendo en Vietnam. En 1969, los veteranos de Vietnam contra la guerra, así como los soldados en servicio activo, eran una fuerza líder en actividades contra la guerra y la línea del frente en todas las grandes manifestaciones. Así que volví a Chicago, junto con mi pareja y su hija, para entregarme y aceptar la inducción. Organicé abiertamente el sentimiento contra la guerra mientras entrenaba en Fort Leonard Wood, Misurí, y Fort Polk, Lousiana, que es otra historia. Pero nunca pude dejar que me enviaran a Vietnam, así que en marzo de 1970, fui AWOL  (ausente sin permiso) y mi camino entró en otra encrucijada con la historia de Dee Knight, la lucha por la amnistía.

En la mayoría de los países, el fin de una guerra significa una amnistía general para los combatientes de todos los bandos. Dado que muchos han estado luchando, nunca habría un fin al conflicto a menos que permitieran que la mayoría de la gente volviera a entrar. Pero la amnistía era una píldora difícil de tragar para los belicistas estadounidenses. Lo que estaba en juego era cómo entender la guerra misma, la guerra para explicar la guerra. Los políticos querían algún tipo de amnistía condicional, tal vez requiriendo unos pocos años de servicio civil o tal vez dando un castigo más severo a los desertores del ejército que a los evasores del reclutamiento. La comunidad contra el reclutamiento y contra la guerra luchó durante años, de 1972 a 1977, por una amnistía total e incondicional.

Antiwar demonstrators burning their draft cards on the steps of the Pentagon during the Vietnam War, 1972.

Opositores a la guerra de Vietnam quemando sus tarjetas de reclutamiento, 1970.

De hecho, volví de estar en la clandestinidad bajo esa amnistía. Volé de Toronto a Nueva York en marzo de 1977. La policía del aeropuerto Kennedy me tiró al suelo en un dramático arresto, pero luego me envió a Fort Dix, New Jersye. Allí me alojaron con cientos de otros AWOLs que regresaban. En unas pocas semanas simplemente me dieron de alta, con un estatus «menos que honorable».

Dee Knight da una buena explicación de los muchos altibajos de la lucha por la amnistía, incluido un análisis exhaustivo por él mismo y el abierto desertor del ejército Jack Calhoun de los debates de amnistía. Destaca las preguntas reales con las que todavía estamos lidiando. ¿Por qué consideramos honorable matar para el imperio y resistir el asesinato cobardemente? ¿Por qué los combatientes contra la guerra no son honrados como veteranos? ¿Por qué John McCain, un criminal de guerra que bombardeó a civiles, es considerado como un gran estadounidense, y aquellos que forzaron el fin de la guerra se describen como el problema?

Todo tiene que ver con la próxima guerra y la posterior. Los belicistas necesitaban manchar la resistencia, mentir sobre los horrores de la guerra y por qué Estados Unidos perdió, por temor a que el apetito por la invasión y la agresión se erosionara entre la población estadounidense. Las guerras e invasiones posteriores de Granada y Panamá, Irak y Afganistán, todas dependieron de mantener intactas las mentiras de la inocencia y las buenas intenciones estadounidenses. My Whirlwind Lives es un recordatorio importante de lo que está en juego en la guerra, en las vidas de aquellos que son invadidos y en las vidas de aquellos en el centro imperialista.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

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Mateo Wills comienza esta corta nota con  un planteamiento categórico: prohibir los abortos no acaba con éstos, pero criminaliza su práctica. Luego continua examinando como a partir de la segunda mitada del siglo XIX en el estado de Illinois se usó la prohibición del aborto para perseguir a las mujeres pobres e inmigrantes. Para ello se fundamenta en un artículo de la Dra. Leslie J. Reagan analizando cómo las autoridades de la ciudad de Chicago usaron mecanismos ética y moralmente cuestionables para perseguir a todos los que de una forma estuvieron involucrados en un aborto. Vale la pena citarle

Según Reagan, “la tolerancia popular del aborto moderó la aplicación” , por lo que aquellos que tuvieron abortos generalmente no fueron arrestados, procesados o encarcelados. Pero las “investigaciones oficiales y la exposición pública” todavía se usaban para disciplinarlos y castigarlos. “Los procedimientos de investigación en sí mismos constituían una forma de castigo y control”, incluso para amigos y familiares, ya que se suponía que las hermanas, por ejemplo, conocían los detalles íntimos de la vida reproductiva de sus hermanos.

De esta forma se creo un sistema punitivo en el que se vieron atrapadas, como siempre, las mujeres pobres, inmigrantes y de minorías étnicas.

La Dra. Reagan es profesora en el Departamento de Historia de la University of Illinois Urbana-Champaign, donde dicta cursos de Historia de los Estados Unidos, historia de la medicina, salud pública y ciencia, mujeres, género y  sexualidad, es autora de Dangerous Pregnancies: Mothers, Disabilities, and Abortion in Modern America. University of California Press, 2010).

Wills es escritor y bloguero.


National Police GazetteVigilancia del aborto

Mateo Wills

JSTOR  12 de julio de 2022

Prohibir el aborto no detiene los abortos, por supuesto, pero sí castiga a los involucrados. Durante la segunda mitad del siglo XIX, los estados estadounidenses anularon la aceptación de abortos por parte de la ley común antes de las dieciséis semanas y  aumentaron su poder policial para controlar los cuerpos de las mujeres. Illinois, por ejemplo, criminalizó el aborto en 1867 y prohibió los abortivos, medicamentos o dispositivos utilizados para inducir abortos, en 1871.

La académica Leslie J. Reagan explora cómo las autoridades de Chicago hicieron cumplir estos códigos penales durante las próximas siete décadas. “El estado procesó principalmente a los abortistas, la mayoría de las veces después de que una mujer había muerto, y los fiscales se basaron para obtener evidencia en declaraciones de muerte recopiladas de mujeres cercanas a la muerte debido a abortos ilegales”, señala Reagan.

Según Reagan, “la tolerancia popular del aborto moderó la aplicación”, por lo que aquellos que tuvieron abortos generalmente no fueron arrestados, procesados o encarcelados. Pero las “investigaciones oficiales y la exposición pública” todavía se usaban para disciplinarlos y castigarlos. “Los procedimientos de investigación en sí mismos constituían una forma de castigo y control”, incluso para amigos y familiares, ya que se suponía que las hermanas, por ejemplo, conocían los detalles íntimos de la vida reproductiva de sus hermanos.

En los registros de cuarenta y cuatro investigaciones forenses del condado de Cook que examinó, Reagan encontró que todas las mujeres que tuvieron abortos eran inmigrantes de clase trabajadora o hijas de inmigrantes. El enfoque del estado “en regular el uso del aborto por parte de las mujeres de clase trabajadora” significó que la vigilancia policial eximió en gran medida a las mujeres de clase media y alta.

La mayoría de las mujeres que tuvieron abortos estaban casadas, pero el estado concentró su aplicación en “mujeres solteras y sus parejas”. Es decir, las parejas masculinas podían ser arrestadas y encarceladas por embarazar a las mujeres en primer lugar y/o ayudar en un aborto; era común que estos hombres fueran encarcelados antes de las investigaciones del forense.

La clave para los enjuiciamientos de los abortistas fueron las “declaraciones de muerte” (“dying declaration(s)”) extraídas de mujeres que morían por abortos ilegales. Un ejemplo de estos “interrogatorios humillantes sobre asuntos sexuales por parte de funcionarios masculinos” data de 1916. Carolina Petrovitis era una inmigrante lituana y casada y madre de tres hijos. El médico llamado por los vecinos le negó la atención hasta que escuchó una declaración que implicaba a un abortista, una práctica estándar con algunos médicos. Después de que Petrovitis admitió que una partera le había practicado un aborto, fue enviada a un hospital. Allí, las autoridades, alertadas por el médico original, trajeron a la policía. Cuando le dijeron que iba a morir, se le pidió a Petrovitis detalles sobre quién realizó el aborto, los instrumentos utilizados y el nombre del padre. La declaración de muerte de Petrovitis, una excepción a las reglas de rumores que podrían usarse en la corte, fue firmada con su marca justo antes de que pereciera.

Reagan detalla cómo los médicos y los hospitales “sirvieron al estado en la recopilación de pruebas”. La Asociación Médica Americana, que tenía su sede en Chicago, había liderado la acusación de prohibir el aborto en todo el país. Sin embargo, algunos médicos estaban preocupados por los derechos de privacidad de sus pacientes. (Otros, por supuesto, realizaron abortos). La ley de Illinois no requería que los médicos reportaran evidencia, pero aquellos reacios a hacerlo “quedaron atrapados en el medio entre sus responsabilidades con sus pacientes y las demandas del gobierno”.

En 1904, se estimó que “de seis a diez mil abortos [fueron] inducidos en Chicago cada año”. Algunos de estos fueron por mujeres embarazadas en casa. En la década de 1920, un estudio de la Oficina de Niños de Chicago estimó que al menos el once por ciento de las muertes relacionadas con el embarazo y la maternidad siguieron a abortos ilegales.

Reagan informa que para todas las investigaciones, nunca hubo más de un puñado de enjuiciamientos reales anualmente. La oficina del fiscal del estado “nunca ganó más de uno o dos de ellos” al año. Las acciones legales contra el aborto aumentaron en las primeras décadas del siglo XX, pero el número de condenas apenas cambió en la década de 1940.

En la década de 1940, los fiscales cambiaron de táctica, allanando lugares donde se realizaban abortos en lugar de esperar las muertes por el procedimiento, ya que los avances médicos en la década de 1930 habían hecho mucho para salvar a las mujeres de abortos fallidos. “El sistema siguió siendo punitivo para las mujeres atrapadas en él”, concluye Reagan.

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Comparto esta nota de Jacinto Antón publicada en el diario español El país, reseñando varios libros recién publicados y traducidos al castellano, dedicados al tema de los nativo americanos y las guerras de conquista y exterminio llevada a cabo en su contra en Estados Unidos. Entre los libros que reseña Antón destacan: Tecumseh y el Profeta, los hermanos shawnees que desafiaron a Estados Unidos (Desperta Ferro, 2021) de Peter Cozzens y El camino a Rainy Mountain (Nórdica, 2022) del ganador del premio Pulitzer Navarre Scott Momaday.

Antón es un periodista y dramaturgo español, autor de varios artículos sobre temas de arqueología, teatro e historia.


Reseña de "Tecumseh y el profeta, de Peter Cozzens

El noble y valiente jefe shawnee Tecumseh lidera la nueva incursión de libros sobre los indios norteamericanos

JACINTO ANTÓN

El País 10 de julio de 2022

¿Quién ha sido el más grande líder indio? ¿Toro Sentado? ¿Caballo Loco? ¿Nube Roja? ¿Cochise? ¿Jerónimo? ¿Quanah Parker? ¿Pontiac? En EE. UU. mucha gente dará una respuesta que puede sorprender en otros países: Tecumseh. El jefe shawnee fue un personaje crucial de la resistencia de las tribus de nativos norteamericanos contra la agresiva expansión de la recién nacida república estadounidense a inicios del siglo XIX. Guerrero legendario y gallardo caudillo admirado hasta por sus enemigos, Tecumseh formó una insólita e irresistible pareja político-religioso-militar con su hermano, un turbio chamán tuerto llamado Tenskwatawa y conocido como El Profeta. Juntos  tuvieron en jaque a las autoridades estadounidenses creando la más poderosa confederación india de la historia y reuniendo el doble de guerreros de los que Toro Sentado y Caballo Loco desplegaron tres generaciones más tarde en Little Bighorn. Su biógrafo Peter Cozzens (Wheaton, Illinois, 65 años), autor de Tecumseh y el Profeta, los hermanos shawnees que desafiaron a Estados Unidos (Desperta Ferro, 2021), recalca en una entrevista con EL PAÍS que el líder incluso pudo haber cambiado la historia de Norteamérica de no haber caído en combate en 1813 durante una batalla en la denominada Guerra Angloestadounidense de 1812, en la que apoyaba con su contingente indio a los británicos.

Tecumseh y el Profeta. Los hermanos shawnee que desafiaron a Estados  UnidosDesperta Ferro Ediciones - Editorial Tirant Lo Blanch

Nacido en 1768 en Piqua, un poblado shawnee cerca de lo que hoy es Springfield (Ohio), y que fue arrasado por la milicia de Kentucky, Tecumseh era hijo de un gran guerrero y fue un arrojado combatiente él mismo desde los 12 años, sí como hábil cazador. Su nombre se relaciona con una estrella fugaz y un puma totémico, significando algo así como “puma celestial que se cruza en el camino”. Cozzens resigue su vida marcada por la inquietud de los indios de los bosques al avance de los colonos y las continuas batallas entre unos y otros, ante la duplicidad de los británicos y el oportunismo de algunas tribus como los potawatomis. Por ahí aparecen personajes apasionantes como Daniel Boone, un joven Halcón Negro, el naturalista Audubon o el jefe hechicero Main Poc, Mano marchita, que llevaba un cinto de cabelleras humanas. Pese a que los shawnee, famosos por su ethos militar, practicaban de las maneras más imaginativas la tortura ritual (en cambio tenían prohibida por religión las violaciones), Tecumseh fue siempre contrario a maltratar a los prisioneros, aunque a veces se le desmadraban los guerreros.

El ensayo de Cozzens, una inmersión pormenorizada y apasionante por un mundo de tribus, cinturones wampum, pinturas de guerra, mosquetes y tomahawks (como en El último mohicano o Fort Wheeling pero un poco más tarde), de enfrentamientos sangrientos en bosques interminables, y sobre todo una crónica del choque de dos culturas y dos formas de vida, es una de las obras más notables de toda una serie de libros dedicados a los indios que nos están llegando en los últimos años y que manifiestan un nuevo interés por el tema. Entre esos libros, la considerada la gran obra sobre los kiowas (otro pueblo tradicionalmente denostado y al que llega su hora de reivindicación, como sucedió hace unos años con sus grandes aliados los comanches): El camino a Rainy Mountain (Nórdica, 2022), de Navarre Scott Momaday, nativo kiowa y ganador del Pulitzer de ficción en 1969. El libro, que su autor abre y cierra con la peregrinación a la tumba de su abuela india, es una emotiva inmersión personal en el mundo y la cosmogonía kiowa, con fragmentos de la historia y de los mitos y leyendas de un pueblo de guerreros que llegó a las Grandes Llanuras meridionales de Norteamérica desde el norte cargando con su ídolo sagrado de la danza del sol y adoptando por el camino el caballo, Preciosa crónica poética de la gran aventura vital de los kiowas, El camino a Rainy Mountain tiene momentos de alto lirismo (“La lengua kiowa es difícil de entender, pero el espíritu de la tormenta la entiende”, la mañana de primavera era honda y hermosa y nuestros corazones latían acelerados, y en ese momento supimos lo que era estar vivo”). Y también impagables datos prácticos como que la forma de saber si una flecha está bien hecha (los kiowas las hacían excepcionales, más de una de sus víctimas daría fe de ello, si pudiera) es porque tiene marcas de dientes: las enderezaban con ellos. Entre las historias hermosas, la del caballo que murió de vergüenza por la cobardía de su jinete.El camino a Rainy Mountain - Libro - nordicalibros.com

En otro registro, el narrativo, que ha dado en los últimos tiempos títulos como Ni aquí ni allá —alabado por Colm Toibín y Margaret Atwood—, del miembro activo de las tribus cheyene y arapajó Tommy Orange, sobre las vidas de doce nativos que acuden a un gran powpow, cada uno con su razón personal, un poco a lo Thornton Wilder, o Días sin final, de Sebastian Barry, sobre dos soldados de caballería en las guerras sioux (ambas de 2018 y en las dos en AdN Alianza de Novelas), saludar con entusiasmo Los cazarrecompensas (2022), una arrebatadora historia a lo La venganza de Ulzana de búsqueda de un turbulento apache (Soldado), obra de Elmore Leonard y publicada por Alfredo Lara en su colección Frontera de Valdemar.

Reseñar también el inolvidable Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue (Anagrama, 2018), probablemente la mejor novela literaria sobre los apaches que se ha escrito, y aprovechar para recordar que la mejor historia de esas gentes adustas es el magnífico Las guerras apaches, de David Roberts (Edhasa, 2005), convertido en un gran clásico como ya lo es, con referencia a otra tribu vilipendiada, El imperio de la luna de agosto, auge y caída de los comanches (Turner, 2011), de S. C. Gwynne. En 2019 Capitán Swing publicó La historia indígena de EE UU, de Roxane Dunbar-Ortiz, un recorrido desde el punto de vista del activismo indio. Con perspectiva de género, es muy interesante Prisioneras salvajes, relatos y confesiones de mujeres cautivas de los indios de Norteamérica (Universidad de Valencia, 2012), de Elena Ortells.

LA TIERRA LLORA | LA AMARGA HISTORIA DE LAS GUERRAS INDIAS POR LA CONQUISTA  DEL OESTE Traficantes de SueñosPor supuesto, si un libro sobre los indios destaca por su alcance e influencia en los últimos años es el extraordinario La tierra llora, la amarga historia de las guerras indias por la conquista del oeste (Desperta Ferro, 2017), del propio Cozzens, un libro capaz de revitalizar o despertar el interés por los nativos norteamericanos y su historia de la manera que lo hizo hace la friolera de 46 años Enterrad mi corazón en Woundek Knee, de Dee Brown. Tengo mi ejemplar de 1976 ante los ojos (Bruguera Libro Amigo), de páginas amarillentas como si hubiera pasado todo este tiempo con el teniente Dunbar en el remoto Fort Sedgwick (sólo le falta una flecha pawnee clavada en la cubierta). En todo caso, a Cozzens, que nunca conoció personalmente a Dee Brown, fallecido en 2002 con 94 años, sorprendentemente no le gusta demasiado la comparación entre sus libros. “Enterrad mi corazón en Wounded Knee no hizo intento alguno de una visión histórica equilibrada, que es un objetivo clave de La tierra llora”, justifica. “Dee Brown estableció como propósito de su libro la presentación de ‘la conquista del Oeste americano como las víctimas la experimentaron’, de ahí el subtítulo, Una historia india del Oeste americano. La definición de Brown de víctimas fue severamente circunscrita. Muchas tribus, notablemente los crows, shoshones y pawnees unieron su destino a los blancos. Enterrad mi corazón en Wounded Knee descartó a eses tribus como ‘mercenarios’ sin ningún intento de entenderlas o explicar sus motivos. Semejante enfoque unilateral en el estudio de la historia al final no sirve para nada bueno; es imposible juzgar honestamente la verdadera injusticia hecha a los indios sin una comprensión profunda y matizada de la perspectiva blanca, así como la de todas las tribus indias”.

Del renovado interés por los indios y el suyo propio, el estudioso señala: “Hace mucho tiempo que siento que ningún otro periodo de la historia de EE UU ha estado tan empapado de mito o mal caracterizado como la conquista de las tierras nativas por la república estadounidense que marchaba hacia el oeste en los siglo XVIII y XIX. He tratado de hacer mi mejor esfuerzo para presentar la historia en todos sus complejos matices y tragedia”.

Volviendo a Tecumseh, al que los diarios estadounidenses pintaban como un Robin Hood rojo, Cozzens recuerda que los shawnees eran una de las más de doce pequeñas tribus que ocupaban lo que hoy es el medio oeste americano y la región de los Grandes Lagos. “Todas eran culturalmente similares, pero los shawnees son únicos en que produjeron a dos de los líderes más influyentes en la historia de los indios norteamericanos, que resultó que eran hermanos. Tecumseh y Tenskwatawa deben ser considerados dos de los más destacados hermanos en la historia de EE UU considerada en toda su extensión”.

¿Podía Tecumseh haber cambiado la historia de EE UU? “Absolutamente, la alianza intertribal que él y su hermano crearon fue la más formidable a la que tuvieron nunca que enfrentarse los EE UU. De no haber estado los británicos preocupados luchando contra Napoleón al mismo tiempo que libraban la guerra de 1812 contra los estadounidenses hubieran podido enviar más tropas al Canadá, suficientes sin duda para haber inclinado la balanza en favor de los británicos y sus aliados, los hermanos shawnee. Si británicos e indios hubieran prevalecido, los modernos Estados de Wisconsin y Michigan probablemente se habrían convertido en tierra india, cambiando la cara de los EE UU y el curso del asentamiento en el Oeste”.

A la cuestión de si Tecumseh era realmente un personaje tan noble (en lo público, en lo privado parece que era mal marido de sus varias esposas y mal padre), responde categóricamente: “Si, lo fue, con cualquier criterio que se mire. Se opuso a la práctica de los indios del bosque de torturar a los prisioneros, no hacía la guerra contra mujeres y niños, y rescató de la masacre a varios centenares de prisioneros estadounidenses que sus guerreros habían capturado en batalla en la Guerra de 1812. Encarnó para EE UU todo cuanto había de grande y noble en el carácter indio”. ¿Qué nos hubiera sorprendido más de Tecumseh de haberlo podido conocer? “Creo que su gran sentido del humor. Su habilidad para superar injusticias pasadas cometidas contra él y su pueblo hasta que lo empujaban al límite. Él y su gente aguantaron grandes provocaciones y la pérdida de mucha de la tierra que era su hogar antes de ir a la guerra”.

Peter Cozzens - Wikipedia

Peter Cozzens

Al preguntarle a Cozzens qué queda por reconocer y qué reparaciones por hacer en relación con el genocidio de los nativos norteamericanos, responde: “Haría falta un libro para responder. Sin embargo, quiero matizar que no considero la palabra genocidio una etiqueta apropiada cuando tratamos con los muchos errores cometidos con los indios. El Gobierno estadounidense nunca persiguió una política de genocidio físico; incluso los más ardientes partidarios de los derechos indios, sin embargo, no creían que la cultura o la sociedad indias merecieran ser preservadas. En ese sentido podríamos hablar de genocidio cultural”.

 

Si eras indio, ¿quiénes eran peores, los estadounidenses, los británicos, los franceses, los españoles…? “Depende de la época. Sin duda, no hubiese querido yo ser azteca o inca enfrentado a los españoles. Por otro lado, los gobernadores españoles de Florida trataron bien a los indios dos siglos después. Los británicos formaron repetidas alianzas con las tribus de los bosques contra los estadounidenses sólo para acabar traicionándolos. Los estadounidenses se contuvieron muy poco para arrancar a los indios sus tierras, pero al menos el Gobierno nunca toleró el genocidio físico”.

De todos los hechos y personajes de la historia de los indios, ¿cuáles le parecen más relevantes o le conmueven en mayor medida? “Encuentro la revitalización cultural y religiosa de las doctrinas del profeta shawnee, Tenskwatawa, particularmente interesantes, junto con su transformación personal de inadaptado alcohólico a poderoso orador y líder espiritual, demonizado por sus enemigos al revés que su hermano. También encuentro muy fascinante y dramático el fracaso de las tribus del Oeste norteamericano por unirse de manera significativa (con la excepción de sioux y cheyenes) contra la expansión estadounidense”.

Por interés personal, ¿hay novedades de Little Bighorn? “Me parece que la historia está bastante explicada. Los hechos, hasta el punto que pueden ser conocidos, han sido repetidamente regurgitados. Es en gran medida una cuestión de decidir cada uno si Custer actuó juiciosamente o no”.

 

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Comparto este trabajo del gran historiador puertorriqueño Mario Cancel sobre un tema que merece mayor atención comparativa de parte de la historiografía puertorriqueña: las actividades de los aparatos represivos imperiales en lo que Lanny Thompson ha denominado el insular empire.

Cancel enfoca la vigilancia y represión de que fue objeto el Partido Nacionalista puertorriqueño y su principal líder, Pedro Albizu Campos, en la décadas de 1920 y 1930. El autor destaca el papel que jugaron varias agencias federales en este proceso: la Office of Naval Intelligence, el Bureau of Insular Affairs y el FBI.

A quienes estén interesados en el uso de las colonias como laboratorios  para el desarrollo de políticas de represión y vigilancia que luego serían transplantadas a la metrópoli estadounidense, recomiendo la lectura del extraordinario libro de Alfred W. McCoy, Policing America’s Empire: the United States, the Philippines  and the Rise of the Surveillance State ( The University of Wisconsin Press, 2009)

El Dr. Cancel es profesor en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico y autor de innumerables trabajos  de historia, crítica literaria, poesía e historiografía.


Pedro Albizu Campos y la independencia de Puerto Rico | Informe Fracto

Nacionalistas: vigilancia y represión entre 1927 y 1936

La vigilancia sobre el nacionalismo puertorriqueño, su organización más agresiva, el Partido Nacionalista, y su liderato, en especial el licenciado Pedro Albizu Campos no deja de sorprender cuando se le observa desde la distancia. La estructura partidaria y el caudillo mulato no solo fueron objeto de la sátira de intelectuales socialistas moderados como Luis Abella Blanco y escritores de pulp fiction como Wenzell Brown, según he comentado en otras columnas en este medio. La devaluación del nacionalismo elaborada por la literatura satírica, cuyo alcance siempre puede ser cuestionado, fue reforzada por medio de un intenso proceso de criminalización cuyos efectos perduran hasta el presente. El nacionalismo también llamó la atención de las agencias de orden público puertorriqueñas y estadounidenses. La representación que de aquel sector elaboraron las fuerzas policiales, los funcionarios del Estado y la prensa comercial, penetró la llamada opinión pública de manera permanente.

Del mismo modo que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se asoció al nacionalismo al enemigo fascista con algún éxito, tras el fin del conflicto y a lo largo de la Primera Guerra Fría (1946-1953) se le asoció con el adversario comunista. Lo cierto es que el Partido Nacionalista tuvo relaciones contradictorias con uno y otro extremo del espectro totalitario. Ello explica en parte la eficacia de ambas asociaciones. Desde la perspectiva de la cultura política del capitalismo liberal dominante y de los sectores que apoyaban el control estadounidense del territorio, aquellas alianzas resultaban lógicas e innegables. El esclarecimiento crítico de las convergencias y divergencias ideológicas entre aquellos sectores y el nacionalismo apenas comienza, según deduzco de una serie de investigaciones en curso en las últimas dos décadas.

La heterogeneidad de la militancia nacionalista, y esto habrá que discutirlo con más detalle en otro momento, explica que su militancia nunca se pusiera de acuerdo en cuanto a qué actitud tomar ante propuestas manifiestamente antiestadounidenses como el fascismo y el comunismo, según se desprende de la “Carta a Irma” (1939) del abogado José Monserrate Toro Nazario, uno de los documentos más ricos en matices y menos investigado del archivo nacionalista. La “carta pública” que nunca se difundió, ha sido impugnada por los investigadores pronacionalistas una y otra vez por sus señalamientos hacia figuras destacadas del movimiento nacionalista. Ello, unido al manejo superficial y demagógico que han hecho de la pieza los investigadores antinacionalistas, ha impedido una discusión serena del texto, hecho que me parece lamentable. El tema sigue en el tintero pero en algún momento habrá que enfrentarlo de forma crítica.

Naval IntelligenceEl nacionalismo y Albizu Campos fueron proscritos desde una diversidad de lugares asociados al adversario y al poder político.1 Como se sabe, desde 1927 la Office of Naval Intelligence (ONI) llamó la atención sobre las actividades de Albizu Campos en el Caribe. La ONI había sido fundada en 1882 mediante la Orden General 292 emitida por el Secretario de Guerra William H. Hunt (1823-1884).2 La agencia cumplió una función decisiva en la justificación de la declaración de guerra de Estados Unidos a España en 1898 sobre la base de la explosión del acorazado Maine y su presunta condición de acto terrorista o de provocación. Sus agentes vigilaron las presentaciones públicas de Albizu Campos durante su viaje de propaganda por algunos países de Hispanoamérica y el Caribe iniciados en aquel año, y señalaron sus expresiones “antiestadounidenses” en República Dominicana, país ocupado por Estados Unidos entre 1916 y 1924; y Haití, ocupado por Estados Unidos entre 1915 y 1934. En ambos casos la deuda externa impagada y los intereses económicos de Estados Unidos en los territorios, unido a la competencia de intereses alemanes, justificaron la agresión.

Frank McIntyre - Wikipedia

General Frank McIntyre

En octubre de 1927 el Gen. Frank McIntyre (1865-1944), quien fuera jefe del Bureau of Insular Affairs y responsable por los territorios de Filipinas y Puerto Rico entre 1912 y 1929, envió un memo al Secretario de Guerra Dwight Filley Davis (1879-1945) sobre el asunto. Davis era egresado de Harvard, como Albizu Campos, fue Secretario de Guerra del presidente Calvin Coolidge entre 1925 y 1929 y luego Gobernador de Filipinas entre 1929 y 1932. Davis y McIntyre conocían muy bien el circuito colonial. Davis además era una figura muy popular por su relación con el tenis, deporte que practicó profesionalmente entre 1895 y 1904. En noviembre de 1927, Evan E. Young (1878-1946), miembro de la legación estadounidense en República Dominicana entre 1925 y 1929 y diplomático con amplia experiencia internacional, hizo lo propio en una nota a su Secretario de Estado el abogado Frank Billings Kellogg (1856-1937). Lo que le interesaba era “el fraseo exacto de sus artículos noticiosos y de sus discursos”3

Los funcionarios citados no eran figuras de poca monta en la política estadounidense hemisférica. Albizu Campos y el nacionalismo nunca fueron devaluados ni considerados como un enemigo pequeño. Todo lo contrario. El interés de aquellos era informarse sobre el abogado egresado de Harvard que hacía “propaganda antinorteamericana”. El dato no me parece peregrino. Todo indica que mucho antes de mayo de 1930, cuando obtuvo la presidencia del Partido Nacionalista, ya Albizu Campos era considerado “extremadamente antiamericano” y “peligroso” por las autoridades federales. La ONI permanecía activa durante la gobernación del Alm. William Leahy (1875-1959) entre 1939 y 1940, momento en el cual las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos estaban siendo revisadas en un sentido “liberal” en el marco de la Gran Depresión, el Nuevo Trato y la Segunda Guerra Mundial, a la vez que la influencia del Partido Popular Democrático (PPD) se fortalecía.

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Foto de un adolescente puertorriqueño enviándole un mensaje al gobernador William D. Leahy, durante una manifestación en San Juan. San Juan, Puerto Rico. 1939. @ricardoolivenc1

De igual modo, a partir de 1932, cuando la organización comenzó a chocar con las autoridades coloniales en medio de la crisis económica, social y humana de la Gran Depresión, la Insular Police (IP), una fuerza creada durante los primeros días de la invasión de 1898, combinó la vigilancia con la represión. A partir de 1935 el Federal Bureau of Investigations (FBI), agencia fundada en 1908 que ya se había profesionalizado bajo la dirección de J. Edgar Hoover (1895-1972), profundizó sus trabajos en Puerto Rico respondiendo a la preocupación de ciertos funcionarios del poder colonial. El activismo nacionalista les preocupada mucho.

A todo ello habría que añadir el hecho de que, entre 1936 y 1944, los militantes independentistas del Partido Liberal Puertorriqueño que fundaron Acción Social Independentista (ASI) organizada en 1936 y el PPD en 1938, tomaron distancia de sus posturas siguiendo las pautas del caudillo Luis Muñoz Marín, quien atravesaba por un peculiar proceso de moderación política. La moderación política no resolvió todos los problemas del joven PPD. El celo del FBI también justificó la vigilancia de Muñoz Marín desde noviembre de 1940, según se desprende de los archivos de aquella agencia. El recién electo senador era “reputedly the ranking official of the Communist Party in the West Indies and the Caribbean Sea area”4, asunto al cual retornaré en otro momento. El agente que recomendó poner a Muñoz Marín bajo la lupa del FBI fue Guy Hottel (1902-1990), graduado de la George Washington University, estrella del futbol y jefe de la oficina del FBI en Washington desde 1936. Aquel agente se hizo famoso por el célebre “Guy Hottel Memo” de marzo de 1950, documento que giraba en torno a los reportes en torno a objetos voladores no identificados (OVNI) y sus tripulantes humanoides de 3 pies de estatura vestidos con ropa de metal, tema que había llamado la atención de los medios de comunicación masiva “after the infamous events in Roswell in July 1947”.5

Por último, entre 1948 y 1956 el PPD, que ya había purgado a los independentistas del seno de la organización entre 1936 y 1947 y se había transformado en el vocero más file de las políticas estadounidenses en el país, extremó la censura al nacionalismo y legitimó su contención a través de recursos como la Ley 53 o de la Mordaza (1948). La discursividad alrededor de la cual giraba la censura y se legitimaba la represión, sin embargo, no había cambiado mucho. La mirada del PPD no difería de la de la ONI, la IP y el FBI y, en gran medida, la reproducía y profundizaba por cuenta de las necesidades concretas que le impuso su acceso al poder desde 1944 y la necesidad de mantenerlo. El circuito del asedio al nacionalismo no estaba completo con ello.

Es importante recordar que no todos los antagonistas del nacionalismo estaban fuera del partido: muchos pululaban dentro de aquel. En 1930, cuando Albizu Campos obtuvo la Presidencia del Partido Nacionalista, los militantes más moderados, los que representaban la cultura política del nacionalismo de 1922, veían la agresividad de la “acción inmediata” propuesta por Albizu Campos durante la Asamblea como un riesgo mayor, por lo que muchos decidieron retirarse de la vida pública. Durante los años 1932 a 1936, cuando la organización militarizó a sus juventudes en medio de la crisis económica y las tensiones políticas que generaba la vigilancia y la represión, tema ampliamente discutido en un libro reciente de José Manuel Dávila Marichal6, el Partido Nacionalista se purgó naturalmente sin que nada ni nadie pudiera evitarlo.

Las divisiones internas se sucedieron y drenaron la vitalidad organizativa. Un ejemplo de ello fue la crisis por la que atravesó la Junta Nacionalista de Mayagüez en 1934. La queja por la militarización del partido fue clave en el conflicto. Los disidentes mayagüezanos defendían un tipo de nacionalismo que difería tanto de la praxis de 1922 como de la de 1930: ni el ateneísmo romántico de los primeros, ni la “acción inmediata” de los segundos les seducían. Los líderes de aquella revuelta fueron los historiadores y juristas Juan A. y Salvador Perea, el mulato y luego coleccionista de libros Regino Cabassa7, y Emilio Soler López descendiente de cafetaleros catalanes. No sólo encabezaron la resistencia al proceso de militarización sino que fundaron una Junta Independiente en la ciudad. La elucidación de la disidencia de Mayagüez debe ser interpretada a la luz de los argumentos de Toro Nazario en la “Carta a Irma” de 1939, asunto que me propongo elaborar próximamente.

Amílcar Tirado, en un valioso documento publicado en 1993 durante el centenario de Albizu campos, aseguraba que el fenómeno de 1930, el ascenso de Albizu Campos a la presidencia y la “acción inmediata”, suponía el triunfo del nacionalismo ponceño ante el de la capital.8 No pongo en duda su argumento. Pero los eventos de 1934 suponían el reto de otro nacionalismo, el mayagüezano. Aquella era una manifestación crítica de las posturas de 1930, sin que ello representara un retroceso ideológico a las posturas de 1922. La relevancia de este fenómeno es que demuestra la diversidad de la imaginación nacionalista, tema que no se ha discutido con propiedad favoreciendo con ello una imagen homogénea y estática del nacionalismo treintista. El liderato disidente de Mayagüez estuvo activo en la posteriormente en la Junta de Mayagüez Pro Independencia de Puerto Rico formada en el contexto del primer Proyecto Tydings (1936), para luego reorganizarse en un Partido Independentista local.9

En términos generales, el año 1934 fue determinante para el proceso de desmantelamiento del nacionalismo militante a partir de 1936. Los costos políticos de aquel conjunto de tensiones están todavía por evaluarse de manera cuidosa. La tesis del investigador Rodríguez Reyes es que desde el 1934, las autoridades federales adoptaron una política más agresiva y comenzaron a echar los cimientos del caso incoado por el Gran Jurado federal en 1936.10 En enero de 1934, el Mayor General Blanton Winship (1869-1947), abogado militar, veterano del 1898 y de la Gran Guerra, fue nombrado gobernador con la encomienda tácita de enfrentar con “mano dura” la amenaza nacionalista. La recomendación del exgobernador y abogado James R. Beverley (1894-1967) es emblemática: el funcionario recomendó que se enviara a “alguien que tenga el coraje para hacer su trabajo sea este popular o no” y preguntaba específicamente por Winship11.

تويتر \ Ricardo Olivencia على تويتر: "Foto de una manifestación pidiendo la  renuncia del gobernador Blanton Winship. San Juan, Puerto Rico. 1937  https://t.co/Y0wDzn2jt0"


Foto de una manifestación pidiendo la renuncia del gobernador Blanton Winship. San Juan, Puerto Rico. 1937 @ricardoolivenc1

Las objeciones de Winship a la prédica de Albizu Campos no eran nuevas. Durante el proceso de venta de los “Bonos de la República” en Wall Street en 1931 Winship, entonces asesor legal de las fuerzas armadas, recomendó que se procesara judicialmente a Albizu Campos y sus asociados. Una vez en la gobernación, Winship contó con una serie de recursos que superaban aquellos a los que el Partido Nacionalista podía recurrir. La Guardia Nacional, el Regimiento 295 y 296 recién creados, era activados cuando los conflictos civiles se profundizaban. También contaba con la Fuerzas Armadas de Estados Unidos y su Regimiento 65 de Infantería que podían ser llamadas a servicio en caso de necesidad. Las amenazas de movilización fueron recurrentes en medio de la crisis general del 1930, asunto que tampoco ha sido investigado con detenimiento.

En diciembre de 1933, por ejemplo, ante las protestas de los consumidores, los representantes del capital y la industria en Puerto Rico recomendaron al gobernador Robert H. Gore (1886-1972) que activara la Guardia Nacional y al Regimiento 65 de Infantería para ayudar a las empresas a frenar los reclamos de los trabajadores y los consumidores. El gobierno respondió reclutando más efectivos para la policía y adelantando el nombramiento de 150 agentes especiales antimotín rearmados con subametralladoras Tommy Boys y Thompson. Junto a ello se autorizó la activación y el despliegue de la Guardia Nacional en los conflictos generados por la ciudadanía.12

Lo cierto es que en 1935 la crisis hasta ahora descrita había llegado a un extremo. A mediados de aquel año se delató la existencia de una conjura al interior del partido con el propósito de sacar a Albizu Campos de la presidencia. La situación poco tenía que ver con la disidencia del grupo de San Juan en 1930 o con la de 1934 en Mayagüez. El complot por despojar a Albizu Campos de la presidencia se radicalizó y, dentro de los planes de los intrigantes, se consideró el asesinato político como remedio. Todo sugiere que el exsecretario del Partido Nacionalista José Lameiro, una figura que no he podido investigar a la saciedad y quien había sido expulsado por insubordinación, era el cerebro de la conjura.13 La inestabilidad de la organización pudo haber justificado la acción del Gran Jurado federal de 1936. Si a ello se añadía el temor a que los nacionalistas se sublevaran con el fin de inestabilizar proceso electoral de noviembre de aquel año, se comprenderá la premura de aquel proceso. La “acción inmediata” postulada por Albizu Campos requería crearle una “crisis” a Estados Unidos en Puerto Rico por lo que aquella era una coyuntura excelente para ello.

Las preguntas que trataré de responder son, sin embargo, otras. ¿Cómo se representaba el FBI a aquel abogado antiamericano graduado de Harvard a la atura del 1936? ¿A que fuentes de información recurrió? ¿Quiénes estaban interesados y quienes se beneficiaban de aquel proceso? Y, claro está, ¿cómo compara la imagen de Albizu Campos con la de Muñoz Marín? ¿En qué medida los fantasmas del fascismo y el comunismo fueron invertido por el FBI para manufacturar aquellas imágenes? A revisar ambos perfiles me dedicaré en la próxima reflexión.

1 Para una breve genealogía de la vigilancia y persecución del nacionalismo previo a los procesos de 1936 recomiendo Harry Rodríguez Reyes (1993 / 1997) “Los procesos judiciales incoados contra Pedro Albizu Campos” en La nación puertorriqueña: ensayos en torno a Pedro Albizu Campos (San Juan: Editorial de la UPR): 215-216.

2 Rear Admiral A. P. Niblack (1920). The History and aims of the Office of Naval Intelligence (Washington: G.P.O.) URL http://www.ibiblio.org/hyperwar/NHC/History-Aims-ONI-1920/History-Aims-ONI-1920.html

3 H. Rodríguez Reyes, p. 215.

4 Freedom of Information and Privacy Acts Release of Subject: Luis Muñoz-Marin. File#: 100-5745. Section1: f. 2.

5 “UFOs And the Guy Hottel Memo” (March 25, 2013) FBI-News-Stories. URL https://www.fbi.gov/news/stories/ufos-and-the-guy-hottel-memo

6 J.M. Dávila Marichal (2022) “Capítulo II. Militarizando al Partido nacionalista” en Pedro Albizu campos y el Ejército Libertados del Partido Nacionalista de Puerto Rico (1930-1939) (San Juan: Laberinto): 63-126.

7 Sobre Regino Cabassa se ha publicado en una edición personal muy pequeña un volumen: Dennis de Jesús Rodríguez (2018) Diario de don Regino Cabassa Túa. Una biografía necesaria (Mayagüez). El volumen tiene un prólogo del Dr. Edwin Irizarry Mora y una nota del nacionalista Rafael Cancel Miranda.

8 Amílcar Tirado (1993 / 1997), “La forja de un líder: Pedro Albizu Campos (1924-1930)” en La nación puertorriqueña: ensayos en torno a Pedro Albizu Campos. (San Juan: Editorial de la UPR): 65-81.

9 Los interesados pueden consultar Mario R. Cancel Sepúlveda (9 de agosto de 2010) “El Partido Nacionalista, los obreros y Mayagüez (1934)” en Puerto Rico entre siglos. URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2010/08/09/partido-nacionalista-obreros-mayaguez-1934/

10 H. Rodríguez Reyes, p. 217.

11 H. Rodríguez Reyes, p. 217

12 Mario R. Cancel-Sepúlveda (12 de abril de 2009) “La Gran Depresión de 1929: violencia y sociedad” en Puerto Rico: su transformación en el tiempo URL: https://historiapr.wordpress.com/2009/04/12/la-gran-depresion-de-1929-violencia-y-sociedad/

13 J. M. Dávila Marichal, p. 139 ss.

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