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Seguimos conmerando el centenario de la aprobación de la 19ª Enmienda reconociendo el derecho al voto a las estadounidenses. En esta ocasión compartó una corta nota de Alisha Haridasani Gupta, reportera del New York Times, sobre el sufragismo estadounidense.


27 Pictures Of Badass Suffragists From American History

Sufragistas: una lucha con actitud por el voto femenino en EE.UU.

Alisha Haridasani Gupta

Clarín       9 de setiembre de 2020

Cuando en agosto Kamala Harris subió al escenario en una escuela secundaria de Delaware, después que Joe Biden anunciara que la había elegido como compañera de fórmula, intentó definirse como muchas cosas a la vez: senadora, mujer negra, mujer india, fiscal. Pero su papel más importante, “el que más importa”, dijo, es “momala”, madrastra de los dos hijos de su marido, Cole y Ella. Al elegir llevar la insignia de madre en el punto más alto de su carrera, Harris se insertó en un molde pertinaz en el que desde hace mucho se espera que encajen las mujeres poderosas: la figura cálida, maternal y amable que, como escribió Joan Williams, profesora de Derecho y directora del Center for Work Life Law, en una columna de opinión de The New York Times, se “centra en su familia y su comunidad, en lugar de trabajar en el interés propio”.

La idea de que las aptitudes vistas en una mujer están indisolublemente ligadas a su papel de cuidadora abnegada es una de las que han tenido un papel clave en la lucha de décadas por el derecho de la mujer al voto, sostiene Allison K. Lange, autora de Picturing Political Power: Images in the Women’s Suffrage Movement (Representar el poder político: Imágenes del movimiento por el sufragio femenino).

Es que a fines del siglo XIX y principios del XX, tanto los líderes pro-sufragio como los anti-sufragio utilizaron ideas sobre lo que las mujeres “deberían” ser para argumentar a favor y en contra del derecho al voto. Ambos bandos de esa grieta aprovecharon el surgimiento de la tecnología de la impresión y la fotografía para emprender lo que los historiadores definen como una de las primeras campañas políticas visuales coordinadas en la historia de los Estados Unidos. Y las sufragistas “fueron tan hábiles con las herramientas que tenían en ese momento como lo son ahora los manifestantes y los activistas”, en tanto utilizaban medios visuales para perfeccionar su mensaje y crear una marca reconocible al instante, escribe Susan Ware, historiadora y autora de Why They Marched: Untold Stories of the Women Who Fought For the Right of Vote (Por qué marchaban: Historias nunca contadas de las mujeres que lucharon por el derecho al voto). El resultado fue una vibrante propaganda de ambos lados, que ayudó a generar personajes y temas –desde la “comehombres” con sed de poder hasta la mujer moderna y trabajadora que podía compatibilizar todo– transmitidos a lo largo de las décadas y que siguen profundamente arraigados en la cultura actual.

Sufragistas en lucha por el voto femenino Estados Unidos.

Sufragistas en lucha por el voto femenino Estados Unidos.

Un tema recurrente en los antisufragistas –algunos de ellos mujeres– era que las mujeres supuestamente debían ser cuidadoras virtuosas y que darles el derecho al voto iría en detrimento de sus responsabilidades domésticas, como el cuidado de los hijos, la administración del hogar y el “mantenerse linda”, dijo Lange en una entrevista telefónica.

Ni bien se planteó la demanda del voto, quienes se oponían al sufragio femenino comenzaron a argumentar en contra de él, a menudo con medios visuales. Utilizaban grabados que se vendían como decoración para presentar sus ideales de “maternidad” y “femineidad” como diametralmente opuestos al sucio mundo de la política y la búsqueda agresiva del éxito en la vida pública. Las imágenes creadas en 1869 por una de las casas de grabados más destacadas de la época, Currier & Ives, a menudo pintaban a las mujeres que luchaban por el voto como “monstruos feos y desvergonzados”, que amenazaban con derribar el statu quo, reflexionó Lange. A menudo iban vestidas con atuendos considerados escandalosos –faldas que dejaban al descubierto los tobillos, pantalones anchos y cortos o bombachas rurales– y se entregaban a lo que en general se habría considerado un comportamiento inmoral, como fumar, beber o ignorar el llanto de un bebé. “Esos grabados se proponían atacar la femineidad de las mujeres, su sentido del decoro y su respetabilidad”, agrega Kate Clarke Lemay, historiadora y curadora de la Galería Nacional de Retratos. “Se les destinaban epítetos como comehombres”.

Para contrarrestar los ataques de sus adversarios, en la década de 1870 las sufragistas comenzaron a posar para retratos que se vendían con el fin de recaudar dinero para la causa. Esperaban que esas imágenes ayudaran a mostrar su movimiento bajo una luz más elegante, muy lejos de las caricaturas que circulaban. Todo, desde sus poses hasta su ropa, fue cuidadosamente estudiado para ayudar a difundir una imagen de inteligencia, moralidad y refinamiento.

Untold Stories of Black Women in the Suffrage Movement - YouTube

Las sufragistas negras, que a menudo eran marginadas en los grupos de sufragistas blancas, también crearon sus propios retratos con la esperanza de contrarrestar los estereotipos racistas y sexistas. A mediados del siglo XIX, la abolicionista y sufragista Sojourner Truth vendía tarjetas con su retrato en sus giras de conferencias como forma de afirmar su respetabilidad y la propiedad de su trabajo. Cuando líderes sufragistas negras posteriores como Ida B. Wells-Barnett y Mary McLeod Bethune posaron para retratos, al igual que Stanton y Anthony, se vistieron con ropa elegante y usaron joyas para proyectar riqueza y refinamiento.

NAWSA, (National American Woman Suffrage Association) Collection (Selected  Special Collections: Rare Book and Special Collections Division, Library of  Congress)En la década de 1910, cuando el movimiento cambió de enfoque para lograr una enmienda del sufragio federal e hizo uso de la prensa nacional para conseguir apoyo para esa campaña, las sufragistas se inclinaron por las imágenes de mujeres como figuras puras y heroicas, dijo Lemay. En marzo de 1913, Paul y la NAWSA (la Asociación Pro Sufragio de la Mujer, según sus siglas en inglés) organizaron un enorme desfile de sufragistas en Washington, el día antes de la toma de posesión del presidente Woodrow Wilson. Miles de mujeres con vestidos blancos y algunas incluso montadas a caballo marcharon por la capital.

A la mañana siguiente, la noticia del desfile ocupó gran parte de la portada de The Washington Post. El titular decía: “La belleza, la gracia y el arte de la mujer desconciertan a la capital–Millas de ondulante femineidad presentan una fascinante atracción sufragista”. Al parecer, las primeras caricaturas de las sufragistas representadas como “feas” habían sido refutadas con éxito.

Al mismo tiempo, la NAWSA también trabajaba para revertir la representación antisufragista de la maternidad, planteando como argumento a través de afiches y grabados que el sufragio no le quitaría valor. De hecho, argumentaban que el voto no solo beneficiaba los intereses de las madres, porque les permitía abogar políticamente por los temas que les preocupaban, sino también que el hecho de ser madres haría que las mujeres fueran mejores votantes.

En 1906, Jane Addams, pionera del movimiento de casas de acogida y miembro de la junta de la NAWSA, articuló esa línea de pensamiento en la convención anual de la agrupación. “El trabajo doméstico urbano ha fracasado en parte porque no se ha consultado a las mujeres, las amas de casa tradicionales”, dijo, y los gobiernos “exigen la ayuda de mentes acostumbradas al detalle y a la variedad de trabajo, a un sentido de la obligación por la salud y el bienestar de los niños y a la responsabilidad por la limpieza y la comodidad de otras personas”.

Esta visión idealizada de las sufragistas como inteligentes, bellas, solícitas y maternales dio lugar, dijo Lange, a la idea de que la participación de la mujer en la política no destruiría la vida doméstica. De que ambas cosas no son mutuamente excluyentes y de que una alimenta a la otra.

Mellon Foundation Grant to Radcliffe's Schlesinger Library Will Catalyze  New Scholarship on American Women's Suffrage and the Still-Unrealized  Promise of Female Citizenship | HASTACEn el siglo que siguió a la ratificación de la 19ª Enmienda –que prohibió la discriminación en las urnas por motivos de sexo–, estos debates sobre la femineidad y la maternidad persisten. Y la pregunta sobre cómo los manejan las mujeres que están bajo la mirada pública ha surgido una y otra vez, obligando al creciente número de mujeres que se presentan a elecciones “a negociar su imagen pública desde el punto de vista de su condición de madres, esposas, hijas”, escribe Lange en su libro. Lo vimos en 2008, cuando Sarah Palin, la ex gobernadora de Alaska que fue candidata a la vicepresidencia junto al senador John McCain, se presentó constantemente como una hockey mom, una madre que lleva a sus hijos cada día a jugar al hockey.

Y lo vimos en 1984, cuando a Geraldine Ferraro, que venía de hacer historia al formar parte de la fórmula presidencial de un partido importante, en Mississippi el Comisionado de Agricultura del estado le preguntó si podía preparar muffins de arándanos.

“Claro que puedo”, respondió Ferraro. “¿Y usted?”


©The New York Times.

Traducido por Elisa Carnelli

El H-Net Book Channel acaba de publicar un ensayo bibliográfico que llamó poderosamente mi atención, ya que enfoca la historiografía reciente de las implicancias internacionales de la guerra civil estadounidense. Escrito por Chase McCarter, candidato doctoral en la Universidad de Nuevo México, este trabajo enfoca el impacto en América Latina de la guerra civil estadoununidense y del periodo de la Reconstrucción.


 The US Civil War Era and Latin America

It would be incorrect to argue that scholars have never considered the international dimensions of the US Civil War Era. However, the vast majority of the tens of thousands of books written about the antebellum US, the war, and Reconstruction usually foreground the domestic elements. In addition, the scholars who considered the international implications tended to focus on the relationship between the US and European powers. Recent studies, however, have begun to pay more attention to Latin America. This is particularly important because, as the author discusses in this essay, historians of the US Civil War Era and of Latin America have a great deal to say to each other. Being more attentive to Latin America also has important contemporary relevance in light of the persistent tensions among the nations of the Western Hemisphere. Chase McCarter is a Ph.D. candidate in the Department of History at the University of New Mexico and resource editor for H-CivWar. He studies the Civil War-era South with particular focus on the postwar migration of ex-Confederates to Latin America. –Book Channel Guest Editor Evan Rothera

In the late 1960s, US historians became increasingly interested in internationalizing the history of the US Civil War era. In his essay for C. Vann Woodward’s 1968 anthology, The Comparative Approach to American History, David M. Potter argued that the turmoil of the US Civil War era and the European revolutions of 1848 were both the product of nationalist struggles and were equally critical in the survival of liberal nationalism around the globe.1 Ian Tyrrell’s call in 1991 for a new history that decentered exceptionalist narratives in American historical writing gave birth to the transnational turn in US history and further influenced historians of the US Civil War era to explore the impact of the period’s major events outside the confines of US national borders. For example, Robert E. May’s anthology The Union, the Confederacy, and the Atlantic Rim (1995) brought together studies by Howard Jones, R. J. M. Blackett, Thomas Schoonover, and James M. McPherson to reveal the impact of the US Civil War on European and Latin American nations. Since the mid-1990s, scholars like Enrico Dal Lago, Peter S. Onuf, Andre Fleche, Timothy M. Roberts, Patrick J. Kelly, and a wave of others have deepened historical understanding of the US Civil War era by thinking about this period through a transnational framework.2

But historians still have more ground to cover. The role of Latin America in the ideologies, debates, and events that transpired in the United States during the Civil War era has been relatively understudied by historians. Historians have directed much more attention to European happenings and their impact on the United States during this period than to Latin American ones. But there is a growing interest in the role of Latin America in the coming of the Civil War, the war itself, and Reconstruction.

New histories of the US sectional crisis frame the prospect of slavery’s expansion in Latin America as a central issue of contention between proslavery advocates and abolitionists in the 1840s and 1850s. Matthew Karp’s This Vast Southern Empire: Slaveholders at the Helm of America Foreign Policy (2016) argues that Latin America was most certainly in the sights of proslavery advocates in the US government during the antebellum period. Karp contends that southern slave-owning elites were not an isolated class of individuals who clung to the dying institution of slavery in the US South. Rather, they were globally minded people and kept a close eye on threats to slavery across the Americas, especially in Cuba and Brazil, whom they saw as allies in an international fight against the forces of abolition. They also believed that the continuity of slavery in the Americas was key to the future prosperity and power of the United States (p. 2).

The mind-set of southern slaveholders Karp depicts in his study was related to the emergence of  what Dale Tomich labels “the second slavery” in his book, Through the Prism of Slavery: Labor, Capital, and World Economy (2003). “Second slavery” describes the remaking of slavery in concert with the expansion of industrial capitalism and the creation of new, highly profitable slave-based zones of commodity production throughout the Americas during the early nineteenth century.3 Throughout the book, Karp details how proslavery advocates within the US government sculpted foreign policy and the US military in efforts to strengthen and preserve this new form of slavery in the United States and Latin America. For the most part, proslavery advocates were successful at doing so until the institution collapsed with the defeat of the Confederacy during the Civil War (p. 3).

Robert E. May’s book Slavery, Race, and Conquest in the Tropics: Lincoln, Douglas, and the Future of Latin America (2013) is his latest addition in a forty-plus-year career of thinking about the transnational dynamics of the US Civil War era. In this study, May asserts that the 1858 Lincoln-Douglas debates featured a clash of ideas over slavery’s expansion in Latin America. Lincoln and Douglas’s feud over this topic also embodied a larger breakdown in relations between the North and South, which contributed to the outbreak of Civil War. Throughout the text, May traces the ideological evolution of both men on the issue of slavery’s expansion in Latin America. For Douglas, the acquisition of territory in Latin America was necessary for the growth and progress of the United States. Under his philosophy of popular sovereignty, Douglas argued that future US colonists in Latin America should have the right to establish slavery in their territories if they desired. Contrary to Douglas, Lincoln held an explicitly anti-expansionist position toward Latin America and believed that the prospect of slavery’s expansion there, where it did not yet exist, would put the Union in mortal danger. In fact, May explains that throughout Lincoln’s presidency he maintained an anti-expansionist attitude toward Latin America. Lincoln also favored exporting African Americans to colonies in Latin America where he believed that they could obtain a level of freedom and equality unavailable to them in the United States. Lincoln’s articulation of this position on Latin America during the Lincoln-Douglas debates informed Southerners that a Lincoln victory in the election of 1860 would destroy any hopes they had of expanding slavery southward. May suggests that the desire to preserve future prospects of expanding slavery into Latin America heavily influenced Southerners’ choice to secede in the wake of Lincoln’s victory. Overall, May’s analysis of the Lincoln-Douglas debates adds a transnational dimension to the sectional crisis and the outbreak of the Civil War by centering the future of slavery’s expansion in Latin America as a leading issue that contributed to the breakdown between North and South.

Rethinking the coming of the US Civil War in a transnational context has also pushed historians to explore the interconnections of the war itself with concurrent conflicts of the 1860s. Don H. Doyle has been at the center of scholarly efforts to do so. Most notably, his book The Cause of All Nations: An International History of the American Civil War (2014) categorizes the US Civil War as part of a broader struggle for democracy throughout the Atlantic world. His latest contribution, an edited anthology, American Civil Wars: The United States, Latin America, Europe, and the Crisis of the 1860s (2017), takes a more direct look at the role of the US Civil War in Latin America. Specifically, American Civil Wars demonstrates that the 1860s was a decade of multiple civil wars, separatist rebellions, slave uprisings, and emancipations throughout the Americas. Furthermore, democratic republics throughout the Americas defeated the attempted reconquest of the hemisphere by European monarchies.

For example, Stève Sainlaude’s essay, “France’s Grand Design and the Confederacy,” argues that the US Civil War neutralized the United States in Latin America as it dealt with the Confederacy. The war presented Napoleon III with an opportunity to reassert France’s former colonial empire in the Americas, which he tried and failed to do in the Second French Intervention in Mexico. This largely resulted from the Union’s victory in the Civil War and the US federal government’s financial and military aid to Benito Juárez’s republican army.

The victories of democratic republics throughout the Americas in the 1860s also prevented the destruction of the international antislavery movement. Rafael Marquese and Matt D. Childs’s respective contributions to this anthology show that the defeat of the Confederacy and abolition of slavery in the United States paved the way for the institution’s demise in Cuba and Brazil. Childs maintains that the US Civil War was the crisis that placed the possibility of abolition on the political horizon for Cuban slaveowners. Likewise, Marquese uses the analogy of a “protective wall” to describe the relationship of US slavery to Brazilian slavery. When this wall came down, it energized an already present and potent antislavery moment in Brazil, which would be vital to the passing of gradual emancipation laws in the 1870s and the final emancipation law in 1888.

In sum, this anthology reframes the US Civil War as a mere chapter in a hemisphere-wide and decade-long struggle between the forces of republicanism and monarchism and between proponents of slavery and emancipation. The Latin American conflicts of the 1860s that scholars have entangled with the US Civil War show that the war was anything but exceptional. Yet this study also emphasizes that the outbreak of the war was a critical factor in the eruption of conflicts in Latin America and that the outcome of the war was essential to the preservation of republicanism in the region.

This turn in the literature has naturally led scholars of US Reconstruction to branch out toward Latin America as well. United States Reconstruction across the Americas (2019), edited by William A. Link, establishes that post-Civil War global political, social, and economic developments entangled and influenced the central elements of Reconstruction (i.e., emancipation, nationalism, and the spread of market capitalism). Additionally, the emergence of the United States in the post-Civil War period as a global power was contingent on developments in several nations throughout the Americas.

Chapter 1, “The Cotton and Coffee Economies of the United States and Brazil, 1865-1904,” by Rafael Marquese, argues that the seemingly disparate transitions from slavery to free labor in Brazil and the US South were quite related. In the aftermath of US emancipation, planters in both nations sought a means by which to transition from slavery to free labor while maintaining the same level of exploitation. Brazilian planters, who saw the end of Brazilian chattel slavery on the horizon after the US Civil War, viewed sharecropping and tenancy in the South as a loss of planters’ power over laborers and the system of production. As an alternative, Brazilian planters instituted the colonato system, which preserved planter power over “the organization of labor and landscape management” (p. 29). Effectively, Brazilian planters were able to maintain some key exploitative elements of slavery under this labor system. Through this example, Marquese shows how the reconfiguration of capitalism during Reconstruction in the United States precipitated change in Latin American countries like Brazil.

From a different direction, Edward B. Rugemer’s essay, “Jamaica’s Morant Bay Rebellion and the Making of Radical Reconstruction,” illustrates the impact of the 1865 Morant Bay Rebellion on Reconstruction policymaking. The reports of the violent rebellion in Jamaica back in the United States, and fears that the same could occur in the South, influenced Congress to enact legislation and enforcement measures (e.g., the Civil Rights Act of 1866 and Reconstruction Acts of 1867) that would ensure political rights for black men and a future for them in the post-emancipation United States. Rugemer emphasizes the great consideration that Republicans gave to the meaning of the rebellion in terms of its implications for the course of Reconstruction, which further shows the direct impact the rebellion had on the shaping of Reconstruction policy.

In terms of diplomacy, Don H. Doyle’s essay, “Reconstruction and Anti-Imperialism: The United States and Mexico,” examines US foreign policy in the aftermath of the US Civil War. Doyle focuses on the US role in expelling the French from Mexico in 1867 as an indication of “spirit of republican camaraderie” that was inherent to US foreign policy in Latin America during the Reconstruction Era (pp. 6-7).

The transnational framing of US Reconstruction literature has also contributed to further scholarly interest in the ex-Confederate migration to Latin America. Todd W. Wahlstrom’s book The Southern Exodus to Mexico: Migration across the Borderlands after the American Civil War (2015) argues that the desire to create surrogate Souths in Mexico was not the driving force behind the migration of a few thousand ex-Confederates to the nation between 1865 and 1866. Rather, it was the pursuit of economic prosperity, which they hoped could be obtained through the creation of agricultural and commercially driven colonies and the exploitation of Mexico’s transborder economic opportunities. For these Southerners, remaining in the US South was not the sole focus of their vision for life after the Civil War. Wahlstrom explains that they believed their future was contingent on the creation of an “entrepôt of southern commerce” through the colonization of Latin America (p. xvii). This dream inevitably died with the failure of Southern colonization in places like Mexico, Brazil, Belize, and Venezuela, but Wahlstrom argues that it marked an important stepping stone in US efforts to “bridge economic borders” in Latin America during the second half of the nineteenth century (p. xxvii).

The literature review in this essay reflects the efforts of scholars of the US Civil War era to incorporate Latin America into what historians have traditionally described as the exceptional history of the United States. Taken together, these studies present strong evidence for the argument that the ideologies and events most identified with the coming of the US Civil War, the war itself, and Reconstruction were deeply entangled with occurrences and ideologies present in Latin America at the same time. More broadly, they demonstrate that US economic, social, and political development during the nineteenth century was internationally interdependent.

Notes

[1]. David M. Potter, “Civil War,” in The Comparative Approach to American History, ed. C. Vann Woodward (New York: Oxford University Press, 1968), 139.

[2]. See Enrico Dal Lago, Agrarian Elites: American Slaveholders and Southern Italian Landowners, 1815-1861 (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2005), and Civil War and Agrarian Unrest: The Confederate South and Southern Italy (New York: Cambridge University Press, 2018); Peter S. Onuf and Nicholas Onuf, Nations, Markets, and War: Modern History and the American Civil War (Charlottesville: University of Virginia Press, 2006); Timothy Mason Roberts, Distant Revolutions: 1848 and the Challenge to American Exceptionalism (Charlottesville: University of Virginia Pres, 2009).

[3]. Dale W. Tomich, Through the Prism of Slavery: Labor, Capital, and World Economy (Lanham, MD: Rowman & Littlefield, 2003), 61.


Suggested Readings

Dawsey, Cyrus B., and James M. Dawsey. The Confederados: Old South Immigrants in Brazil. Tuscaloosa: The University of Alabama Press, 1995.

Doyle, Don H. The Cause of All Nations: An International History of the American Civil War. New York: Basic Books, 2015.

Fleche, Andre M. The Revolution of 1861: The American Civil War in the Age of Nationalist Conflict. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2012.

Guterl, Matthew Pratt. American Mediterranean: Southern Slaveholders in the Age of Emancipation. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2008.

Jarnagin, Laura. A Confluence of Transatlantic Networks: Elites, Capitalism, and Confederate Migration to Brazil. Tuscaloosa: The University of Alabama Press, 2008.

Kelly, Patrick J. “The Lost Continent of Abraham Lincoln.” The Journal of the Civil War Era 9, no. 2 (June 2019): 223-48.

——. “The North American Crisis of the 1860s.” The Journal of the Civil War Era 2, no. 3 (September 2012): 337-68.

Mahoney, Harry Thayer. Mexico and the Confederacy, 1860-1867. San Francisco: Austin & Winfield, 1998.

May, Robert E. Manifest Destiny’s Underworld: Filibustering in Antebellum America. Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 2002.

——. ed. The Union, the Confederacy, and the Atlantic Rim. West Lafayette, IN: Purdue University Press, 1995.

——. The Southern Dream of a Caribbean Empire, 1854-1861. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1973.

Roark, James L. Masters Without Slaves: Southern Planters in the Civil War and Reconstruction. New York: W. W. Norton, 1977.

Rolle, Andrew F. The Lost Cause: Confederate Exodus to Mexico. Norman: University of Oklahoma Press, 1965.

Rugemer, Edward Bartlett. The Problem of Emancipation: The Caribbean Roots of the American Civil War. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2008.

Scott, Rebecca J. Degrees of Freedom: Louisiana and Cuba after Slavery. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2005.

Stevenson, Louise L. Lincoln in the Atlantic World. New York: Cambridge University Press, 2015.

Comparto este artículo publicado en Diálogo Atlántico  -blog del Instituto Franklin– sobre un grupo de escritoras que derribaron el monopolio masculino de la literatura proleriatada estadounidense en la década de 1930. Su autora es la Doctora Luisa Juárez, profesora de la Universidad del Alacalá de Henares.


Getty Images - Fábrica Mujeres Años 30

El proletarianismo de Tillie Olsen y su vigencia en el presente social norteamericano

Diálogo Atlántico  10 de

Los años treinta fueron un periodo fértil para la denominada literatura proletaria en los Estados Unidos, un discurso a caballo entre las demandas formales del modernismo y la temática social propia del realismo, que sirvió como herramienta de activismo político por el cambio social. Las escritoras que participaron en este movimiento estético-político quedaron provisionalmente canonizadas a finales del siglo XX al aparecer sus nombres y algunas de sus obras en varias publicaciones académicas esenciales, a saber, el capítulo que Paul Lauter escribió para Columbia History of the American Novel (1991) y las grandes antologías de literatura norteamericana como la Norton o la Heath. Los nombres de Tillie Olsen, Josephine Herbst, Meridel Le Sueur, Mira Page, Fielding Burke o Tess Slesinger aparecieron junto al de autores consagrados como John Steinbeck, Sherwood Anderson, Henry Roth, o Mike Gold. Fue Gold quien más trabajó por dar coherencia al discurso del proletarianismo que surgió durante la Gran Depresión. La publicación de su manifiesto literario, que inevitablemente recuerda a las declaraciones modernistas que vieron la luz en los años veinte, definía en términos esencialistas el compromiso literario con los valores de la izquierda: el escritor proletario era por definición varón. Tras la Segunda Guerra Mundial, la fórmula literaria del proletarianismo perdió visibilidad, pero fueron las escritoras coetáneas a Gold quienes quedaron en el olvido más absoluto. Las críticas y directoras de editoriales feministas de la segunda ola rescataron y reeditaron las obras de estas autoras, cuyo legado posee una excepcional vigencia hoy día para entender la función del arte como palanca de cambio social y de agitación política.

The Unpossessed by Tess Slesinger

El proceso de arqueología literaria que describo tuvo lugar en los últimos años del siglo XX y partía de un serio compromiso intelectual y político con las categorías de género, raza y clase, cuya intersección iluminaba el sesgo androcéntrista blanco que había definido la herencia textual de la izquierda norteamericana. La lectura de Le Sueur, Slesinger, Olsen y otras refutaba la idea de que “work is male”. La galería de personajes y situaciones que las autoras retrataron suponían, y me atrevo a decir que en cierto modo siguen suponiendo, una provocación a las convenciones socioculturales: las reporteras que cubren las manifestaciones por salarios justos; las obreras en paro que esperan infructuosamente un trabajo en las oficinas de empleo; el sentimiento de indignidad con el que algunas mujeres aguardan su turno en las colas del hambre. También aparecían en estas obras referencias a nuevos trabajos desempeñados casi con exclusividad por mujeres en las nuevas urbes de la sociedad capitalista y consumista norteamericana de la primera mitad del siglo XX, y se denunciaban los efectos dañinos de un crecimiento económico basado en la explotación depredadora de recursos y trabajadores. Me refiero a personajes inspirados en una multitud de jóvenes secretarias y oficinistas que, abrazando la ideología patriarcal, ponían más entusiasmo en lograr un buen matrimonio que en lograr su autonomía por medio de una carrera profesional, y que terminaban siendo acosadas sexualmente en el trabajo; o las dependientas de grandes almacenes, a quienes se obligaba a seguir un código de vestimenta y maquillaje que mermaba el exiguo salario, llevándolas incluso a privarse de comida; o a las amas de casa y madres que padecían los efectos de la polución generada por las industrias cárnicas.

Tillie Olsen: One Woman, Many Riddles: Reid, Panthea: 9780813551876:  Amazon.com: BooksCasi todas estas autoras estuvieron ligadas al rotativo del movimiento comunista americano: New Masses. Además de relatos y poesía, las escritoras publicaron allí artículos políticos, reportajes, cartas y otros textos híbridos de difícil catalogación que ofrecían una visión crítica de los acontecimientos desde posturas que hoy llamaríamos feministas. En algunos casos, las noticias del periódico marxista servían de inspiración para la creación literaria, como ocurrió con el poema, “I Want You Women up North to Know” (1934), que Tillie Olsen publicaría en The Partisan. Olsen leyó una carta de Felipe Ibarro en New Masses en la que se denunciaban las condiciones laborales de las costureras de San Antonio, Texas. Profundamente afectada por los datos objetivos que ofrecía aquella carta al diario, Olsen puso su talento literario una vez más al servicio del activismo político, produciendo un poema sobre la explotación que sufrían sus hermanas trabajadoras del sur. El poema adopta un lenguaje lírico con imágenes aparentemente convencionales e inocuas de pájaros o flores, que resultan ser, además de una parodia de la literatura como mero ejercicio estético, una denuncia furiosa de la economía de frontera. Olsen logra un poderoso alegato contra la explotación laboral de las trabajadoras de ascendencia mejicana. El poema ofrece una visión cruda de aquellas mujeres consumidas por las labores de la aguja, que bordan exquisitas piezas durante horas sin fin, durante el día y en la oscuridad, hasta que se secan sus ojos y se agarrotan sus manos por una cantidad insignificante de dinero, que nunca aliviará la miseria material en la que viven. La carga política del texto apela a las conciencias de los consumidores, en este caso, señoras ricas que adquirían aquellos primorosos bordados en las tiendas bonitas de las ciudades. Sin embargo, Olsen no peca de ingenua pues entiende que será poco probable que las señoras ricas lean su poema y sabe que, de hacerlo, difícilmente se sentirán interpeladas por la denuncia allí descrita, y mucho menos se reconocerán como cómplices en aquel intercambio macabro. Por este motivo, el poema, al igual que hiciera la novela de Mike Gold, Jews without Money, termina con unas líneas que presagian la revolución de los trabajadores, objetivo del arte proletario:

“Women up North, I want you to know,

I tell you this can´t last forever.

I swear it won’t”


Luisa Juarez / Sobre el autor

William Edward Burghardt  (W.E.B.) Du Bois fue uno de los intelectuales negros más importantes de la historia estadounidense. El alcance de la obra de Du Bois trascendió a nivel global y siempre buscó vincular el problema racial estadounidense con fuerzas como el imperialismo y el avance del capitalismo globalizador. Su debates y diferencias con Booker T. Washington, otros de los grandes pensadores afroamericanos del siglo XX, le colocan a la izquierda del movimiento contra lam segregación racial. Mientras Washington pregonaba a favor de la autoayuda, la solidaridad y el acomodo de los afroamericanos en un sociedad donde les lichaban, Du Bois defendió la organización y acción política,  la rebeldía. Su pensamiento y accionar le coviertieron en un referente para quienes en las décadas de 1950 y 1960 cuestionaron de forma directa la opresión de los blancos contra los negros, y exigieron la igualdad.

Comparto con mis lectores este artículo de Edward Carson profesor de la The Governor’s Academy, sobre el libro de Charisse Burden-Stelly y Gerald Horne’s W.E.B. Du Bois: A Life in American History.  


W.E.B. Du Bois, 1868-1963.

W.E.B. Du Bois: A Life in American History

In 2018, scholars celebrated the 150th anniversary of the birth of W.E.B. Du Bois via published essays, symposiums, and commemorative celebrations, such as the one held in his hometown of Great Barrington, Massachusetts—a community that once rejected the scholar due to his communist affiliation. Charisse Burden-Stelly and Gerald Horne’s W.E.B. Du Bois: A Life in American History is a timely book, addressing Du Bois’s challenges as a radical, with contemporary issues in mind. Today, terms like socialism, communism, and hash tags pronouncing Black Lives Matter are trendy among those suspicious of the police state and capitalism; however, one is reminded throughout this book of his exhaustively yet committed life devoted to socialism, democracy, and the souls of Black folks. And his work was not just confined to the Jim Crow South; the crisis of the race problem extended beyond its periphery to Du Bois’s home in New York. “It was no accident that African Americans were sited mostly in segregated neighborhoods, such as Harlem, and were subjected to harassment by often trigger-happy police officers” (131).

Amazon.com: W.E.B. Du Bois: A Life in American History (Black History  Lives) eBook: Horne, Gerald, Burden-Stelly, Charisse: Kindle StoreW.E.B. Du Bois: A Life in American History is a well-crafted compilation of primary and secondary sources. Burden-Stelly and Horne skillfully navigate the reader through twelve chapters of exquisite narratives, and ninety-five years of Du Bois’s life, using illustrative constructions of his transformation from his childhood in the Berkshires of Western Massachusetts, to his resting ground in Accra, Ghana. Along this journey, the reader is captivated by Du Bois as a global and domestic intellectual, an activist prophesying within an ever expansive radical framework. The authors persistently juxtapose the American color line to the endemic forces of global imperialism and capitalism, and how they were construed in a fashion shaped by a paradoxical Du Bois. A man who sought justice for Black Americans, but found himself rejected, particularly when it came to his regrettable endorsement of Woodrow Wilson in 1912, and again when he campaigned to support the war effort (80-81). “Du Bois had failed African Americans, who no longer trusted him and now rejected his leadership” (86). The nuance of such complexity entices the reader by examining his desire for a better world.

From the start, the reader senses Du Bois’s emotional longing for friendship during his adolescent years, when he was reminded of the color line, as a “[white] girl, a tall newcomer, refused my card—refused my peremptorily with a glance. Then it dawned upon me with a certain suddenness that I was different from the others; or like, mayhap, in heart and life, and longing, but shut out from their world by a vast veil” (3). This early dawn of race and the power of white supremacy sets the stage to further his intellectual prowess as an anti-racist—a thread referenced throughout the book. Moreover, it humanizes Du Bois as a man who often sought companionship, forcing one to empathize with the savior of a race. He is showcased as a disciplined Du Bois, one who managed an ever increasing travel, speaking, and writing schedule that seemed incomprehensible to mere mortals. The reader is reminded of the emotional toll Du Bois carried. His first wife, Nina Gomer (1896-1950), was invisible at times in the book, as she was in the life of Du Bois. As noted by Du Boisian biographer David Levering Lewis, she had “a sad record of psychosomatic debility and superego…and their relationship ended at the borders of Du Bois’s cosmic concerns.” While a great champion for the plight of women, a radical arguing for the expansion of the franchise to encompass women’s equality, such passion did not extend to his first marriage. As such, “while [Du Bois] has been criticized for his ‘masculinism,’ detractors have nonetheless acknowledged his vehement opposition to patriarchy and misogyny” (80). Unlike Nina, he found such stimulation and equality in his second wife, Shirley Graham—who helped move him further to the left (1951-1963) (170). Du Bois’s apex in marital bliss was aptly addressed as Burden-Stelly and Horne examined Du Bois distancing himself from Nina, after the death of his first born son.

His grief was exacerbated by the lynching of Sam Hose, ”[whose] mangled knuckles were on display in a store window—when he espied this ghastly sight, Du Bois could hardly contain himself” (31). However, a resilient Du Bois did not reside in self pity. The professor turned activist, feeling as though facts were not enough to challenge white supremacy and the Tuskegee Machine. Thus, what really mattered for the American Negro was political power.

NAACP | NAACP History: W.E.B. Dubois

Readers who are marginally familiar with Du Bois will find a home in the narrative of his combative rivalry with Booker T. Washington, yet such nonfiction is just a silhouette of their relationship. Burden-Stelly and Horne delve into a Faustian dual, pitting two giants against one another. Du Bois, who is depicted as the protagonist in this struggle, faced escalating odds against Washington, who engendered a northern capitalist class of insurmountable wealth and power, aided by industry and the White House of Theodore Roosevelt. Readers will quickly feel sympathy with Du Bois, and a sense of disdain toward Washington throughout this narrative; however, in an attempt to be fair to Washington, the authors balanced the complexity of this dual rivalry, and, noted that Du Bois was unaware of Washington’s double-dealing when it came to his legal support for suffrage in the Deep South, or how he funded lawyers to combat racist discrimination (37). While this was Washington incognito, the public battle centered on political power. In the end, one is drawn to a climax where the activist in Du Bois drives him to contest by organizing the NAACP. The reader escapes any notions of pedestrian storytelling, and is ushered into his life of rivalries, which extended well beyond Washington.

The portrait of Du Bois, as a pronounced intellectual framing a synthesis of analysis for the American Negro, and the darker people of the world, was captured throughout his political thought and evolution into the Communist Party USA. Starting from his sojourn to Germany, “Du Bois began attending socialist meetings in his neighborhood and took notice of their spectacular electoral rise and the wafer-thin distinctions that separated one faction in this fractious movement from another” (17). Burden-Stelly and Horne further their outline of Du Bois’s radicalism in an exemplary way, from his membership in the Socialist Party (SP) in 1911 to his evacuation of the SP in 1913, due to the exclusion of nonwhites (54).

There is a rich narrative of Du Bois’s burgeoning formulation in his radical orientation, as noted by the tension created from his teachings of Marxism while at Atlanta University. Du Bois struggled with a Republican Party that sought industry over the Negro, and a Democratic Party that placated Negroes in support of lynching. A great deal of space is devoted to him as an internationalist—organizing major conferences devoted to resolving colonialism as a globetrotter. Burden-Stelly and Horne analyze his concerns not only for the darker people of the world, but the changing dynamics regarding democracy. During his travels to Germany in 1933, he was alarmed at Germany’s xenophobia, as he notes, “there is a campaign of race prejudice carried on, openly, continuously, and determinedly against all non-Nordic races but specifically against the Jews, which surpasses in vindictive cruelty and public insult anything I have ever seen and I have seen much” (140). Such articulation draws a synthesis to the American empire of white supremacy, as Du Bois writes “[t]he Nazis made a mistake in beginning their propaganda in New York…. They should have started in Richmond or New Orleans. Hitler himself could learn a beautiful technique by visiting [the United States]” (141). Du Bois saw Stalin as a tyrant, however, followed that with “I still believe in Russia”, which provided the world the greatest revolution ever. After all, Du Bois proclaimed to be a Bolshevik.

W.E.B. Du Bois: A Life in American History provides the reader with much contextualization: a study of both the United States and world history. His motives were on stage, as he contemplated and ran for the U.S. Senate, and his fears of living out his life in a U.S. prison for treasonous acts. Burden-Stelly and Horne’s use of historical synthesis nicely fosters a pattern of development to the activist work of Malcolm X and Martin Luther King, Jr., during the civil rights movement of the 1950s and 1960s. A cautious reader will note a number of themes presented, such as the surveillance state, gender, police brutality, Black-Jewish relationship, propaganda, and Black liberation. While very little is discussed about Du Bois’s proclivities toward religion, there is enough to force the curious reader to take pause, and ask questions. I particularly enjoyed not only the primary sources and timeline of Du Bois’s life, but the clever use of sidebars in exploring a vast array of historical topics. Students and scholars will greatly enjoy this delightful read. One must compliment both Burden-Stelly and Horne for capturing Du Bois’s life in 228 pages.


Edward Carson  is the Dean of Multicultural Education at The Governor’s Academy. His research explores 20th century American race and religion. Joined by Gerald Horne and Phillip Luke Sinitiere, he is the co-editor of the book, Socialism and Democracy in W.E.B. Du Bois’s Life, Thought, and Legacy

Para comenmorar el centenario de la ratificación de la Enmienda 19 reconociendo el derecho al voto a las ciudadanas estadounidenses, comparto esta antología de artículos sobre del sufragismo en Estados Unidos, publicados en el Journal of American History.  El acceso a ellos será gratuito hasta el 20 de noviembre de este año.


Today in History, June 4, 1919: Congress approved 19th amendment ...

Women, Voting, and the Nineteenth Amendment: a JAH Suffrage Reader

On August 18, 1920, the General Assembly of Tennessee—the requisite thirty-sixth state—ratified the Nineteenth Amendment. After decades of public activism, and more than a year of legislative debate, the amendment, which prohibited the denial or abridgement of the right of citizens to vote “on account of sex,” at last became part of the U.S. Constitution. Woman suffrage became a right—though not for all women a reality—throughout the nation.

To mark the centennial of the Nineteenth Amendment, and to encourage critical assessment of the broader histories of suffrage and suffrage restriction in the United States, the Journal of American History has assembled “Women, Voting, and the Nineteenth Amendment: A JAH Suffrage Reader.” This reader offers a sampling of numerous articles and reviews published in the JAH over the past half century. By no means exhaustive, it is intended to provide readers with a brief introduction to the history and historiography of woman suffrage, and women’s political activism more generally, in the United States. As part of our ongoing series Sex, Suffrage, Solidarities: Centennial Reappraisals, we hope that this reader will benefit students, educators, and researchers who wish to learn more about these topics. We invite all readers to revisit as well the JAH Women’s History Index, published in our March 2020 issue.

The following articles and reviews will be freely available through November 30, 2020:

Detail, Votes for Women: Song (1914). Library of Congress, Music Division.

 

The New Woman: Changing Views of Women in the 1920s (September 1974)

Estelle B Freedman

Journal of American History, Volume 61, Issue 2, September 1974, Pages 372–393, https://doi.org/10.2307/1903954

Leadership and Tactics in the American Woman Suffrage Movement: A New Perspective from Massachusetts (September 1975)

Sharon Hartman Strom

Journal of American History, Volume 62, Issue 2, September 1975, Pages 296–315, https://doi.org/10.2307/1903256

Feminist Politics in the 1920s: The National Woman’s Party (June 1984)

Nancy F Cott

in Journals

Journal of American History, Volume 71, Issue 1, June 1984, Pages 43–68, https://doi.org/10.2307/1899833

Working Women, Class Relations, and Suffrage Militance: Harriot Stanton Blatch and the New York Woman Suffrage Movement, 1894–1909 (June 1987)

Ellen Carol DuBois

in Journals

Journal of American History, Volume 74, Issue 1, June 1987, Pages 34–58, https://doi.org/10.2307/1908504

Outgrowing the Compact of the Fathers: Equal Rights, Woman Suffrage, and the United States Constitution, 1820–1878 (December 1987)

Ellen Carol DuBois

in Journals

Journal of American History, Volume 74, Issue 3, December 1987, Pages 836–862, https://doi.org/10.2307/1902156

What’s in a Name? The Limits of “Social Feminism”; or, Expanding the Vocabulary of Women’s History (December 1989)

Nancy F Cott

Journal of American History, Volume 76, Issue 3, December 1989, Pages 809–829, https://doi.org/10.2307/2936422

Political Style and Women’s Power, 1830–1930 (December 1990)

Michael McGerr

Journal of American History, Volume 77, Issue 3, December 1990, Pages 864–885, https://doi.org/10.2307/2078989

Review of New Women of the New South: The Leaders of the Woman Suffrage Movement in the Southern States by Marjorie Spruill Wheeler (September 1994)

Laura F Edwards

in Journals

Journal of American History, Volume 81, Issue 2, September 1994, Page 731, https://doi.org/10.2307/2081305

Review of Women against Women: American Anti-Suffragism, 1880-1920 by Jane Jerome Camhi and The Home, Heaven, and Mother Party: Female Anti-Suffragists in the United States, 1868-1920 by Thomas J. Jablonksy (June 1996)

Anne M Boylan

in Journals

Journal of American History, Volume 83, Issue 1, June 1996, Pages 247–249, https://doi.org/10.2307/2945572

“The Liberty of Self-Degradation”: Polygamy, Woman Suffrage, and Consent in Nineteenth-Century America (December 1996)

Sarah Barringer Gordon

Journal of American History, Volume 83, Issue 3, December 1996, Pages 815–847, https://doi.org/10.2307/2945641

Review of African American Women in the Struggle for the Vote, 1850-1920 by Rosalyn Terborg-Penn (June 1999)

Jane Rhodes

Journal of American History, Volume 86, Issue 1, June 1999, Page 273, https://doi.org/10.2307/2567500

Review of Woman Suffrage and Women’s Rights by Ellen Carol DuBois (June 2001)

Louise M Newman

in Journals

Journal of American History, Volume 88, Issue 1, June 2001, Pages 215–216, https://doi.org/10.2307/2674975

Review of Suffragists in an Imperial Age: U.S. Expansion and the Woman Question, 1870-1929 by Allison L. Sneider (December 2008)

Tracey Jean Boisseau

in Journals

Journal of American History, Volume 95, Issue 3, December 2008, Page 866, https://doi.org/10.2307/27694455

The Incorporation of American Feminism: Suffragists and the Postbellum Lyceum (March 2010)

Lisa Tetrault

Journal of American History, Volume 96, Issue 4, March 2010, Pages 1027–1056, https://doi.org/10.1093/jahist/96.4.1027

Suffragettes and Soviets: American Feminists and the Specter of Revolutionary Russia (March 2014)

Julia L Mickenberg

Journal of American History, Volume 100, Issue 4, March 2014, Pages 1021–1051, https://doi.org/10.1093/jahist/jau004

Review of The Myth of Seneca Falls: Memory and the Women’s Suffrage Movement, 1848-1898 by Lisa Tetrault (September 2015)

Nicole Eaton

Journal of American History, Volume 102, Issue 2, September 2015, Pages 559–560, https://doi.org/10.1093/jahist/jav368

Review of Counting Women’s Ballots: Female Voters from Suffrage through the New Deal by J. Kevin Corder and Christina Wolbrecht (March 2018)

Eileen McDonagh

in Journals

Journal of American History, Volume 104, Issue 4, March 2018, Page 1043, https://doi.org/10.1093/jahist/jax493

Interchange: Women’s Suffrage, the Nineteenth Amendment, and the Right to Vote (December 2019)

Ellen Carol DuBois, Liette Gidlow, et al.

in Journals

Journal of American History, Volume 106, Issue 3, December 2019, Pages 662–694, https://doi.org/10.1093/jahist/jaz506

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Tráiler de 'Da 5 Bloods', la película de Spike Lee para Netflix ...Que recuerde, no he reseñado películas en esta bitácora, pero acabo de ver una que lo amerita. Se trata del largometraje de Spike Lee  Da 5 Bloods. A través de la historia de cuatro veteranos negros que regresan a Vietnam en búsqueda de un tesoro y de los restos de un camarada, Lee enfoca de forma genial la inmoralidad de la intervención estadounidense en Indochina. Claramente enmarcada en el contexto actual de conflicto racial en Estados Unidos, esta película nos muestra, como bien señala unos de sus personajes, el impacto en cuatro veteranos -y sus allegados y familiares- de una guerra en la que pelearon en “defensa” de derechos que como afroamericanos, ellos no tenían.

Norberto Barreto Velázquez,PhD

Lima 5 de agosto de 2020

Comparto este interesante ensayo del  profesor Juan F. Correa Luna, miembro de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, comentando la participación de los famosos Harlem Hellfighters en la primera guerra mundial. Lo que desconocía es que una tercera parte de los músicos de la banda de este regimiento de soldaldos negros, dirigida por  James Reese Europe, eran puertorriqueños. Entre ellos, Rafael Hernández, quien se convirtirá en uno de los más grandes compositores de la música latinoamericana.


James Reese Europe, Rafael Hernández Marín y los “Harlem Hellfighters”

Una de las unidades de combate más valerosas durante la primera guerra mundial se conoció como el Regimiento de Infantería 369 de la guardia nacional de Nueva York, mejor conocida como los “Harlem Hellfighters”. Para la primera guerra mundial el ejército de los Estados Unidos se encontraba segregado racialmente. Por ello el Regimiento 369 estaba compuesto exclusivamente por soldados afroamericanos y puertorriqueños. También contaba con una banda musical dirigida por el teniente James Reese Europe uno de los más famosos y brillantes músicos de Jazz. Reese Europe desempeñó un papel protagónico durante la época conocida como el Harlem Renacentista en Nueva York a principios del siglo pasado. A James Reese Europe se le llegó a conocer como la versión de Martin Luther King en el campo de la música. Fue el primer compositor que ofreció un concierto de música negra en el Carnegie Hall en 1912. El concierto llevó por título en inglés “A Symphony of Negro Music”. Todas las composiciones musicales fueron compuestas por músicos negros. Reese Europe respetaba la calidad musical de los compositores blancos, pero consideraba que los músicos negros no tenían que imitar a los blancos ya que tenían su propia música la cual gozaba de méritos propios y personas de todas las razas debían también tener la oportunidad de escuchar y disfrutarla. Seleccionó a cada uno de los miembros de la banda musical del regimiento 369 de infantería. Por ello no escatimó esfuerzos para allegar a los mejores músicos para su banda.

Lo que muchos no conocen es que una tercera parte de esos músicos eran puertorriqueños. Uno de ellos fue nuestro querido y reconocido compositor, a nivel mundial, Rafael Hernández Marín. Rafael Hernández fue reclutado junto a su hermano Jesús Hernández y otros 16 músicos puertorriqueños por el propio Reese Europe. Ya para ese entonces se conocía de la excelencia, talento, capacidad y profesionalismo de los músicos puertorriqueños y muy en particular la de Rafael Hernández Marín quien ya a la edad de 26 años componía música y dominaba a la perfección seis instrumentos musicales. Entre ellos: trombón, tuba, bombardino, piano, guitarra y clarinete. Rafael Hernández recibió rango de Sargento y fue asistente de Reese Europe en la banda del Regimiento 369.

Al igual que los soldados afroamericanos que le precedieron en la guerra civil y los soldados afroamericanos que le sucedieron hasta el presente, los soldados afroamericanos y puertorriqueños en la primera guerra mundial pelearon en guerras por un país y un gobierno que rehusó y todavía rehúsa reconocerles como iguales en dignidad y derechos. La oficialidad del ejército norteamericano no quería reconocer la capacidad de los afroamericanos y puertorriqueños para pelear en el frente de guerra durante la primera guerra mundial y tampoco favorecía que se mezclaran con los soldados blancos. De ahí que fueran segregados y relegados a tareas de servicios de apoyo. La unidad 369 de Nueva York fue enviada al estado de Carolina del Sur, uno de los estados más racistas para la época y donde los soldados recibirían un adiestramiento deficiente ya que no contaban con el equipo ni los recursos necesarios para el adiestramiento militar. Durante su entrenamiento fueron víctimas de muchos ataques físicos y abusos verbales raciales. Muchos soldados afroamericanos al igual que Reese Europe consideraban que era importante que se les diera la oportunidad para participar en la guerra a fin de demostrarles a los blancos y al gobierno que los soldados negros eran igualmente capaces de defender a su país con valentía y heroísmo. Veían su participación como una oportunidad para educar a los blancos y en el proceso lograr que se les reconocieran a plenitud sus derechos como ciudadanos. A pesar de sus esfuerzos se les negó su participación junto al ejercito norteamericano en el frente de guerra.

La oficialidad militar prefirió enviarle el regimiento 369 a Francia para que estuviera bajo la dirección del gobierno y el cuerpo militar francés no sin antes advertirle que no debían confiar en estos soldados ya que no los consideraban capaces de combatir y de realizar otras tareas importantes durante la guerra. Una carta del Coronel Linard de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF) al cuartel militar francés resume las tensiones raciales entre negros y blancos en el momento en que Estados Unidos entró en la guerra:

“… Los aproximadamente 15 millones de negros en los Estados Unidos presentan una amenaza de mestizaje racial a menos que se mantenga a negros y blancos estrictamente separados [Por lo tanto,] los franceses no deberían comer con ellos, ni estrecharles la mano, ni visitarlos ni conversar, excepto cuando sea requerido por asuntos militares.”

Se dice que a los franceses les consternó las advertencias racistas de los norteamericanos y aunque ellos también tenían su cuota de abusos raciales en sus colonias como lo fue el caso de Argelia, necesitaban desesperadamente soldados para combatir en el frente de guerra, así que aceptaron al regimiento 369 y decidieron no hacerle caso a la oficialidad militar norteamericana. De inmediato incorporaron a sus unidades de combate a los soldados afroamericanos y puertorriqueños. El gobierno norteamericano solo les proveyó uniformes a los soldados del regimiento 369. Los franceses les tuvieron que suplir las armas que utilizaron durante la guerra, municiones, cascos, cinturones y alimentos.

Reese Europe quien además de ser el director de la banda ocupo el rango de teniente llegaría a decir un poco en broma, pero consiente de la posibilidad de que ocurriese, lo siguiente:

“He estado pensando que si capturan a uno de mis puertorriqueños con el uniforme de un regimiento francés de Normandía y este hombre negro les dice en español que es un soldado estadounidense en Nueva York del Regimiento de la Guardia Nacional, el dolor de cabeza que le provocara al departamento de inteligencia alemán tratar de entender esa realidad”.

Antes de ser embarcadas los regimientos militares estadounidenses a Europa, se decidió realizar un festival y una marcha de despedida a los soldados. La división militar denominada el Rainbow Division o Division Arcoiris en español, estaba compuesta por varias unidades de la guardia nacional provenientes de unos 24 de estados. Las unidades marcharían por toda la 5ta avenida de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, le fue denegada la participación a la banda musical dirigida por Reese Europe y a todos los demás soldados del Regimiento 369. Los oficiales militares a cargo del evento expresaron los motivos de su rechazo diciendo que “el color negro no se encontraba entre los colores del arcoíris”. Aunque no les permitieron tocar ni participar en el evento de Nueva York a su llegada al muelle francés, los soldados de la banda musical del Regimiento 369 sorprendieron y deleitaron a los soldados y civiles franceses con una versión impecable de la Marsellesa en Jazz.

La valentía y heroísmo desplegado en el frente de combate durante la primera guerra mundial por todos los miembros del Regimiento de infantería 369 a quienes se dice que los propios alemanes le dieron el nombre de los “Harlem Hellfighters” o Luchadores Infernales de Harlem y los franceses le llamaran “Los Hombres de Bronce” por su valor y heroísmo, le mereció a cada uno, el más alto honor otorgado por el gobierno francés y su presidente, la medalla de la Cruz de Guerra. Estuvieron destacados en el frente de guerra por más de 191 días, más que ninguna a otra unidad militar americana. Nunca retrocedieron en sus incursiones en terreno enemigo y nunca permitieron que los alemanes tomaran como prisionero a uno de sus soldados.

Las proezas, el valor y la disciplina demostrada en el frente de guerra no fue el único legado de importancia que dejo el Regimiento 369 durante la primera guerra mundial, algunos historiadores han expresado, que la destreza en el campo de batalla del regimiento 369 fue casi eclipsada por su contribución a la música, ya que a la banda musical del Regimiento 369 de los “Harlem Hellfighters” compuesta por una selección de los mejores músicos de jazz de Harlem y Puerto Rico, también se le atribuyó la singular proeza de haber exportado por vez primera, la música jazz, por toda Europa. Sus presentaciones en teatros, calles, plazas, muelles y otros espacios públicos no solo levantó la moral de los soldados, expuso además a la población civil y las clases trabajadoras a una experiencia musical memorable.

Finalizada la guerra, la ciudad de Nueva York les recibió con un gran desfile a lo largo de la 5ta Avenida. Un honor que les fue denegado, por motivos raciales, cuando partieron hacia Europa. A pesar de ello la celebración no duró mucho ya que como muy bien expresara el escritor norteamericano Max Brooks: “Regresaron a casa en los momentos de mayor violencia racial en la historia de los Estados Unidos, el verano rojo de 1919”. Lo que se conoció como el verano rojo fue el periodo comprendido entre fines del invierno y principios del otoño de 1919 durante el cual grupos supremacistas blancos desataron una de las peores oleadas de asesinatos, linchamientos, violencia y ataques terroristas contra los afroamericanos en más de tres docenas de ciudades de los Estados Unidos.

Rafael Hernández Marín al igual que su hermano Jesús y los demás soldados puertorriqueños recibieron los reconocimientos otorgados por el gobierno francés y la Cruz de Guerra por su alto heroísmo y valor durante la guerra. Rafael fue dado de baja honorablemente como soldado y desempeñó un rol destacado en la banda musical del Regimiento 369 como Trombonista y asistente del propio Reese Europe. A su regreso a Nueva York participó de las grabaciones de Jazz con la orquesta de Reese Europe. Se ha dicho que muchas de sus composiciones y arreglos musicales como El Cumbanchero y Cachita reflejan cómo fue influenciado por el sonido del “big band” que era típico de las bandas de jazz. Rafael Hernández ha sido y es considerado uno de los más grandes compositores a nivel mundial superando en composiciones musicales, con más de 2000, a otros gigantes compositores latinoamericanos de su época, como lo fueron Agustín Lara de Méjico y Ernesto Lecuona de Cuba.

El discrimen racial que observó y vivió como puertorriqueño y negro en los Estados Unidos y como soldado durante la primera guerra mundial lo llevaron también, al igual que a Don Pedro Albizu Campos a denunciar y criticar el gobierno norteamericano y al estado de sujeción y control colonial de la isla por parte de los Estados Unidos. En 1932 escribió y compuso “Mi Patria Tiembla”. La canción interpretada por Davilita y el trío Borinquen dice que Puerto Rico tiembla porque los nobles patriotas que yacen en sus tumbas al serles imposible salir de su morada para defender la isla de las infamias y tiranías que se cometen contra ella, se rebelan y se agitan en sus tumbas provocando que la Patria tiemble. La letra finaliza expresando que es preferible que Puerto Rico se hunda y se la trague el mar antes de verla esclava.

En 1937 en una de sus más reconocidas y famosas composiciones musicales, “Preciosa”, describe a los Estados Unidos como un tirano que trata a Puerto Rico con negra maldad. Rafael estaba muy claro de que esa maldad siempre provino del blanco americano. Unos años después se dice que Muñoz Marín, le llegaría a pedir que bajara el tono antiamericano en ‘Preciosa’. Sugiriéndosele incluso cambiar la frase “no importa el tirano te trate” por la frase “no importa el destino te trate”. Al final Rafael no cedió ante las presiones que se le hicieron y el tirano americano se quedó como lo que es y ha sido siempre un Tirano. No fue casual que Rafael Hernández decidiera inmortalizar el final de la canción con la frase que más emociona y agita los corazones a todo puertorriqueño y puertorriqueña que la escucha y canta: “Preciosa te llaman los hijos de la libertad”.

Referencias:

Martínez , E (Spring – Summer 2014). Rafael Hernández and the Harlem HellfightersVoices; The Journal of New York Folklore, Volume 40: 1–2: https://nyfolklore.org/wp-content/uploads/Voices-2014a.pdf

 Trickey, E (May 2018): One Hundred Years Ago, the Harlem Hellfighters Bravely Led the U.S. Into WWI; , Smithsonian Magazine https://www.smithsonianmag.com/history/one-hundred-years-ago-harlem-hellfighters-bravely-led-us-wwi-180968977/

Brooks M: Harlem Hellfifhters Broadway Books (2014)

Basilio, S. (April 2019) Boricua Pioneer, Rafael Hernández Revista Digital Jazz DeLa:https://jazzdelapena.com/puerto-rico-project/boricua-pioneer-rafael-hernandez/

Moskowitz, D.(June 2020) Jazzman James Reese Europe Taught White America How to SwingHistory net.com : https://www.historynet.com/jazzman-james-reese-europe-taught-white-america-how-to-swing.htm

Hernández R. (1932) Mi Patria Tiembla,, Interpretada por Trio Borinquen; Davilita /Mario Hernandez : https://www.youtube.com/watch?v=WEwh_Rqg5-s


 

semanario Claridad Archives - LVDSEl semanario Claridad es una publicación que este año cumple sesenta años defendiendo y promoviendo la independencia de Puerto Rico, la colonia más atigua del planeta. Durante este periodo ha enfrentado persecución política, ataques terroristas y los vaivanes socio-económicos y políticos de la sociedad puertorriqueña. La  entrega de quienes durante todos estos años han luchado por la supervivencia de este vocero de la nacionalidad puertorriqueña es encomiable.

En estos sensenta años Claridad ha sido mucho más que el vocero de una lucha política. Este semanario ha sido también un medio cultural, en donde academicos de diversas disciplinas  han  disfrutado de un espacio para compartir sus ideas. Comparto con mis lectores una corta nota titulada “1898, del otro lado“, escrita por la Dra. Dolores Aponte Ramos,  sobre el uso de la música “como recurso publicitario” durante la guerra hispano-cubano-estadounidense en 1898.


1898, del otro lado

Lola Aponte, de oficio hilandera.

Claridad

24 de julio de 2020

Nos propone Sun Tzu:  cuando se conduce a los hombres a la batalla con astucia, el impulso es como rocas redondas que se precipitan montaña abajo: ésta es la fuerza que produce la victoria.” ¿Cómo lograr el discurso que lograr mover las rocas?  ¿Quienes eran los soldados que en el 1897 fueron movidos a la guerra hispanoamericana? ¿Cómo hacerles partícipes de una ideología dominante en la cual se percibieran como salvadores en la lucha del bien versus el mal?  ¿Qué nociones del otro, del enemigo y de sí mismos los alentaba?

Esta guerra recurre a la prensa y a la música para crear el espíritu entre los soldados y ciudadanía de la necesidad de la guerra   Aquí propongo algunos textos visuales y musicales para darnos un sabor de la Guerra Hispanoamericana, conocida en los libros de historia militar de USA como “la guerra breve,”  Primero la representación de España como enemigo irracional y degradado.  Estas caricaturas ampliamente difundidas, crean “al otro” en cuanto  animalizado y brutal, asesino de los soldados el Maine, violador de la libertad.

Article Images | Origins: Current Events in Historical PerspectiveComo sabemos hacía ya décadas que latifundistas norteamericanos habían comprado enormes fincas en el Caribe hispano.  El interés por Cuba y Puerto Rico se había expresado incluso en la colaboración con los Partido Revolucionarios de ambas islas si bien fundados en New York.  Se había  materializado en el apoyo en armas a los mamvíses, ejército de guerrilla cubano organizado contra el estado español y asilo a figuras cimeras en la búsqueda de la independencia.  La imagen, sin embargo, no está dirigida hacia la intelligentsia militar, que conoce los intereses comerciales y expansionistas de esta guerra.  Esta imagen amarillista y metafórica está enfocada al lector promedio del periódico.  La auspicia el cuerpo militar, liderado por Teddy Roosevelt, para crear opinión pública.  Buscan y logran apoyo masivo a la primera guerra claramente imperialista de Estado Unidos.  Los cuerpos sangrientos, la ferocidad de contrincante, de proporciones corporales gigantescas son elocuentes en sí mismas.  Un importante grupo de jóvenes voluntariará para hacerse soldados a favor de tan justa causa. Formarán varios regimientos, voluntarios que servirán de linea de frontal de infantería.    En la imagen, Tio Sam protector de la Cuba feminina, presuntamente a punto de ser violada, mira con miedo a españoles de tez oscura que detiene su ataque mas no su gesto violento   Así la guerra se torna en una de protección de valores domésticos, un desarrollo contra la infamia antes que una búsqueda expansionista .  Los habitantes de las islas no parecen tener historia, y se nos muestran incapaces de  buscar redención propia, no parecen conocer la posibilidad siquiera de reclamar derechos, tampoco se les adjudica valores propios   Damiselas asustadizas, subyugadas ellas mismas ante su salvador  Sin duda la fantasía de dominación perfecta.  Es este la misma ideología que expresa su música.

Song sheet cover featuring Eugene Stratton in All Coons Look Alike ...

La música, como recurso publicitario,  mayormente producida alrededor de la casa de publicación Tin Pan Alley.  Entre los grandes éxitos del 1898 produjeron Yankee Doddle Dewey,  y Ma Fillipino Babe.  Esta compañía es responsable de otros top ten en el billboard de la época, tales como ˆ  All the Coons Look Alike to Me—(Todos los putos negros me parecen idénticos, traduzco temblándome el corazón)   Mientras Mark Twain se oponía a la intrusión militar como contraria al espíritu de la república, su país que había salido de su primera gran recesión estaba listo para adelantar la propuesta de intervención militar en el Caribe y cantaba a coro estas melodías.  Aquí tres fragmentos de canciones a las que siguen traducciones :  

A CALL FROM CUBA – J. R. Martin

 Rouse! Sons of Columbia, hear the cry of despair, Wrung from skeleton forms in the dreary night air;

Human forma herded there by a mandate from Spain, Without help, food or shelter, from sun, cold or rain; Age and infancy blend, no strong arm to defend, They wait in dull anguish the sorrowful end;

They’re our neighbors in Cuba; oh, hear their sad cry: “Save us, sons of Columbia, or haste, ere we die.”

Have we forfeited life because longing to be

Like your glorious union, in full liberty?

Our hearts are like lead ‘neath this load of despair,

You are brave, you are generous, hear this our prayer; By your own love of liberty, grant us the same,

Shield our homes and loved ones from the fury of Spain; Then the star spangled banner in triumph shall wave, O’er the land of the free, and the home of the brave.

We have suffered for years every outrage which Spain Could invent to insult us and fill lie with pain;

The music they love is the shriek of desviar

And the moan of lost innocence in the night air;

Oh God! hear our cry, from Thy throne up on high, Send deliverance from Spain, or permit us to die;

May the star spangled banner o’er Cuba soon wave, Blessed emblem of peace for the home of the brave.

AS WE GO MARCHING THROUGH CUBA – Wilbur Eastlake

Hark, ye freemen, to the drums that call yon to the fray. Liberty now needs her sons, the fight is on to-day; Truth and Justice will prevail and Tyranny decay

As we go marching through Cuba.

Ignorance of human rights, contempt for human kind

And neglect of Freedom’s growth hath made Earth’s rulers blind. Fling Old Glory to the breeze, ‘twill closer brave hearts bind

As we go marching through Cuba.

“REMEMBER THE MAINE” – Lilith V. Pinchbeck Hark! don’t you hear the trumpets?

The beating of the drum

And measured tread of marching feet Proclaim that war has come.

The battle cry rolls onward

As they thin the ranks from Spain— ‘T is no more “Remember the Alamo But “Remember, boys, the Maine!”


A CALL FROM CUBA – J. R. MartinDe pie, Hijos de Columbia, escuchen el grito de dolor, 

de retorcidos esqueletos en el triste aire de la noche

Manada de formas humanas reducidas por mandato de España:

sin ayuda, comida; ni cobijo del sol, el frío o la lluvia,

 infancia y vejez sufren, sin brazo que les defienda,

 esperan en angustia el triste final. 

Son nuestros vecinos, Cubanos; 

Escucha sus tristes gritos: “Sálvennos, hijos de Columbia,

aprisa,  o moriremos 

¿Débemos sacrificar nuestra vida por querer tener,

 una nación como la suya, gloriosa, llena de libertad? 

nuestros corazones son como plomo bajo esta carga de dolor

son ustedes bravos, generosos, escuchan nuestra 

!Qué su amor por la libertad nos ampare a nosotros por igual 

protejan nuestras casas y a nuestros amados de la furia de España!

Entonces, la bandera de estrellas y rayas, triunfante ondeará  

sobre la tierra del libre y el hogar del valiente. (fragmento, traducción nuestra)

AS WE GO MARCHING THROUGH CUBA – Wilbur Eastlake

Atención!!, hombre libres al tambor.  les llama al servicio de libertad que necesita de sus hijos

en la lucha de hoy, Verdad y Justicia vencerán; t tiranía caerá

Según marchamos por Cuba

huirán los gobernantes con su ignorancia por los derechos humanos, 

 su desprecio por la vida y el olvido de desarrollar la Libertad humana.

Su gloria se desvanecerá en el aire

cuando nuestros bravos corazones 

Marchen por Cuba

El Public Domain Review acaba de hacer disponible una versión digital de la primera edición del discurso pronunciado por Fredrick Douglas el 5 de julio de 1852, criticando la hipocrecia de celebrar la independencia de Estados Unidos cuando millones de negros seguían siendo esclavos.  Bajo el título First Edition Pamphlet of Frederick Douglass’ “What to the Slave Is the 4th of July?” (1852), este documento viene acompañado de un breve análisis de su importancia como una de las piezas de oratoria más significativas de la historia estadounidense, así como también una fuente invaluable para el estudio de la esclavitud en Estados Unidos.

Los interesados en este documento pueden ir aquí.

Para mis lectores hispano parlantes incluyo a continuación la traducción de las primeras dos páginas de este discurso producida por la página Mass Humanities.


Frederick Douglass's "What to the Slave is the Fourth of July ...

El significado del cuatro de julio para el negro Frederick Douglass July 5, 1852

Nota: Por razones históricas, en esta traducción se han empleado las formas de vosotros para la segunda persona plural. Aunque vosotros ya no se usa en el español hispanoamericano, era común durante el siglo xix, y sobre todo en la oratoria; por consiguiente, ayuda a captar, por analogía, el estilo decimonónico del inglés de Douglass.

1 Sr. Presidente, Amigos, y Ciudadanos de Compañero: La tarea antes de mi es alguno lo que requiere mucho pensamiento anterior y estudio para su desempeño adecuado. No me recuerdo nunca haber a parecer como un altavoz en frente de alguna asamblea con nerviosismo, ni con más desconfianza en mi habilidad que hago este día. Los papeles y los carteles dicen que voy a entregar una oración sobre el cuatro de julio. El hecho es, señores y señoras, la distancia entre esta plataforma y la plantación de esclavos, desde que me escapé, es considerable-y los dificultades para superar para que mover del último al anterior, no son leves. Lo que estoy aquí es algo de asombro así como de agradecimiento.

2 Esto, para el propósito de esta celebración, es el cuatro de julio. Esto es el cumpleaños de tu Independencia Nacional, y de tu libertad política. Esto, para ti, tiene la significa de la Pascua para la gente emancipada de Dios. Se lleva a tus mentes al día, y al momento de tu gran liberación. También, esta celebración significa la empieza de otro año de tu vida nacional; y te recuerda que la República de América ahora tiene 76 años. Estoy feliz, ciudadanos de compañero, porque tu nación está muy joven. Eres, incluso ahora, sólo a la empieza de tu carrera nacional, todavía persistiendo en el período de infancia. Repito, me alegre que esto es verdad. Hay esperanza en el pensamiento, y la esperanza es muy necesaria, debajo de los nubes oscuros que se bajan sobre el horizonte.

3 Ciudadanos del compañero, hace 76 años, las personas de este país eran súbditas británicas. El estilo y el título de tu “gente soberana” (en el cual tu ahora gloria) no nació. Estabas debajo de La Corona Británica. Tus padres estimaron el Gobierno Inglés como el gobierno de tu casa. Inglaterra como la patria, aunque una distancia muy lejos de tu casa, les impone, por el ejercito de sus prerrogativas de los padres, a sus niños coloniales, tales restricciones, cargas, y limitaciones, como, en su juicio maduro, se considere sabio, correcto, y adecuada.

4 Pero tus padres, cuyos no adoptaron la idea que el gobierno es infalible, y el carácter absoluto de sus acciones, presumieron a ser diferente del gobierno local en respeto al sabio y la justicia de algunos de las cargas y restricciones. Ellos se fueron en lo que para pronunciar las medidas del gobierno que son injustas, irrazonables, opresivas, y en total medidas que no la gente no debe someter a silencio. No necesito decir, ciudadanos de compañero, que mi opinión sobre las medidas son completamente en conformidad con los opiniones de tus padres. Tus padres se sentían tratados duramente e injustamente por el gobierno local, entonces tus padres, como hombres de honestidad, y hombres de espíritu, buscaron la compensación. Ellos solicitaron y protestaron; lo hicieron con una manera decorosa, respetuosa, y leal. Esto, sin embargo, no respondió al propósito. Ellos fueron maltratados con indiferencia soberana, frialdad, y desdén. Aún perseveraron.

frederick douglass Corinthian Hall 1852 speech

5 La opresión hace enojado al hombre sabio. Tus padres estuvieron intranquilos debajo de este trato. Ellos sintieron como las víctimas de errores graves que son incurables en su capacidad colonial. Con hombres valientes siempre hay un remedio para la opresión. Aquí, ¡la idea de separación total de las colonias de la corona nació! Era una idea sorprendente, mucho más que lo consideramos a esta distancia del tiempo. La gente tímida y prudente de esa día, por supuesto, estaban sorprendidas por esta idea. Su oposición al pensamiento, lo que consideraba peligroso durante en ese tiempo, estaba serio y poderoso; pero, durante de su terror y vociferaciones asustados contra de la idea, la idea alarmante y revolucionaria continuaba, y el país continuaba también. 6 El dos de julio, 1776, el Congreso Continental, para la consternación de los amantes de la facilidad y de los adoradores de la propiedad, alarmante y revolucionaria. Lo hicieron por una forma de una resolución. Casi nunca concebimos resoluciones, las que creamos en nuestras días, que tienen significados mejores que la resolución del Congreso Continental: “Resuelto, que estas colonias unidas son correctos y deben ser estados independientes y libres; también son absueltos de la lealtad de la Corona Ingles en total. 7 Ciudadanos, la resolución cumplió por tus padres. Ellos triunfaron; y hoy cosechas las frutas del triunfo de tus padres. La libertad que ganaron es tuyo; y tú, por lo tanto, puedes celebrar este aniversario. El cuatro de julio es el primer gran hecho en la historia de tu nación-la parte tan importante que todo en tu destino subdesarrollado. 8 El orgullo y patriotismo, no menos que el agradecimiento, te inspiran a celebrar y recordarlo perpetuamente. Lo he dicho que la Declaración de la Independencia es anillo – perno de la cadena del destino de tu nación; entonces, de hecho, lo considero. Los principales que están en ese instrumento son principales de salvación. Adhiere a estos principales, sea leal a estos en todos las situaciones, en todos los lugares, contra de todos los enemigos, y a cualquier precio.

Para la traducción completa se puede ir aquí.

Comparto una nota periodistica escrita por Jaume Pi del diario La Vanguardia sobre una de las rebeliones de esclavos más importante de la historia estadounidense.  En 1831 un esclavo llamado Nat Turner dirigió una sangrienta rebelión de esclavos que fue duramente reprimida. Como bien señala el autor, esta y otras rebeliones de esclavos confirman la falsedad de quienes aún hoy alegan la bondad del regimen esclavista que fue fundamental en el desarrollo económico de Estados Unidos.


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Nat Turner: la rebelión del esclavo predicado

Jaume Pi

La Vanguardia 

7 de julio de 2020

Uno de los argumentos de los defensores del sistema esclavista en los EE.UU. fue que era un modo de vida garantizaba la paz social. Se sostenía que la misma población negra vivía conforme y feliz a este orden y que dicha jerarquía favorecía la convivencia entre razas. Esta visión idealizada se mantuvo incluso después de la proclamación de emancipación de Abraham Lincoln (1863) y es la que se refleja en la popular novela Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell (1936), y posterior adaptación cinematográfica (1939).

Sin embargo, esta imagen no se sostiene en los hechos históricos. El periodo esclavista en EE.UU. no fue, ni mucho menos, una etapa pacífica. Resultó convulsa y conflictiva. Los afroamericanos sometidos nunca aceptaron de buen grado su condición y se estima que se produjeron hasta 250 rebeliones de esclavos entre 1619 y 1865 en el país, desde las célebres revueltas cimarrones en las colonias españolas en los siglos XVII y XVIII hasta las numerosas insurrecciones de principios del XIX en pleno crecimiento del movimiento abolicionista.

La rebelión de Nat Turner es considerada una de las más sangrientas e impactantes de aquel periodo. Turner, un esclavo que había podido aprender a leer y escribir gracias a la supuesta benevolencia de sus amos blancos, utilizó sus capacidades y su posición como predicador para liderar una insurrección que durante 2 días puso en jaque el condado de Southhampton, Virginia.

Fue un levantamiento violento, que conmocionó a la región y todo el país, y que provocó una reacción igualmente represiva y virulenta contra la población negra. Su impacto posterior implicó el endurecimiento de las leyes de los estados del sur contra los negros (tanto esclavos como hombres libres), una situación que se fue tornando insostenible hasta el estallido de la Guerra Civil (1861-1865).

Nat Turner nació el 2 de octubre de 1800. Nació esclavo, hijo de esclavos, en la plantación de su amo Benjamin Turner, de quien, como era costumbre, tomó el apellido. De bien pequeño demostró que tenía altas capacidades y, de forma excepcional, sus propietarios le enseñaron a leer y escribir, especialmente la Biblia y textos religiosos. La primera infancia de Nat fue relativamente feliz: era el niño preferido de sus dueños blancos, que le exhibían a las visitas como una rara atracción.

UNSPECIFIED - CIRCA 1754: Plantation slaves gathered outside their huts, Virginia, America. Photograph c1860. (Photo by Universal History Archive/Getty Images)

Plantación de esclavos en Virgina, en una fotografía tomada alrededor de 1860
 UniversalImagesGroup / Getty

Cabe puntualizar el contexto de la Virginia de ese entonces. En contra de lo que ocurría en el profundo sur, los propietarios no eran necesariamente crueles con sus siervos, que en algunos casos disponían de vacaciones o tiempo de ocio. Por lo tanto, tratos como los que obtuvo Nat no eran tan extraños. Sin embargo, llegada la adolescencia, ese privilegio se esfumó de forma abrupta. Cuando el joven tuvo la edad para ponerse a trabajar en los campos de algodón, fue apartado de sus estudios y tratado como un esclavo más.

La influencia de la religión tuvo un impacto brutal en Turner. De muy pequeño, su entorno familiar ya le atribuía unos poderes extraordinarios, fruto de una supuesta ancestral herencia africana. Él mismo se vio como una especie de elegido, asegurando que recibía mensajes o señales de Dios. Gozaba así de un gran prestigio entre los suyos, que le consideraban un líder y que le reconocían su inteligencia superior. Al mismo tiempo, conservaba la buena consideración de sus dueños, que veían en él la figura perfecta para evangelizar y tranquilizar al resto de esclavos.

Mantuvo su buena reputación de negro dócil probablemente como una estrategia para elaborar mejor su plan de insurrección. Sus motivos pudieron ser muchos: desde el desengaño por haber perdido su condición privilegiada hasta la toma de consciencia de la inmoralidad e injusticia del sistema esclavista. Todo ello aderezado por sus ideas religiosas. Dejó escrito que en la primavera de 1828 se había convencido de que “el Todopoderoso” le había encomendado “una gran misión” y que esperaba una señal para llevarla a cabo.

En torno a 1830, fue comprado por Joseph Travis, quien admirado por su buena fama, le permitió realizar reuniones religiosas en las que Turner comenzó a trazar sus planes. El predicador fue especialmente cuidadoso. Para evitar traiciones internas, se rodeó de un reducido grupo de fieles. Unas 4 o 5 personas a lo sumo que se intercambiaban la información a través de canciones y prédicas.

1831: Slaves rebelling in Virginia during the revolt led by Nat Turner. (Photo by MPI/Getty Images)

Litografía que muestra la rebelión de Nat Turner y su posterior neutralización por parte de las milicias del Estado de Virginia MPI / Getty

En febrero de 1831, Nat Turner interpretó un eclipse solar como la señal que estaba esperando. La noche del domingo 21 de agosto de 1831 comenzó la rebelión cerca de Cabin Pond, en el distrito Cross Keys de Southampton. Armados solo con hachas y cuchillos, el objetivo de Turner y de sus seis hombres era tomar Jerusalén, que así es como se llamaba la capital del condado. Su plan era sembrar el pánico en un ataque relámpago e intentar reclutar el máximo número de armas y combatientes por el camino.

Comenzaron adentrándose en la finca del dueño de Nat, al que ejecutaron rápidamente. Al mismo tiempo, convencieron a los esclavos para que se sumaran al grupo para seguir en la lucha. Este fue el modus operandi de los rebeldes durante esos días: recorrían la región, entraban en las casas, mataban a los dueños blancos, y trataban de convencer a los esclavos negros de que se unieran a la causa.

xiste cierta controversia sobre cómo fueron aquellos ataques. Las crónicas del momento hablan de masacres despiadadas y de todo tipo de atrocidades contra hombres, mujeres y niños, movidas por la sed de venganza de un “fanático religioso”. Lo cierto es que no hubo mucha piedad por parte de los insurrectos, como tampoco la habría posteriormente por parte de los propietarios blancos. Turner aseguró que la matanza indiscriminada solo se llevó a cabo inicialmente para generar alarma y añadió que, por ejemplo, evitó los ataques a “pobres blancos” por considerarlos también víctimas de aquel sistema.

Fuera como fuera, unas 70 personas blancas fueron asesinadas en apenas dos días hasta que la rebelión fue sofocada. Tras el shock inicial, los propietarios blancos comenzaron a organizar grupos armados y se produjeron intercambios de disparos en varias granjas. En las siguientes 48 horas, el grupo siguió liberando y reclutando esclavos -entre 50 y 80 personas se unieron a la lucha- hasta que los propietarios recurrieron a la infantería del estado que, mucho más numerosa en efectivos que los rebeldes, acabó por sofocar el levantamiento. Nat Turner pudo escapar.

SOUTHAMPTON COUNTY, VA - APRIL 09: The Porter house is seen at dusk on Tuesday April 09, 2019 in Southampton County, VA. In 1831 a slave rebellion was led by Nat Turner in Southampton County. Turner was found guilty and hung. The Porter family were warned about the insurrection and left before Turner and his followers arrived. (Photo by Matt McClain/The Washington Post via Getty Images)

Ruinas de una de las granjas del condado de Southampton que fueron atacadas por Nat Turnet y sus seguidores en 1831. The Washington Post / Getty

Ruinas de una de las granjas del condado de Southampton que fueron atacadas por Nat Turnet y sus seguidores en 1831. The Washington Post / Getty

La respuesta de las autoridades a la revuelta fue la de una cruenta represión. Con el líder de la rebelión todavía vivo, se optó por dar un mensaje ejemplarizante a la población negra. Los 16 rebeldes capturados fueron condenados a muerte por el tribunal del condado, y centenares de negros fueron linchados y ejecutados sin juicio por sus propietarios, incluso sin haber tenido nada que ver con la rebelión. Las noticias del levantamiento se propagaron rápidamente más allá del Southampton y las atrocidades contra los afroamericanos, fueran esclavos u hombres libres, se extendieron por el resto de Virginia y por los estados del sur.

El cabecilla de la insurrección sobrevivió semanas vagando por el condado sin que fuera capturado, hasta que se entregó a las autoridades el 30 de octubre de ese 1831 tras ser avistado por un granjero. El 11 de noviembre fue ahorcado en Jerusalén, Virginia, tras ser condenado por rebelión. Su cuerpo fue descuartizado y despellejado, en un intento de hacer olvidar su legado. Si se saben tantos detalles de su vida es porque él mismo se los dictó a su abogado de oficio, T.R. Gray, quien poco después de la ejecución publicaría Las confesiones de Nat Turner.

The Faculty Lounge: Was Nat Turner's Lawyer Gay?

El episodio del levantamiento de Nat Turner conmocionó no solo el condado de Southampton sino todo el país. EE.UU. vivía en aquel entonces un intenso debate sobre la idoneidad del sistema esclavista. Cabe matizar que los contrarios a la esclavitud eran partidarios de una abolición gradual y generalmente, más allá de consideraciones morales, esgrimían argumentos económicos. Sin embargo, la rebelión de 1831 tuvo un efecto contraproducente y el debate terminó abruptamente en el sur en favor de los defensores de la esclavitud, que se entendió como un elemento identitario de los estados sureños.

Además, el miedo a nuevas insurrecciones provocó el endurecimiento de las leyes. El Congreso de Virginia prohibió enseñar a esclavos, negros libres o de “raza mixta” a leer o escribir. Igualmente limitó las reuniones de esclavos y las congregaciones de las iglesias negras, imponiendo que al menos un blanco estuviera presente en este tipo de encuentros para evitar nuevas revueltas.

La nueva legislación también recortó derechos civiles de los negros libres e incluso de blancos favorables del abolicionismo, movimiento que en el sur quedó borrado de la noche a la mañana. Curiosamente fue entonces cuando en el norte tomó mayor impulso: ese mismo 1831 se fundó la New England Anti-Slavery Society, la primera asociación abolicionista de los EE.UU. Una irreconciliable división entre el sur esclavista y el norte antiesclavista se estaba gestando, una situación que acabaría por ser insostenible y desencadenaría la Guerra de Secesión.

La rebelión de Nat Turner es uno de aquellos episodios clave en la historia de los afroamericanos, aunque también de las más controvertidas. Turner es visto como un héroe, sobre todo porque su caso demuestra que la esclavitud nunca fue aceptada por sus víctimas. Sin embargo, existen muchas críticas contra dicha idealización por el componente extremadamente violento del suceso.

La historia alcanzó una gran popularidad a raíz de la publicación en 1967 de la novela Las confesiones de Nat Turner, de William Styrton, obra inspirada en el texto de Gray y presentado como una narración en primera persona del predicador. La obra ganó el premio Pulitzer, como en su momento lo había hecho el clásico de Mitchell. Asimismo, en 2016, el director Nate Parker rodó The Birth of a Nation, un filme basado en el libro de Styrton y que se llevó el primer premio en el festival Sundance