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Archive for the ‘Imperialismo norteamericano’ Category

Fallece historiador ganador del Pulitzer David McCullough

Ayer 7 de agosto de 2022 murió a los 89 años el historiador, biógrafo y periodista estadounidense David McCullough. A lo largo de una larga y fructífera carrera como narrador e investigador del pasado de Estados Unidos, McCullogh produjo una cantidad impresionante de libros sobre temas muy diversos. Entre ellos destacan The Johnstown Flood (1968), The Great Bridge (1972), The Path Between the Seas (1977), Mornings on Horseback (1981), Brave Companions (1991), Truman (1992), John Adams (2001), 1776 (2005), The Greater Journey: Americans in Paris (2011), The Wright Brothers (2015), The American Spirit: Who We Are and What We Stand For (2017), and The Pioneers (2019).

McCullough ganó  premios prestigiosos como el Pulitzer (en dos ocasiones), el National Book Award y  el Francis Parkman Prize (dos veces). Fue honrado con la Presidential Medal of Freedom, el National Book Foundation Distinguished Contribution to American Letters Award, la National Humanities Medal y la Gold Medal for Biography otorgada por la American Academy of Arts and Letters. Fue elegido miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias, así como de la Academia Americana de Artes y Letras, y recibió 56 títulos honorarios.

McCullough también tuvo una presencia destacada en  la televisión pública, como presentador de Smithsonian World, The American Experience y narrador de numerosos documentales, incluido The Civil War de Ken Burns.  John Adams la miniserie de siete partes de HBO basada en su biografía del segundo presidente de Estados Unidos, producida por Tom Hanks, fue aclamada.

Qué descanse en paz.

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La guerra de Vietnam provocó una fuerte resistencia popular que dividió profundamente a Estados Unidos. Hubo diversos medios de oposición a la guerra: marchas, conciertos, actos terroristas, etc. Miles de jóvenes estadounidenses optaron por huir del país para evitar ser reclutados por las fuerzas armadas y enviados al sudeste asiático. Se calcula que por lo menos 60,000 estadounidenses se convirtieron en draft dodgers, y que buena parte de ellos huyó a Canadá.

En este artículo publicado en la revista Medium, Rick Ayers comenta el libro de Dee Knight My Whirlwind Lives: A Political Memoir & Manifesto (Guernica Editions, 2022) en el que su autor recuerda y analiza su pasado como draft dodger en los años 1960. Ayers, sin embargo, lleva su análisis más allá del contenido de la obra de Knight, ya que incluye su experiencia como opositor de la guerra de Vietnam y evasor del reclutamiento militar. El pasado de Ayers le añade a su ensayo una mayor relevancia, pues éste jugó papel importante entre los grupos radicales que se enfrentaron al gobierno estadounidense en las décadas de 1960 y 1970. Ayers fue miembro de Weather Underground, un grupo catalagado por el FBI como terrorista, que reclamó el crédito por 25 ataques con bombas contra edificios y oficinas públicas, incluidos el Capitolio, el Pentágono, la oficina del Fiscal General de California y una estación de policía de la ciudad de Nueva York.

Ayers es profesor asociado de educación en la Universidad de San Francisco. Posee un doctorado de la UC Berkeley Graduate School of Education. Es coautor, con su hermano William Ayers, de Teaching the Taboo: Courage and Imagination in the Classroom. Es coautor con Amy Crawford de Great Books for High School Kids: A Teacher’s Guide to Books That Can Change Teens’ Lives; y es autor de Studs Terkel’s Working: A Teaching Guide.

Dee Knight ha sido organizador sindical y activista político.

A quienes le interes el tema de la resistencia violenta contra la guerra de Vietnam les recomiendo el podcast Mother Country Radicals producido por Crooked Media & Audacy


When President Carter Pardoned Draft Dodgers, Only Half Came Back - HISTORY

Las vías del exilio: resistentes a la guerra estadounidenses en Canadá

Rick Ayers

Medium 4 de agosto de 2022

En octubre de 1967 recibí y devolví a  la junta de reclutamiento la tarjeta en la que se convocaba a unirme a las fuerzas armadas. Para ese momento el  movimiento contra la guerra era grande y creciente, nuestras protestas se intensificaron y nuestra militancia se acentuó, pero nada de lo que hicimos detuvo la agresión genocida de nuestro gobierno contra el pueblo de Vietnam. El Día Nacional de la Resistencia, muchos de nosotros que éramos estudiantes universitarios, protegidos por el privilegio de un aplazamiento 2-S, declaramos que ya no aceptaríamos esa exención. Saboteamos el sistema con nuestros cuerpos negándonos a luchar en la guerra.

Las cosas se movieron rápidamente. En noviembre, mi junta local me reclasificó 1A y me ordenó que me presentara para la inducción. Intenté una apelación, pero duró poco. El abogado asignado a mí por la junta de reclutamiento, que se suponía que debía apoyar mi apelación, me denunció como comunista y dijo que esperaba que me reclutaran pronto. Con una fecha de inducción fijada para marzo de 1968, me enfrenté a tres opciones: entrar en el ejército como soldado antibélico (donde temía sufrir palizas por ser izquierdista), ir a prisión (donde probablemente estaría dos o tres años), o ir a Canadá, donde aceptaban a los estadounidenses y no los devolvían. Me dirigí hacia el norte.

Canadá a finales de los años 1960 fue el punto de aterrizaje para miles de personas que se resistían al reclutamiento (“draft dodgers”) o desertaban del Ejército. Migrar a Canadá no fue el final de la historia. Además de la vida personal de estos nuevos canadienses (trabajos, amores, crecimiento), el panorama político del que formaban parte era infinitamente complicado. Las nuevas y convincentes memorias de Dee Knight, My Whirlwind Lives, expresan la forma y la sensación de esos años e iluminan los problemas que estaban en juego. Captura las muchas formas en que los estadounidenses en Canadá se reunieron para cuestionar y debatir lo que estábamos haciendo allí y cómo continuar la lucha por la paz y la justicia.

My Whirlwind Lives: Navigating Decades of Storms - Dee Knight

Mi primer punto de contacto con los nuevos inmigrantes, así como con Dee, fue el Programa Anti-Draft de Toronto, un centro comunitario que proporcionaba asesoramiento, ayuda legal, redes de supervivencia y organización política. Conocí a Bernie Jaffe allí y me encontré con amigos de Ann Arbor que estaban haciendo la misma caminata hacia el norte. Todo estaba en debate. Por ejemplo, ¿debemos considerarnos exiliados o expatriados? Hubo serias implicaciones con cada término. Aquellos que se sentían disgustados con toda la empresa estadounidense, que querían salir para siempre, preferían expatriados. Otros argumentaron que todavía éramos parte de la lucha contra la guerra, y que habíamos sido exiliados, y que éramos, entonces, exiliados.

Había otra dimensión en esta distinción. Si solo estuviéramos enfocados en los Estados Unidos, solo mirando hacia el sur, ¿nos negábamos arrogantemente a entender la política canadiense, las enormes luchas allí en torno a los programas sociales, la soberanía de las Primeras Naciones, la independencia de Quebec? Ahora que éramos nuevos canadienses, ¿no éramos responsables de estar donde estábamos? Dee Knight nos lleva a través de estos dilemas y su activismo en ambos frentes, oponiéndose al imperialismo estadounidense y uniéndose a las luchas sociales en Ontario.

En agosto de 1968, me senté en la sala de estar de un amigo en Toronto viendo los disturbios de la policía en la convención del Partido Demócrata. Fue angustioso ver a mis amigos golpeados, la lucha política de mis camaradas contra la guerra llegando a un punto crítico. ¿Y dónde estaba? Seguro en Canadá. Sentado. ¿Fue esto? ¿Ausentarme de la guerra fue la totalidad de mi contribución? Fue una sensación terrible. Muchas personas hoy en día consideran abandonar los Estados Unidos a medida que los movimientos políticos fascistas ascienden, para protegerse a sí mismos, para proteger a sus hijos. Pero los exiliados suelen enfrentarse a una profunda sensación de ambivalencia y contradicción. Lo hice; Dee Knight lo hizo. Yo estaba ahí fuera, lejos de las líneas del frente, mientras mis hermanos y hermanas estaban atrapados en el vórtice, todavía en el caldero, todavía luchando. El exilio es una opción posible, pero no es ni fácil ni dolorosa, no es el final de las dudas o los miedos, las preguntas o las decisiones difíciles que se avecinan.

En sus memorias, Dee Knight también explora las divisiones de clase y raciales en la comunidad de exiliados estadounidenses. Generalmente los dodgers eran universitarios, con la movilidad social y los contactos para salir adelante del draft. Los desertores, que eran cada vez más numerosos a medida que los años 1960 avanzaban hacia los años 1970, eran en su mayoría de clase trabajadora, a menudo negros o hispanos. Habían sido arrastrados al reclutamiento y luego se enfrentaron de cerca a la realidad de la invasión y ocupación imperial, y tomaron la valiente decisión de unirse a la gran migración lejos de la guerra. La propia ley de inmigración canadiense era un mecanismo de clasificación opresivo, con un sistema de puntos que daba prioridad a aquellos con más dinero, más educación. A menudo, los desertores del ejército eran los que seguían siendo fugitivos, incluso en el norte.

11 ways people dodged the Vietnam draft

Cuando me mudé a Vancouver, me involucré con proyectos que priorizaban trabajar con desertores. No nos llamábamos ni expatriados ni exiliados, sino refugiados. Establecimos un albergue gratuito, así como asesoramiento. Organizamos oportunidades de trabajo e incluso algunos matrimonios de inmigración. Frente a un sistema de inmigración imposible, comenzamos a aprender cómo hacer documentos de identificación canadienses falsos. Violar la ley parecía completamente legítimo frente a la guerra ilegal y genocida que se estaba librando.

El siguiente capítulo para mí me llevó al otro lado del movimiento de resistencia: al ejército. Mientras que en 1968 pensaba que la cultura militar era fanática  y aislante, para 1969 estaba claro por mi trabajo con desertores que la maquinaria militar estadounidense estaba en crisis, se estaba desmoronando, ante la derrota que estaban sufriendo en Vietnam. En 1969, los veteranos de Vietnam contra la guerra, así como los soldados en servicio activo, eran una fuerza líder en actividades contra la guerra y la línea del frente en todas las grandes manifestaciones. Así que volví a Chicago, junto con mi pareja y su hija, para entregarme y aceptar la inducción. Organicé abiertamente el sentimiento contra la guerra mientras entrenaba en Fort Leonard Wood, Misurí, y Fort Polk, Lousiana, que es otra historia. Pero nunca pude dejar que me enviaran a Vietnam, así que en marzo de 1970, fui AWOL  (ausente sin permiso) y mi camino entró en otra encrucijada con la historia de Dee Knight, la lucha por la amnistía.

En la mayoría de los países, el fin de una guerra significa una amnistía general para los combatientes de todos los bandos. Dado que muchos han estado luchando, nunca habría un fin al conflicto a menos que permitieran que la mayoría de la gente volviera a entrar. Pero la amnistía era una píldora difícil de tragar para los belicistas estadounidenses. Lo que estaba en juego era cómo entender la guerra misma, la guerra para explicar la guerra. Los políticos querían algún tipo de amnistía condicional, tal vez requiriendo unos pocos años de servicio civil o tal vez dando un castigo más severo a los desertores del ejército que a los evasores del reclutamiento. La comunidad contra el reclutamiento y contra la guerra luchó durante años, de 1972 a 1977, por una amnistía total e incondicional.

Antiwar demonstrators burning their draft cards on the steps of the Pentagon during the Vietnam War, 1972.

Opositores a la guerra de Vietnam quemando sus tarjetas de reclutamiento, 1970.

De hecho, volví de estar en la clandestinidad bajo esa amnistía. Volé de Toronto a Nueva York en marzo de 1977. La policía del aeropuerto Kennedy me tiró al suelo en un dramático arresto, pero luego me envió a Fort Dix, New Jersye. Allí me alojaron con cientos de otros AWOLs que regresaban. En unas pocas semanas simplemente me dieron de alta, con un estatus «menos que honorable».

Dee Knight da una buena explicación de los muchos altibajos de la lucha por la amnistía, incluido un análisis exhaustivo por él mismo y el abierto desertor del ejército Jack Calhoun de los debates de amnistía. Destaca las preguntas reales con las que todavía estamos lidiando. ¿Por qué consideramos honorable matar para el imperio y resistir el asesinato cobardemente? ¿Por qué los combatientes contra la guerra no son honrados como veteranos? ¿Por qué John McCain, un criminal de guerra que bombardeó a civiles, es considerado como un gran estadounidense, y aquellos que forzaron el fin de la guerra se describen como el problema?

Todo tiene que ver con la próxima guerra y la posterior. Los belicistas necesitaban manchar la resistencia, mentir sobre los horrores de la guerra y por qué Estados Unidos perdió, por temor a que el apetito por la invasión y la agresión se erosionara entre la población estadounidense. Las guerras e invasiones posteriores de Granada y Panamá, Irak y Afganistán, todas dependieron de mantener intactas las mentiras de la inocencia y las buenas intenciones estadounidenses. My Whirlwind Lives es un recordatorio importante de lo que está en juego en la guerra, en las vidas de aquellos que son invadidos y en las vidas de aquellos en el centro imperialista.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

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Mateo Wills comienza esta corta nota con  un planteamiento categórico: prohibir los abortos no acaba con éstos, pero criminaliza su práctica. Luego continua examinando como a partir de la segunda mitada del siglo XIX en el estado de Illinois se usó la prohibición del aborto para perseguir a las mujeres pobres e inmigrantes. Para ello se fundamenta en un artículo de la Dra. Leslie J. Reagan analizando cómo las autoridades de la ciudad de Chicago usaron mecanismos ética y moralmente cuestionables para perseguir a todos los que de una forma estuvieron involucrados en un aborto. Vale la pena citarle

Según Reagan, “la tolerancia popular del aborto moderó la aplicación” , por lo que aquellos que tuvieron abortos generalmente no fueron arrestados, procesados o encarcelados. Pero las “investigaciones oficiales y la exposición pública” todavía se usaban para disciplinarlos y castigarlos. “Los procedimientos de investigación en sí mismos constituían una forma de castigo y control”, incluso para amigos y familiares, ya que se suponía que las hermanas, por ejemplo, conocían los detalles íntimos de la vida reproductiva de sus hermanos.

De esta forma se creo un sistema punitivo en el que se vieron atrapadas, como siempre, las mujeres pobres, inmigrantes y de minorías étnicas.

La Dra. Reagan es profesora en el Departamento de Historia de la University of Illinois Urbana-Champaign, donde dicta cursos de Historia de los Estados Unidos, historia de la medicina, salud pública y ciencia, mujeres, género y  sexualidad, es autora de Dangerous Pregnancies: Mothers, Disabilities, and Abortion in Modern America. University of California Press, 2010).

Wills es escritor y bloguero.


National Police GazetteVigilancia del aborto

Mateo Wills

JSTOR  12 de julio de 2022

Prohibir el aborto no detiene los abortos, por supuesto, pero sí castiga a los involucrados. Durante la segunda mitad del siglo XIX, los estados estadounidenses anularon la aceptación de abortos por parte de la ley común antes de las dieciséis semanas y  aumentaron su poder policial para controlar los cuerpos de las mujeres. Illinois, por ejemplo, criminalizó el aborto en 1867 y prohibió los abortivos, medicamentos o dispositivos utilizados para inducir abortos, en 1871.

La académica Leslie J. Reagan explora cómo las autoridades de Chicago hicieron cumplir estos códigos penales durante las próximas siete décadas. “El estado procesó principalmente a los abortistas, la mayoría de las veces después de que una mujer había muerto, y los fiscales se basaron para obtener evidencia en declaraciones de muerte recopiladas de mujeres cercanas a la muerte debido a abortos ilegales”, señala Reagan.

Según Reagan, “la tolerancia popular del aborto moderó la aplicación”, por lo que aquellos que tuvieron abortos generalmente no fueron arrestados, procesados o encarcelados. Pero las “investigaciones oficiales y la exposición pública” todavía se usaban para disciplinarlos y castigarlos. “Los procedimientos de investigación en sí mismos constituían una forma de castigo y control”, incluso para amigos y familiares, ya que se suponía que las hermanas, por ejemplo, conocían los detalles íntimos de la vida reproductiva de sus hermanos.

En los registros de cuarenta y cuatro investigaciones forenses del condado de Cook que examinó, Reagan encontró que todas las mujeres que tuvieron abortos eran inmigrantes de clase trabajadora o hijas de inmigrantes. El enfoque del estado “en regular el uso del aborto por parte de las mujeres de clase trabajadora” significó que la vigilancia policial eximió en gran medida a las mujeres de clase media y alta.

La mayoría de las mujeres que tuvieron abortos estaban casadas, pero el estado concentró su aplicación en “mujeres solteras y sus parejas”. Es decir, las parejas masculinas podían ser arrestadas y encarceladas por embarazar a las mujeres en primer lugar y/o ayudar en un aborto; era común que estos hombres fueran encarcelados antes de las investigaciones del forense.

La clave para los enjuiciamientos de los abortistas fueron las “declaraciones de muerte” (“dying declaration(s)”) extraídas de mujeres que morían por abortos ilegales. Un ejemplo de estos “interrogatorios humillantes sobre asuntos sexuales por parte de funcionarios masculinos” data de 1916. Carolina Petrovitis era una inmigrante lituana y casada y madre de tres hijos. El médico llamado por los vecinos le negó la atención hasta que escuchó una declaración que implicaba a un abortista, una práctica estándar con algunos médicos. Después de que Petrovitis admitió que una partera le había practicado un aborto, fue enviada a un hospital. Allí, las autoridades, alertadas por el médico original, trajeron a la policía. Cuando le dijeron que iba a morir, se le pidió a Petrovitis detalles sobre quién realizó el aborto, los instrumentos utilizados y el nombre del padre. La declaración de muerte de Petrovitis, una excepción a las reglas de rumores que podrían usarse en la corte, fue firmada con su marca justo antes de que pereciera.

Reagan detalla cómo los médicos y los hospitales “sirvieron al estado en la recopilación de pruebas”. La Asociación Médica Americana, que tenía su sede en Chicago, había liderado la acusación de prohibir el aborto en todo el país. Sin embargo, algunos médicos estaban preocupados por los derechos de privacidad de sus pacientes. (Otros, por supuesto, realizaron abortos). La ley de Illinois no requería que los médicos reportaran evidencia, pero aquellos reacios a hacerlo “quedaron atrapados en el medio entre sus responsabilidades con sus pacientes y las demandas del gobierno”.

En 1904, se estimó que “de seis a diez mil abortos [fueron] inducidos en Chicago cada año”. Algunos de estos fueron por mujeres embarazadas en casa. En la década de 1920, un estudio de la Oficina de Niños de Chicago estimó que al menos el once por ciento de las muertes relacionadas con el embarazo y la maternidad siguieron a abortos ilegales.

Reagan informa que para todas las investigaciones, nunca hubo más de un puñado de enjuiciamientos reales anualmente. La oficina del fiscal del estado “nunca ganó más de uno o dos de ellos” al año. Las acciones legales contra el aborto aumentaron en las primeras décadas del siglo XX, pero el número de condenas apenas cambió en la década de 1940.

En la década de 1940, los fiscales cambiaron de táctica, allanando lugares donde se realizaban abortos en lugar de esperar las muertes por el procedimiento, ya que los avances médicos en la década de 1930 habían hecho mucho para salvar a las mujeres de abortos fallidos. “El sistema siguió siendo punitivo para las mujeres atrapadas en él”, concluye Reagan.

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Comparto esta nota de Jacinto Antón publicada en el diario español El país, reseñando varios libros recién publicados y traducidos al castellano, dedicados al tema de los nativo americanos y las guerras de conquista y exterminio llevada a cabo en su contra en Estados Unidos. Entre los libros que reseña Antón destacan: Tecumseh y el Profeta, los hermanos shawnees que desafiaron a Estados Unidos (Desperta Ferro, 2021) de Peter Cozzens y El camino a Rainy Mountain (Nórdica, 2022) del ganador del premio Pulitzer Navarre Scott Momaday.

Antón es un periodista y dramaturgo español, autor de varios artículos sobre temas de arqueología, teatro e historia.


Reseña de "Tecumseh y el profeta, de Peter Cozzens

El noble y valiente jefe shawnee Tecumseh lidera la nueva incursión de libros sobre los indios norteamericanos

JACINTO ANTÓN

El País 10 de julio de 2022

¿Quién ha sido el más grande líder indio? ¿Toro Sentado? ¿Caballo Loco? ¿Nube Roja? ¿Cochise? ¿Jerónimo? ¿Quanah Parker? ¿Pontiac? En EE. UU. mucha gente dará una respuesta que puede sorprender en otros países: Tecumseh. El jefe shawnee fue un personaje crucial de la resistencia de las tribus de nativos norteamericanos contra la agresiva expansión de la recién nacida república estadounidense a inicios del siglo XIX. Guerrero legendario y gallardo caudillo admirado hasta por sus enemigos, Tecumseh formó una insólita e irresistible pareja político-religioso-militar con su hermano, un turbio chamán tuerto llamado Tenskwatawa y conocido como El Profeta. Juntos  tuvieron en jaque a las autoridades estadounidenses creando la más poderosa confederación india de la historia y reuniendo el doble de guerreros de los que Toro Sentado y Caballo Loco desplegaron tres generaciones más tarde en Little Bighorn. Su biógrafo Peter Cozzens (Wheaton, Illinois, 65 años), autor de Tecumseh y el Profeta, los hermanos shawnees que desafiaron a Estados Unidos (Desperta Ferro, 2021), recalca en una entrevista con EL PAÍS que el líder incluso pudo haber cambiado la historia de Norteamérica de no haber caído en combate en 1813 durante una batalla en la denominada Guerra Angloestadounidense de 1812, en la que apoyaba con su contingente indio a los británicos.

Tecumseh y el Profeta. Los hermanos shawnee que desafiaron a Estados  UnidosDesperta Ferro Ediciones - Editorial Tirant Lo Blanch

Nacido en 1768 en Piqua, un poblado shawnee cerca de lo que hoy es Springfield (Ohio), y que fue arrasado por la milicia de Kentucky, Tecumseh era hijo de un gran guerrero y fue un arrojado combatiente él mismo desde los 12 años, sí como hábil cazador. Su nombre se relaciona con una estrella fugaz y un puma totémico, significando algo así como “puma celestial que se cruza en el camino”. Cozzens resigue su vida marcada por la inquietud de los indios de los bosques al avance de los colonos y las continuas batallas entre unos y otros, ante la duplicidad de los británicos y el oportunismo de algunas tribus como los potawatomis. Por ahí aparecen personajes apasionantes como Daniel Boone, un joven Halcón Negro, el naturalista Audubon o el jefe hechicero Main Poc, Mano marchita, que llevaba un cinto de cabelleras humanas. Pese a que los shawnee, famosos por su ethos militar, practicaban de las maneras más imaginativas la tortura ritual (en cambio tenían prohibida por religión las violaciones), Tecumseh fue siempre contrario a maltratar a los prisioneros, aunque a veces se le desmadraban los guerreros.

El ensayo de Cozzens, una inmersión pormenorizada y apasionante por un mundo de tribus, cinturones wampum, pinturas de guerra, mosquetes y tomahawks (como en El último mohicano o Fort Wheeling pero un poco más tarde), de enfrentamientos sangrientos en bosques interminables, y sobre todo una crónica del choque de dos culturas y dos formas de vida, es una de las obras más notables de toda una serie de libros dedicados a los indios que nos están llegando en los últimos años y que manifiestan un nuevo interés por el tema. Entre esos libros, la considerada la gran obra sobre los kiowas (otro pueblo tradicionalmente denostado y al que llega su hora de reivindicación, como sucedió hace unos años con sus grandes aliados los comanches): El camino a Rainy Mountain (Nórdica, 2022), de Navarre Scott Momaday, nativo kiowa y ganador del Pulitzer de ficción en 1969. El libro, que su autor abre y cierra con la peregrinación a la tumba de su abuela india, es una emotiva inmersión personal en el mundo y la cosmogonía kiowa, con fragmentos de la historia y de los mitos y leyendas de un pueblo de guerreros que llegó a las Grandes Llanuras meridionales de Norteamérica desde el norte cargando con su ídolo sagrado de la danza del sol y adoptando por el camino el caballo, Preciosa crónica poética de la gran aventura vital de los kiowas, El camino a Rainy Mountain tiene momentos de alto lirismo (“La lengua kiowa es difícil de entender, pero el espíritu de la tormenta la entiende”, la mañana de primavera era honda y hermosa y nuestros corazones latían acelerados, y en ese momento supimos lo que era estar vivo”). Y también impagables datos prácticos como que la forma de saber si una flecha está bien hecha (los kiowas las hacían excepcionales, más de una de sus víctimas daría fe de ello, si pudiera) es porque tiene marcas de dientes: las enderezaban con ellos. Entre las historias hermosas, la del caballo que murió de vergüenza por la cobardía de su jinete.El camino a Rainy Mountain - Libro - nordicalibros.com

En otro registro, el narrativo, que ha dado en los últimos tiempos títulos como Ni aquí ni allá —alabado por Colm Toibín y Margaret Atwood—, del miembro activo de las tribus cheyene y arapajó Tommy Orange, sobre las vidas de doce nativos que acuden a un gran powpow, cada uno con su razón personal, un poco a lo Thornton Wilder, o Días sin final, de Sebastian Barry, sobre dos soldados de caballería en las guerras sioux (ambas de 2018 y en las dos en AdN Alianza de Novelas), saludar con entusiasmo Los cazarrecompensas (2022), una arrebatadora historia a lo La venganza de Ulzana de búsqueda de un turbulento apache (Soldado), obra de Elmore Leonard y publicada por Alfredo Lara en su colección Frontera de Valdemar.

Reseñar también el inolvidable Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue (Anagrama, 2018), probablemente la mejor novela literaria sobre los apaches que se ha escrito, y aprovechar para recordar que la mejor historia de esas gentes adustas es el magnífico Las guerras apaches, de David Roberts (Edhasa, 2005), convertido en un gran clásico como ya lo es, con referencia a otra tribu vilipendiada, El imperio de la luna de agosto, auge y caída de los comanches (Turner, 2011), de S. C. Gwynne. En 2019 Capitán Swing publicó La historia indígena de EE UU, de Roxane Dunbar-Ortiz, un recorrido desde el punto de vista del activismo indio. Con perspectiva de género, es muy interesante Prisioneras salvajes, relatos y confesiones de mujeres cautivas de los indios de Norteamérica (Universidad de Valencia, 2012), de Elena Ortells.

LA TIERRA LLORA | LA AMARGA HISTORIA DE LAS GUERRAS INDIAS POR LA CONQUISTA  DEL OESTE Traficantes de SueñosPor supuesto, si un libro sobre los indios destaca por su alcance e influencia en los últimos años es el extraordinario La tierra llora, la amarga historia de las guerras indias por la conquista del oeste (Desperta Ferro, 2017), del propio Cozzens, un libro capaz de revitalizar o despertar el interés por los nativos norteamericanos y su historia de la manera que lo hizo hace la friolera de 46 años Enterrad mi corazón en Woundek Knee, de Dee Brown. Tengo mi ejemplar de 1976 ante los ojos (Bruguera Libro Amigo), de páginas amarillentas como si hubiera pasado todo este tiempo con el teniente Dunbar en el remoto Fort Sedgwick (sólo le falta una flecha pawnee clavada en la cubierta). En todo caso, a Cozzens, que nunca conoció personalmente a Dee Brown, fallecido en 2002 con 94 años, sorprendentemente no le gusta demasiado la comparación entre sus libros. “Enterrad mi corazón en Wounded Knee no hizo intento alguno de una visión histórica equilibrada, que es un objetivo clave de La tierra llora”, justifica. “Dee Brown estableció como propósito de su libro la presentación de ‘la conquista del Oeste americano como las víctimas la experimentaron’, de ahí el subtítulo, Una historia india del Oeste americano. La definición de Brown de víctimas fue severamente circunscrita. Muchas tribus, notablemente los crows, shoshones y pawnees unieron su destino a los blancos. Enterrad mi corazón en Wounded Knee descartó a eses tribus como ‘mercenarios’ sin ningún intento de entenderlas o explicar sus motivos. Semejante enfoque unilateral en el estudio de la historia al final no sirve para nada bueno; es imposible juzgar honestamente la verdadera injusticia hecha a los indios sin una comprensión profunda y matizada de la perspectiva blanca, así como la de todas las tribus indias”.

Del renovado interés por los indios y el suyo propio, el estudioso señala: “Hace mucho tiempo que siento que ningún otro periodo de la historia de EE UU ha estado tan empapado de mito o mal caracterizado como la conquista de las tierras nativas por la república estadounidense que marchaba hacia el oeste en los siglo XVIII y XIX. He tratado de hacer mi mejor esfuerzo para presentar la historia en todos sus complejos matices y tragedia”.

Volviendo a Tecumseh, al que los diarios estadounidenses pintaban como un Robin Hood rojo, Cozzens recuerda que los shawnees eran una de las más de doce pequeñas tribus que ocupaban lo que hoy es el medio oeste americano y la región de los Grandes Lagos. “Todas eran culturalmente similares, pero los shawnees son únicos en que produjeron a dos de los líderes más influyentes en la historia de los indios norteamericanos, que resultó que eran hermanos. Tecumseh y Tenskwatawa deben ser considerados dos de los más destacados hermanos en la historia de EE UU considerada en toda su extensión”.

¿Podía Tecumseh haber cambiado la historia de EE UU? “Absolutamente, la alianza intertribal que él y su hermano crearon fue la más formidable a la que tuvieron nunca que enfrentarse los EE UU. De no haber estado los británicos preocupados luchando contra Napoleón al mismo tiempo que libraban la guerra de 1812 contra los estadounidenses hubieran podido enviar más tropas al Canadá, suficientes sin duda para haber inclinado la balanza en favor de los británicos y sus aliados, los hermanos shawnee. Si británicos e indios hubieran prevalecido, los modernos Estados de Wisconsin y Michigan probablemente se habrían convertido en tierra india, cambiando la cara de los EE UU y el curso del asentamiento en el Oeste”.

A la cuestión de si Tecumseh era realmente un personaje tan noble (en lo público, en lo privado parece que era mal marido de sus varias esposas y mal padre), responde categóricamente: “Si, lo fue, con cualquier criterio que se mire. Se opuso a la práctica de los indios del bosque de torturar a los prisioneros, no hacía la guerra contra mujeres y niños, y rescató de la masacre a varios centenares de prisioneros estadounidenses que sus guerreros habían capturado en batalla en la Guerra de 1812. Encarnó para EE UU todo cuanto había de grande y noble en el carácter indio”. ¿Qué nos hubiera sorprendido más de Tecumseh de haberlo podido conocer? “Creo que su gran sentido del humor. Su habilidad para superar injusticias pasadas cometidas contra él y su pueblo hasta que lo empujaban al límite. Él y su gente aguantaron grandes provocaciones y la pérdida de mucha de la tierra que era su hogar antes de ir a la guerra”.

Peter Cozzens - Wikipedia

Peter Cozzens

Al preguntarle a Cozzens qué queda por reconocer y qué reparaciones por hacer en relación con el genocidio de los nativos norteamericanos, responde: “Haría falta un libro para responder. Sin embargo, quiero matizar que no considero la palabra genocidio una etiqueta apropiada cuando tratamos con los muchos errores cometidos con los indios. El Gobierno estadounidense nunca persiguió una política de genocidio físico; incluso los más ardientes partidarios de los derechos indios, sin embargo, no creían que la cultura o la sociedad indias merecieran ser preservadas. En ese sentido podríamos hablar de genocidio cultural”.

 

Si eras indio, ¿quiénes eran peores, los estadounidenses, los británicos, los franceses, los españoles…? “Depende de la época. Sin duda, no hubiese querido yo ser azteca o inca enfrentado a los españoles. Por otro lado, los gobernadores españoles de Florida trataron bien a los indios dos siglos después. Los británicos formaron repetidas alianzas con las tribus de los bosques contra los estadounidenses sólo para acabar traicionándolos. Los estadounidenses se contuvieron muy poco para arrancar a los indios sus tierras, pero al menos el Gobierno nunca toleró el genocidio físico”.

De todos los hechos y personajes de la historia de los indios, ¿cuáles le parecen más relevantes o le conmueven en mayor medida? “Encuentro la revitalización cultural y religiosa de las doctrinas del profeta shawnee, Tenskwatawa, particularmente interesantes, junto con su transformación personal de inadaptado alcohólico a poderoso orador y líder espiritual, demonizado por sus enemigos al revés que su hermano. También encuentro muy fascinante y dramático el fracaso de las tribus del Oeste norteamericano por unirse de manera significativa (con la excepción de sioux y cheyenes) contra la expansión estadounidense”.

Por interés personal, ¿hay novedades de Little Bighorn? “Me parece que la historia está bastante explicada. Los hechos, hasta el punto que pueden ser conocidos, han sido repetidamente regurgitados. Es en gran medida una cuestión de decidir cada uno si Custer actuó juiciosamente o no”.

 

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Comparto este trabajo del gran historiador puertorriqueño Mario Cancel sobre un tema que merece mayor atención comparativa de parte de la historiografía puertorriqueña: las actividades de los aparatos represivos imperiales en lo que Lanny Thompson ha denominado el insular empire.

Cancel enfoca la vigilancia y represión de que fue objeto el Partido Nacionalista puertorriqueño y su principal líder, Pedro Albizu Campos, en la décadas de 1920 y 1930. El autor destaca el papel que jugaron varias agencias federales en este proceso: la Office of Naval Intelligence, el Bureau of Insular Affairs y el FBI.

A quienes estén interesados en el uso de las colonias como laboratorios  para el desarrollo de políticas de represión y vigilancia que luego serían transplantadas a la metrópoli estadounidense, recomiendo la lectura del extraordinario libro de Alfred W. McCoy, Policing America’s Empire: the United States, the Philippines  and the Rise of the Surveillance State ( The University of Wisconsin Press, 2009)

El Dr. Cancel es profesor en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico y autor de innumerables trabajos  de historia, crítica literaria, poesía e historiografía.


Pedro Albizu Campos y la independencia de Puerto Rico | Informe Fracto

Nacionalistas: vigilancia y represión entre 1927 y 1936

La vigilancia sobre el nacionalismo puertorriqueño, su organización más agresiva, el Partido Nacionalista, y su liderato, en especial el licenciado Pedro Albizu Campos no deja de sorprender cuando se le observa desde la distancia. La estructura partidaria y el caudillo mulato no solo fueron objeto de la sátira de intelectuales socialistas moderados como Luis Abella Blanco y escritores de pulp fiction como Wenzell Brown, según he comentado en otras columnas en este medio. La devaluación del nacionalismo elaborada por la literatura satírica, cuyo alcance siempre puede ser cuestionado, fue reforzada por medio de un intenso proceso de criminalización cuyos efectos perduran hasta el presente. El nacionalismo también llamó la atención de las agencias de orden público puertorriqueñas y estadounidenses. La representación que de aquel sector elaboraron las fuerzas policiales, los funcionarios del Estado y la prensa comercial, penetró la llamada opinión pública de manera permanente.

Del mismo modo que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se asoció al nacionalismo al enemigo fascista con algún éxito, tras el fin del conflicto y a lo largo de la Primera Guerra Fría (1946-1953) se le asoció con el adversario comunista. Lo cierto es que el Partido Nacionalista tuvo relaciones contradictorias con uno y otro extremo del espectro totalitario. Ello explica en parte la eficacia de ambas asociaciones. Desde la perspectiva de la cultura política del capitalismo liberal dominante y de los sectores que apoyaban el control estadounidense del territorio, aquellas alianzas resultaban lógicas e innegables. El esclarecimiento crítico de las convergencias y divergencias ideológicas entre aquellos sectores y el nacionalismo apenas comienza, según deduzco de una serie de investigaciones en curso en las últimas dos décadas.

La heterogeneidad de la militancia nacionalista, y esto habrá que discutirlo con más detalle en otro momento, explica que su militancia nunca se pusiera de acuerdo en cuanto a qué actitud tomar ante propuestas manifiestamente antiestadounidenses como el fascismo y el comunismo, según se desprende de la “Carta a Irma” (1939) del abogado José Monserrate Toro Nazario, uno de los documentos más ricos en matices y menos investigado del archivo nacionalista. La “carta pública” que nunca se difundió, ha sido impugnada por los investigadores pronacionalistas una y otra vez por sus señalamientos hacia figuras destacadas del movimiento nacionalista. Ello, unido al manejo superficial y demagógico que han hecho de la pieza los investigadores antinacionalistas, ha impedido una discusión serena del texto, hecho que me parece lamentable. El tema sigue en el tintero pero en algún momento habrá que enfrentarlo de forma crítica.

Naval IntelligenceEl nacionalismo y Albizu Campos fueron proscritos desde una diversidad de lugares asociados al adversario y al poder político.1 Como se sabe, desde 1927 la Office of Naval Intelligence (ONI) llamó la atención sobre las actividades de Albizu Campos en el Caribe. La ONI había sido fundada en 1882 mediante la Orden General 292 emitida por el Secretario de Guerra William H. Hunt (1823-1884).2 La agencia cumplió una función decisiva en la justificación de la declaración de guerra de Estados Unidos a España en 1898 sobre la base de la explosión del acorazado Maine y su presunta condición de acto terrorista o de provocación. Sus agentes vigilaron las presentaciones públicas de Albizu Campos durante su viaje de propaganda por algunos países de Hispanoamérica y el Caribe iniciados en aquel año, y señalaron sus expresiones “antiestadounidenses” en República Dominicana, país ocupado por Estados Unidos entre 1916 y 1924; y Haití, ocupado por Estados Unidos entre 1915 y 1934. En ambos casos la deuda externa impagada y los intereses económicos de Estados Unidos en los territorios, unido a la competencia de intereses alemanes, justificaron la agresión.

Frank McIntyre - Wikipedia

General Frank McIntyre

En octubre de 1927 el Gen. Frank McIntyre (1865-1944), quien fuera jefe del Bureau of Insular Affairs y responsable por los territorios de Filipinas y Puerto Rico entre 1912 y 1929, envió un memo al Secretario de Guerra Dwight Filley Davis (1879-1945) sobre el asunto. Davis era egresado de Harvard, como Albizu Campos, fue Secretario de Guerra del presidente Calvin Coolidge entre 1925 y 1929 y luego Gobernador de Filipinas entre 1929 y 1932. Davis y McIntyre conocían muy bien el circuito colonial. Davis además era una figura muy popular por su relación con el tenis, deporte que practicó profesionalmente entre 1895 y 1904. En noviembre de 1927, Evan E. Young (1878-1946), miembro de la legación estadounidense en República Dominicana entre 1925 y 1929 y diplomático con amplia experiencia internacional, hizo lo propio en una nota a su Secretario de Estado el abogado Frank Billings Kellogg (1856-1937). Lo que le interesaba era “el fraseo exacto de sus artículos noticiosos y de sus discursos”3

Los funcionarios citados no eran figuras de poca monta en la política estadounidense hemisférica. Albizu Campos y el nacionalismo nunca fueron devaluados ni considerados como un enemigo pequeño. Todo lo contrario. El interés de aquellos era informarse sobre el abogado egresado de Harvard que hacía “propaganda antinorteamericana”. El dato no me parece peregrino. Todo indica que mucho antes de mayo de 1930, cuando obtuvo la presidencia del Partido Nacionalista, ya Albizu Campos era considerado “extremadamente antiamericano” y “peligroso” por las autoridades federales. La ONI permanecía activa durante la gobernación del Alm. William Leahy (1875-1959) entre 1939 y 1940, momento en el cual las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos estaban siendo revisadas en un sentido “liberal” en el marco de la Gran Depresión, el Nuevo Trato y la Segunda Guerra Mundial, a la vez que la influencia del Partido Popular Democrático (PPD) se fortalecía.

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Foto de un adolescente puertorriqueño enviándole un mensaje al gobernador William D. Leahy, durante una manifestación en San Juan. San Juan, Puerto Rico. 1939. @ricardoolivenc1

De igual modo, a partir de 1932, cuando la organización comenzó a chocar con las autoridades coloniales en medio de la crisis económica, social y humana de la Gran Depresión, la Insular Police (IP), una fuerza creada durante los primeros días de la invasión de 1898, combinó la vigilancia con la represión. A partir de 1935 el Federal Bureau of Investigations (FBI), agencia fundada en 1908 que ya se había profesionalizado bajo la dirección de J. Edgar Hoover (1895-1972), profundizó sus trabajos en Puerto Rico respondiendo a la preocupación de ciertos funcionarios del poder colonial. El activismo nacionalista les preocupada mucho.

A todo ello habría que añadir el hecho de que, entre 1936 y 1944, los militantes independentistas del Partido Liberal Puertorriqueño que fundaron Acción Social Independentista (ASI) organizada en 1936 y el PPD en 1938, tomaron distancia de sus posturas siguiendo las pautas del caudillo Luis Muñoz Marín, quien atravesaba por un peculiar proceso de moderación política. La moderación política no resolvió todos los problemas del joven PPD. El celo del FBI también justificó la vigilancia de Muñoz Marín desde noviembre de 1940, según se desprende de los archivos de aquella agencia. El recién electo senador era “reputedly the ranking official of the Communist Party in the West Indies and the Caribbean Sea area”4, asunto al cual retornaré en otro momento. El agente que recomendó poner a Muñoz Marín bajo la lupa del FBI fue Guy Hottel (1902-1990), graduado de la George Washington University, estrella del futbol y jefe de la oficina del FBI en Washington desde 1936. Aquel agente se hizo famoso por el célebre “Guy Hottel Memo” de marzo de 1950, documento que giraba en torno a los reportes en torno a objetos voladores no identificados (OVNI) y sus tripulantes humanoides de 3 pies de estatura vestidos con ropa de metal, tema que había llamado la atención de los medios de comunicación masiva “after the infamous events in Roswell in July 1947”.5

Por último, entre 1948 y 1956 el PPD, que ya había purgado a los independentistas del seno de la organización entre 1936 y 1947 y se había transformado en el vocero más file de las políticas estadounidenses en el país, extremó la censura al nacionalismo y legitimó su contención a través de recursos como la Ley 53 o de la Mordaza (1948). La discursividad alrededor de la cual giraba la censura y se legitimaba la represión, sin embargo, no había cambiado mucho. La mirada del PPD no difería de la de la ONI, la IP y el FBI y, en gran medida, la reproducía y profundizaba por cuenta de las necesidades concretas que le impuso su acceso al poder desde 1944 y la necesidad de mantenerlo. El circuito del asedio al nacionalismo no estaba completo con ello.

Es importante recordar que no todos los antagonistas del nacionalismo estaban fuera del partido: muchos pululaban dentro de aquel. En 1930, cuando Albizu Campos obtuvo la Presidencia del Partido Nacionalista, los militantes más moderados, los que representaban la cultura política del nacionalismo de 1922, veían la agresividad de la “acción inmediata” propuesta por Albizu Campos durante la Asamblea como un riesgo mayor, por lo que muchos decidieron retirarse de la vida pública. Durante los años 1932 a 1936, cuando la organización militarizó a sus juventudes en medio de la crisis económica y las tensiones políticas que generaba la vigilancia y la represión, tema ampliamente discutido en un libro reciente de José Manuel Dávila Marichal6, el Partido Nacionalista se purgó naturalmente sin que nada ni nadie pudiera evitarlo.

Las divisiones internas se sucedieron y drenaron la vitalidad organizativa. Un ejemplo de ello fue la crisis por la que atravesó la Junta Nacionalista de Mayagüez en 1934. La queja por la militarización del partido fue clave en el conflicto. Los disidentes mayagüezanos defendían un tipo de nacionalismo que difería tanto de la praxis de 1922 como de la de 1930: ni el ateneísmo romántico de los primeros, ni la “acción inmediata” de los segundos les seducían. Los líderes de aquella revuelta fueron los historiadores y juristas Juan A. y Salvador Perea, el mulato y luego coleccionista de libros Regino Cabassa7, y Emilio Soler López descendiente de cafetaleros catalanes. No sólo encabezaron la resistencia al proceso de militarización sino que fundaron una Junta Independiente en la ciudad. La elucidación de la disidencia de Mayagüez debe ser interpretada a la luz de los argumentos de Toro Nazario en la “Carta a Irma” de 1939, asunto que me propongo elaborar próximamente.

Amílcar Tirado, en un valioso documento publicado en 1993 durante el centenario de Albizu campos, aseguraba que el fenómeno de 1930, el ascenso de Albizu Campos a la presidencia y la “acción inmediata”, suponía el triunfo del nacionalismo ponceño ante el de la capital.8 No pongo en duda su argumento. Pero los eventos de 1934 suponían el reto de otro nacionalismo, el mayagüezano. Aquella era una manifestación crítica de las posturas de 1930, sin que ello representara un retroceso ideológico a las posturas de 1922. La relevancia de este fenómeno es que demuestra la diversidad de la imaginación nacionalista, tema que no se ha discutido con propiedad favoreciendo con ello una imagen homogénea y estática del nacionalismo treintista. El liderato disidente de Mayagüez estuvo activo en la posteriormente en la Junta de Mayagüez Pro Independencia de Puerto Rico formada en el contexto del primer Proyecto Tydings (1936), para luego reorganizarse en un Partido Independentista local.9

En términos generales, el año 1934 fue determinante para el proceso de desmantelamiento del nacionalismo militante a partir de 1936. Los costos políticos de aquel conjunto de tensiones están todavía por evaluarse de manera cuidosa. La tesis del investigador Rodríguez Reyes es que desde el 1934, las autoridades federales adoptaron una política más agresiva y comenzaron a echar los cimientos del caso incoado por el Gran Jurado federal en 1936.10 En enero de 1934, el Mayor General Blanton Winship (1869-1947), abogado militar, veterano del 1898 y de la Gran Guerra, fue nombrado gobernador con la encomienda tácita de enfrentar con “mano dura” la amenaza nacionalista. La recomendación del exgobernador y abogado James R. Beverley (1894-1967) es emblemática: el funcionario recomendó que se enviara a “alguien que tenga el coraje para hacer su trabajo sea este popular o no” y preguntaba específicamente por Winship11.

تويتر \ Ricardo Olivencia على تويتر: "Foto de una manifestación pidiendo la  renuncia del gobernador Blanton Winship. San Juan, Puerto Rico. 1937  https://t.co/Y0wDzn2jt0"


Foto de una manifestación pidiendo la renuncia del gobernador Blanton Winship. San Juan, Puerto Rico. 1937 @ricardoolivenc1

Las objeciones de Winship a la prédica de Albizu Campos no eran nuevas. Durante el proceso de venta de los “Bonos de la República” en Wall Street en 1931 Winship, entonces asesor legal de las fuerzas armadas, recomendó que se procesara judicialmente a Albizu Campos y sus asociados. Una vez en la gobernación, Winship contó con una serie de recursos que superaban aquellos a los que el Partido Nacionalista podía recurrir. La Guardia Nacional, el Regimiento 295 y 296 recién creados, era activados cuando los conflictos civiles se profundizaban. También contaba con la Fuerzas Armadas de Estados Unidos y su Regimiento 65 de Infantería que podían ser llamadas a servicio en caso de necesidad. Las amenazas de movilización fueron recurrentes en medio de la crisis general del 1930, asunto que tampoco ha sido investigado con detenimiento.

En diciembre de 1933, por ejemplo, ante las protestas de los consumidores, los representantes del capital y la industria en Puerto Rico recomendaron al gobernador Robert H. Gore (1886-1972) que activara la Guardia Nacional y al Regimiento 65 de Infantería para ayudar a las empresas a frenar los reclamos de los trabajadores y los consumidores. El gobierno respondió reclutando más efectivos para la policía y adelantando el nombramiento de 150 agentes especiales antimotín rearmados con subametralladoras Tommy Boys y Thompson. Junto a ello se autorizó la activación y el despliegue de la Guardia Nacional en los conflictos generados por la ciudadanía.12

Lo cierto es que en 1935 la crisis hasta ahora descrita había llegado a un extremo. A mediados de aquel año se delató la existencia de una conjura al interior del partido con el propósito de sacar a Albizu Campos de la presidencia. La situación poco tenía que ver con la disidencia del grupo de San Juan en 1930 o con la de 1934 en Mayagüez. El complot por despojar a Albizu Campos de la presidencia se radicalizó y, dentro de los planes de los intrigantes, se consideró el asesinato político como remedio. Todo sugiere que el exsecretario del Partido Nacionalista José Lameiro, una figura que no he podido investigar a la saciedad y quien había sido expulsado por insubordinación, era el cerebro de la conjura.13 La inestabilidad de la organización pudo haber justificado la acción del Gran Jurado federal de 1936. Si a ello se añadía el temor a que los nacionalistas se sublevaran con el fin de inestabilizar proceso electoral de noviembre de aquel año, se comprenderá la premura de aquel proceso. La “acción inmediata” postulada por Albizu Campos requería crearle una “crisis” a Estados Unidos en Puerto Rico por lo que aquella era una coyuntura excelente para ello.

Las preguntas que trataré de responder son, sin embargo, otras. ¿Cómo se representaba el FBI a aquel abogado antiamericano graduado de Harvard a la atura del 1936? ¿A que fuentes de información recurrió? ¿Quiénes estaban interesados y quienes se beneficiaban de aquel proceso? Y, claro está, ¿cómo compara la imagen de Albizu Campos con la de Muñoz Marín? ¿En qué medida los fantasmas del fascismo y el comunismo fueron invertido por el FBI para manufacturar aquellas imágenes? A revisar ambos perfiles me dedicaré en la próxima reflexión.

1 Para una breve genealogía de la vigilancia y persecución del nacionalismo previo a los procesos de 1936 recomiendo Harry Rodríguez Reyes (1993 / 1997) “Los procesos judiciales incoados contra Pedro Albizu Campos” en La nación puertorriqueña: ensayos en torno a Pedro Albizu Campos (San Juan: Editorial de la UPR): 215-216.

2 Rear Admiral A. P. Niblack (1920). The History and aims of the Office of Naval Intelligence (Washington: G.P.O.) URL http://www.ibiblio.org/hyperwar/NHC/History-Aims-ONI-1920/History-Aims-ONI-1920.html

3 H. Rodríguez Reyes, p. 215.

4 Freedom of Information and Privacy Acts Release of Subject: Luis Muñoz-Marin. File#: 100-5745. Section1: f. 2.

5 “UFOs And the Guy Hottel Memo” (March 25, 2013) FBI-News-Stories. URL https://www.fbi.gov/news/stories/ufos-and-the-guy-hottel-memo

6 J.M. Dávila Marichal (2022) “Capítulo II. Militarizando al Partido nacionalista” en Pedro Albizu campos y el Ejército Libertados del Partido Nacionalista de Puerto Rico (1930-1939) (San Juan: Laberinto): 63-126.

7 Sobre Regino Cabassa se ha publicado en una edición personal muy pequeña un volumen: Dennis de Jesús Rodríguez (2018) Diario de don Regino Cabassa Túa. Una biografía necesaria (Mayagüez). El volumen tiene un prólogo del Dr. Edwin Irizarry Mora y una nota del nacionalista Rafael Cancel Miranda.

8 Amílcar Tirado (1993 / 1997), “La forja de un líder: Pedro Albizu Campos (1924-1930)” en La nación puertorriqueña: ensayos en torno a Pedro Albizu Campos. (San Juan: Editorial de la UPR): 65-81.

9 Los interesados pueden consultar Mario R. Cancel Sepúlveda (9 de agosto de 2010) “El Partido Nacionalista, los obreros y Mayagüez (1934)” en Puerto Rico entre siglos. URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2010/08/09/partido-nacionalista-obreros-mayaguez-1934/

10 H. Rodríguez Reyes, p. 217.

11 H. Rodríguez Reyes, p. 217

12 Mario R. Cancel-Sepúlveda (12 de abril de 2009) “La Gran Depresión de 1929: violencia y sociedad” en Puerto Rico: su transformación en el tiempo URL: https://historiapr.wordpress.com/2009/04/12/la-gran-depresion-de-1929-violencia-y-sociedad/

13 J. M. Dávila Marichal, p. 139 ss.

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En este artículo publicado originalmente en el Project Syndicate, el eminente economista turco Dani Rodrik comparte unas interesantes reflexiones sobre uno de los temas principales de este blog: el excepcionalismo estadounidense.

Rodrik es profesor de economía política internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. Es autor, entre otros, de Straight Talk on Trade: Ideas for a Sane Economy (Princeton University Press, 2017), Economics Rules: The Rights and Wrongs of the Dismal Science (Norton & Company, Inc., 2015)  y La paradoja de la globalización  (Antoni Bosch Editor, 2011).


El economista      26 de junio de 2022

Cuando comencé a dar clases en la Escuela Kennedy de Harvard, a mediados de la década de 1980, la competencia con Japón era la principal preocupación de la política económica estadounidense. El libro Japan as Number One, de Ezra Vogel, el primer experto en Harvard sobre Japón en aquel entonces, marcó el tono del debate.

Recuerdo que en ese momento me llamó la atención el grado en que la discusión, incluso entre los académicos, estaba teñida por un cierto sentido del derecho estadounidense a la preeminencia internacional. Estados Unidos no podía permitir que Japón dominara industrias clave y tuvo que responder con sus propias políticas industriales y comerciales, no solo porque podrían ayudar a la economía estadounidense, sino también porque Estados Unidos simplemente no podía ser el número dos.

Hasta entonces, había pensado que el nacionalismo agresivo era una característica del Viejo Mundo: sociedades inseguras que no se sentían cómodas con su posición internacional y tambaleándose por injusticias históricas reales o percibidas. Las élites estadounidenses, ricas y seguras, pueden haber valorado el patriotismo, pero su perspectiva global tendía hacia el cosmopolitismo. Pero el nacionalismo de suma cero no estaba lejos de la superficie, lo que quedó claro una vez que el lugar de Estados Unidos en la cima del tótem económico mundial se vio amenazado.

Dani Rodrik - School of Social Science | Institute for Advanced Study

Dani Rodrik

Después de tres décadas de triunfalismo estadounidense tras la caída del Muro de Berlín, ahora se está desarrollando un proceso similar, pero a una escala mucho mayor.

Está impulsado tanto por el ascenso de China, que representa un desafío económico más importante para Estados Unidos que el que representó Japón en la década de 1980, y también es un riesgo geopolítico, así como por la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Estados Unidos ha respondido a estos desarrollos buscando reafirmar su primacía global, un objetivo que los políticos estadounidenses combinan fácilmente con el de establecer un mundo más seguro y próspero. Consideran que el liderazgo de Estados Unidos es fundamental para la promoción de la democracia, los mercados abiertos y un orden internacional basado en reglas. ¿Qué podría ser más propicio para la paz y la prosperidad que eso? La opinión de que los objetivos de la política exterior de Estados Unidos son fundamentalmente benignos sustenta el mito del excepcionalismo estadounidense: lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para el mundo.

Si bien esto es indudablemente cierto a veces, el mito con demasiada frecuencia ciega a los políticos estadounidenses sobre la realidad de cómo ejercen el poder. Estados Unidos socava otras democracias cuando conviene a sus intereses y tiene un largo historial de intromisión en la política interna de países soberanos. Su invasión a Irak en 2003 fue una violación tan clara de la Carta de las Naciones Unidas como la agresión del presidente ruso Vladimir Putin contra Ucrania.

Los diseños estadounidenses de “mercados abiertos” y un “orden internacional basado en reglas” a menudo reflejan principalmente los intereses de las élites empresariales y políticas de los Estados Unidos en lugar de las aspiraciones de los países más pequeños. Y cuando las reglas internacionales divergen de esos intereses, Estados Unidos simplemente se mantiene alejado (como con la Corte Penal Internacional, o la mayoría de las convenciones fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo).

Muchas de estas tensiones fueron evidentes en un discurso reciente del secretario de Estado de Estados Unidos, Antony J. Blinken, sobre el enfoque de Estados Unidos hacia China. Blinken describió a China como “el desafío a largo plazo más serio para el orden internacional”, argumentando que “la visión de Beijing nos alejaría de los valores universales que han sustentado gran parte del progreso mundial”.

ما الأسباب؟.. تحوّل الحرب بين أميركا والصين من تجارية إلى تكنولوجية | أخبار  تكنولوجيا | الجزيرة نت

Según Blinken, Estados Unidos “dará forma al entorno estratégico en torno a Beijing para promover nuestra visión de un sistema internacional abierto e inclusivo”. Una vez más, ¿quién podría oponerse a tal visión? Pero a China y muchos otros les preocupa que las intenciones de Estados Unidos sean mucho menos benignas. Para ellos, la declaración de Blinken suena como una amenaza para contener a China y limitar sus opciones, mientras intimida a otros países para que se pongan del lado de Estados Unidos.

Nada de esto es para reclamar una equivalencia entre las acciones estadounidenses actuales y la invasión rusa de Ucrania o las graves violaciones de los derechos humanos de China en Xinjiang y la apropiación de tierras en el Himalaya y el Mar de China Meridional. A pesar de todas sus fallas, Estados Unidos es una democracia donde los críticos pueden criticar y oponerse abiertamente a la política exterior del gobierno. Pero eso hace poca diferencia para los países tratados como peones en la competencia geopolítica de Estados Unidos con China, que a menudo luchan por distinguir entre las acciones globales de las principales potencias.

 

Blinken trazó un vínculo claro entre las prácticas autoritarias de China y la supuesta amenaza del país al orden mundial. Esta es una proyección especulativa de la creencia de Estados Unidos en su propio excepcionalismo benigno. Pero, así como la democracia en el interior no implica buena voluntad en el exterior, la represión interna no tiene por qué conducir inevitablemente a la agresión externa. China también afirma estar interesada en un orden global próspero y estable, pero no uno organizado exclusivamente en los términos de Estados Unidos.

La ironía es que cuanto más trate Estados Unidos a China como una amenaza e intente aislarla, más parecerán las respuestas de China validar los temores de Estados Unidos. Con Estados Unidos tratando de convocar un club de democracias que se oponen abiertamente a China, no resultó sorprendente que el presidente Xi Jinping se acurrucara con Putin justo cuando Rusia se preparaba para invadir Ucrania. Como señala el periodista Robert Wright, los países excluidos de tales agrupaciones se unirán.

A quienes se preguntan por qué debería importarnos el declive del poder relativo de Estados Unidos, las élites de la política exterior estadounidense responden con una pregunta retórica: ¿Preferirían vivir en un mundo dominado por Estados Unidos o por China? En verdad, otros países preferirían vivir en un mundo sin dominación, donde los estados más pequeños retengan un grado razonable de autonomía, tengan buenas relaciones con todos los demás, no se vean obligados a elegir bandos y no se conviertan en daños colaterales cuando las grandes potencias luchen.

Cuanto antes sea posible que los líderes estadounidenses reconozcan que otros no ven las ambiciones globales de Estados Unidos a través de los mismos lentes color de rosa, será mejor para todos.

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Como parte de la  Teach the Black Freedom Struggle online class series, el Zinn Education Project presentará el 6 de junio próximo a la historiadora   Kelly Lytle Hernández, quien hablara sobre su libro Bad Mexicans: Race, Empire, and Revolution in the Borderlands. Comparto la invitación oficial a este evento.

Quienes estén interesados en esta actividad pueden registrarse aquí


Kelly Lytle Hernández y la Revolución Mexicana 

Zinn Education Project

9 de mayo de 2022

El lunes 6 de junio de 2022, la autora Kelly Lytle Hernández hablará sobre los magonistas, un grupo de agitadores que desafiaron al dictador mexicano Porfirio Díaz a principios del siglo XX. Como se señala en la descripción de su nuevo libro, Bad Mexicans:

Su insurgencia transfronteriza, lanzada desde suelo estadounidense, fue una revuelta histórica contra el imperio estadounidense y el poder sofocante que los angloamericanos tenían sobre las vidas de los mexicanos. A través de la protesta y la rebelión armada, los magonistas encendieron la Revolución Mexicana de 1910.

Perseguidos por el naciente FBI, los rebeldes escribieron en código secreto y organizaron a miles de trabajadores para su causa. Lytle Hernández documenta cómo el levantamiento magonista, y la fallida campaña angloamericana para detenerlos, demostraron ser fundamentales para la historia de la raza, la inmigración y la violencia en los Estados Unidos.

Kelly Lytle Hernández ocupa la Cátedra Thomas E. Lifka en Historia y dirige el Centro Ralph J. Bunche para Estudios Afroamericanos en UCLA. Becaria MacArthur 2019, es autora de Bad Mexicans: Race, Empire, and Revolution in the Borderlands;  Migra!: Una historia de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos;  y City of Inmates: Conquest, Rebellion, and the Rise of Human Caging in Los Angeles.

Hernández conversará con Nancy Raquel Mirabal, Profesora Asociada de Estudios Americanos y Directora del Programa de Estudios Latinos de los Estados Unidos en la Universidad de Maryland, College Park. Mirabal es autor de Libertades sospechosas: la política racial y sexual de la cubanidad en Nueva York, 1823-1957;  primer editor de Technofuturos: Critical Interventions in Latina/o Studies y co-editor de Keywords for Latina/o Studies.

Estas clases en línea con historiadores de personas se llevan a cabo al menos una vez al mes (generalmente los lunes) a las 4:00 pm PT / 7:00 pm ET durante 90 minutos. En cada sesión, el historiador es entrevistado por un maestro y las salas de trabajo permiten a los participantes conocerse en grupos pequeños, discutir el contenido y compartir ideas de enseñanza. Diseñamos las sesiones para maestros y otro personal de la escuela. Los padres, estudiantes y otros también son bienvenidos a participar.

Escuche una entrevista con Lytle Hernández sobre Bad Mexicans: Race, Empire, and Revolution in the Borderlands en Democracy Now! 

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Quienes estén interesados en esta actividad pueden registrarse aquí.

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La revista REDEN (Revista Española de Estudios Norteamericanos del Instituto Franklin (Universidad de Alcalá de Henares) acaba de publicar un dossier dedicado al gótico estadounidense. Producto de la conferencia 50+ Shades of Gothic: The Gothic Across Genre and Media in US Popular Culture, este número especial incluye quince entrevistas a estudiosos de este género. Entre los temas que abarcan  se encuentran zombies, vampiros, casas embrujadas, comics, etc. Esta es una interesante faceta de la sociedad estadounidense que merece nuestra atención.

Comparto esta descripción del contenido del dossier escrita por Anna Marta Marini y Laura Álvarez Trigo, y publicada en Diálogo Atlántico, el blog del Instituto.


PopMeC CFP | 50+ Shades of Gothic: The Gothic Across Genre and Media in US  Popular Culture – PopMeC research blog

Conversaciones sobre el gótico estadounidense en REDEN

Anna Marta Marini y Laura Álvarez Trigo

Diálogo Atlántico    17 de mayo de 2022

En la primavera de 2021, cuando todavía estábamos llevando a cabo la mayoría de las actividades académicas de manera virtual por las medidas relacionadas con la pandemia, celebramos la fundación de nuestra asociación PopMeC —dedicada al estudio académico de la cultura popular estadounidense— organizando una conferencia virtual enfocada en la tradición del gótico estadounidense y su presencia persistente en la cultura popular de Estados Unidos. Con la idea de proponer un evento innovador y más entretenido, rompiendo con el formato tradicional de las ponencias plenarias, programamos la conferencia “50+ Shades of Gothic: The Gothic Across Genre and Media in US Popular Culture” según sesiones temáticas y contando con una serie de entrevistas con académicos de renombre en el campo de los estudios sobre el gótico. A lo largo de tales entrevistas se discutieron distintos aspectos relacionados con las expresiones y funciones del gótico en textos de cultura popular contemporánea estadounidense. Las entrevistas tuvieron lugar entre febrero y abril de 2021, y las grabaciones originales se pueden encontrar en YouTube.[1] Considerando la disponibilidad de les plenaries, decidimos recopilar las transcripciones en este número especial —editadas por entrevistades y entrevistadores mismes para darles una forma apta a su publicación. Esta colección sigue la publicación de REDEN vol. 3, no. 1 (2021), un número que contiene un dosier especial centrado en la exploración de las distintas expresiones de los modos góticos y su presencia en la cultura popular estadounidense contemporánea.

Las quince entrevistas que conforman este número especial Conversations on the Gothic in Popular Culture cubren diferentes arquetipos, paradigmas, y expresiones del género gótico, incluyendo zombies, vampiros, naturaleza y tropos relacionados por ejemplo con las casas embrujadas. Además, los textos consideran la importancia de los modos propios del gótico y de la ficción de terror en el acercamiento a temas y preocupaciones sociopolíticas que caracterizan la realidad contemporánea. Entre otras, se destacan cuestiones relacionadas con conflictos raciales y étnicos, espacios domésticos y la familia, y representaciones de género, todas ellas mediadas por procesos de construcción y perpetuación de la alteridad y por distintas formaciones de la noción de monstruosidad. Finalmente, las entrevistas muestran la articulación de los estudios sobre el gótico en tiempos presentes, enfocados en la comprensión de la evolución del género y su presencia en distintos medios incluyendo películas, series de televisión, cómics y videojuegos. Ante todo, estas discusiones evidencian cómo el gótico sigue siendo un género vivo con una presencia ubicua a través de textos y medios de cultura popular, así como en el ámbito de la investigación académica. Cada una de las entrevistas incluye un apartado de preguntas y respuestas que surgieron a raíz de la participación del público durante la grabación en vivo de estas sesiones plenarias. Consideramos importante incluir las cuestiones aportadas por el público pues estimularon más debate, sacando nuevas líneas de discusión que enriquecieron las entrevistas. Para concluir, cada transcripción editada se completó con un apartado de referencias bibliográficas que incluyen los textos de cultura popular mencionados a lo largo de las entrevistas.

Este número especial abre con una entrevista introductoria con Jeffrey A. Weinstock enfocada tanto en el gótico como en la relevancia de la cultura popular y su idoneidad como objeto de estudio académico. Las siguientes entrevistas están ordenadas según varios temas centrales: cyber gótico y posthumanismo (Xavier Aldana Reyes y Anya Heise-von der Lippe), casas embrujadas y espacios domésticos (Evert Jan van Leeuwen y Kevin Corstorphine), el gótico en la literatura infantil y los cómics (Michael Howarth y Julia Round), naturaleza, ciencia ficción y el ecogótico (Christy Tidwell y Michelle Poland & Elizabeth Parker), narrativas de zombies y vampiros (Kyle William Bishop y Sorcha Ní Fhlainn), representaciones étnicas y raciales (Maisha Wester y Enrique Ajuria Ibarra), y la relación entre el gótico y el Antropoceno (Justin Edwards). Como conclusión, David Punter debate la naturaleza del gótico, los mecanismos del terror, y las peculiaridades de la tradición gótica estadounidense.

[1] PopMeC Research “50+ Shades of Gothic | Keynotes.” YouTube, playlist.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLUpjS5dcmuVkVFWf_Mj-gwK0S4BH0wnWl.

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Convocatoria

1er Congreso Latinoamericano de Estudios Sobre Estados Unidos

Fecha: 21 y 22 de septiembre de 2022

Modalidad online

 

La Red Latinoamericana de Estudios sobre Estados Unidos RELAESE, en cooperación con la Universidad Nacional de Colombia, lo invitan cordialmente a participar en el Primer Congreso Latinoamericano de Estudios sobre Estados Unidos.

El Congreso tiene como objetivo promover el intercambio de conocimiento y la difusión del trabajo que se realiza en la región latinoamericana respecto a las diferentes formas de estudiar, explicar y comprender a la superpotencia en general, así como sus interacciones en el ámbito hemisférico.

Con el propósito de desarrollar un diálogo entre académicos, investigadores y estudiantes de diferentes latitudes y formaciones disciplinarias, damos la bienvenida a propuestas que incluyan trabajos teóricos y empíricos dentro del campo transdisciplinario de los estudios estadounidenses, tanto en una perspectiva histórica como respecto a fenómenos más contemporáneos. Este campo académico comprende dos vertientes: de un lado, las temáticas vinculadas a las dimensiones políticas, sociales, económicas y culturales internas de los Estados Unidos, y del otro, el análisis de los vínculos e intercambios entre el país norteamericano y América latina.

Para los estudiantes, las propuestas deben corresponder a trabajos de tesis, en curso o finalizados, a nivel de pregrado y/o posgrado.

El programa académico de las jornadas se organizará en formato de secciones compuestas por paneles y/o mesas redondas. Cada panel incluirá entre tres y cuatro presentaciones, o una mesa redonda de hasta cinco participantes. Cada sesión debe tener un moderador. El idioma de la conferencia es el español, con un número limitado de paneles en inglés y portugués.

Para obtener más información, consulte el cronograma a continuación.

La recepción de las propuestas, así como de las ponencias se hará a través de cada uno de los nodos nacionales que conforman la red RELAESE.

La inscripción al Congreso no tiene ningún costo. 

Cronograma Congreso RELAESE 2022

10 de mayo Apertura de la convocatoria
 

Del 10 de mayo al 30 de junio

Recepción de propuestas

Los participantes podrán presentar

  • Ponencia individual

Enviar formato ponencia individual

  • Panel

Incluir un moderador y hasta cuatro panelistas. Se debe enviar tanto el formato de panel como el formato de ponencia individual por cada uno de los participantes.

  • Mesa redonda

Incluir un moderador y hasta cinco participantes. Enviar el formato de mesa redonda.

1 al 11 de julio Revisión de las propuestas por parte del Comité Académico
12 de julio Confirmación y envío de los mensajes de aceptación o rechazo de ponencias, paneles y mesas
 

26 de agosto

Plazo de envío de ponencias completas así:

• Nombre y afiliación institucional. Datos de contacto (mail y número de celular).

• Título de la ponencia.

• Mesa asignada (ver correo 8 de julio).

• Resumen de 250 palabras; 3-4 palabras clave.

• Artículo entre 5000 y 7000 palabras.

• Arial 12, interlineado 1,5, márgenes 2,5

• Incluir referencias, haciendo uso del estándar APA (Séptima edición)

21 y 22 de septiembre Realización del I Congreso Latinoamericano de Estudios sobre Estados Unidos. Modalidad Online
10 de octubre Envío de los certificados de participación

Las propuestas deben ser enviadas al correo electrónico: congreso.relaese@gmail.com

La fecha límite de envío de las propuestas: 30 de junio de 2022

 

Comité Organizador:

Gisela Cramer Universidad Nacional de Colombia

gcramer@unal.edu.co

Norberto Barreto Velázquez  Pontificia Universidad Católica del Perú

nbarreto@pucp.pe

Ana Laura Bochicchio Universidad Nacional de Tierra del fuego Argentina

albochicchio@untdf.edu.ar

Carlos Franco Universidad Nacional Experimental de las Artes Venezuela

carfrancogil@gmail.com

Diana Marcela Rojas Universidad Nacional de Colombia

dmrojasr@unal.edu.co

 

 

 

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80grados+ – PRENSA SIN PRISA

Comparto este artículo del Dr. Juan José Vélez Peña, enfocando el impacto en las  políticas educativas del proceso de transculturación al que los estadounidenses sometieron a Puerto Rico a partir de 1898. El autor también en enfoca la apropiación por las autoridades coloniales y sus colaboradores puertorriqueños  de la música popular afro-puertorriqueña.

Vélez Peña es doctor por la Universidad de Bremen en Alemania.


Genealogía de políticas educacionales y la colonialidad en Puerto Rico

Juan José Vélez Peña

Revista 80 grados  1 de abril de 2022

Introducción

En el siguiente texto analizaré el trasfondo sociohistórico y cultural de las políticas educacionales implementadas por el poder colonial norteamericano en Puerto Rico. Al final tematizaré brevemente la rearticulación discursiva de la música afropuertorriqueña como parte de las políticas pedagógico-educativas aludidas. Esto lo hago por la importancia que asume la reapropiación de la música popular, en toda Latinoamérica, por parte de discursos oficiales, como campo de implementación de políticas educacionales destinadas a diseñar una identidad nacional esencialista, homogenizada, en favor de proyectos coloniales, o bien, neocoloniales.

Aunque la reformulación de estas expresiones musicales fue llevada a cabo asumiendo que éstas eran el medio idóneo para acelerar el proceso de transculturación de los puertorriqueños, nunca han sido absorbidas ‘totalmente’ por las instancias que intentan instrumentalizarlas. Las prácticas musicales afropuertorriqueñas siempre se han ejercido logrando concretizar espacios de resistencia y contestación sociocultural. Su rearticulación discursiva ha tenido resultados hasta cierto punto paradójicos, contrarios a las metas perseguidas.

El texto consta de dos partes. En la primera, esbozo una contextualización histórico social de las estrategias pedagógicas colonizantes implementadas. En la segunda, procedo a describir la rearticulación de la música afropuertorriqueña por iniciativas pedagógicas.

Contextualización histórico-social

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, luego de la guerra e invasión en 1898 y del paso del colonialismo español al norteamericano, Estados Unidos de inmediato inició un proceso de usurpación económica e inferiorización sociocultural de los puertorriqueños. Como parte de esta estrategia el poder colonizante impuso el inglés como idioma oficial. Situación que perduró hasta los años 50 del siglo XX, cuando se restauró el español como lengua oficial. Esta fue una de muchas medidas político-administrativas llevadas a cabo para impulsar la asimilación de los valores foráneos provenientes del nuevo régimen.

Sin embargo, desde comienzos los puertorriqueños se enfrentaron a un profundo prejuicio racial. Pues, las autoridades norteamericanas no solo se valían de una racialización jerarquizada en la que los boricuas eran clasificados como >negros<, ubicándolos en la posición más inferior de su escala de valores, sino también, se entendía que eran transmisores del elemento cultural español, pueblo que consideraban decadente.[i]

Convencidos de su supuesta ‘superioridad’ cultural y religiosa, ocultando su política expansionista imperialista bajo el manto ideológico del destino manifiesto, iniciaron una serie de medidas ‘educacionales’ y culturales dirigidas a lograr la transculturación de los puertorriqueños.[ii]

El proceso de transculturación iniciado por el poder imperial norteamericano fue llevado a cabo por dos motivos principales. Por un lado, se realizó para justificar la invasión, sugiriendo que la sociedad y cultura puertorriqueña se caracterizaba por ser una arcaica y retrógrada, fruto del colonialismo español, situación que había que cambiar. Por el otro, para favorecer la aceptación pasiva por parte del pueblo al ‘renovado’ proyecto colonial, y así lograr instaurar y afianzar su hegemonía.

Desde sus comienzos, el proyecto de educación norteamericano en la isla se muestra como claro ejemplo político-social de imperialismo cultural. No obstante, es de notar que se trataba de un proyecto sumamente contradictorio. Pues se suponía que los puertorriqueños fueran ‘americanizados’ por quienes los despreciaban.[iii]

En este contexto no sorprende que, en caricaturas de la época, Puerto Rico sea representado por una figura infantil, acompañada por un Tío Sam bondadoso, generoso y condescendiente, pero dispuesto a civilizarlos, aun si fuera necesario hacerlo con mano dura.

Caricatura de 1899 de Louis Dalrymple archivada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

 La imagen muestra un salón de clases adornado con la bandera norteamericana. En este espacio, dividido entre alumnos ejemplares sentados en butacas individuales equipadas con escritorio y los otros que han sido sentados, todos juntos, en un banco sin escritorio, directamente frente al profesor, bajo su vigilante y amenazante mirada. El profesor está representado por el tío Sam. Medio inclinado sobre su escritorio, mirando de forma hostil a los nuevos, demuestra su antipatía frente a éstos. Con un gesto abiertamente represivo, gesticula con una vara disciplinaria que lleva en su mano derecha, como advirtiéndoles lo que les espera, de no adaptarse y seguir sus reglas.

Los nuevos alumnos, representados como niños de tez oscura y pelo revuelto, están etiquetados con el nombre de sus países de proveniencia: Cuba, Puerto Rico, Hawái y Filipinas. Las nuevas colonias, trofeos de guerra, luego del conflicto con España en 1898. En sus caras se puede claramente leer su infelicidad y en su postura su miedo. En la parte trasera del salón, podemos ver el resto de la clase, compuesto por niños de complexión angloamericana. Todos irradian felicidad y disciplina, leyendo concentrados. Los libros que sostienen en sus manos llevan como título: California, Texas, Nuevo México, Arizona y Alaska, simbolizando la pertenencia de estos niños a los nuevos territorios anexionados adquiridos a mediados del siglo XIX por los EEUU, en gran parte como resultado de su guerra contra México.

Al fondo, un niño afro-estadounidense trabaja. Lo vemos limpiando una ventana, mirando intimidado lo que sucede con los nuevos. Junto a la puerta, vemos a un niño nativo norteamericano sentado solo. Obviamente no ha logrado ser integrado, pues el libro que pretende leer, titulado “ABC”, está puesto de cabeza. Fuera del salón, a través de la puerta, podemos ver a otro niño. Se trata de un niño chino, que, libro en mano, o bien ha llegado tarde, o aparentemente está esperando ser incluido en la escuela del Tío Sam.

En el libro ubicado sobre el escritorio del tío Sam podemos leer su título: “Primeras lecciones de Estados Unidos sobre gobierno propio”. El texto que acompaña la caricatura indica lo siguiente: Tío Sam (a su nueva clase de Civilización): Ahora, niños, deben aprender estas lecciones, ¡quieran o no! Pero echen un vistazo a la clase frente a ustedes, y recuerden que en un momento, ¡estarán tan contentos de estar aquí como lo están ellos!

La caricatura, una de tantas publicadas en periódicos y revistas publicadas a finales de 1890 y comienzos de 1900, muestra de forma ejemplar el discurso dominante norteamericano sobre la invasión de 1898 a Puerto Rico y a las otras excolonias españolas. En el mismo se sugiere que la “intervención” en la Guerra Hispanoamericana y la posterior ocupación de territorios en realidad se dio como acto de benevolencia, como parte de su misión de civilizar esos territorios y llevarles la democracia.

La propagación de este tipo de caricaturas racistas en los Estados Unidos formó parte de las estrategias destinadas a llevarle al pueblo norteamericano ese mensaje, para contribuir a convencerlo de la necesidad de apoyar la invasión y ocupación que estaba teniendo lugar. De ahí la representación de filipinos, hawaianos, cubanos y puertorriqueños como salvajes, que, gracias a la piedad y la benevolencia de sus invasores, iban a ser educados para que, en un futuro indefinido, lograran ser capaces de gobernarse por sí mismos. Y esto lo llevarían a cabo, aun si fuese necesario hacerlo por mano dura.

Otra muestra del desprecio racista de las autoridades norteamericanas frente a los puertorriqueños es el testimonio de no pocos de sus políticos.[iv] Muchos de los congresistas norteamericanos se expresaban con un abierto desprecio hacia los boricuas. El senador de Tejas Slayden, por ejemplo, al referirse a estos utilizó una metáfora, en aquel tiempo despectiva, hoy en día una noción generalizada en discursos culturales: la hibridez.

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Nosotros somos mayormente anglosajones mientras que ellos son una estructura mezclada con aportaciones liberales de sangre europea, asiática y africana. Ellos son en estos momentos mayormente híbridos. (Congressional Record, 1909: 2.921, p. 59.)

Rearticulación discursiva de la cultura musical afropuertorriqueña por parte de iniciativas pedagógicas estatales o privadas

El proceso de inferiorización cultural aludido fue articulado para conformar la base ideológica de un segundo proceso de inferiorización: el socio-económico. Este fue apoyado por medidas jurídicas que proveyeron el fundamento legal para la usurpación de la base económica del país. El mismo despertó la repulsión, protesta y rebelión del pueblo que una y otra vez se manifestó por medio de quemas de cañaverales y almacenes de tabaco y de café y a través de huelgas para mejorar las condiciones de trabajo y lograr obtener salarios justos.

Más tarde, a partir de mediados de los años 1950, luego de que movimientos políticos en favor de la independencia fueran violentamente reprimidos e inclusive muchos de sus miembros encarcelados o asesinados, comenzaron a surgir estrategias político-discursivas que, con el paso del tiempo, sustituyeron el hasta entonces dominante nacionalismo político por un nacionalismo de tipo cultural. Como parte esencial de ese proceso en el que se elaboraba una identidad nacional, proyecto cuyo norte consistía en integrar diferencias étnicas, sociales, de género y políticas en un discurso identitario homogéneo y monocultural, ya desde comienzos del siglo XX se creó e instauró la imagen de ‘la gran familia puertorriqueña’.

En Puerto Rico la metáfora la gran familia puertorriqueña muestra ejemplarmente cómo se expresa en nuestro medio el discurso multiculturalista neoliberal, basado en una universalidad abstracta. Este tópico es la versión boricua de la trillada democracia racial, sostenida por discursos de grupos criollos mestizos dominantes en Latinoamérica. Fue y continúa siendo lanzado por grupos de poder interesados en negar u ocultar la estratificación social en Puerto Rico y de negar la racialización jerarquizada, propia del racismo que sostiene las estructuras de dominio en el país.

División de Educación a la Comunidad - La escuela en la pantalla - YouTubeComo parte del proyecto pedagógico de elaboración e implementación de discursividades nacionalista-culturales por parte de la llamada cultura letrada, el Instituto de Cultura Puertorriqueño[v] y la División de Educación a la Comunidad, así como –más tarde– el Banco Popular de Puerto Rico asumieron un papel central. Desde allí se lanzaron y desarrollaron iniciativas (libros, películas, grabados, etc.) dirigidas a promover una imagen folklórica y blanqueada de las culturas musicales provenientes de las capas sociales bajas, mayormente compuesta por afropuertorriqueños.

Así se reformularon estos estilos, integrándolos, desde una perspectiva eurocéntrica, al canon estético, es decir, como manifestaciones de un primitivismo local que, de alguna manera, merecía ser tematizado. Pues estas ‘primitivas’ formas podrían servir de base, para – reelaborándolas– ‘elevarlas’ al arte.

Sin embargo, como indicamos anteriormente, la promoción y apoyo que recibieron los productos culturales subalternos, tuvieron efectos ambiguos para el proyecto de unificación identitario-cultural. Pues si bien la música popular boricua de ascendencia africana fue reformulada intentando folklorizarla, lo que desde una visión eurocéntrica implicaba su desvalorización, las investigaciones realizadas y la promoción de proyectos que se llevaron a cabo les fueron de gran provecho a los grupos subalternos de los cuales provenían. La documentación que se produjo contribuyó a la reafirmación de su diferencia como grupo, así como evidenció la diversidad cultural del país. La promoción de eventos culturales con música afropuertorriqueña les abrió plazas de trabajo a los músicos implicados, además de contribuir a la propagación de sus expresiones músico-culturales fuera de los grupos étnicos de los que provenían.

El proceso mediante el cual la música afropuertorriqueña fue rearticulada por discursos pedagógicos del Estado ha sido llamado de diferentes maneras por intelectuales puertorriqueños. Entre otras, se usan las expresiones “la institucionalización (del) poder colonial sobre lo puertorriqueño,” la “tecno-buroqueiñización del territorio no incorporado” (Enrique Toledo), “la identidad estatizada” (Elba Iris Pérez), “el dirigismo cultural” (Elba Iris Pérez), “el blanqueamiento” (Errol Montes-Pizarro) o “sponsored identities” (Arlene Torres). También fue certeramente denominado por Ramón López “oficialización estatal de la negritud.”

Precisamente quisiera terminar con una cita de Ramón en la que muy bien describe el proceso de rearticulación discursiva de la música afropuertorriqueña que acabo de presentar en esta segunda parte.:

A mediados de la década del 50 la plena puertorriqueña que por medio siglo había sido tocada-ejecutada (…) prohibida-aceptada y hasta insultada-elogiada fue por fin admitida-recogida en el inventario de ingredientes del Arte y la Cultura como parte de la incipiente oficialización estatal de la negritud como parte del mestizaje biológico-cultural puertorriqueño (…) Esta gestión condescendiente y ambigua pero fundamental y pionera se ubicó en los quehaceres institucionales de la División de Educación a la Comunidad y el Instituto de Cultura Puertorriqueña. (…) Todos estos proyectos fueron montajes intencionales realizados con mucha dedicación y celo profesional.  (López, Ramón, 2015)

Bibliografía

Congressional Record, 1909: 2.921 en: “La ruta del legado colonial” Luis Nieves Falcón, en:
Antología del pensamiento crítico puertorriqueño contemporáneo, pp. 56- 68.

Dávila, Arlene. 1997. Sponsored Identities: Cultural Politics in Puerto Rico.
Philadelphia: Temple University Press.

Hunt, M. 1987. Ideology and US Foreign Policy. New Haven: Yale University Press.

López, Ramón. 2015. “Tintorera del mar Gumersindo Mangual y la historia que no se puede”
en: Revista digital 80 grados prensa sin prisahttps://www.80grados.net/tintorera-del-mar-gumersindo-mangual-y-la-historia-que-no-se-puede/ San Juan, Puerto Rico. (23.01.21)

Montes, Pizarro, Errol. 2012. “Viajes de la música afrodescendiente: Más allá de la
metáfora de raíz”. en: Duprey, M. (ed.), Memorias de Bomba que Rumba: Memorias del Primer Simposio sobre la Bomba y la Rumba, (97-119). San Juan: Publicaciones puertorriqueñas.

Nieves Falcón, Luis. 2018. “La ruta del legado colonial” en: Antología del pensamiento crítico
puertorriqueño contemporáneo
 , (págs. 53 – 68). Luis Nieves Falcón … [et al.]; coordinación general de Anayra Santory Jorge ; Mareia Quintero Rivera. – 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO.

Pérez, Elva Iris. 2009. “Un discurso dramático para la nación puertorriqueña 1934-1955”. en
El Amauta, Universidad de Puerto Rico recinto de Arecibo, 4.

Toledo Hernández, Enrique. 2011. La burocratización del poder colonial: de la
Americanización a la tecno-buroqueiñización del territorio no incorporado de Puerto Rico y el informe del “Task Force” de la Casa Blanca sobre el estatus político de Puerto Rico
. Río Piedras: Archivo Sociedad Sinergia

Tórres, Arlene. 1988. “La gran familia puertorriqueña: ‘ej prieta de beldá’ – the Great
Puerto Rican family is really really black”. En A. Torres, & N.E. Whitteen, Blackness in Latin America and the Caribbean (págs. 287 – 306). Bloomington: Indiana University Press.

 Notas

 [i] Uno de los políticos norteamericanos, refiriéndose a la guerra hispanoamericana, se expresó de la siguiente forma sobre España: “España fue juzgada y convicta ante el foro de la historia. Su religión ha sido una obstinada intolerancia llena de hipocresía cuyos sacramentos han sido solemnizados por la perversión y la tortura. Su liderazgo político internacional ha sido la infamia; su diplomacia la hipocresía; sus guerras masacres, su supremacía ha sido una afrenta y una maldición que ha condenado los continentes a la esterilidad y sus habitantes a la muerte”. (Hunt, 1987: 58; 46-91)

[ii] Como es conocido, el concepto transculturación fue acuñado por el antropólogo y etnomusicólogo cubano Fernando Ortiz en la primera mitad del siglo XX en oposición al criterio asimilacionista del concepto aculturación, utilizado por la antropología cultural estadounidense. Según su concepción: “…el vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque éste no consiste solamente en adquirir una distinta cultura, que es lo que en rigor indica la voz anglosajona acculturation, sino que el proceso implica también necesariamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial desculturación, y, además, significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse de neoculturación. Al fin, como bien sostiene la escuela de Malinowski, en todo abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es distinta de cada uno de los dos.” Ortiz, Fernando (2002 [1940]): Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (Advertencia de sus contrastes agrarios, económicos, históricos y sociales, su etnografía y su transculturación), Madrid: Cátedra, S. 260.

[iii] Según el discurso racista de las autoridades norteamericanas, desde el principio los puertorriqueños habían sido desafortunados. Pues se nutrieron de la cultura occidental a través de España, cuya civilización consideraban degenerada. De ahí que consideraran como necesario y urgente adelantar su proceso civilizatorio con la noble ayuda del “genio del pueblo norteamericano”. (Cf. Congressional Record, 1909: 3.632)

[iv] Otro ejemplo del racismo institucional norteamericano es el del Senador Kennedy de Ohio para el que el pueblo puertorriqueño era incapaz de ejercer el autogobierno: “El gran error que hemos cometido es asumir que los puertorriqueños tienen siquiera una pizca de capacidad para poder gobernarse por sí mismos. Si hubiésemos considerado la historia hubiésemos aprendido que de todas las razas los españoles son los que menos capacidad tienen para gobernarse”. (Congressional Record, 1909: 2.928, p. 59.)

[v] “Un grupo de prominentes líderes y educadores del PPD, preocupados por la creciente americanización y por lo que denominaban la erosión del patrimonio cultural (que generaba el proceso de industrialización), se dedicó a organizar entre círculos oficialistas un movimiento de afirmación de los valores y la creación cultural puertorriqueña. Este proyecto de promoción de una ‘cultura nacional’ como parte de la estructura política del Estado Libre Asociado (…) se cristalizó mediante la creación, por ley de 1955, del Instituto de Cultura Puertorriqueña.” Toledo-Hernández, Enrique. 2001 La burocratización del poder colonial: de la americanización a la tecno-buroqueiñación del territorio no incorporado de Puerto Rico y el informe del “Task Force” de la Casa Blanca sobre el estatus político de Puerto Rico.  Río Piedras: Archivo Sociedad Sinergia, p. 40.

[vi] Según Ramón en una conversación que tuvimos en su casa en Barranquitas en 2018.

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