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Internacionalmente, octubre es reconocido como el mes de la historia LGBT y para conmemorarlo comparto con mis lectores este corto ensayo de Matthew Wills sobre la construcción histórica del  matrimonio entre personas del mismo sexo. Wills basa sus comentarios en un artículo publicado en 2015  por  la historiadora canadiense Rachel Hope Cleves. Hope Cleves posee un doctorado de la Universidad de California en Berkeley. Actualmente se desempeña como profesora en el Departamento de Historia de la University of Victoria.

Según Wills, el significado del matrimonio en Estados Unidos ha variado desde el periodo colonial para incluir lo consuetudinario, yendo más allá de lo legal  para recoger lo que el autor denomina como la “realidad vivida”. En otras palabras, plantear el matrimonio entre personas del mismo sexo como algo nuevo es un error histórico. Siguiendo a Cleves, Wills plantea que el matrimonio normativo es una construcción para preservar la jerarquía de género y que es necesario ver el matrimonio entre personas del mismo sexo desde su complejidad histórica.

Wills no es un escritor ajeno a esta bitácora, pues he traducido y compartido varios de sus trabajos publicados en JSTOR Daily.


A couple holding hands

La larga historia del matrimonio entre personas del mismo sexo

Matthew Wills

JSTOR Daily   2 de junio de 2022

El matrimonio es una construcción histórica, cuyo significado ha cambiado con el tiempo. Y los caminos hacia el matrimonio entre personas del mismo sexo, uniones que un juez del Tribunal Supremo calificó de “más nuevas que los teléfonos móviles” en 2013, son en realidad largos y sinuosos. Como informa la académica Rachel Hope Cleves, “Las fuentes disponibles revelan que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una práctica culturalmente legible que tuvo lugar a lo largo de siglos de la historia estadounidense”.

Cleves habla sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo en Estados Unidos desde el siglo XVI hasta los años 70. Estas no eran las relaciones a largo plazo que hoy podríamos  considerar matrimonios, sino “matrimonios etiquetados así en su propia época y lugar.” Así los llamaban entonces.

Por supuesto, tales relaciones pueden no haber sido legales. Pero Cleves escribe que “la definición de matrimonio no puede restringirse a sus límites legales, ya que las personas en sociedades pasadas no siempre vivían bajo esos límites.” La(s) definición(es) legal(es) del matrimonio no necesariamente capturaban la “realidad vivida” de los seres humanos. Pero ni siquiera una definición legal es una guía segura, porque “la historia del matrimonio no puede dividirse ordenadamente en matrimonios legales y uniones similares al matrimonio.” La distinción entre ambos fue durante mucho tiempo “un tema de negociación” bajo el derecho consuetudinario y las costumbres comunitarias—por ejemplo, las seguidas por los habitantes de Martha’s Vineyard que toleraban a Deborah Lewis (más tarde Deborah Francis), “que vivió como mujer durante treinta y dos años antes de declararse hombre en 1764 y casarse viuda.”

Timeline of same-sex marriage - WikipediaEl trabajo de Cleves aquí es necesariamente un repaso que aborda las tradiciones indígenas; “maridos femeninos”; personas intersexuales; “matrimonios en Boston”; “matrimonios de solteros”; las culturas homosexuales emergentes del siglo XX; y la cultura queer en el mar, entre otras manifestaciones de uniones que en su época se llamaban matrimonios. También aborda aspectos culturales de las parejas entre personas del mismo sexo, como los “matrimonios ficticios”, incluyendo con Jesús tanto por hombres como por mujeres, y el relato de Mark Twain “Cómo Nancy Jackson se casó con Kate Wilson”, que consideraba tan atrevido que no se atrevió a publicarlo. Los lectores contemporáneos también pueden sorprenderse por bodas “sin hombre” y “sin mujeres” organizadas por clubes de mujeres y hombres como recaudación de fondos para los Bonos de la Libertad a principios del siglo XX.

Un caso judicial en particular destaca: en un juicio por asesinato en Chicago en 1923, el juez dictaminó que “el hecho de que Thompson fuera hombre no afectaba a su estatus como esposa, en lo que respecta a la interpretación de la ley.” Esto significaba que Thompson no podía testificar, ya que según la ley de la época las esposas no podían testificar en favor de sus maridosLas parejas del mismo sexo —así como las esclavizadas, las mestizas, los divorciados y los polígamos— podían o no haber sido sancionadas por el Estado, pero existían igualmente. Las parejas históricas del mismo sexo pueden no haber sido mencionadas (o pensadas) por contemporáneos como teniendo sexo, pero también podían verse “como” o “marido y mujer”, aunque muchos de estos comentaristas afirmaban que tales uniones eran imposibles.

“Para preservar la jerarquía de género que construyó el matrimonio normativo, el lenguaje de la imposibilidad podría ser invertido para penalizar a los hombres que renunciaron y así desnaturalizaron el privilegio masculino”, señala Cleaves, “mientras que el lenguaje también podría suavizarse para acomodar a mujeres que buscaban, más comprensiblemente, escapar de sus lazos femeninos. Podría adaptarse para extender la tolerancia a parejas cuyos lazos de parentesco las convirtieran en miembros valiosos de la comunidad o podría usarse para racionalizar expresiones de violencia contra grupos externos.”

Women Got 'Married' Long Before Gay Marriage | HISTORY

Así como la definición de matrimonio ha sido fluida y debatida a lo largo del tiempo, los relatos históricos sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo —normalmente escritos por observadores, no por los participantes— plantean hoy muchos desafíos interpretativos. La forma en que se enmarcan ahora forma parte de la mutabilidad misma de la historia.

Como pregunta Cleves, “¿Deben entenderse como narrativas entre personas del mismo sexo o deberían enmarcarse dentro de una historia transgénero que aún se está delimitando a partir de la historia lésbica y gay? ¿Cómo pueden construirse los matrimonios entre personas del mismo sexo como una categoría histórica a la luz de los cambios en la comprensión del sexo corporal en los últimos cinco siglos?”

Traducido por Norberto Barreto Velázquez


Recursos

JSTOR es una biblioteca digital para académicos, investigadores y estudiantes. Los lectores de JSTOR Daily pueden acceder gratuitamente a la investigación original detrás de nuestros artículos en JSTOR.

“¿Qué, otro marido mujer?”: La prehistoria del matrimonio entre personas del mismo sexo en América

Por: Rachel Hope Cleves

The Journal of American History, Vol. 101, Nº 4 (marzo de 2015), pp. 1055–1081

Oxford University Press en nombre de la Organization of American Historians

 

Para unirme a la conmemoración de los 250 años de la declaración de independencia estadounidense, comparto una entrevista del periodista Iker Seisdos a la historiadora estadounidense Sarah Pearsall. La entrevista gira alrededor del enfoque global que Pearsall da al análisis de la Revolución estadounidense en su más reciente libro titulado Freedom Round the Globe (Doubleday 2026).

Sarah Pearsall es profesora y jefa del Departamento de Historia de Johns Hopkins University. Iker Seisdedos es el corresponsal jefe del diario español El País en Estados Unidos.


Sarah Pearsall, historiadora: “El asedio de Gibraltar fue la batalla más larga de la Guerra de Independencia de EE UU”

Iker Seisdedos

El país  1 de julio de 2026

La conmemoración de los 250 años de la Declaración de Independencia, que se cumplen el sábado, ha llenado las mesas de novedades de Estados Unidos de ensayos sobre aquel periodo, pero pocos traen tantas como Freedom Round the Globe (Libertad en todo el mundo, Doubleday, sin traducción al español).

En él, Sarah M. S. Pearsall (Del Mar, California, 1972) propone una historia global de la Revolución Estadounidense “más grande que las 13 colonias” que se sublevaron contra el rey Jorge y plasmaron los ideales del nuevo país y la lista de los agravios frente al tirano en un documento, redactado por Thomas Jefferson, que sigue resultando un cuarto de milenio después tan inspirador como lleno de contradicciones.

A Pearsall no le interesaba tanto algo de lo que se ha escrito mucho —el impacto global de aquel “disparo que se escuchó en todo el mundo”, en la afortunada frase de Emerson para referirse a la batalla de Concord de 1775—, como la manera en la que “el mundo influyó en la revolución estadounidense”.

Freedom Round the Globe: A World History of the American Revolution: Pearsall, Sarah M. S.: 9780385548717: Amazon.com: BooksAsí, su historia arranca con la ejecución en 1763 en la actual Detroit de una mujer indígena acusada de asesinato, cuya muerte desencadenó la rebelión de Pontiac, en la que los ojibwe, los potawatomi y los hurón se plantaron ante el brutal imperio. Y se extiende más allá de la batalla de Yorktown de 1781, cuya victoria trajo para los colonos el final de las hostilidades.

El resultado es un original libro sobre aquellos años, en el que Jefferson aparece citado solo ocho veces y el 4 de julio de 1776 se resuelve con una elipsis. A cambio, propone un viaje guiado por la resistencia a los británicos por la India, China, Gibraltar, el Caribe y los bosques de la futura Alemania, todas ellas, paradas exóticas para el estadounidense medio, tan poco dado a pensar en la historia de su país como un relato con ramificaciones más allá de sus fronteras.

La historiadora recibió a Babelia en un despacho de la Universidad Johns Hopkins con grandes ventanales y paredes forradas de libros sobre el amanecer de la república un par de días después de la pelea de artes marciales mixtas que Donald Trump organizó en la Casa Blanca y que a ella le hizo “sentir vergüenza”. Pearsall situó la génesis de su ensayo, recibido con muy buenas críticas en Estados Unidos, en un curso que empezó a impartir en 2018, cuando daba clase en Cambridge. “Creía que me ayudaría a hacer un poco más interesante una historia que ya conocía”, dijo. Pero entonces empezó a descubrir “conexiones y eventos asombrosos”, y ese nuevo punto de vista le resultó “demasiado apasionante como para no compartirlo con el mundo”.

PREGUNTA. ¿Ha escrito una refutación del excepcionalismo estadounidense?

RESPUESTA. Ciertos aspectos de mi libro se pueden leer en esa clave. Muchos otros resistieron el imperialismo británico. Me interesaba mirar más allá. Ver cómo ciertos sucesos acaecidos por todo el mundo influyeron en los orígenes y el desarrollo de la Revolución Estadounidense. Eso ayuda a ver con más claridad lo que sucedió en las 13 colonias.

PREGUNTA. ¿En qué estado de salud llega la idea de Estados Unidos a su 250° cumpleaños?

RESPUESTA. Los principios de la Declaración de Independencia siguen siendo ideales importantes, más allá de quién sea el inquilino de la Casa Blanca. Estados Unidos ha pasado tiempos muy oscuros, incluyendo la Guerra Civil, y salimos adelante. Esperemos que podamos superar este también, porque de lo contrario ¿qué más hay sino desesperación? La fundación es un acto imperfecto: había la esclavitud, se estaba exterminando a los pueblos indígenas. Todo eso está arraigado en el ADN de este país, pero ¿cuál es la alternativa? La libertad puede usarse para muchas cosas, algunas de las cuales no son buenas, como apoderarse de las tierras de los nativos americanos. Es, con todo, y en muchos casos, un principio valioso y que vale la pena.

PREGUNTA. Trump ha bautizado a la organización tras la conmemoración del aniversario, que ha acabado pareciéndose bastante a un festival MAGA, como Freedom 250. ¿Se ha apropiado la extrema derecha de Estados Unidos de la idea de libertad?

RESPUESTA. Al final de la primera presidencia de Trump, este creó la Comisión (y el informe) 1776. Lo hizo como una reacción al Proyecto 1619 [una iniciativa periodística de The New York Times que proponía retrasar el reloj de la fundación al momento de la llegada de los primeros barcos negreros]. Buscaba poner la esclavitud en primer plano de la historia de los Estados Unidos. Es importante que recuperemos la idea de 1776, porque la versión MAGA es mucho menos compleja que la verdad histórica. Nuestro trabajo como historiadores es enfrentarnos a las complejidades de alguien como George Washington, que hizo cosas heroicas pero también terribles. No todo puede ser colocar a los prohombres en un pedestal o derribarlos y hacerlos desapareceRespuesta. Ninguna de las dos respuestas es del todo útil.

PREGUNTA. ¿Existe entre los historiadores de Estados Unidos la sensación de que ya no es posible llegar a un punto en común?

RESPUESTA. Creo que algunas personas se sienten así. Cuando un colega leyó un borrador del manuscrito me dijo: “Ah, pero ¿todavía crees?”. Tal vez pensó que era un poco ingenuo. Me niego a dejarnos llevar por la desesperación. Hay quien piensa que los académicos hemos sido demasiado críticos y cínicos y que es culpa nuestra si la gente nos ve como radicales extremistas. Pero no creo que sea cierto. En clase veo que siempre he visto: los alumnos discuten ideas y aprenden a expresarlas por sí mismos. Creo que eso es lo que se nos da bien a quienes escribimos libros, impartimos cursos o trabajamos con estudiantes. También, que eso es importante.

PREGUNTA. ¿Cómo afrontan sus alumnos la Revolución Estadounidense?

RESPUESTA. Hay cierto escepticismo por parte de algunos y una resignación cansada respecto a la historia que les contaron en primaria. La perspectiva global que yo les enseño les ayuda a ir más allá de la pregunta de si deberíamos ver a los padres fundadores como héroes o como hipócritas. No creo que ninguna de esas posturas sea la correcta.

PREGUNTA. ¿Cambió esa actitud tras el asesinato de George Floyd?

RESPUESTA. Aquello llevó a muchos a ver las cosas de una manera nueva. Pero otros sucesos también han contribuido a sacudir conciencias. Antes, influyó la elección por primera vez de Trump y, en el Reino Unido, donde yo enseñaba, el Brexit, que sumió en la desesperación a muchos de mis alumnos.

PREGUNTA. ¿Alguno de ellos vivía la independencia de Estados Unidos aún como una pérdida para su país?

RESPUESTA. No exactamente. Los ingleses son muy buenos en odiarse a sí mismos.

PREGUNTA. Los españoles también, tal vez tenga que ver con haber perdido un imperio. ¿Están empezando los estadounidenses a odiarse a sí mismos?

RESPUESTA. Creo que se sienten menos optimistas, aunque aún no han empezado del todo con el autodesprecio. ¡Tal vez lleguemos a ese punto algún día!

PREGUNTA. La tendencia de mirar la historia con anteojos globales lleva ya unos años instalada, pero solo ahora empieza a verse la Revolución estadounidense desde esa óptica. ¿Es ese retraso un síntoma del ensimismamiento de este país?

RESPUESTA. En torno al bicentenario, hubo [en 1976] un florecimiento de los estudios revolucionarios, y parte de esa investigación académica contempló la guerra como un evento con importantes consecuencias internacionales. Pero sobre todo cundieron las visiones sociales, que lo contaban más allá de las élites, desde el punto de vista de las mujeres, las personas esclavizadas o las clases bajas blancas. Nunca se abandonó la miopía que cuenta la revolución como un asunto que solo concierne a las 13 colonias. Después, florecieron las perspectivas atlánticas y, posteriormente, globales, pero por lo que sea, eso no afectó la historiografía de la revolución. Más que ensimismamiento es nacionalismo, pero creo que eso está cambiando.

PREGUNTA. ¿Eran los colonos conscientes de estar luchando en una guerra global?

RESPUESTA. Estaban al tanto de lo que pasaba en otras partes; por ejemplo, las noticias sobre la hambruna en Bengala y lo que la Compañía Británica de las Indias Orientales estaba haciendo en el sur de Asia salían en los periódicos coloniales, e influyeron en la forma en la que se entendía el comerció del té, que desembocó en el famoso motín de Boston [el Tea Party]. La implicación de Francia y de España también eran muy claras para los colonos en ese momento. El Caribe estaba asimismo muy presente; a John Adams y otros les enfadó el hecho de que las colonias británicas de las Indias Occidentales no fueran más solidarias. Y en 1775, el Congreso Continental todavía está escribiendo a Jamaica para pedir apoyo. También a Irlanda.

Boston Tea Party (Nathayel Corrier, 1846)

PREGUNTA. Muchos estadounidenses que celebran el 4 de julio con perritos calientes y fuegos artificiales tienden a ver lo que se conmemora como un brillante hecho aislado, cuando fue un capítulo en una guerra fundamentalmente civil. En el libro también la define como “imperial, colonial y global”. ¿Fue la primera que juntó todas esas características?

RESPUESTA. Es difícil encontrar un equivalente. Hay aspectos de algunas de esas guerras en conflictos anteriores. Por ejemplo, la revolución del siglo XVII en Inglaterra, en la que varios reinos en Escocia e Irlanda batallaron, pero no fue una guerra mundial. Algunos de mis compatriotas pueden admitir que la revolución estadounidense fue una guerra civil, pero muy pocos son conscientes realmente de su aspecto global. Lo que convirtió una rebelión colonial, esa sí, con precedentes, en otra cosa es la Declaración de Independencia, en la que Jefferson y otros recurren a principios universales para dejar claro que no se trataba solo de plantar cara a los impuestos o de rebelarse contra la metrópoli, sino de cambiar el mundo y de embarcar a los franceses y, en menor medida, a los españoles.

Las potencias europeas no estaban tan interesadas en los ideales como en luchar contra Inglaterra…

RESPUESTA. Sí. ¿Por qué el antiguo régimen de Francia apoyaría a estos pequeños rebeldes de las colonias sino en virtud de un odio mutuo hacia Gran Bretaña?

PREGUNTA. En su ensayo, uno de los capítulos más sorprendentes lo dedica al Gran Asedio de Gibraltar (1779-1783)…

RESPUESTA. Ya entonces [el peñón] era una espina clavada para España, que ofreció a los ingleses neutralidad en la etapa inicial de la Revolución Estadounidense a cambio de esa devolución; debieron aceptar ese ofrecimiento. La obsesión por recuperarlo inspira gran parte de las acciones de los españoles durante la guerra. El sitio de Gibraltar es la batalla más larga de la Guerra de Independencia de Estados Unidos. ¿Quién lo iba a pensar? La entente franco-española puso mucho en ese asedio.

PREGUNTA. En el libro cruza cada uno de los capítulos históricos con palabras empleadas en la Declaración y un concepto… En Gibraltar, la palabra es “vida”…

RESPUESTA. Buena parte de la ansiedad de la batalla se centró en el número de tropas de las que los ingleses disponían para defenderla, lo que me llevó a indagar en consideraciones demográficas, en un momento en el que los franceses superan con creces a los británicos y las colonias americanas están ganando habitantes rápidamente. Me dio pie a pensar en la vida como un asunto político y en el papel de las mujeres a la hora de mantener estas cifras de población y, por tanto, ese poder milita. El lector puede o no estar de acuerdo con esas conexiones, pero para mí tenían sentido.

Surrender of Cornwallis (John Trumbull, 1820)

PREGUNTA. Usted argumenta que la Guerra de la Independencia no terminó en 1781 en Yorktown, entonces ¿dónde y cuándo llegó a su fin?

RESPUESTA. Hubo coletazos todavía, como la Batalla de los Santos de 1782 en el Caribe. La prioridad de la corona no eran las 13 colonias, sino Jamaica y los centros azucareros. Entre los ingleses había la sensación de que podían deshacerse de las posesiones continentales [en Estados Unidos] y que el Imperio Británico no resultaría tan dañado. La Revolución Estadounidense no destruyó el imperio, porque resurgió con más fuerza: se mantuvo en el Caribe y, por supuesto, en la India.

PREGUNTA. En el capítulo de la conclusión, se niega a responder la pregunta de por qué las otras 13 colonias no se sublevaron, así que no puedo dejar de hacérsela.

RESPUESTA. Eso da para otro libro, que no pienso escribir. Hay historiadores, como Andrew O’Shaughnessy, que se están ocupando de manera convincente sobre el Caribe y por qué esas colonias no se unieron a los estadounidenses. Tiene mucho que ver, por supuesto, con el intenso régimen esclavista de esos lugares, la situación demográfica y el hecho de que veían al ejército británico como un protector y no como un enemigo. La historia de Canadá es distinta. Al principio, parecía posible una alianza, que acaba desvaneciéndose cuando los estadounidenses quieren convertir esa alianza en una conquista. Y luego está Florida, que los ingleses perdieron pese a que ese territorio no se había rebelado. Ni siquiera hicieron un esfuerzo para aliarse con los nativos. [Bernardo de] Gálvez, en cambio, sí está convencido y acaba siendo un éxito.

PREGUNTA. ¿Está la figura de Gálvez ganando terreno en los estudios revolucionarios en Estados Unidos? Hay mucho interés por parte de la Embajada española y una cierta presión de lobby…

RESPUESTA. Diría que sí. Pero sigue sin ser tan conocido como [el marqués de] Lafayette. Hay calles, plazas y ciudades por todo el país con su nombre… ¿De Gálvez qué tenemos? Galveston…

PREGUNTA. ¿Tal vez se venden mejor los franceses?

Francisco de Saavedra (Goya, 1798)

RESPUESTA. Los españoles llegaron como aliados de los franceses. Estaban un poco menos convencidos de la causa americana, para ser justos, aunque sí, es un tanto desconcertante ese olvido. También debería ser más conocido su amigo, Francisco de Saavedra. Gálvez fue un gran estratega militar, pero Saavedra fue un genio de la organización. Apoyó a Gálvez en su deseo de reconquistar Pensacola (Florida) y logró convencer a la vieja guardia de Cuba de que respaldara esa ambición. Contribuyó a asegurar el abastecimiento y fue responsable de recaudar fondos en 1781 que ayudaron a la campaña de Virginia, que condujo a la rendición británica en Yorktown. Pese a todo lo cual, ni siquiera la mayoría de los estudiosos de la Revolución conocen su nombre.

PREGUNTA. Volviendo al aniversario que se celebra estos días. ¿Cree que se recordará y que ese recuerdo será por los motivos correctos?

RESPUESTA. No creo que queramos volver mucho la vista atrás en el futuro hacia 2026. Hay menos ganas de celebrar por quién está en la Casa Blanca. Aunque con la posteridad nunca se sabe: ahora lo recordamos como algo mítico, pero 1776 fue un año bastante malo. Salvo por la Declaración de Independencia, iban de desastre en desastre. Cuando estaba terminando, la sensación de muchos era de que ojalá no hubiera otro año como ese. Es la sensación que tengo con 2026. Hay cosas, como el combate de la UFC, que me hacen sentir una profunda vergüenza, aunque haya asuntos mucho más graves que ese. Acabo de regresar de Europa y he visto mucha preocupación por lo que está pasando aquí. Y mucha solidaridad, también. Gente que te dice: estamos con vosotros, sabemos que no sois como vuestro Gobierno. Me dio esperanza. Luego, al llegar al aeropuerto, vi las enormes colas que hay para los visitantes, y cómo se prioriza a los ciudadanos estadounidenses. De nuevo, sentí vergüenza de mi país. Creo que podemos ser mejores que eso.

 

 

Continuamos celebrando el mes de la historia de las mujeres esta vez enfocando una de las principales luchas políticas de las estadounidenses: el sufragismo.

El 3 de marzo de 1913 se celebró la histórica Marcha por el Sufragio Femenino en Washington D.C. Organizada por la National American Woman Suffrage Association, la marcha contó con la participación de unas 5,000 mujeres, que marcharon por la Avenida Pennsylvania demandando se les reconociera el derecho al voto. Como bien señala Martha S. Jones en este ensayo, la marcha marcó un cambio importante en las tácticas de las sufragistas estadounidenses hacia un enfoque confrontacional que conllevó arriesgar  “sus cuerpos en lo que resultó ser una escena estridente: las sufragistas chocaron con sus críticos y curiosos para que toda la nación las viera.”

A pesar de su carácter histórico, la marcha no está libre de críticas, pues sus organizadoras no superaron el racismo que entonces caracterizaba  a la sociedad estadounidense. No les negaron la participación a las sufragistas afroamericanas, pero tampoco las recibieron con los brazos abiertos.  En otras palabras, las mismas sufragistas blancas que reclamaban igualdad no fueron capaces de tratar a las sufragistas negras como iguales.

En este ensayo escrito a propósito del centenario de la aprobación de la enmienda que reconoció el derecho al voto femenino, Jones examina cómo la lucha de las sufragistas negras iba más allá de la lucha por el derecho al voto, pues también combatían al racismo y al sexismo

Martha S. Jones es profesora de historia en Johns Hopkins University y autora de Vanguard: How Black Women Broke Barriers, Won the Vote, and Insisted on Equality for Alls (2020).


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La lucha de 200 años por el voto de las mujeres negras

Martha S. Jones

American Experience  3 de junio de 2020

 El centenario de la 19ª Enmienda es una oportunidad para recuperar historias menos conocidas de las mujeres y el derecho al voto. El centenario del sufragio puede enseñarnos cómo las líderes negras de 2020 — desde Stacey Abrams y Ayanna Pressley hasta Michelle Obama y Kamala Harris — han surgido de una lucha secular por el poder político, en movimientos liderados por mujeres negras.

El desfile de mujeres de 1913 marcó un giro crucial en el camino hacia la 19ª Enmienda. Alice Paul y el Comité del Congreso de la National American Woman Suffrage Association (NAWSA) dejaron de lado modelos antiguos de política femenina que se basaban en la persuasión, el partidismo y el clientelismo. En su lugar, los organizadores del desfile pusieron la confrontación en primer plano. Las mujeres tomaron el escenario nacional —nada menos que en vísperas de una investidura presidencial— y arriesgaron sus cuerpos en lo que resultó ser una escena bulliciosa: las sufragistas chocaron con sus críticas y curiosos para que toda la nación las viera. Entre bastidores, Alice Paul y sus colaboradores en Washington habían heredado el racismo que siempre había recorrido las asociaciones sufragistas. Cuando se le dio la oportunidad de remediar cómo la supremacía blanca amenazaba con empañar su desfile, Paul flaqueó. No mostró ni claridad ni convicción y el mensaje para las sufragistas negras era claro. El 3 de marzo, no serían excluidas. Ni tampoco serían bien recibidas. Una incomodidad evidente recorrió los acontecimientos del día mientras unas pocas decenas de mujeres negras tomaban su lugar entre miles de manifestantes. Las mujeres entraron en una nueva fase del movimiento sufragista, pero no lograron dejar atrás el racismo.

indefinidoEntre los miles de mujeres que marcharon estaban mujeres negras líderes como Ida B. Wells, Carrie W. Clifford y Mary Church Terrell. Se unieron a ellas profesores, farmacéuticos, artistas y miembros del capítulo de la hermandad Delta Sigma Theta de la Universidad Howard. Las rutas de estas mujeres hacia el desfile estaban marcadas por una lucha clara por los derechos de voto en Estados Unidos. Las mujeres negras que marchaban no habían estado activas en NAWSA. No estuvieron entre los muchos voluntarios que apoyaron a Alice Paul y al Comité del Congreso de la NAWSA mientras planeaban el desfile. Ese día llegaron mujeres sufragistas negras trayendo sus experiencias independientes de convenciones, manifiestos y organización. El 3 de marzo de 1913, se reunieron dos movimientos de mujeres. Y, como  explica The Vote, fue una ocasión incómoda.

Cuando comencé la investigación para Vanguard: How Black Women Broke Barriers, Won the Vote, and Insisted on Equality for All, quise saber qué pensaban esas mujeres negras que marcharon en el desfile de 1913. Si no hubieran ayudado a organizar el desfile y nunca se hubieran unido a la NAWSA, ¿dónde se habrían asentado sus compromisos con el voto femenino? ¿Qué tipo de experiencias les habían traído al desfile? ¿Qué esperaban lograr estando allí y cómo persistieron en su compromiso con una causa cuando las coaliciones con sufragistas blancas resultaron demasiado tensas? Aprendí que las mujeres negras que marchaban eran sufragistas tan comprometidas con el voto femenino que soportaron incomodidades y ofensas aquel día de marzo. También supe que su movimiento feminista ocurrió en otro lugar. El desfile de 1913 fue solo un breve capítulo en su lucha por el poder político de doscientos años. Las mujeres negras eran activistas en su propio movimiento feminista, uno que buscaba ganar el voto mientras insistía en la derrota del racismo y el sexismo. Su historia cambia para siempre la forma en que pensamos sobre la historia de las mujeres y el voto.

Las mujeres negras lucharon por el derecho al voto, no por el sufragio. La campaña por la 19ª Enmienda, a menudo denominada sufragio femenino, fue una parte de la defensa más amplia de las mujeres negras por los derechos de voto de todos los afroamericanos, mujeres y hombres. Mujeres como Ida B. Wells acudieron al desfile de 1913 como veteranas de la lucha contra los linchamientos. La violencia terrorista —junto con los impuestos de votación, las pruebas de comprensión y alfabetización y las cláusulas de abuelo—  había impedido que los hombres negros votaran desde la década de 1890. Wells sabía que lo mismo ocurriría con las mujeres negras incluso si ganaban una enmienda constitucional. En el año siguiente al desfile de 1913, senadores estadounidenses del sur encabezaron un esfuerzo para derogar la 15ª Enmienda, que en 1870 había prohibido a los estados negarles el voto a los negros. Las mujeres negras vieron cómo los legisladores intentaban intercambiar apoyo para aprobar la 19ª Enmienda a cambio de borrar la 15ª Enmienda. Las mujeres negras sabían que necesitaban ambas cosas.

National Association of Colored Women's Clubs - WikipediaLas mujeres negras rara vez trabajaban a través de asociaciones sufragistas. Pero siempre trabajaron para ganar la votación. Su lucha por los derechos comenzó en el siglo XIX, con reclamaciones de poder dentro de sociedades, iglesias y convenciones políticas abolicionistas. En estos lugares, la lucha de las mujeres por el poder se mezclaba con su interés en construir y mantener instituciones comunitarias. Los reclamos de las mujeres negras por el derecho al voto surgieron en el siglo XX dentro de las organizaciones de derechos civiles. En 1915, el académico, activista y editor WEB DuBois publicó un número especial titulado “Votos para las mujeres” en la revista de la NAACP, The Crisis. Veintiséis mujeres y hombres participaron, entre ellos Carrie W. Clifford y Mary Church Terrell, ambas líderes de la National Association of Colored Women   (NACW) y manifestantes en el desfile femenino de 1913. La NACW, fundada en 1896, y más tarde el National Council of Colored Women, fundado en 1935, fueron la columna vertebral de las campañas por el derecho al voto de las mujeres negras. Pero las sufragistas negras siempre hicieron su hogar en muchos tipos de asociaciones: hermandades, profesiones, grupos de antiguas alumnas universitarias, congresos de la iglesia y facultades de instituto.

La campaña de las mujeres negras por el voto se extendió durante 200 años. Comenzó antes de la convención de mujeres en 1848 en Seneca Falls, Nueva York, y continuó mucho después de la ratificación de la 19ª Enmienda en 1920. Para las mujeres negras, el camino hacia el derecho al voto comenzó en las décadas de 1820 y 1830. Maria Stewart, por ejemplo, en 1832 se convirtió en la primera mujer estadounidense, una mujer negra, en hablar públicamente ante audiencias de hombres y mujeres sobre política. Su postura —que el poder político  de las mujeres no debería estar limitado ni por el racismo ni por el sexismo— fue adoptada por las siguientes generaciones de activistas negras. Para ellos, la 19ª Enmienda no fue suficiente porque el racismo seguía impidiendo que demasiadas mujeres negras fueran a las urnas. El año 1920 marcó el inicio de un nuevo capítulo en la historia del derecho al voto. En todo el país, mujeres negras acudieron el día de la inscripción y se enfrentaron a las autoridades en un movimiento que duró otros cuarenta y cinco años. Su victoria llegó en 1965 con la firma de la Voting Rights Act. Hoy, con las disposiciones más contundentes de esa ley marginadas en 2013 por la decisión del Tribunal Supremo de EE. UU. en Shelby vs. Holder, las mujeres negras siguen siendo defensoras del derecho al voto para ellas mismas y para todos.

Fannie Lou Hamer - Wikipedia

Fannie Lou Hamer

Las mujeres negras insistieron en que el voto era una defensa contra la violencia sexual. Desde las memorias de mujeres esclavizadas hasta el movimiento #MeToo, a lo largo de 200 años, las mujeres negras han vinculado su acceso a la papeleta con su capacidad para defenderse de la violación. En su relato de 1861, Incidents in the Life of a Slave Girl, Harriet Jacobs confesó que, siendo una niña de 14 años, apenas había escapado de la insistencia del hombre que dirigía la casa en la que trabajaba. Mary Church Terrell relató las muchas ocasiones en que fue agredida, amenazada y apoderada del miedo cuando viajaba sola por los ferrocarriles  del país. Fannie Lou Hamer, defensora del derecho al voto y líder del Partido Democrático de la Libertad de Mississippi, relató cómo la misma violencia afectó a las mujeres durante el movimiento moderno por los derechos civiles. Hamer fue agredida sexualmente en una cárcel de Winona, Mississippi, después de intentar registrarse para votar. En 2006, Tarana Burke reintrodujo a la nación el vínculo entre la violencia sexual y el poder político de las mujeres negras con una frase que dio inicio a un movimiento, “Me too”.  En 2017, toda la nación se vio atraída por la forma de pensar de Burke, ya que hombres del mundo del entretenimiento, la política, la educación, la industria y otros fueron acusados de acoso y agresión sexual. Si el activismo con el hashtag de #MeToo era nuevo en 2017, la idea de que el poder político de las mujeres podría proteger su privacidad e integridad corporal era tan antigua como el activismo de las mujeres negras.

Amazon.com: A Voice from the South eBook : Anna Julia Cooper, GP Editors: Tienda KindleLas mujeres negras exigían dignidad junto con igualdad, para toda la humanidad. El libro de Anna Julia Cooper de 1892, A Voice from the South,  fue una explicación pionera de por qué las mujeres negras aspiraban a votar, ocupar cargos públicos y ejercer poder político de otras formas. Aspiraban a la autogobernanza, libre de subordinación: “Solo la mujer negra puede decir cuándo y dónde entro.” Estaban impulsadas por una búsqueda de dignidad que abarcaba igualdad, acceso y autoestima mutua: “La dignidad tranquila e indiscutible de mi feminidad.” El poder de  las mujeres negras no vendría a costa de otros. Tampoco se ganaría con juegos de juego: “Sin violencia y sin demandas ni patrocinio especial.” Cooper dejó claro que su objetivo final era la dignidad tanto para hombres como para mujeres. Nadie se quedaría atrás. Cuando una mujer negra tomaba asiento en una convención o emitía su voto, Cooper explicaba: “toda la raza negra entra conmigo.” El poder de  las mujeres negras era una vía hacia la dignidad para todos. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchos estadounidenses empezaron a hablar en términos de derechos humanos, mientras que las mujeres negras llevaban generaciones vinculando su trabajo a las necesidades de toda la humanidad.

Un hilo conductor atraviesa estas muchas historias, y es la opinión de que ni el racismo ni el sexismo tienen un lugar legítimo en la política estadounidense. Tales diferencias deben ser desterradas de cómo nuestra nación aborda quién vota, quién ocupa cargos públicos y quién determina la ley y la política que rigen todas nuestras vidas. La historia de las mujeres negras y el voto es la de las antepasadas que establecieron un estándar  alto para la nación: pasada, presente y futura. Han sido una vanguardia, reclamando el derecho al voto de las mujeres y liderando, manteniendo a nuestra nación según sus ideales más elevados.


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Como parte de la celebración de marzo, mes dedicado a la historia de la mujer, comparto este breve artículo de Matthew Wills sobre un tema que desconocía: la reacción en América Latina al fenómeno de las flappers.  Como bien señala el autor, las flappers fueron una de las principales protagonistas de los llamados locos años 1920. Con su imagen y actitud rebelde, las flappers cuestionaron directamente los prejuicios y el orden social de la sociedad estadounidense. Wills nos señala que el impacto de las flappers trascendió a los Estados Unidos, es decir, que fueron un fenómeno global.  América Latina fue una de las regiones donde hubo una reacción crítica contra  lo que el autor llama “flapperismo” (Flapperdom).

 El autor basa su artículo en el trabajo de la historiadora y profesora de la Sam Houston State University  María Monserrat Feu López.  Según Wills, en América Latina las flappers fueron criticadas por los sectores más conservadores de la sociedad, autoproclamados defensores de la “feminidad tradicional” y de los valores familiares tradicionales. Hombres y mujeres criticaron a las pelonas, nombre con que fueron conocidas las flappers en América Latina. Se les criticó por su “anti-domesticidad” y falta de modestia. También se les acusó de traidoras por haber sucumbido ante la cultura estadounidense, por haberse americanizado.

El artículo de Wills es, además de muy interesante, una prueba del impacto global que tuvo la cultura estadounidense en los años 1920. Asimismo confirma su gran potencial  disruptor a nivel social.

Matthew Wills no es autor ajeno a esta bitácora, pues hemos reseñado varios de sus artículos publicados en JSTOR Daily. Entre ellos se encuentran: “El sector inmobiliario y la revolución”, “Las mujeres negras también fueron linchadas”, “El cristianismo muscular: Eugen Sandow y Jesús” y “Valentina Tereshkova en la imaginación estadounidense”.


Las Pelonas: las flappers mexicanas - MediaLab -

La Pelona: La Flapper hispanoamericana

  Matthew Wills 

 JSTOR DAILY  13 de enero de 2020

Los locos años veinte comenzaron hace un siglo. Una de las imágenes históricas más imborrables de esa época es la “flapper”. Llevaba faldas cortas (hasta la rodilla), se cortaba el pelo, escuchaba jazz, fumaba y bebía ginebra ilegal. Las flappers fueron un fenómeno global, exportadas desde Estados Unidos por el entretenimiento y la publicidad populares. Incluso en Estados Unidos, no eran exclusivamente angloamericanas.

Como escribe la académica María Montserrat Feu López, la versión hispanoamericana de la flapper, llamada la pelona, despertó la ira de tradicionalistas y conservadores. El flapperismo (flapperdom) no era más apreciado por los guardianes hispanos de la feminidad tradicional que por los angloamericanos. La flapper y la pelona eran vistas como amenazas a los valores familiares tradicionales. Para los hispanos conservadores (principalmente hombres, pero no exclusivamente), estos valores familiares también incluían un sentido de lealtad a la cultura hispana:  las pelonas también eran vendidas, traidoras a la cultura angloamericana. Como dice López:

Los periodistas en español examinaban a las niñas modernas a través de lentes antimodernistas hispanos. En medio de las tensiones étnicas de la época, las pelonas hispanas estadounidenses  se convirtieron en símbolos de aculturación poco digna y deslealtad étnica para los autores conservadores.

Figure 1 from The U.S. Hispanic Flapper: Pelonas and Flapperismo in U.S. Spanish-Language Newspapers, 1920–1929 | Semantic ScholarLa chica moderna (la chica moderna) fue objeto de sátira “en todas partes: en la prensa, en la radio, en cines, teatros de carpa, eventos sociales y lugares de trabajo.” El fenómeno claramente tocó una fibra sensible. “La burla del fenómeno social de la Nueva Chica seguramente alivió a los lectores hispanos varones, cuya participación en sectores atractivos de la economía era generalmente limitada en ese momento”, escribe López.

López se centra en la cruzada satírica periodística del periodista Julio G. Arce contra “la mujer hispana que se vende a la cultura angloamericana y así personifica todos los males de la asimilación—es decir, la negación de la identidad étnica propia.” Arce fue un exiliado político de México. En 1914, comenzó a trabajar para la revista en español La Crónica, publicada en San Francisco. Se convirtió en editor del periódico en 1919 y cambió su nombre a Hispano-América, llevando al semanario a un lugar influyente y respetado en la prensa estadounidense en lengua hispana.

Figure 9 from The U.S. Hispanic Flapper: Pelonas and Flapperismo in U.S. Spanish-Language Newspapers, 1920–1929 | Semantic ScholarEl Recovering U.S.Hispanic Literary Heritage Project  ha vuelto a poner a disposición el periodismo de Arce. Su obra, escribe López, ha sido “examinada tanto como instrumento del nacionalismo mexicano como de la retórica patriarcal.” Fue uno de los principales intelectuales de la “comunidad imaginada de El México de afuera (una colonia mexicana que existe fuera de México)”.

Además de ser editor, Arce también escribió “Crónicas diabólicas”, “entretenidos sketches literarios sobre la experiencia hispana en Estados Unidos.” Varios periódicos en español de Estados Unidos en las décadas de 1910 y 1920 publicaron estas “Crónicas diabólicas”, en las que Arce parodiaba a las pelonas. Arce retrata a las pelonas como coquetas, mercenarias y exhibicionistas. Su mayor defecto es su anti-domesticidad: el flapperismo chocaba con “la domesticidad y modestia esperadas para las mujeres.”

En su “La estenógrafia” la Agencia Caballos, Mulas y Estenógrafos envía a la americanizada Rosie (nacida “Rosa”). Se viste para ir al trabajo en la oficina, usa spanglish y guarda sus medias en el archivador. Lo peor de todo es que escribe mal una carta describiendo a su jefe como ajotado (afeminado) en lugar de agotado (cansado). El “juego de palabras de Arce predice los inevitables efectos del flapperismo en los hombres—es decir, su pérdida de dominio físico y sexual sobre las mujeres… Arce la representa como una fuerza moderna que engulle, rompiendo con la tradición hispana.”

Mientras tanto, otros aspectos del anti-flapperismo, en canciones, poemas y viñetas, se volvieron más desagradables a medida que avanzaban los años veinte, hasta que toda la “era lujosa de los flappers” terminó con el desplome bursátil estadounidense y la Gran Depresión. “La prensa hispana estadounidense destacó la desaparición del flapper con alivio”, concluye López.


Recursos

JSTOR es una biblioteca digital para académicos, investigadores y estudiantes. Los lectores de JSTOR Daily pueden acceder gratuitamente a la investigación original detrás de nuestros artículos en JSTOR.

The U.S. Hispanic Flapper: Pelonas and Flapperismo in U.S. Spanish-Language Newspapers, 1920–1929

María Montserrat Feu López

Studies in American Humor, Vol. 1, No. 2, SPECIAL ISSUE American Humor Across Media in the 1920s and 1930s (2015), pp. 192-217


Traducción: Norberto Barreto Velázquez

 

Marzo es el mes dedicado en Estados Unidos a la historia de la mujer y para celebrarlo, me propongo compartir varias notas sobre diversos temas relacionados con el papel  que han desempeñado las mujeres en el desarrollo histórico estadounidense. Comenzaré con este artículo de la escritora singapurense y estudiante de doctorado en literatura inglesa H.M.M. Leow sobre el significado de la incorporación de mujeres chinas estadounidenses a la fuerza laboral durante la Segunda Guerra Mundial.

La entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial generó cambios importantes en la mano de obra nacional. Millones de estadounidenses salieron de la fuerza laboral para ir a pelear a Asia, África y Europa. Esto generó una gran demanda de trabajadores, que fue, en parte, cubierta por miembros de sectores marginales o minoritarios. Como en la Gran Guerra, miles de afroamericanos se incorporaron a la fuerza laboral. Otras minorías, como los mexicano-estadounidenses y los nativos americanos, también disfrutaron de  oportunidades laborales que antes de la guerra estaban reservadas para los blancos. La guerra también abrió la puerta a la migración,  pues miles de braceros fueron traídos de México para trabajar, principalmente, en la agricultura.

Las mujeres también se beneficiaron de esta coyuntura, ya que el empleo femenino creció un 50%. Para 1945, casi 20 millones de mujeres formaban parte de la fuerza laboral. Aunque las principales beneficiarias del incremento en la demanda de mano de obra fueron las mujeres blancas, las afroamericanas también accedieron a nuevas oportunidades laborales. Antes de la guerra, las  afroamericanas se dedicaban a  trabajos tradicionales, como el servicio doméstico. La guerra les abrió las puertas a trabajos reservados para los hombres, especialmente, en la manufactura. Un buen ejemplo es de la industria automotriz, donde el número de trabajadoras aumentó de 29,000 a 200.000. En otras palabras, las mujeres aportaron considerablemente al esfuerzo bélico y se beneficiaron de las oportunidades laborales que el conflicto generó.

En esta nota, H.M.A Leow examina el impacto de la guerra sobre un sector muy particular, las mujeres chinoestadounidenses. Para ello se basa en el trabajo de la historiadora china  Xiaojian Zhao. Zhao es doctora en Historia por la Universidad de California en Berkeley y profesora en la Universidad de California en Santa Bárbara. Además de la historia de los asiáticos-estadounidenses, Zhao estudia temas relacionados a la inmigración, la familia y el género.

El argumento de Leow, siguiendo a Zhao, es que las mujeres chino-estadounidenses aprovecharon la coyuntura favorable que produjo la escasez de mano de obra para unirse al esfuerzo bélico como trabajadoras. Las chinas trabajaban antes de la guerra, pero estaban limitadas por el perjuicio de género, la discriminación racial y el aislamiento social. Por ende, les era muy difícil conseguir trabajo más allá de los límites de los barrios chinos. La guerra les permitió superar esos límites.

Como otras mujeres de grupos minoritarios, las chino-estadounidenses se beneficiaron de las oportunidades de trabajo creadas por la guerra. Las más beneficiadas fueron las hijas jóvenes y solteras, algunas de ellas con educación superior o universitaria. Contrario a sus madres, estas tenían menos responsabilidades y, por ende, disfrutaban  de mayor libertad para salir de sus casas.

La incorporación de estas mujeres a la fuerza laboral no solo les ayudó a combatir la discriminación racial, sino que también tuvo consecuencias muy importantes en sus vidas y en el papel que ocupaban en la sociedad. Poder salir de sus comunidades étnicas les permitió incorporarse a la sociedad y que fueran “aceptadas, por primera vez, como estadounidenses.”


A riveter at work, circa 1940.

¿Pudo “Rosie the Riveter” ser china-estadounidense?

H.M.A. Leow 

JSTOR Daily   9 de noviembre de 2024

“En gran medida, la guerra proporcionó una entrada a las mujeres chinoamericanas en la sociedad estadounidense en general, algo por lo que sus antepasados lucharon durante cien años”, escribe la historiadora Zhao Xiaojian, quien sostiene que las mujeres chinoamericanas de segunda generación “aprovecharon la oportunidad de la guerra para entrar en la sociedad estadounidense en general” uniéndose a la industria de defensa del Área de la Bahía.

“En parte debido a la escasez de fuentes en inglés sobre este tema, algunos estudiosos simplemente han asumido que las mujeres chinoamericanas no compartieron la experiencia de ‘Rosie la Remachadora‘“, informa. Pero utiliza periódicos, registros de empresas e historias orales para rechazar esta visión.

Muchas mujeres chinoamericanas ya trabajaban por necesidad económica. Sin embargo, la discriminación racial y el aislamiento social solían limitarles a empleos en los barrios chinos.

“A muchas mujeres chinoamericanas les resultaba difícil salir de sus comunidades a trabajar, incluso cuando querían”, explica Zhao. “El aislamiento de décadas también limitó la capacidad de las mujeres chinas inmigrantes para comunicarse con el mundo exterior.”

Durante la guerra, también se animó a las mujeres a adoptar roles domésticos: preparar “alimentos nutritivos” para sus familias y “demostrar a nuestros hombres de combate que somos… Totalmente por detrás de ellos.”

The Asian American Women Who Fought to Make Their Mark in WWII | HISTORY

Pero la Segunda Guerra Mundial siguió marcando un punto de inflexión importante, especialmente para las hijas jóvenes solteras de inmigrantes chinos. Muchas de estas mujeres tenían educación secundaria o universitaria.

“Con relativamente pocas responsabilidades domésticas, en contraste con sus madres, tenían la libertad e independencia para trabajar fuera de casa”, escribe Zhao. “Como la mayoría ya vivía en el Área de la Bahía antes de la guerra, estas jóvenes mujeres chinoamericanas fueron de las primeras mujeres estadounidenses en unirse a la fuerza laboral de defensa del Área de la Bahía.”

De hecho, la investigación de Zhao solo encontró cuatro mujeres mayores de cuarenta años durante sus trabajos en tiempos de guerra. Aun así, esas esposas y madres compinieron con destreza sus deberes en casa y en el frente doméstico.

Algunas parejas partieron codo con codo. Por ejemplo, Fred Yam era instalador de tuberías en el astillero naval de Mare Island en 1942, mientras que su esposa, recién graduada del instituto, era ayudante de un electricista.

Mientras tanto, la viuda de mediana edad Ah Yoke Gee, cuyos hijos en edad de escuela superior y universidad aún vivían con ella, cocinaba por las mañanas y hacía la compra y limpiaba los fines de semana. De 1942 a 1945, Ah Yoke, nacido en California, también trabajó como soldador en un astillero de Richmond. Su trabajo le permitió ser “reconocida como una trabajadora patriótica y trabajadora en la defensa”, a pesar de que leyes discriminatorias le habían arrebatado su ciudadanía por nacimiento al casarse con un inmigrante de Hong Kong.

“Antes de la Segunda Guerra Mundial, era difícil para las mujeres chinoamericanas encontrar trabajo fuera de Chinatown debido a la discriminación racial y de género”, señala Zhao. Pero la guerra provocó “una contratación sin precedentes de mujeres chinoamericanas en las industrias de guerra del Área de la Bahía.”

The Asian American Women Who Fought to Make Their Mark in WWII | HISTORYZhao estima que, para 1943, las mujeres representaban al menos una décima parte de los aproximadamente 5.000 chino-estadounidenses que realizaban trabajos relacionados con la defensa en el Área de la Bahía de San Francisco.

Periódicos comunitarios como Jinshan shibao, con sede en San Francisco, o Chinese Times, también señalaron los beneficios del empleo en la industria de defensa, como la vivienda subvencionada que “ofrecía una gran oportunidad para que los chinoamericanos se mudaran de sus guetos étnicos aislados.”

De hecho, el trabajo durante la guerra puso a mujeres chinoamericanas en contacto cercano con estadounidenses de otros orígenes, a veces con consecuencias que cambiaron vidas. Por ejemplo, la hija de Ah Yoke Gee, Maggie, se convirtió en dibujante naval en Mare Island tras graduarse en la Universidad de California en Berkeley. Allí, entabló amistad con otras dos mujeres de su edad: una blanca y la otra filipina.

“La filipina había tomado algunas clases de vuelo antes de la guerra, y los tres decidieron ahorrar dinero para el entrenamiento en aviación”, explica Zhao.

Maggie Gee: From Berkeley Physics to WWII Pilot | Physics

Maggie Gee

Maggie Gee acabó uniéndose a las Pilotos del Servicio Femenino de la Fuerza Aérea, o WASPs, y pasó la guerra transportando suministros militares por todo Estados Unidos. Tras la guerra, obtuvo un doctorado y rompió el techo de cristal para ejercer como física en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.

“Las jóvenes chinoamericanas que participaron en el trabajo de defensa tenían recuerdos frescos de prácticas discriminatorias en la sociedad estadounidense antes de la guerra, y eran plenamente conscientes de las implicaciones políticas de aceptar empleos en defensa”, escribe Zhao.

La discriminación racial siguió siendo un desafío en sus búsquedas de empleo posteriores. Aun así, los cambios generalizados provocados por la guerra significaron que sus vidas “ya no estaban restringidas dentro de sus comunidades étnicas.”

Zhao concluye: “Lo que habían logrado era mucho más importante que los propios trabajos. Fueron aceptadas, por primera vez, como estadounidenses.”

Recursos

JSTOR es una biblioteca digital para académicos, investigadores y estudiantes. Los lectores de JSTOR Daily pueden acceder gratuitamente a la investigación original detrás de nuestros artículos en JSTOR.

Chinese American Women Defense Workers in World War II

By: Xiaojian Zhao

California History, Vol. 75, No. 2 (Summer 1996), pp. 138–153

University of California Press in association with the California Historical Society


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

 

 

The Fate of the Americas

Creo que no hay mejor forma de retomar esta bitácora en el año 2026 que reseñar un gran libro. Me refiero al libro de la historiadora Renata Keller, The Fate of the Americas: The Cuban Missile Crisis and the Hemispheric Cold War (North Carolina University Press, 2025). Keller es profesora de historia en la Universidad de Nevada y  una destacada estudiosa de la Guerra Fría latinoamericana. Es autora de Mexico’s Cold War: Cuba, the United States, and the Legacy of the Mexican Revolution (Cambridge, 2015) y de varios artículos académicos publicados en destacadas revistas como The Journal of Latin American Studies, The Journal of Cold War Studies, The Journal of Cold War History y Diplomatic History.

Alumni Voices: Renata Keller, Ph.D. - Flinn Foundation

Renata Keller

Este libro es el resultado de una larga y profunda investigación de las causas, desarrollo y consecuencias de la que sin duda fue la peor de las crisis de la Guerra Fría: la Crisis de los Misiles en Cuba. El objetivo de Keller es hacer una historia hemisférica de la crisis que supere la tradicional interpretación de ésta  como un choque entre dos potencias. En otras palabras, la autora busca rescatar y enfatizar el papel central que jugó América Latina en la crisis. Keller critica que los historiadores no hayan estudiado cómo América Latina  influyó en la crisis, ni cómo esta cambió a América Latina. La autora sostiene que la gente común (everyday people) y los gobiernos latinoamericanos causaron la crisis, trabajaron para resolverla y experimentaron sus consecuencias. La autora es muy clara: Kennedy, Khruschev  y Castro influyeron en los latinoamericanos, pero a su vez sus decisiones y acciones fueron influidas por el contexto hemisférico y por las acciones de los hombres y mujeres latinoamericanos.

Para Keller, la crisis de los misiles fue un evento hemisférico y para demostrarlo recurre a una metodología que combina un enfoque macro – que pretende enfocar todo el hemisferio– con un enfoque micro que se concentra en las acciones individuales y colectivas de la gente ordinaria. La autora también mezcla metodologías transnacionales e internacionales y enfatiza  las conexiones que transcienden los límites ideológicos y políticos. Keller propone hacer una historia de la crisis con un enfoque amplio que incluya a todos los pueblos y gobiernos latinoamericanos.

Choque de superpotencias, misiles en Cuba y 13 días de extrema tensión: la crisis de octubre que casi lleva al mundo al invierno nuclear | CNN

Una de las grandes aportaciones de su análisis es su propuesta de una nueva forma de entender y estudiar la historia de la Guerra Fría en América Latina, lo que ella denomina la Guerra Fría hemisférica. Keller propone enfatizar las acciones y preocupaciones de los latinoamericanos sin dejar fuera a la URSS ni a EEUU. Se trata de reconocer el papel protagónico de soviéticos y estadounidenses –como también del conflicto entre comunismo y capitalismo –, pero insistiendo en el rol crucial que jugaron otros actores y conflictos,  tanto en la Crisis de los Misiles como en el desarrollo de  la Guerra Fría en el hemisferio occidental. En otras palabras, Keller propone ir más allá del análisis de  la competencia entre bloques y del conflicto comunismo-capitalismo, romper con el enfoque binario entre izquierda y derecha, superar las fronteras nacionales y evitar un enfoque centrado en la política exterior de EEUU.  Keller subraya la necesidad de equilibrar las preocupaciones tradicionales del análisis de la Guerra Fría, prestando atención a luchas más profundas, a actores diversos y a factores locales y regionales del conflicto. De esta forma, la autora hace una aportación significativa a la discusión del significado de la Guerra Fría en América Latina, que busca superar las interpretaciones tradicionales de esta como un conflicto en el que se vieron atrapados los latinoamericanos.

Otra aportación de Keller es su propuesta de ver la Guerra Fría como una batalla alrededor de tres valores compartidos: seguridad, soberanía y solidaridad. Según la autora, estos valores dieron forma no solo a la Crisis de los Misiles, sino también a la Guerra Fría hemisférica. Keller examina cómo estos tres valores fueron usados y discutidos durante la crisis por quienes condenaban y defendían a Cuba. Por seguridad (security) los latinoamericanos  se referían a protección (safety), no solo de la amenaza de las armas nucleares y convencionales, sino también de la violencia que podían generar sus conciudadanos y sus gobiernos. La soberanía fue un elemento clave durante la crisis. Cuando los latinoamericanos demandaban soberanía, defendían los principios de autodeterminación y de no intervención; es decir, reclamaban autoridad total para gobernarse y definir sus políticas exteriores. Aunque históricamente Estados Unidos había sido la principal amenaza a la soberanía latinoamericana, la Guerra Fría introdujo dos nuevos peligros: la presencia de la URSS y la infiltración comunista.  Durante la crisis, los pueblos y líderes latinoamericanos reaccionaron ante este nuevo escenario reclamando el respeto a su soberanía y a la de Cuba en algunos casos. Igual algunos se sintieron decepcionados por la pérdida de soberanía que significó para ellos que Cuba aceptara los misiles soviéticos. En cuanto a la solidaridad, Keller la define como un sentimiento y una práctica de apoyo mutuo, reciprocidades estratégicas, lazos de afecto, causas comunes y experiencias compartidas. Aunque tradicionalmente asociada a  los grupos de izquierda, durante la crisis la solidaridad se mostró de una forma más amplia y compleja. Con relación a estos tres valores, la autora concluye que durante la Crisis de los misiles los latinoamericanos “debated, demonstrated, and transformed their understandings of security, sovereignty, and solidarity”. (4)

60 años de la crisis de los misiles cubanos: al borde de la guerra atómica | Cultura

Para Keller, estos valores son tan importantes que pareciera proponer un nuevo paradigma para el estudio de la Guerra Fría basado en ellos. La autora argumenta que los valores compartidos de seguridad, soberanía y solidaridad no son exclusivos de América Latina y que, por ende, son útiles para desarrollar un nuevo modelo para estudiar la Guerra Fría a nivel global.   Además, al cambiar nuestra atención  del conflicto bilateral y enfocarnos en otras partes del mundo – como América Latina – la Guerra Fría resulta ser menos fría y mucho más compleja.

Keller analiza la crisis a partir de tres preguntas: ¿qué la causó?, ¿por qué no provocó una guerra nuclear? y ¿cuál es su importancia? Veamos sus respuestas.

Keller elabora una explicación muy amplia de las causas de la crisis, destacando el papel de los pueblos y gobiernos latinoamericanos. La Revolución Cubana   impactó a América Latina, generando entusiasmo, pero también miedo. Esto influyó en cómo los gobiernos latinoamericanos reaccionaron a la revolución, pues unos defendieron y otros atacaron a Castro. A mayor radicalización de la revolución, mayor radicalización de sus oponentes  regionales, que buscaron socavarla y aislar a Cuba. El apoyo y solidaridad   dados por Castro a movimientos revolucionarios se convirtió en algo inaceptable para  políticos y líderes estadounidenses y latinoamericanos (especialmente centroamericanos y caribeños). Los líderes de la derecha latinoamericana, los exiliados cubanos y el gobierno estadounidense trabajaron en conjunto para aislar a Cuba de la comunidad interamericana.  Los intentos para acabar y aislar  la Revolución, y  la cada vez más  fuerte retórica antirrevolucionaria, convencieron a Castro y Khruschev de que la seguridad y la soberanía de Cuba estaban en peligro. Para ellos era necesario tomar medidas drásticas que garantizaran la seguridad de la isla. De ahí la oferta soviética de misiles nucleares y su aceptación por Castro. En palabras de la autora, “The Cuban Missile Crisis, then began with a tragic irony: Those who were trying to weaken Castro unintentionally inspired the Soviets to offer him stronger weapons than had ever before been introduced into the Western hemisphere beyond US soil”. (2)

La crisis de los misiles - Fernando Díaz Villanueva

En cuanto a por qué la crisis se resolvió sin llegar a una guerra nuclear, la autora elabora una explicación con una fuerte participación latinoamericana. Según ella, Kennedy y Khrushchev entendieron que estaban perdiendo el control de la situación ante la creciente violencia en América Latina (los casos más extremos fueron Bolivia y Venezuela), la presión a favor de una intervención militar por parte de los halcones del Pentagono, los líderes centroamericanos y caribeños y los exiliados cubanos, y la actitud frenética de Castro que culminó con el derribo de un avión espía estadounidense. En otras palabras, la crisis terminó pacíficamente porque la situación en América Latina “was spinning out of control and becoming increasingly violent”. (237) Ambos líderes, y en especial Khrushchev, entendieron la inminencia de una guerra nuclear e hicieron todo lo que les fue posible para evitarla.

Con relación a la tercera pregunta, Keller argumenta que la crisis importa porque forzó a las personas y gobiernos latinoamericanos a confrontar la Guerra Fría y el papel que jugaban en ella. La crisis los obligó a cuestionarse lo que entendían por seguridad, soberanía y solidaridad. Según ella, la crisis forzó a los latinoamericanos a reconocer que sus destinos estaban conectados. Los obligó a  entender que lo que pasara en Cuba le podría afectar a todes.

 163La crisis también es importante por sus consecuencias. Keller insiste en que la Crisis de los Misiles no duró trece días, pues tardó años en producirse y sus consecuencias sobre América Latina y las relaciones interamericanas se extendieron por décadas. La crisis tuvo diversas consecuencias para los ciudadanos y estados latinoamericanos:

  • La promesa de Kennedy de invadir Cuba si los misiles eran retirados frustró a los exiliados cubanos y a los líderes de la región caribeña, para quienes Castro era una amenaza para su seguridad. Estos se sintieron traicionados por Kennedy.
  • La crisis resolvió la división en la OEA sobre el tema cubano y fortaleció el liderazgo estadounidense en dicha organización.
  • La crisis debilitó los lazos de EE.UU. con países que siguieron su propio camino (Brasil) y los fortaleció con quienes cooperaron con ellos (Argentina, Venezuela).
  • El desenlace de la crisis cambió la imagen de los líderes cubanos a una de debilidad y dependencia. Para algunos, al aceptar los misiles, Cuba se convirtió en un satélite soviético.
  • La imagen de Khrushchev también sufrió daño por haber roto sus promesas de defender a Cuba en su momento de mayor necesidad.
  • Muchos izquierdistas latinoamericanos llegaron a la conclusión de que no podían depender ni de Cuba ni de la URSS “and instead had to look inward or to China.” (231)
  • La crisis casi provocó un rompimiento cubano-soviético porque Castro y el pueblo cubano se sintieron traicionados por sus aliados soviéticos.
  • La crisis facilitó la creación de la primera zona libre de armas nucleares con la firma del Tratado de Tlatelolco en 1967

 

En conclusión, este es un excelente libro, cuya lectura es obligatoria para todos aquellos interesados no solo en la Crisis de los Misiles, sino también en la Guerra Fría latinoamericana y global. Solo tengo una crítica que hacerle a Keller. La autora prometió una nueva historia de la Crisis de los Misiles con un enfoque amplio que incluiría a todos los pueblos y gobiernos de América Latina. Su enfoque es impresionantemente amplio, pero no cubre a todos los pueblos y gobiernos latinoamericanos porque Puerto Rico no recibe la atención que merece. Keller menciona a Puerto Rico, pero no examina el papel que la isla jugó durante la crisis, ni cómo el gobierno y los puertorriqueños reaccionaron. Ello a pesar de la situación colonial de Puerto Rico y de la enorme importancia militar de la isla para Estados Unidos en 1962.

Dr. Norberto Barreto Velázquez

Lima, Perú, 8 de febrero de 2026

En julio  se cumplieron cien años de un juicio histórico que nos  recuerda,  que el oscurantismo y el fundamentalismo cristiano no son fenómenos nuevos de la historia estadounidense. El 10 de julio de 1925 comenzó en la pequeña ciudad de Dayton, Tennessee, el juicio contra el maestro de escuela superior John Thomas Scopes, acusado de violar la Butler Act,  una ley estatal prohibiendo la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas públicas. El llamado Scopes Monkey Trial trascendió los límites locales y se convirtió en una lucha de alcance nacional entre los sectores conservadores anti-evolucionistas y los grupos liberales defensores no sólo del evolucionismo, sino también de la separación de la Iglesia y el Estado, de la libertad académica y del pensamiento crítico.

En este ensayo publicado en LA Progressives, el historiador Berry Craig hace un análisis muy interesante del desarrollo del juicio y de su significado histórico, especialmente, en el contexto actual de la sociedad estadounidense. Subraya el sensacionalismo que desató el juicio (fue el primero transmitido en vivo por radio) y el papel destacado que jugaron el político demócrata William Jennings Bryan  y el famoso abogado Clarence Darrow. El primero fungió como fiscal, mientras que Darrow fue el abogado defensor de Scopes. El punto más álgido del juicio fue, sin duda, el interrogatorio a que Darrow sometió a Bryan, a quien llamó al estrado como experto en Biblia.

Quienes estén interesados en la intersección de la historia política y religiosa, y en el debate sobre qué papel debe jugar la religión en la educación, encontrarán este ensayo de interés.

Craig es profesor emérito de historia en el West Kentucky Community and Technical College en Paducah, y autor y escritor independiente.


Scopes Trial Centennial Celebration - College of Arts and Sciences

Ecos del caso Scopes  

Berry Craig

Progresistas de Los Ángeles 11 de julio de 2025

Hoy recuerdo lo que Lela Scopes me dijo sobre su famoso hermano para mi  historia de Paducah, Kentucky, Sun hace 46 años.

Dijo que antes de que John Thomas Scopes se fuera a enseñar ciencias y entrenar fútbol en la escuela secundaria del condado de Rhea en Dayton, Tennessee, en 1924, explicó: “Voy allí porque es una ciudad pequeña con una escuela pequeña donde no me meteré en aguas profundas”.

El joven de 24 años de Paducah, flaco, con gafas y cara pecosa, terminó siendo el acusado en una de las batallas judiciales más sensacionalistas de la historia.

Hace un siglo, este mes, Scopes fue condenado por violar la Ley Butler, una ley del estado de Tennessee que prohibía la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas. Su castigo fue una multa de $ 100.

Pero el llamado “Monkey Trial” acaparó los titulares de los periódicos de todo el mundo. Docenas de reporteros convergieron en Dayton. También lo hicieron los avivadores de tiendas de campaña y enjambres de vendedores ambulantes que vendían palomitas de maíz y limonada rosa y se apresuraban a comprar Biblias y recuerdos, incluidos monos de peluche.

“The State of Tennessee v John Thomas Scopes” también fue el primer juicio transmitido en vivo por radio.

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John Thomas Scopes

Entrevisté a Lela Scopes en agosto de 1979, cuando escribía  artículos para el Sun. También dijo que a John le había preocupado lo que su madre podría pensar del juicio: “Tenía miedo de que saliera en el periódico de Louisville, mamá lo leyera y pensara que era un exaltado”.

De todos modos, como dijo Mark Twain, “la historia no se repite, pero a menudo rima”, y ahora es uno de esos tiempos de rima.

“La educación pública está una vez más bajo el asedio de un esfuerzo sostenido de los nacionalistas cristianos para desdibujar la línea entre la iglesia y el estado”, advierte A.J. Schumann, miembro de organización juvenil de Americans United for Separation of Church and State.

Al igual que hoy, la década de 1920 fue una época de “rápidos cambios sociales, económicos y culturales”, dijo David Krueger, profesor emérito de historia en West Kentucky Community and Technical College en Paducah.

Scopes admitió que cubrió la evolución cuando sustituyó al profesor de biología ausente. (En su afán por prohibir la evolución, los legisladores de Tennessee no eliminaron el libro de texto de biología aprobado por el estado, que incluía la evolución).

Scopes creía en la evolución y aceptó ser juzgado por principios.

El juicio, que comenzó el 10 de julio de 1925 y concluyó el 21 de julio, fue esencialmente un choque de valores en competencia: la ciencia urbana y el modernismo contra el cristianismo fundamentalista protestante rural de antaño.

“La causa defendida en Dayton es una causa continua que ha existido a lo largo de la breve historia del hombre y continuará mientras el hombre esté aquí”, escribió Scopes en Center of the Storm, sus memorias de 1967. “Es la causa de la libertad, por la cual el hombre debe hacer lo que pueda”.

Los abogados encarnaron la colisión de valores. Tennessee convocó a William Jennings Bryan de Nebraska como fiscal especial. Un campeón fundamentalista, había sido congresista demócrata, secretario de Estado y tres veces  candidato presidencial demócrata

La Unión Estadounidense  por las Libertades Civiles contrató a Clarence Darrow para dirigir el equipo de defensa de Scopes. Darrow era ampliamente considerado el más importante abogado defensor del país. Era de Chicago, creía en la evolución y era agnóstico

Bryan y Darrow se batieron en duelo como gladiadores en el sofocante calor del este de Tennessee en pleno verano. La sala del tribunal se calentó tanto que el juicio se trasladó al aire libre al césped del palacio de justicia a la sombra de los árboles, donde la multitud de espectadores creció aún más.

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Darrow y Bryan durante el juicio

Bryan obtuvo una condena como se esperaba. Pero los progresistas, incluidos  los cristianos liberales, creían que la ciencia y la razón habían vencido a la “EVIL-lution” en el tribunal de la opinión pública. Ellos señalaron el 20 de julio cuando Darrow llamó a Bryan al estrado como experto en Biblia.

“No hubo piedad por la impotencia del creyente que llegó tan repentina e inesperadamente en un momento en que no pudo reconciliar las declaraciones de la Biblia con los hechos generalmente aceptados”, informó The New York Times. “No había piedad por sus admisiones de ignorancia de las cosas que los niños y las niñas aprenden en la escuela secundaria, sus tambaleantes confesiones de que no sabía prácticamente nada de geología, biología, filología, poco de religión comparada y poco incluso de historia antigua”.

En Only Yesterday, su crónica de 1931 de la década de 1920, Frederick Lewis Allen escribió: “Teóricamente, el fundamentalismo había ganado, porque la ley se mantenía. Sin embargo, en realidad el fundamentalismo había perdido. Los legisladores podrían seguir aprobando leyes contra la evolución, y en el interior los piadosos podrían seguir manteniendo su religión encerrada en un compartimento de sus mentes a prueba de ciencia; pero la opinión civilizada de todas partes había mirado el juicio de Dayton con asombro y diversión, y el lento alejamiento de la certeza fundamentalista continuó”.

Allen y los progresistas de su época no dieron en el blanco. Donald Trump y su Partido Republicano deben gran parte de su éxito electoral a  los evangélicos cristianos blancos del “Dios lo dijo”. Lo creo. Eso lo resuelve”.

Schumann advirtió que “la retórica nacionalista cristiana de hoy  se hace eco de las ansiedades antimodernistas de la década de 1920: el temor de que el secularismo esté destruyendo los ‘valores tradicionales’ y que las instituciones públicas deberían reflejar una ‘América cristiana’“.

Escribió que la Primera Enmienda protege a todos los estadounidenses “de que el estado les imponga un solo sistema de creencias”, un hecho que parece haberse perdido en gran parte del Partido Republicano en estos días.

Schumann concluyó que el juicio de Scopes “nos recuerda que la separación de la iglesia y el estado no es algo que podamos dar por sentado. Es un principio que debe defenderse activamente, especialmente en momentos de ansiedad cultural y división política, cuando los llamados a volver a algún pasado mítico se hacen más fuertes”.

Scopes murió en 1970 a los 70 años. Está enterrado en la parcela familiar en el cementerio Oak Grove de Paducah junto a su esposa, Mildred, y cerca de Lela, quien murió en 1989 a los 92 años. “Un hombre de coraje” es su epitafio. Un marcador histórico estatal en la entrada principal del cementerio habla de él.

Scopes no dijo una palabra durante el juicio. Tuvo su oportunidad al final.

Después de que el jurado emitió el veredicto de culpabilidad esperado y el juez multó a Scopes con $ 100, uno de sus abogados señaló que al acusado se le había negado el derecho a hablar antes de la sentencia.

“Su Señoría, siento que he sido condenado por violar un estatuto injusto”, dijo Scopes. “Continuaré en el futuro, como lo he hecho en el pasado, oponiéndome a esta ley de cualquier manera que pueda. Cualquier otra acción violaría mis ideales de libertad académica, es decir, enseñar la verdad garantizada en nuestra Constitución, de libertad personal y religiosa. Creo que la multa es injusta”.

Después de que Scopes terminó, el juez repitió la multa. El veredicto fue anulado más tarde por un tecnicismo, escribió Schumann, pero la Ley Butler no fue derogada hasta 1967.


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

 

 

En este breve ensayo, Robert Reich hace una comparación muy atinada entre  las actitudes e ideas que predominan entre  la oligarquía y la clase política estadounidenses actuales, con la de sus homólogos de un periodo de la historia estadounidenses conocida como la Gilded Age.

Finalizadas la guerra civil  y la reconstrucción del Sur, la sociedad estadounidense experimentó importantes cambios económicos y sociales. Este periodo que se extendió hasta las primeras décadas del siglo Siglo XX, fue bautizado por el escritor Mark Twain como la Gilded Age. Durante este etapa, la agricultura se mecanizó convirtiendo a los Estados Unidos en una potencia agrícola mundial. Sin embargo, los granjeros terminaron siendo víctimas de su éxito, afectados severamente por la caída de los precios de sus productos, sus deudas y su dependencia en los ferrocarriles. Su respuesta fue organizarse en alianzas regionales y fundar un partido político. La manufactura creció hasta convertir al país en una potencia industrial. Con la industrialización surgió una un clase media pujante y una numerosa clase trabajadora, que se organizó sindicalmente para reclamar mejores salarios y condiciones de trabajo.

El crecimiento económico dio vida a una fuerte e influyente oligarquía. Los empresarios   explicaron su éxito personal como el resultado del trabajo duro y la persistencia, y convirtieron esas características en los principios de una nueva religiosidad basada en la búsqueda de riqueza.  El llamado “evangelio de la riqueza” fue usado para justificar los excesos de los empresarios norteamericanos que la industrialización dio vida: corrupción, individualismo, materialismo, superficialidad, egoísmo, etc.  Como bien señala Reich, las ideas de Charles Darwin sobre la evolución de las especies sirvieron para justificar  la acumulación de la riqueza, la desigualdad y la explotación. Es así como surge el llamado darwinismo social, asociado a la figura del pensador inglés Herbert Spencer, quien aplicó de forma casi mecánica las ideas expuestas por Darwin en su clásico libro On the Origin of the Species (1859). Según los defensores del darwinismo social, las relaciones entre los seres humanos estaban determinadas por la competencia y la “supervivencia del más apto”.

El profeta del darwinismo social en Estados Unidos fue el profesor William Graham Sumner de la Universidad de Harvard, quien en 1883 escribió un libro titulado What Social Classes Owe Each Other, alegando que sólo un pequeño grupo de seres humanos era capaz de superar los placeres personales y producir el capital necesario para movilizar la economía. Por lo tanto, las riquezas que estos acumulaban eran producto de su superioridad, no de la corrupción o de la explotación de sus trabajadores. Para Sumner, la inferioridad del resto de la población los condenaba a vivir en  la pobreza. Pretender alterar este orden “natural” con programas de ayuda a los pobres o de redistribución de la riqueza  era para Sumner,  no solo un error, sino también un peligro para la sociedad.

De manera muy atinada, Reich identifica los fuertes componentes del darwinismo social que caracterizan el pensamiento y el accionar de quienes hoy gobiernan y controlan la riqueza en Estados Unidos. La continuidades son impresionantes. Está por verse si como hizo a principios del Siglo XX la sociedad estadounidense actual podrá derrotar a lo que Reich llama el segundo Gilded Age.

Robert Reich es un economista estadounidense con una larga carrera universitaria y de servicio público. Fue Secretario de Transportación durante la primera administración de Bill Clinton y formó parte del consejo asesor de Barack Obama. Ha sido profesor en la Universidad de California en Berkeley y en la Universidad de Harvard.


On the Metaphor of Social Darwinism Inherent to the American Progress Narrative - Mike Hilbig

El resurgimiento del darwinismo social

Robert Reich 29 de mayo de 2025

Amigos,

Recortar Medicaid para dar a los multimillonarios un enorme recorte de impuestos. Pero, ¿por qué?

Dicen que quieren un gobierno más pequeño, pero no puede ser.

La mayoría busca una defensa nacional más grande y una seguridad nacional más fuerte. Casi todos quieren ampliar los poderes del gobierno de búsqueda y vigilancia dentro de los Estados Unidos, expurgando a los inmigrantes indocumentados, “asegurando” las fronteras de la nación. Quieren sentencias penales más severas. Muchos también quieren que el gobierno se entrometa en los aspectos más íntimos de la vida privada.

Muchos se llaman a sí mismos conservadores, pero tampoco es así.

No quieren conservar lo que ahora tenemos. Preferirían hacer retroceder al país: antes de la Environmental Protection Act, antes de Medicare y Medicaid, antes del New Deal y su provisión para la Seguridad Social, el seguro de desempleo, la semana laboral de 40 horas, antes del reconocimiento oficial de los sindicatos, incluso antes del primer impuesto nacional sobre la renta, las leyes antimonopolio y la Reserva Federal.

Algunos dicen que quieren que a la clase trabajadora estadounidense le vaya mejor. Pero eso tampoco puede ser, porque están recortando Medicaid y otras redes de seguridad de las que depende la clase trabajadora para financiar un enorme recorte de impuestos para los súper ricos. Y apoyan los aranceles que aumentarán los costos de casi todo lo que compra la clase trabajadora.

La América que realmente buscan es la última que tuvimos el Gilded Age  de finales del siglo XIX.

The Social Darwinism of International Law

“Estuvimos en nuestro punto más rico desde 1870 hasta 1913. Eso fue cuando éramos un país arancelario. Y luego pasaron a un concepto de impuesto sobre la renta”, dijo Trump en enero.

Sí, tuvimos aranceles durante lasa Gilded Age. También fue una época en la que la nación estaba hipnotizada por la doctrina de la libre empresa, aunque pocos estadounidenses disfrutaban realmente de mucha libertad.

Los barones ladrones como el financiero Jay Gould, el magnate ferroviario Cornelius Vanderbilt y el magnate del petróleo John D. Rockefeller controlaban gran parte de la industria estadounidense.

Corrompieron la política estadounidense. Sus lacayos literalmente depositaban sacos de dinero en los escritorios de los dóciles legisladores.

La brecha entre ricos y pobres se convirtió en un abismo. Los barrios marginales urbanos se enconaron. Las mujeres no podían votar. Los afroamericanos estaban sujetos a la segregación racial del sistema Jim Crow.

William Graham Sumner - Wikipedia

William Graham Sumner,

Lo más revelador es que era una época en la que las ideas de William Graham Sumner, profesor de ciencias políticas y sociales en Yale, dominaban el pensamiento social estadounidense.

Sumner trajo las ideas de  Charles Darwin a Estados Unidos y las deformó, convirtiéndoles  en una teoría que se ajustaba a su tiempo.

Pocos de los estadounidenses que viven hoy en día han leído alguno de los escritos de Sumner, pero durante las últimas tres décadas del siglo XIX tuvieron un efecto electrizante en Estados Unidos.

Para Sumner y sus seguidores, la vida era una lucha competitiva en la que solo los más aptos podían sobrevivir, y a través de esta lucha, las sociedades se fortalecieron con el tiempo.

Un correlato de este principio era que el gobierno debía hacer poco o nada para ayudar a los necesitados, porque eso interferiría con la selección natural.

Escuchen los debates republicanos de hoy y escucharán una regurgitación continua de Sumner. Como escribió Sumner en la década de 1880:

“La civilización tiene una elección simple [de] libertad, desigualdad, supervivencia del más apto [o] no libertad, igualdad, supervivencia del menos apto. El primero lleva adelante a la sociedad y favorece a todos sus mejores miembros; lo último arrastra a la sociedad hacia abajo y favorece a todos sus peores miembros”.

¿Te suena familiar?

Trump y sus republicanos en el Capitolio no solo se hacen eco de los pensamientos de Sumner, sino que imitan la supuesta arrogancia de Sumner. Dicen que debemos recompensar a los “empresarios” (con lo que se refieren a cualquiera que haya ganado un montón de dinero) y nos advierten que no “mimemos” a las personas necesitadas (por ejemplo, quieren poner requisitos de trabajo en Medicaid).

Se oponen a extender el seguro de desempleo porque, dicen, no deberíamos “darle dinero a la gente por no hacer nada”.

Sumner, del mismo modo, advirtió contra las dádivas a personas a las que calificó de “negligentes, ineficientes, tontas e imprudentes”.

Trump y otros legisladores republicanos están totalmente en contra de aumentar los impuestos a los multimillonarios, basándose en la lógica estándar republicana de que los multimillonarios crean empleos.

Aquí está Sumner, hace más de un siglo:

“Los millonarios son el producto de la selección natural, que actúa sobre todo el cuerpo de los hombres para seleccionar a aquellos que pueden cumplir con el requisito de cierto trabajo a realizar. … Es porque son así seleccionados que la riqueza se acumula bajo sus manos, tanto la suya propia como la que se les confía. Pueden ser considerados con justicia como los agentes naturalmente seleccionados de la sociedad”. Aunque viven en el lujo, “el negocio es bueno para la sociedad”.

El darwinismo social ofrecía una justificación moral para las salvajes desigualdades y crueldades sociales de finales del siglo XIX, la época en la que, según Trump, “éramos los más ricos”.

El darwinismo social permitió a John D. Rockefeller afirmar que la fortuna que acumuló a través de su gigantesco Standard Oil Trust era “simplemente una supervivencia del más apto”. Era, insistía, “la realización de una ley de la naturaleza y de Dios”.

El darwinismo social también socavó todos los esfuerzos de la época para construir una nación de prosperidad de amplia base y rescatar nuestra democracia del férreo control de unos pocos en la cima. Fue utilizado por los privilegiados y poderosos para convencer a todos los demás de que el gobierno no debía hacer mucho de nada.

Unit 3: 1865 - 1898 - The Gilded Age - TAYLOREDTEACHINGS

No fue hasta el siglo XX que Estados Unidos rechazó el darwinismo social. En lugar de darwinismo social, creamos una sociedad inclusiva. Creamos la clase media más grande de la historia del mundo, que se convirtió en el núcleo de nuestra economía y democracia.

Construimos redes de seguridad para atrapar a los estadounidenses que cayeron por causas ajenas a su voluntad. Diseñamos regulaciones para proteger contra los inevitables excesos de la codicia del libre mercado.

Gravamos a los ricos e invertimos en bienes públicos —escuelas públicas, universidades públicas, transporte público, parques públicos, salud pública— que nos mejoraron la situación de todos.

En resumen, rechazamos la noción de que cada uno de nosotros está solo en una competencia competitiva por la supervivencia. Dependíamos los unos de los otros.

Pero ahora Estados Unidos está en su segunda Gilded Age, y sus nuevos barones ladrones han encontrado la misma lógica que en la Primera.

Con Trump y sus perros falderos en la Cámara de Representantes y el Senado, el darwinismo social está de regreso.


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

El Gilder Lehrman Institute ha anunciado que la ganadora del 2025 Gilder Lehrman Lincoln Prize, es la Dr. Edda L. Fields-Black  profesora de la Carnegie Mellon University. El libro premiado es: COMBEE: Harriet Tubman, the Combahee River Raid, and Black Freedom During the Civil War (Oxford University Press).

“ReferDe acuerdo con Oxford University Press: “Este libro ofrece el primer relato completo del servicio de Harriet Tubman en la Guerra Civil y el asalto al río Combahee. Detalla cómo Tubman comandó un grupo de espías y exploradores, y participó en expediciones militares detrás de las líneas confederadas. También relata, en sus propias palabras, la historia de familias esclavizadas que luchaban por su libertad. El libro utiliza más de 175 archivos de pensiones de soldados de la guerra civil de los Estados Unidos de los regimientos del Segundo Cuerpo de Voluntarios de Carolina del Sur, incluido el de Tubman. Se basa en documentación original y está escrito por un descendiente de los hombres y mujeres esclavizados que lucharon en él y en el proceso se liberaron a sí mismos.»(1)

Los finalistas al premio son:

  • Robert K. D. Colby, An Unholy Traffic: Slave Trading in the Civil War South (Oxford University Press)
    • Lesley J. Gordon, Dread Danger: Cowardice and Combat in the American Civil War(Cambridge University Press)
    • Jon Grinspan, Wide Awake: The Forgotten Force That Elected Lincoln and Spurred the Civil War(Bloomsbury Publishing)
    • Allen C. Guelzo, Our Ancient Faith: Lincoln, Democracy, and the American Experiment(Knopf)
    • Nigel Hamilton, Lincoln vs. Davis: The War of the Presidents (Little, Brown and Company)

El Gilder Lehrman Lincoln Prize –uno de los más codiciados entre los historiadores de la guerra civil estadounidense– se otorga anualmente. El premio de 50.000 dólares fue cofundado y financiado por los empresarios y filántropos Lewis Lehrman y el difunto Richard Gilder, directores del Gilder Lehrman Institute of American History en Nueva York y cocreadores de la Gilder Lehrman Collection, uno de los archivos privados de documentos y museo de artefactos históricos más grandes de los Estados Unidos.

Gilder y Lehrman establecieron el  Lincoln Prize en 1990, junto con el Prof. Gabor Boritt, Director Emérito del Civil War Institute en el Gettysburg College. Desde que fundaron el premio en 1990, Gilder y Lehrman han otorgado más de $1 millón a los ganadores anuales, incluyendo premios especiales.


(1) Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Comparto con mis lectores este ensayo del historiador británico Marc-William Palen refutando la idea de que el uso coercitivo que está haciendo Trump de los aranceles es algo novedoso en la historia estadounidense. Según Palen, el Partido Republicano tiene una vieja historia de uso del  proteccionismo con fines imperiales. Esta se remonta a finales del siglo XIX y en específico, a la aprobación en 1890 del llamado arancel McKinley.

Para apoyar su argumento el autor analiza tres casos del uso por los republicanos de aranceles coercitivos y de la reciprocidad con objetivos políticos:  en la década de 1890 con la intención de forzar la anexión de Canadá; en 1901 para expandir el control político sobre Cuba y en los famosos casos insulares –especialmente Downes vs. Bidwell (1901)– con el fin de bloquear la posible migración a Estados Unidos de los sujetos coloniales adquiridos gracias a  la guerra con España de 1898.

El autor concluye que “el uso coercitivo de los aranceles por parte de Trump para cuestiones más allá del comercio no es nuevo, es un regreso a las raíces proteccionistas del Partido Republicano”.

Palen es profesor en la University of Exeter. Posee un doctorado de la University of Texas (Austin). Sus investigaciones buscan  comparar y contrastar los imperios británico y estadounidense desde mediados del siglo XIX.  Es autor de  The “Conspiracy” of Free Trade: The Anglo-American Struggle over Empire and Economic Globalisation, 1846-1896 (Cambridge University Press, 2016) y de Pax Economica: Left-Wing Visions of a Free Trade World (Princeton University Press, 2024).


Trump materializa su amenaza e impone aranceles a México, Canadá y China desde el martes | Actualidad EconómicaNo, el uso coercitivo de los aranceles por parte de Trump no es nuevo

Marc-William Palen

CIGH Exeter 13 de febrero de 2025 

El “hombre de los aranceles» Trump continúa destrozando el sistema comercial al mismo tiempo que hace demandas imperiales para la expansión territorial. Para sorpresa de casi todos, su gran plan colonial para “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” ahora incluye convertir a Canadá en el estado número 51, y usar la amenaza de aranceles punitivos para obtener lo que quiere.

Algunos, como Max Boot del Washington Post, han argumentado que el uso coercitivo de los aranceles por parte de Trump para obtener concesiones “no relacionadas con el comercio” es “novedoso”.

Pero aunque Trump a menudo cita al presidente William McKinley del siglo XIX  como su inspiración, Trump está usando los aranceles de manera muy diferente a la forma en que la mayoría de los otros presidentes de Estados Unidos, u otros líderes mundiales, los han usado. Por lo general, los aranceles se promulgan para aumentar los ingresos o para proteger a las industrias nacionales de la competencia extranjera. Trump, por el contrario, está utilizando los aranceles como un instrumento coercitivo del arte de gobernar para lograr objetivos que no están relacionados con el comercio.

El artículo de Boot plantea buenos puntos de comparación, incluidos paralelismos con la coerción económica china en la actualidad. Y estoy de acuerdo en que los resultados de los aranceles de Trump probablemente serán negativos para Estados Unidos.

Pero no estoy de acuerdo en que el uso coercitivo de los aranceles por parte de Trump sea nuevo; más bien, está sacado directamente del viejo libro de jugadas proteccionistas del Partido Republicano.

William McKinley

El uso coercitivo de los aranceles por parte del Partido Republicano para anexar Canadá en la década de 1890

Recientemente expuse uno de esos casos para la revista Time, sobre cuando el Partido Republicano utilizó el arancel McKinley de 1890, altamente proteccionista, con el objetivo de forzar la anexión de Canadá.

Y digamos que no funcionó según lo planeado.

Para presionar a Canadá para que se uniera a los EE.UU., el arancel McKinley se negó explícitamente a hacer una excepción para los productos canadienses. Los republicanos esperaban que los canadienses, que se estaban volviendo cada vez más dependientes del mercado estadounidense, estuvieran ansiosos por convertirse en el estado número 45 en evitar los aranceles punitivos.

El secretario de Estado James G. Blaine vio la anexión como una forma de eliminar la continua y contenciosa competencia por el pescado y la madera. Blaine, coautor del arancel McKinley, declaró públicamente que esperaba “un amor fraternal más grande y noble, que pueda unir al final” a Estados Unidos y Canadá “en una unión perfecta”. Blaine se declaró “totalmente opuesto a dar a los canadienses la satisfacción sentimental de ondear la bandera británica. . . y disfrutar de la remuneración real de los mercados americanos”. En privado, admitió ante el presidente Benjamin Harrison que al negar la reciprocidad, Canadá “en última instancia, creo, buscaría la admisión a la Unión”.

[…] Al igual que Trump, los republicanos de finales del siglo XIX querían anexionarse Canadá, que entonces todavía era una colonia británica. El impulso para hacer que Canadá fuera parte de los EE.UU. alcanzó un punto álgido después de la aprobación del arancel McKinley altamente proteccionista en 1890, que elevó las tasas arancelarias promedio a alrededor del 50%

[…] Una vez más, un presidente estadounidense está a punto de imponer aranceles contra Canadá y presionar para la anexión. Los dos temas serán, sin duda, centrales en las elecciones canadienses de 2025. Las amenazas de Trump podrían ser fácilmente contraproducentes, como lo hizo el arancel McKinley, lo que llevaría a la elección de políticos canadienses que prometen enfrentarse a él, responder ojo por ojo a cualquier arancel que promulgue y, en cambio, buscar otros socios comerciales. El resultado sería que los consumidores estadounidenses pagarían el precio en las líneas de pago, mientras que los fabricantes estadounidenses también podrían decidir trasladarse a Canadá. Y la disputa arancelaria podría provocar más conflictos con Canadá en el futuro. En otras palabras, el “hombre de los aranceles” Trump estaría una vez más cortándole la nariz a su país para fastidiar a Canadá.

Así es como el Partido Republicano trató de usar aranceles punitivos, junto con la retención del comercio recíproco, para anexionarse Canadá a través del arancel McKinley de 1890, un momento crucial que se explora con mucho más detalle en mi libro de 2016, The “Conspiracy” of Free Trade: The Anglo-American Struggle over Empire and Economic Globalisation, 1846-1896 (Cambridge University Press, 2016).

The 'Conspiracy' of Free Trade: The Anglo-American Struggle over Empire and Economic Globalisation, 1846–1896

El uso coercitivo de los aranceles por parte del Partido Republicano para expandir el control político en Cuba, c. 1901

En otras ocasiones, sin embargo, el Partido Republicano proteccionista ofrecía reciprocidad con fines políticos coercitivos.

Como he comentado anteriormente para el Washington Post durante el primer mandato de Trump, su “palabra favorita” -reciprocidad- había proporcionado al Partido Republicano una herramienta coercitiva, unilateral y condicional de represalia desde la década de 1890 que, en algunos casos, permitió a Estados Unidos afirmar el control político y económico sobre los signatarios reacios, como en el caso de Cuba.

El Partido Republicano de la Gilded Age, paranoico por la amenaza que representaban los británicos librecambistas y temeroso del multilateralismo, implementó su visión comercial restrictiva a través de las disposiciones de reciprocidad contenidas en el arancel McKinley de 1890, altamente proteccionista. Entonces, como con Trump hoy, la versión de reciprocidad del Partido Republicano era bilateral y condicional. Cualquier reducción arancelaria mutuamente acordada se aplicaría únicamente a los Estados Unidos y al otro signatario, lo que limitaría el alcance de la liberalización comercial a los dos países involucrados.

[…] En 1892, el presidente republicano Benjamin Harrison se postuló para la reelección con el lema de campaña “Protección y reciprocidad”. (Incluso tenía dos zarigüeyas como mascotas llamados “Sr. Reciprocidad” y “Sr. Protección”). La plataforma republicana de 1896 también llamó a estas “medidas gemelas de la política republicana” que “van de la mano”.

Las connotaciones coercitivas de la reciprocidad al estilo republicano adquirieron dimensiones cada vez más imperiales con el cambio de siglo. Después de la Guerra de 1898, los Estados Unidos adquirieron formalmente numerosas colonias en el Caribe y el Pacífico del Imperio Español vencido. Si bien la antigua colonia española de Cuba siguió siendo independiente en principio a principios de siglo, el presidente republicano Theodore Roosevelt trabajó para hacerla similar a una colonia estadounidense en la práctica a través de la reciprocidad.

En su mensaje de 1901 al Congreso, Roosevelt reconoció que “la reciprocidad debe ser tratada como la sierva de la protección” y debe extenderse a Cuba. Profundizando en esto, explicó que la reciprocidad le daría a Estados Unidos el control informal del “mercado cubano y por todos los medios fomentar nuestra supremacía en las tierras y aguas tropicales al sur de nosotros”.

Vale la pena destacar aquí el último párrafo, y no solo porque Trump, para inaugurar la semana “Made in America” en 2017, declaró que “la reciprocidad debe ser tratada como la sierva de la protección”, una frase tomada directamente del mensaje de Teddy Roosevelt de 1901. Pero también porque fue en el contexto del uso de la “protección y la reciprocidad” no solo para expandir el control económico de Estados Unidos sobre los signatarios, sino también el control político.

Three Tariffs that led to Depression - Market Mad House

Uso de aranceles por parte del Partido Republicano para limitar la inmigración

 No estoy convencido de que los temas de inmigración estén “completamente desconectados del comercio”, como se citó a un experto en el artículo de Boot en  el Washington Post al que se hizo referencia al principio. Pero por el bien del argumento, supongamos que están desconectados.

Si es así, entonces aquí también podemos encontrar precedentes históricos del pasado proteccionista del Partido Republicano en los que utilizaron los aranceles con fines políticos antiinmigración: durante la presidencia de William McKinley, y con el apoyo explícito de la Corte Suprema controlada por los republicanos a través de la decisión de 1901 Downes v. Bidwell.

Como he comentado anteriormente para el History News Network, el Australian, y aquí en el Imperial and Global Forum, el respaldo legislativo del Tribunal Supremo a los aranceles contra su propia colonia -Puerto Rico- trascendió las cuestiones comerciales.

Al declarar que la Constitución no se aplicaba a las colonias estadounidenses recién adquiridas (et al. Puerto Rico y Filipinas) después de la reciente guerra de EE.UU. con España, que “la Constitución sigue la bandera… pero no lo alcanza del todo”, como dijo el secretario de Guerra Elihu Root en 1901, significaba que el gobierno de EE.UU. podía imponer aranceles contra ellos. Como señalé en 2017:

La decisión legal de la Corte Suprema en el caso Downes v. Bidwell (1901) se convirtió en el primero de los ahora infames Casos Insulares. Al permitir que McKinley y el Congreso implementaran aranceles proteccionistas sobre los productos puertorriqueños en lugar de otorgarles libre acceso al mercado estadounidense, la decisión “decretó” que la Constitución “no sigue la bandera”.

En Los “casos insulares” y el surgimiento del imperio estadounidense, Bartholomew Sparrow  nos ha recordado cómo las decisiones de la Corte Suprema tuvieron ramificaciones duraderas para el imperialismo estadounidense. Todavía en 1922, en el caso Balzac contra Puerto Rico, el Tribunal Supremo sostuvo que los puertorriqueños, aunque eran ciudadanos estadounidenses, no tenían garantizados los derechos de la Constitución de los Estados Unidos.

La decisión también facilitó la restricción de la inmigración de las colonias a los Estados Unidos continentales.

¿Por qué? Porque si la administración proteccionista republicana hubiera permitido que la Constitución siguiera la bandera, esto habría significado tratar a las colonias como los estados y territorios continentales de Estados Unidos. Esto, entonces, habría significado que los habitantes coloniales podrían haber emigrado a los Estados Unidos sin restricciones.

Lo he señalado en mi último libro Pax Economica: Left-Wing Visions of a Free Trade World (Princeton University Press, 2024).

“Sus votos a favor del libre comercio, sus votos a favor de la política fantasma [antiimperialista] de la bandera que sigue a la Constitución”, advirtió el congresista Charles Grosvenor (republicano de Ohio) en 1900, “no son más que una declaración de que los Sulus, los Tagals, los filipinos y toda la enorme horda de extranjeros en Asia que han venido a nosotros como una posesión” podrían entrar en los Estados Unidos en “abrumadoras columnas de  ¡Qué barato! — trabajo bajo y degradado”. Se plantearon temores similares sobre los migrantes de las colonias caribeñas de la nación. El órgano noticioso proteccionista American Economist reiteró la demanda racista de la revista Gunton’s Magazine de que Puerto Rico y Hawái “sean anexados permanentemente como colonias, sin derechos de ciudadanía estadounidense o estadidad”, para restringir la inmigración y la representación extranjera en el Congreso, y para sentar un “precedente imperial para Cuba, si finalmente fuera anexada”. La Corte Suprema de los Estados Unidos le dio al imperio proteccionista xenófobo su sello legal de aprobación a partir de su decisión de 1901 en el caso Downes v. Bidwell, que efectivamente dictaminó que el gobierno de los Estados Unidos podía imponer políticas arancelarias ad hoc a sus colonias, en contraste con una política interna de libre comercio que existía entre los estados de los Estados Unidos.

Los Casos Insulares, derivados de un arancel estadounidense a las naranjas puertorriqueñas, se han utilizado desde entonces para justificar la detención de prisioneros en la instalación naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo, Cuba (“adquirida” por Estados Unidos en 1903).

Ya sabes, ese lugar que Trump acaba de convertir en un campo de detención de migrantes.

Conclusión

El tipo imperial de proteccionismo del Partido Republicano tiene una larga y accidentada historia que se remonta a la década de 1890 y principios de 1900: un pasado coercitivo que aún permanece con nosotros. Se ha utilizado para anexar territorios, para ejercer control político sobre estados extranjeros, para restringir la inmigración y, ahora, para detener a migrantes en Cuba.

En otras palabras, el uso coercitivo de los aranceles por parte de Trump para cuestiones más allá del comercio no es nuevo, es un regreso a las raíces proteccionistas del Partido Republicano.


Traducido por Norberto Barreto Velázquez