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Archive for the ‘Imperialismo norteamericano’ Category

ClacsoEl Grupo de Trabajo Estudios sobre Estados Unidos del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) acaba de publicar su quinto libro titulado Estados Unidos contra el mundo: Trump y la nueva geopolítica. Con trabajos de  analistas reconocidos como Leandro Morgenfeld, Dídimo Castillo Fernández, Luis Suárez Salazar, Marco A. Gandásegui, hijo y Josefina Morales, esta obra busca evaluar el significado de la presidencia de Donald Trump. De acuerdo a su introducción, este libro

“[…] procura exponer un análisis crítico, riguroso, multidisciplinario y actualizado que ofrezca diversas lecturas, interpretaciones y enfoques sobre los primeros quince meses de Trump al frente de la Casa Blanca. Busca proporcionar datos, evidencias y nuevos enfoques que permitan profundizar el conocimiento sobre Estados Unidos y su relación con el resto del mundo. En otras palabras, ofrecer un insumo para comprender y enfrentar, fundamentalmente desde Nuestra América, los impactos de la convivencia con una nación “en crisis o redefinición”, como es el caso de Estados Unidos en la “era Trump”. (18)

Los interesados en descargar este libro lo pueden hacer aquí.

Norberto Barreto Velázquez,

Lima 30 de agosto de 2018

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Pocos son los historiadores puertorriqueños que estudian a Estados Unidos. Este es un hecho imperdonable para un país que es colonia estadounidense desde 1898. El impacto de la historia de la metrópoli norteamericana sobre su colonia caribeña ha sido directo y en ocasiones severo. Sin embargo, los historiadores puertorriqueños miran muy poco hacia el norte. Una clara excepción es el trabajo de José Anazagasty Rodríguez, profesor del Departamento de Ciencias Sociales del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. En lo que va del siglo XXI, el Dr. Anazagasty Rodríguez ha desarrollado una interesante producción académica centrada en cómo lo estadounidense han visto y representado a Puerto Rico. Entre sus trabajos podemos mencionar “We the People” La representación americana de los puertorriqueños, 1989-1926 (coeditado con Mario R. Cancel en 2008), “1898”, McGee y el imperialismo progresista” (80 grados, octubre 2014),  “Las Abejeras del Capital en Porto Rico  (80 grados, junio 2014), “Golightly en Porto Rico” (80 grados, diciembre 2017).

El profesor Anazagasty Rodríguez acaba de publicar en el periódico digital 80 grados, la primera parte de un artículo donde continua su análisis de los vínculos del Partido Comunista de Estados Unidos y Puerto Rico, iniciado en su trabajo “El Fanguito y los Comunistas” (80 grados, enero 2014).  Artículo que comparto a continuación.


80 grados

1930: El pensamiento comunista-estadounidense sobre Puerto Rico

80 grados   4 de mayo de 2018

El Partido Comunista de los Estados Unidos (PCEU) ha denunciado y condenado la colonización de Puerto Rico a lo largo de toda su historia, solidarizándose con los trabajadores y los independentistas puertorriqueños. Apenas unos meses atrás, Carol Ramos, una activista puertorriqueña vinculada al PCEU, aseveró que apoyar a los puertorriqueños era parte del movimiento de resistencia, lo que los comunistas debían expresar con su obra política. Ciertamente, varios líderes del PCEU, como William Z. Foster y Gus Hall, así lo han expresado a lo largo de la historia del partido.

En dos artículos previos para 80grados examiné los escritos de esos dos dirigentes comunistas sobre Puerto Rico. En “El Fanguito y los Comunistas” detallé cómo William Z. Foster, Secretario General del partido entre 1945 y 1957, describió su experiencia en el arrabal puertorriqueño. En “Unbelievable Slums” examiné cómo Gus Hall, que dirigió el PCEU por más de 40 años, representó la pobreza y los arrabales puertorriqueños en los primeros años de la década de los setenta, en su artículo para Political Affairs, “The Colonial Plunder of Puerto Rico”. En ambos casos los arrabales puertorriqueños fueron el signo de la condición colonial puertorriqueña, así como de la pobreza, la explotación de los trabajadores y lo que Foster y Hall relataron como el latrocinio estadounidense en la Isla. Los arrabales eran para ambos un ejemplo lamentable de las consecuencias del colonialismo, uno que revelaba también la opresión y explotación colonialista-capitalista que vivían los puertorriqueños. La denuncia de esas condiciones de explotación y pobreza fueron además una exhortación a la movilización comunista en apoyo a la lucha independentista puertorriqueña. Pero, la denuncia de los comunistas estadounidenses antecedió los años cuarenta.

En la década de los treinta los comunistas se expresaron sobre Puerto Rico en varias ocasiones, publicando panfletos y ensayos sobre la situación en la Isla. En 1930, Harry Gannes publicó Yankee Colonies, panfleto en el que discutió varios aspectos sobre la condición colonial de Puerto Rico. The Communist, revista del PCEU, publicó cinco artículos sobre Puerto Rico en los treinta: A “Model” Colony of Yankee Imperialism de D.R.D., publicado en tres partes en 1931; The Struggle for Puerto Rican Independence de Harry Robinson en 1936; y Bring the New Deal to Puerto Rico de James F. Ford en 1939. Para propósitos de este artículo me concentraré únicamente en Yankee Colonies y discutiré los restantes, los publicados en The Communist, más adelante.  The Communist fue una revista del PCEU, que con posterioridad se convirtió en Political Affairs, en la que Gus Hall publicó “The Colonial Plunder of Puerto Rico.”

Yankee Colonies de Harry Gannes fue publicado por International Pamphlets y dirigido por Labor Research Association, una oficina de estadísticas sobre el trabajo y los trabajadores vinculada al PCEU. Gannes fue uno de los fundadores de la Young Workers League, predecesora de la Young Communist League. Fue además uno de los editores en asuntos internacionales del The Daily Worker, periódico del PCEU. Este prominente comunista estadounidense escribió los libros When China Unites: An Interpretive History of the Chinese Revolution (1937) y Spain in Revolt (1936). Aparte de Yankee Colonies publicó varios panfletos: Graft and Gangsters (1931), Kentucky Miners Fight (1932), The Economic Crisis (1932), Soviets in Spain (1935), War in Africa (1935), Spain Defends Democracy (1936), How the Soviet Union Helps Spain (1936) y The Munich Betrayal (1938). Gannes viajó a China y Europa usando el nombre de Henry George Jacobs, por lo que las autoridades estadounidenses lo acusaron de fraude en 1939. Alrededor de esa misma fecha enfermó gravemente como consecuencia de un tumor cerebral. Gannes falleció el 3 de enero de 1941.

Gannes comenzó el panfleto Yankee Colonies augurando otra guerra mundial, una con Estados Unidos e Inglaterra como enemigos. Una eventual guerra entre esas potencias inquietó a muchos en aquella época. En ambas naciones se consideraron los diversos escenarios de esa posible guerra. Este teatro de la guerra comenzó en la década de los veinte. Las fuerzas armadas estadounidenses evaluaron los escenarios posibles de esa guerra después de la Conferencia Naval de Ginebra en 1927, elaborando el designado War Plan Red, aprobado en 1930. Aunque los británicos también consideraron una posible guerra con su antigua colonia estos no desarrollaron un plan similar. Canadá, todavía un “dominio” británico, y previo al Estatuto de Westminster de 1931, ya lo había hecho en 1921, antes que Estados Unidos. Su Defense Scheme No. 1, contemplaba inclusive invadir los Estados Unidos después de un ataque estadounidense. Para Gannes, la rivalidad inter-imperialista entre Inglaterra y Estados Unidos, particularmente en Norte y Sur América, estimulaba la guerra en ambos países:

There is a drive for markets now going on among all the imperialist powers. During the first seven months of 1930, American exports dropped 30 per cent. The home market in the United States is rapidly shrinking. The United States and the British Empire battle for control of the markets in all Latin-American countries, particularly in Argentina, Brazil and Chile. Hand in hand with the struggle for world markets goes the tremendous rise in armaments.

Para él, esa competencia, y los eventos “revolucionarios” en India, China y Egipto, requerían prestarle más atención al “imperio de Wall Street.” En efecto, su panfleto tenía como objeto el análisis del imperialismo estadounidense, que se inició con la Guerra Hispanoamericana de 1898. En Yankee Colonialism, Gannes subrayó las actividades colonialistas de Estados Unidos en Filipinas, Puerto Rico e Islas Vírgenes.

Su análisis del imperialismo estaba evidentemente fundamentado en el marxismo-leninismo. Desde esa perspectiva, y como ilustra la figura, la necesidad de nuevos mercados estimulaba el imperialismo y el colonialismo estadounidense, así como la rivalidad inter-imperialista. El creciente armamentismo era para Gannes un indicador de esa tendencia. En ese contexto las colonias estadounidenses no solo representaban mercados cautivos, sino también puestos de avanzada militar, lo que coincide con la postura de Alfred T. Mahan con respecto a las colonias y el poder naval, que todavía inspiraba el imaginario naval estadounidense. Según Gannes, el Imperialismo estadounidense produjo tanto colonias directas como semi-colonias:

There are two main types of colonies which imperialism chains to its chariot wheels. Especially in considering American imperialism is this important. Its colonial empire within the so-called independent countries, such as Cuba, Nicaragua, Haiti, Santo Domingo, Panama and Mexico, is of far vaster extent than its outright colonies. In these semi-colonial countries the struggle for domination and control is keener, as conflicting imperialist interests are represented.

Para Gannes, si los conflictos inter-imperialistas eran más agudos en las semi-colonias las posesiones consumadas, las colonias directas como Puerto Rico y Filipinas, representaban las vigas de acero sobre las que descansaba el expansionismo estadounidense.  Allí estaban ubicadas las bases navales más importantes, las que además salvaguardaban importantes rutas comerciales. Para Gannes, esas colonias estaban en medio de las escenas de guerras venideras.

Las consecuencias de la Guerra Hispanoamericana de 1898 le abrieron puertas a Estados Unidos, ahora una nueva fuerza imperial, en Asia y América Latina. Como explicó Gannes, las colonias que ahora poseía le facilitaban a Estados Unidos la expansión geopolítica y comercial en esas regiones, con el Canal de Panamá como enlace entre estas: “It now became the aim of the imperialist masters, not only to make of the Caribbean Sea an American lake, but to let the waters of this lake flow through the Isthmus of Panama, via a Wall Street owned canal, and to bridge the Pacific Ocean with Yankee-controlled islands.”

A finales del siglo 19, la guerra contra España era el único medio disponible para que Estados Unidos adquiriera colonias directas, pues los otros centros imperiales ya se habían repartido casi todo el planeta. Como explicó Gannes: “War was the only way open for the acquisition of new territories. Colonies had to be wrested from other powers. Spain owned the colonies most desired by the United States business class. War against Spain was declared. Flimsy pretexts were invented and forgotten in the scramble for greater prizes.” Después de la guerra con España, como ilustra la tabla, Estados Unidos adquirió como colonias a Filipinas, Hawái, Puerto Rico y Guam. En 1898 esa nación también ocupó la isla Wake y las islas Midway y en el próximo año adquirió a Samoa. Finalmente, le compró las Islas Vírgenes a Dinamarca en 1917.  En total, Estados Unidos adquirió entre 1898 y 1917 unas 125,328 millas cuadradas de nuevo territorio, con una población en 1930 de más de 14 millones de habitantes.

Según Gannes, el Caribe era para los Estados Unidos y su capital nacional una entrada importante a los mercados latinoamericanos, pero también una senda abierta a su materia prima. La inversión de capital estadounidense allí ya era considerable. Para Gannes, si bien Estados Unidos contaba con diversas colonias en el Caribe, el capital las trataba como una unidad, haciendo pocas distinciones entre colonias directas o indirectas. Pero, para el gobierno y capital estadounidense el Caribe era mucho más importante por su valor estratégico-militar y porque les facilitaba su ingreso a mercados mucho más importantes. Para Gannes, Puerto Rico e Islas Vírgenes eran desde la perspectiva militar estadounidense, eslabones significativos en su “cadena de hierro” en el Caribe.

Gannes le consagró la mayor parte de Yankee Colonies a Filipinas, dedicándole menos espacio a Puerto Rico e Islas Vírgenes. Con respecto a Puerto Rico ofreció una breve descripción de la isla, la que llamó “Porto Rico.” Repitió, al hacerlo, algunas de las convenciones estadounidenses para referirse a la colonia.  La describió como una isla comparativamente pequeña y sobrepoblada. Gannes, reduciendo la diversidad racial de los puertorriqueños, describió la población como una predominantemente caucásica, con el 73% de la población blanca y un 27% negra.

Gannes luego comentó las políticas coloniales estadounidenses en la isla, destacando la Ley Foraker de 1900 y la Ley Jones de 1917. Describió la primera como una ley más reaccionaria que la legislación española con respecto a la Isla previo a la Guerra Hispanoamericana, lo que también han argumentado varios puertorriqueños, que usualmente se refieren a la Carta Autonómica de 1897. Gannes criticó también la Ley Jones por haberle conferido a los puertorriqueños una ciudadanía estadounidense de “tercera clase,” una por debajo de la ciudadanía de segunda clase, que es la que usualmente se asocia con ciudadanos discriminados constantemente, como los negros en Estados Unidos.  Rosendo Matienzo Cintrón se expresó de forma similar con respecto a la ciudadanía estadounidense en “La guachafita fá,” un artículo para La Correspondencia de Puerto Rico en 1911.  Gannes también acusó a los Estados Unidos de usar el puesto de gobernador como premio a los protegidos del ejecutivo federal:

The Governor-Generalship of Porto Rico is a particularly juicy plum for the political protégés of the capitalist party that happens to be in power in Washington. In addition to a yearly salary of $ 10,000, paid by the U. S. Government, he receives from the Porto Rican legislature an annuity of $25,000 to cover “incidental expenses.” Besides, he is furnished, rent free, a magnificent palace and grounds; and the legislature chips in for the payment of whatever servants are needed to maintain him in his accustomed standards of luxury. An automobile is also provided for his “excellency” at the expense of the starving masses.

En adición, Gannes acentuó el empobrecimiento y la desposesión sufrida por los puertorriqueños, la precariedad producto de las actividades del capital estadounidense en la isla-colonia, particularmente en los sectores tabacaleros y azucareros. Para Gannes, la situación de la mayoría de los puertorriqueños era frágil, afectados grandemente por la desnutrición, la hambruna y diversas enfermedades. El comunista citó números de la Cruz Roja para indicar el creciente empobrecimiento de la mayoría de los puertorriqueños, de paso rechazando que la causa de ese empobrecimiento fuese el paso del huracán San Felipe II por Puerto Rico en 1928:

American imperialists like to blame the hurricane of September 1928, for the inescapable fact that the conditions of the Porto Rican workers and peasants are constantly sinking to lower depths. This is the best excuse they can find. But no greater hurricane ever hit Porto Rico than when the imperialist forces landed, and were followed by the long reach of the big banks.

Finalmente, Gannes denunció la creciente dependencia puertorriqueña en los productos importados, y el que los puertorriqueños tuvieran que exportar casi todos sus productos agrícolas. Para Gannes, Puerto Rico estaba totalmente atrapado en las garras del imperialismo estadounidense, tanto en términos políticos como económicos.

Gannes aprovechó sus comentarios sobre Puerto Rico para criticar a Santiago Iglesias Pantín, el Partido Socialista y la Pan-American Federation of Labor. Según Gannes, el Partido Socialista, como el Partido Laboral Británico, colaboraba constantemente con las fuerzas imperialistas.  También lo criticó por apoyar el estadoísmo y por aliarse con el Partido Republicano, un partido para Gannes controlado por hacendados y banqueros, explotadores de los trabajadores puertorriqueños. Gannes inclusive criticó al Partido Nacionalista por llevar a cabo una lucha “half-hearted” por la independencia de Puerto Rico. Por supuesto, tampoco tuvo nada bueno que decir de los unionistas y los republicanos. Gannes anunció la formación de un partido comunista en la colonia:

A Communist Party is being formed in Porto Rico, to carry on a relentless struggle for the absolute, immediate and complete independence of Porto Rico from American imperialism. One of the main tasks of the Communists is to fight against the traitorous role of Iglesias and the Socialist Party who, through the instrumentality of the Pan-American Federation of Labor, help American imperialism not only in Porto Rico, but throughout Latin America.

En Puerto Rico, el Partido Comunista se fundó en 1934, cuatro años después de la publicación del panfleto de Gannes. Es difícil establecer si él se refería a la formación de ese partido o a alguna división dentro del Partido Socialista de entonces, a alguna facción comunista del partido que no favoreciera el estadoísmo. Es posible además que Gannes tuviera contactos con algunos puertorriqueños en Nueva York o que hubiese adquirido información sobre el comunismo puertorriqueño de la Liga Antiimperialista, a la que se refirió en su panfleto. Se refería a la All-America Anti-Imperialist League, también conocida como la Anti-Imperialist League of the Americas. Esta se fundó en 1925 y estuvo activa hasta 1933. Se convirtió entonces en la American League Against War and Fascism. Según Gannes, esta ya estaba operando en Puerto Rico, Filipinas, América Latina y Estados Unidos. Hasta el momento no he conseguido información sobre las actividades de la Liga, si alguna, en Puerto Rico. Juan Antonio Corretjer se integró a la Liga Anti-imperialista de Las Américas mientras estuvo en Nueva York a finales de la década de los veinte.

Gannes terminó su panfleto convocando a los trabajadores, tanto en Estados Unidos como en las colonias, a la acción política a favor de la independencia de las colonias. Para él, Estados Unidos nunca les concedería la independencia, por lo que la que la única opción era arrebatárselas a los imperialistas. Para él, eso requería un frente unido que aglutinara a los trabajadores no solo en Estados Unidos, sino en Filipinas, Puerto Rico y Hawái.

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La famosa Biblioteca Newberry acaba de dar acceso gratuito a su colección de 200,000 imágenes en alta resolución. Ésta incluye mapas, obras de arte, libros, panfletos, manuscritos y fotografías relacionadas con la historia colonial norteamericana, los primeros años de la república estadounidense y  la expansión hacia el oeste. Las imágenes proceden de dos colecciones: la Edward E. Ayer Collection  y la  Everett D. Graff Collection.

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“Buffalo Bill’s Wild West: America’s National Entertainment,” 1884.

Localizada en la ciudad de Chicago, la Biblioteca Newberry fue fundada en 1887 gracias al aporte económico de Walter L. Newberry, un hombre de negocios de esa ciudad, quien dejó una parte de su dinero para la fundación de una biblioteca pública.

Hoy día la biblioteca Newberry es reconocida como un importante centro independiente de investigación, cuya impresionante colección de libros raros, mapas, manuscritos y otros materiales es visitada por investigadores de todas partes del mundo.

Esta colección de imágenes es, sin lugar a dudas, un valioso recurso pedagógico y de investigación para aquellos interesados en los temas que ésta abarca.

Norberto Barreto Velázquez

4 de mayo de 2018

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Acabo de descubrir un interesante recurso para la enseñanza de la historia estadounidense: Voice and Visions. Este proyecto colaborativo de fuentes primarias contiene una interesante colección de videos y audios relacionados a la historia estadounidense en el siglo XX. Entre ellos podemos mencionar el discurso de Franklin D. Roosevelt anunciando la neutralidad estadounidense tras el estallido de la segunda guerra mundial (1939), imágenes del ataque japonés a Pearl Harbor (1941), un video de Lyndon B. Johnson denunciando los alegados ataques norvietnamitas que llevaron a la Declaración del Golfo de Tonkin (1965), un video de Ronald Reagan haciendo chistes sobre la Unión Soviética (1988) y el discurso de Bill Clinton justificando la intervención estadounidense en Kosovo (1999). Cada recurso audiovisual viene acompañado de una breve explicación histórica y referencias bibliográficas.

Aquellos interesados en recursos audiovisuales encontrarán en Voices and Visions un recurso útil.

Norberto Barreto Velázquez

26 de abril de 2018

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imagesPaco Ignacio Taibo II es un prolifero escritor mexicano que combina muy bien la ficción (especialmente, la novela negra) y la narrativa histórica. Creador del genial investigador Belascoarán Shayne, Taibo II es autor  de un número impresionante de libros donde aborda temas de historia mexicana y latinoamericana en general. Destacan dos obras biográficas monumentales: Ernesto Guevara, también conocido como el Che (1996) y  Pancho Villa: una biografía narrativa (2006), donde enfoca dos figuras claves de la historia latinoamericana del siglo XX. Con una fuerte tendencia antisistema, no debe sorprender que Taibo II haya dedicado tiempo al rescate y análisis del movimiento anarco sindicalismo español con obras como Asturias 1934 (1980), Arcángeles: doce historias de revolucionarios herejes del siglo XX (1998) y Que sean fuego las estrellas (2015).

Me acabo de leer una de sus obras de narrativa histórica: El Álamo: una historia no apta para

Taibo

Paco Ignacio Taibo II

Hollywood ( 2011) y comparto aquí mis impresiones con mis lectores. En este corto y muy bien escrito libro, Taibo II desarrolla un efectivo trabajo  de desmitificación de la batalla del Álamo. Esta enfrentamiento entre fuerzas rebeldes texanas y efectivos del ejército mexicano fue uno de los principales episodios de la llamada revolución texana de 1836. Como bien documenta Taibo II, la  derrota de los rebeldes en el Álamo se convirtió en uno de los principales mitos fundacionales estadounidenses. A los que murieron en el Álamo se les ha convertido en símbolos del excepcionalismo estadounidense; en mártires de la libertad y la democracia. Taibo deja claro que uno de los elementos claves de la rebelión texana era la defensa de la esclavitud, no de la democracia. La especulación de tierras también jugó una papel importante en la rebelión texana. El autor baja del Olimpo al que han sido ensalzados, especialmente por Hollywood y Disney, los principales personajes estadounidenses de la batalla del Álamo: William Barret Travis, Dadid Crockett y James Bowie. Los presenta tal como lo que eran: aventureros, esclavistas, malos padres, borrachos, mentirosos, etc. Taibo  II no es menos duro con sus compatriotas, describiendo la  falta de visión y de liderato que reinó entre las tropas mexicanas, especialmente, las deficiencias de su máximo líder el General Antonio López de Santa Anna.

Aquellos interesados en la rebelión texana y en especial de la batalla del Álamo, encontrarán en este libro una visión crítica y profundamente desmitificadora de tales eventos. Quienes estén interesados en investigar estos temas, encontrarán una impresionante bibliografía que incluye fuentes tanto estadounidenses como mexicanas.

Norberto Barreto Velázquez

Lima, 13 de abril de 2018

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mlkHoy, 4 de abril de 2018, se conmemoran los cincuenta años del asesinato del Reverendo Martin Luther King, Jr. en Memphis, Tennessee. El Dr. King  se encontraba en Memphis apoyando la histórica huelga de los recogedores de basura, que en su mayoría eran afroamericanos. Su asesinato desató una ola de violencia urbana y apagó una de las voces más críticas de la sociedad estadounidense de la década de 1960.

Creo que la mejor forma de recordar al Dr. King en un día como hoy, es compartiendo su análisis de tres problemas fundamentales de su era y de total actualidad: el militarismo, el racismo y la pobreza. El 31 de agosto de 1967, el Dr. King pronunció uno de sus  más importantes discursos ante la National Conference on New Politics. Conocido como The Three Evils of Society Address, este discurso formó parte de su People´s Poor Campaign, dirigida a combatir la injusticia económica más de allá de límites raciales.

Para oir este importante discurso ir aquí.

 

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Princeton University ha publicado un libro cuya lectura parece obligatoria: American Empire A Global History. Escrito por el historiador británico A. G. Hopkins, este libro interpreta la evolución del imperio estadounidense desde una perspectiva global. Hopkins cuestiona la idea del excepcionalismo al examinar  la historia estadounidense desde una óptica internacional. Comparto con mis lectores esta “introducción” a su obra escrita por Hopkins y que fuera publicada en la bitácora Not Even Past.

The American “Empire” Reconsidered

by A. G. Hopkins

Whether commentators assert that the United States is resurgent or in decline, it is evident that the dominant mood today is one of considerable uncertainty about the standing and role of the “indispensable nation” in the world. The triumphalism of the 1990s has long faded; geopolitical strategy, lacking coherence and purpose, is in a state of flux. Not Even Past, or perhaps Not Ever Past, because the continuously unfolding present prompts a re-examination of approaches to history that fail to respond to the needs of the moment, as inevitably they all do.

This as good a moment as any to consider how we got “from there to here” by stepping back from the present and taking a long view of the evolution of U.S. international relations. The first reaction to this prospect might be to say that it has already been done – many times. Fortunately (or not), the evidence suggests otherwise. The subject has been studied in an episodic fashion that has been largely devoid of continuity between 1783 and 1914, and becomes systematic and substantial only after 1941.
There are several ways of approaching this task. The one I have chosen places the United States in an evolving Western imperial system from the time of colonial rule to the present. To set this purpose in motion, I have identified three phases of globalisation and given empires a starring role in the process. The argument holds that the transition from one phase to another generated the three crises that form the turning points the book identifies. Each crisis was driven by a dialectic, whereby successful expansion generated forces that overthrew or transformed one phase and created its successor.

The first phase, proto-globalisation, was one of mercantilist expansion propelled by Europe’s leading military-fiscal states. Colonising the New World stretched the resources of the colonial powers, produced a European-wide fiscal crisis at the close of the eighteenth century, and gave colonists in the British, French, and Spanish empires the ability, and eventually the desire, to claim independence. At this point, studies of colonial history give way to specialists on the new republic, who focus mainly on internal considerations of state-building and the ensuing struggle for liberty and democracy. Historians of empire look at the transition from colonial rule rather differently by focussing on the distinction between formal and effective independence. The U.S. became formally independent in 1783, but remained exposed to Britain’s informal political, economic and cultural influences. The competition between different visions of an independent polity that followed mirrored the debate between conservatives and reformers in Europe after 1789, and ended, as it did in much of Europe, in civil war.

The second phase, modern globalisation, which began around the mid-nineteenth century, was characterised by nation-building and industrialisation. Agrarian elites lost their authority; power shifted to urban centres; dynasties wavered or crumbled. The United States entered this phase after the Civil War at the same time as new and renovated states in Europe did. The renewed state developed industries, towns, and an urban labor force, and experienced the same stresses of unemployment, social instability, and militant protest in the 1880s and 1890s as Britain, France, Germany and other developing industrial nation-states. At the close of the century, too, the U.S. joined other European states in contributing to imperialism, which can be seen as the compulsory globalisation of the world. The war with Spain in 1898 not only delivered a ready-made insular empire, but also marked the achievement of effective independence. By 1900, Britain’s influence had receded. The United States could now pull the lion’s tail; its manufactures swamped the British market; its culture had shed its long-standing deference. After 1898, too, Washington picked up the white man’s burden and entered on a period of colonial rule that is one of the most neglected features of the study of U.S. history.

The third phase, post-colonial globalisation, manifested itself after World War II in the process of decolonisation. The world economy departed from the classical colonial model; advocacy of human rights eroded the moral basis of colonial rule; international organisations provided a platform for colonial nationalism. The United States decolonised its insular empire between 1946 and 1959 at the same time as the European powers brought their own empires to a close. Thereafter, the U.S. struggled to manage a world that rejected techniques of dominance that had become either unworkable or inapplicable. The status of the United States was not that of an empire, unless the term is applied with excessive generality, but that of an aspiring hegemon. Yet, Captain America continues to defend ‘freedom’ as if the techniques of the imperial era remained appropriate to conditions pertaining in the twenty-first century.

This interpretation inverts the idea of “exceptionalism” by showing that the U.S. was fully part of the great international developments of the last three centuries. At the same time, it identifies examples of distinctiveness that have been neglected: the U.S. was the first major decolonising state to make independence effective; the only colonial power to acquire most of its territorial empire from another imperial state; the only one to face a significant problem of internal decolonisation after 1945. The discussion of colonial rule between 1898 and 1959 puts a discarded subject on the agenda of research; the claim that the U.S. was not an empire after that point departs from conventional wisdom.

The book is aimed at U.S. historians who are unfamiliar with the history of Western empires, at historians of European empires who abandon the study the U.S. between 1783 and 1941, and at policy-makers who appeal to the ‘lessons of history’ to shape the strategy of the future.

A.G. Hopkins, American Empire: A Global History


 

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