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La década de 1960 fue testigo de la lucha de los afro-estadounidenses  por la igualdad social y política. Tras el fin de la guerra civil, los afro-estadounidenses  disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, ciudadanos negros llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y representantes. Sin embargo, a finales de la década de 1870, éstos habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial. Este sistema conocido como “Jim Crow”  creó formas para negar  o limitar el derecho al voto de los afro-estadounidenses,  además de marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión.

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Los afro-estadounidenses  no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de afro-estadounidenses  fueron linchados por el mero hecho de ser negros.  Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

En los años 1960 se dio un renacer en la lucha de los afro-estadounidenses  por el reconocimiento de sus derechos políticos y por el fin de la segregación racial. Bajo el liderato de personas como Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks, Huey P. Newton y Bobby Seale, los afro-estadounidenses  usaron diversos tipos de medios para luchar contra quienes les oprimían y maltrataban (boicots, marchas, resistencia pacífica, resistencia armada, etc.). El resultado de esta lucha fue el desarrollo de un vasto movimiento a favor de los derechos civiles que logró la aprobación de leyes federales protegiendo los derechos de los ciudadanos afro-estadounidenses . Sin embargo, esta lucha constituyó una verdadera revolución, pues cambió considerablemente las relaciones y actitudes raciales en los Estados Unidos.

 Martin Luther King

Rosa-Parks

Rosa Parks

Una de las figuras claves de la lucha por los derechos civiles fue un joven pastor negro llamado Martin Luther King. Nacido en Atlanta en 1929, era hijo y hermano de pastores y vivió desde muy niño la segregación racial.  En 1954,   King se convirtió, a los veinticinco años de edad, en pastor de una iglesia bautista de la ciudad Montgomery. Un año más tarde, una mujer afroamericana llamada Rosa Parks se negó a cederle su asiento en un autobús público a una persona blanca, por lo que fue arrestada por violar las leyes segregacionistas vigentes en el estado de Alabama. En respuesta, el reverendo King encabezó un boicot contra el sistema de transportación pública de Montgomery que duró más de trescientos días. En 1956, el Tribunal Supremo declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos, lo que marcó el fin del famoso boicot de Montgomery.

LBJ & MLK

Martin Luther King y Lyndon B. Johnson

King le dedicará los próximos trece años de su vida a la lucha por la igualdad racial por medio de marchas, boicots, bloqueos, toma de edificios, etc. Creyente en la resistencia pacífica promulgada por Henry David Thoreau y Gandhi, King rechazó el uso de la violencia y se opuso a la intervención de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam, por lo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1964.

King no sólo defendió el pacifismo, sino que también optó por aliarse con los sectores liberales en busca de reformas. Para él, la integración racial era posible y necesaria. King creía que sólo el cambio pacífico a través de la colaboración con los blancos traería el cambio que los afro-estadounidenses  estaban esperando y del que eran merecedores.

Este gran líder estadounidense fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.  Su muerte provocó fuerte disturbios raciales, pero no frenó la lucha de los afro-estadounidenses  por sus derechos civiles.

La Ley de Derechos Civiles

El asesinato de  John F. Kennedy en noviembre de 1963 ocurrió en un momento que la lucha por los derechos civiles había ganado fuerza y contaba con el apoyo del presidente asesinado. La actitud que asumiría el nuevo residente de la Casa  Blanca preocupaba a los líderes negros, pues Lyndon B. Johnson (LBJ) no se había caracterizado por sus simpatías hacia la lucha de los afro-estadounidenses . Por el contrario, como Senador Johnson había bloqueado legislación a favor de los derechos civiles.

Afortunadamente para los afro-estadounidenses ,  LBJ entendió que la lucha por los derechos había cambiado el panorama político estadounidense. Además, éste quería unir a los Demócratas y demostrar que era un líder nacional por lo que adoptó el tema de los derechos civiles. Johnson hizo claro que estaba dispuesta a transar y uso todo su poder e influencia para conseguir que el Congreso aprobara  una ley de derechos civiles en 1964.

La aprobación de la Ley de Derechos Civiles  es uno de los episodios más importantes en la lucha de los afro-estadounidenses  por la igualdad.  Ésta es, además, la legislación más importante aprobada en los Estados Unidos con relación al tema de los derechos civiles desde el periodo de la Reconstrucción. La ley prohíbe la discriminación en los espacios públicos, ilegaliza la discriminación en el trabajo por sexo, raza u origen nacional, prohíbe la discriminación en programas federales y  autorizaba al Departamento de Justicia a iniciar casos legales para integrar escuelas y otras dependencias públicas.

El “Black Power”

No todos los afro-estadounidenses  adoptaron el pacifismo reformista predicado por Martin Luther King. Otros reclamaron cambios sociales inmediatos y optaron por la confrontación.  Éstos manifestaron su rencor hacia la sociedad blanca que restringía y limitaba sus aspiraciones, así como también  rechazaron la resistencia pacífica, la integración  y las alianzas de King.   Cansados, frustrados y sin fe en la justicia de los blancos, estos afro-estadounidenses  demandaron la creación de un poder negro o “Black Power”,  es decir, la creación de instituciones y movimientos políticos propios que dieran forma a una agenda propia de la comunidad afroamericana. En otras palabras, los defensores del “Black Power” querían definir su destino, no depender de los blancos para ello.

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Muhamad Ali y Malcom X

El movimiento “Black Power” estuvo fuertemente influenciada por las ideas de uno de los más importantes líderes afro-estadounidenses  de la historia, Malcom X.  Nacido como Malcom Little,  éste cambió su apellido a X como un acto simbólico de repudio al pasado esclavista. Tras una temporada en la cárcel por venta de drogas, Malcom fue liberado en 1952 y se convirtió al Islam.  Malcom se unió a una agrupación musulmana afroamericana llamada la Nación del Islam que era dirigida por Elijah Muhammad.  La inteligencia y oratorio de Malcom X le convirtieron muy pronto en una de las figuras más importantes de la comunidad musulmana afroamericana.

El pensamiento de Malcom tenía una fuerte tendencia separatista y nacionalista. Éste insistía en que los negros tomaran conciencia  y se levantaran en defensa de sus derechos para así alcanzar la independencia verdadera.  Según Malcom, los negros debían estar orgullosos de su negritud y de sus raíces africanas.  Crítico acérrimo de King, Malcom insistía que los afro-estadounidenses  debían conseguir su libertad usando cualquier medio posible, incluyendo la violencia.  En 1965, Malcom abandonó la Nación del Islam y fue asesinado por tres hombres vinculados a ese movimiento.

En 1966, Huey P. Newton y Bobby Seale fundaron el Partido de las Panteras Negras, el grupo más famoso en defensa de la autodeterminación de los afro-estadounidenses . Las Panteras Negras recurrieron a la violencia y se enfrentaron a la policía y el FBI en diversas ocasiones, pero fueron encarcelados o resultaron muertos, lo que terminó destruyendo al partido.

Bobby Seale, Huey Newton

Huey P. Newton y Bobby Seale

El movimiento “Black Power” tuvo un efecto importante para los afro-estadounidenses , pues fomentó el desarrollo de organizaciones comunitarias negras independientes de los blancos, ayudó a la creación de programas universitarios dedicados al estudio de los negros estadounidenses y sirvió para movilizar política y electoralmente a los afro-estadounidenses .  Además, sirvió para promover el orgullo racial  y la autoestima de los negros.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, Perú

download-1El 2018 Lincoln Prize ha sido sido concedido al trabajo de Edward Ayers,  The Thin Light of Freedom: The Civil War and Emancipation in the Heart of America (W.W. Norton and Company). Este premio, que consiste de $50,000, es otorgado anualmente por  el Gilder Lehrman Institute of American History para reconocer el mejor trabajo investigativo sobre Lincoln y el periodo de la guerra civil. Ayers es un historiador estadounidense, ex Presidente de la Universidad de Richmond y miembro fundador de unos de los mejores podcast de historia estadounidense: Backstory. Ha sido merecedor tanto del Bancroft Prize como  del Beveridge Prize.

Vale mencionar a los finalistas de tan prestigioso premio:

  • Ron Chernow, Grant (Penguin Press).
  • Gordon Rhea, On to Petersburg: Grant and Lee, June 4-14, 1864 (LSU Press).
  • Tera Hunter, Bound in Wedlock:  Slave and Free Black Marriage in the Nineteenth Century(Harvard University Press).
  • Cate Lineberry, Be Free or Die (St. Martin’s Press).
  • Graham Peck, Making an Antislavery Nation(University of Illinois Press).
  • Adam I.P. Smith, The Stormy Present: Conservatism and the Problem of Slavery in Northern Politics: 1846—1865 (University of North Carolina Press).
Princeton University ha publicado un libro cuya lectura parece obligatoria: American Empire A Global History. Escrito por el historiador británico A. G. Hopkins, este libro interpreta la evolución del imperio estadounidense desde una perspectiva global. Hopkins cuestiona la idea del excepcionalismo al examinar  la historia estadounidense desde una óptica internacional. Comparto con mis lectores esta “introducción” a su obra escrita por Hopkins y que fuera publicada en la bitácora Not Even Past.

The American “Empire” Reconsidered

by A. G. Hopkins

Whether commentators assert that the United States is resurgent or in decline, it is evident that the dominant mood today is one of considerable uncertainty about the standing and role of the “indispensable nation” in the world. The triumphalism of the 1990s has long faded; geopolitical strategy, lacking coherence and purpose, is in a state of flux. Not Even Past, or perhaps Not Ever Past, because the continuously unfolding present prompts a re-examination of approaches to history that fail to respond to the needs of the moment, as inevitably they all do.

This as good a moment as any to consider how we got “from there to here” by stepping back from the present and taking a long view of the evolution of U.S. international relations. The first reaction to this prospect might be to say that it has already been done – many times. Fortunately (or not), the evidence suggests otherwise. The subject has been studied in an episodic fashion that has been largely devoid of continuity between 1783 and 1914, and becomes systematic and substantial only after 1941.
There are several ways of approaching this task. The one I have chosen places the United States in an evolving Western imperial system from the time of colonial rule to the present. To set this purpose in motion, I have identified three phases of globalisation and given empires a starring role in the process. The argument holds that the transition from one phase to another generated the three crises that form the turning points the book identifies. Each crisis was driven by a dialectic, whereby successful expansion generated forces that overthrew or transformed one phase and created its successor.

The first phase, proto-globalisation, was one of mercantilist expansion propelled by Europe’s leading military-fiscal states. Colonising the New World stretched the resources of the colonial powers, produced a European-wide fiscal crisis at the close of the eighteenth century, and gave colonists in the British, French, and Spanish empires the ability, and eventually the desire, to claim independence. At this point, studies of colonial history give way to specialists on the new republic, who focus mainly on internal considerations of state-building and the ensuing struggle for liberty and democracy. Historians of empire look at the transition from colonial rule rather differently by focussing on the distinction between formal and effective independence. The U.S. became formally independent in 1783, but remained exposed to Britain’s informal political, economic and cultural influences. The competition between different visions of an independent polity that followed mirrored the debate between conservatives and reformers in Europe after 1789, and ended, as it did in much of Europe, in civil war.

The second phase, modern globalisation, which began around the mid-nineteenth century, was characterised by nation-building and industrialisation. Agrarian elites lost their authority; power shifted to urban centres; dynasties wavered or crumbled. The United States entered this phase after the Civil War at the same time as new and renovated states in Europe did. The renewed state developed industries, towns, and an urban labor force, and experienced the same stresses of unemployment, social instability, and militant protest in the 1880s and 1890s as Britain, France, Germany and other developing industrial nation-states. At the close of the century, too, the U.S. joined other European states in contributing to imperialism, which can be seen as the compulsory globalisation of the world. The war with Spain in 1898 not only delivered a ready-made insular empire, but also marked the achievement of effective independence. By 1900, Britain’s influence had receded. The United States could now pull the lion’s tail; its manufactures swamped the British market; its culture had shed its long-standing deference. After 1898, too, Washington picked up the white man’s burden and entered on a period of colonial rule that is one of the most neglected features of the study of U.S. history.

The third phase, post-colonial globalisation, manifested itself after World War II in the process of decolonisation. The world economy departed from the classical colonial model; advocacy of human rights eroded the moral basis of colonial rule; international organisations provided a platform for colonial nationalism. The United States decolonised its insular empire between 1946 and 1959 at the same time as the European powers brought their own empires to a close. Thereafter, the U.S. struggled to manage a world that rejected techniques of dominance that had become either unworkable or inapplicable. The status of the United States was not that of an empire, unless the term is applied with excessive generality, but that of an aspiring hegemon. Yet, Captain America continues to defend ‘freedom’ as if the techniques of the imperial era remained appropriate to conditions pertaining in the twenty-first century.

This interpretation inverts the idea of “exceptionalism” by showing that the U.S. was fully part of the great international developments of the last three centuries. At the same time, it identifies examples of distinctiveness that have been neglected: the U.S. was the first major decolonising state to make independence effective; the only colonial power to acquire most of its territorial empire from another imperial state; the only one to face a significant problem of internal decolonisation after 1945. The discussion of colonial rule between 1898 and 1959 puts a discarded subject on the agenda of research; the claim that the U.S. was not an empire after that point departs from conventional wisdom.

The book is aimed at U.S. historians who are unfamiliar with the history of Western empires, at historians of European empires who abandon the study the U.S. between 1783 and 1941, and at policy-makers who appeal to the ‘lessons of history’ to shape the strategy of the future.

A.G. Hopkins, American Empire: A Global History


 

TupacAmaruVelascoEl de 3 octubre de 1968 las fuerzas armadas peruanas derrocaron al Presidente Fernando Belaúnde Terry, dando inicio al Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (GRFA),  uno de los experimentos sociales, políticos y económicos más importantes en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. En los doce años que ejerció el poder, el  GRFA realizó importantes políticas y reformas: expropió varias corporaciones estadounidenses, buscó rehacer el orden diplomático interamericano establecido  en el Tratado de Río, pidió el fin del embargo contra Cuba, defendió la aplicación del límite de las 200 millas náuticas y estableció relaciones diplomáticas y comerciales con  países  comunistas.

Los militares peruanos también participaron activamente en el Movimiento de Países No-alineados, compraron cientos de millones de dólares en armamento soviético, llevaron a cabo una reforma agraria y pusieron en marcha un agresivo programa económico  que buscaba fomentar el desarrollo y la independencia del Perú.

El gobierno militar peruano adoptó un discurso anti-imperialista que ­–unido a sus medidas económicas, políticas y diplomáticas– le llevó a un interesante enfrentamiento con el gobierno de los Estados Unidos, convirtiéndose en un dolor de cabeza para las autoridades estadounidenses.

La mayoría de quienes han estudiado el GRFA se han concentrado en el análisis de temas socioeconómicos y políticos locales, prestando poca atención a elementos diplomáticos e internacionales, especialmente, a la interacción de los militares peruanos con el gobierno de Estados Unidos.  Quienes han superado esta limitación se han concentrado en el análisis de las relaciones del gobierno militar con las instituciones tradicionales de la política exterior estadounidense (Presidente, Departamento de Estado, etc.), ignorando el papel que jugó el Congreso norteamericano en este drama.

histcrit.2018.issue-67.coverEl último número de la revista Historia critica, una publicación de la Universidad de los Andes en Colombia,  contiene un artículo de mi autoría titulado “The United States Congress and the Peruvian Revolution, 1968-1975″. El objetivo de mi articulo es    aportar al estudio de las relaciones peruano-estadounidenses, analizando el papel que jugó el Congreso -una de las instituciones claves del sistema político estadounidense- durante la etapa más radical del GRFA.

Aquellos interesados en estos temas pueden descargar el artículo aquí.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, 27 de enero de 2018

 

La revista Huellas de Estados Unidos acaba de publicar su décimo tercer número con una selección de interesantes artículos enfocados, principalmente, a analizar el origen y significados del fenómeno Trump. Destaca el tema racial con trabajos de Valeria L. Carbonne (“Charlottesville: Historia de racismo y supremacía blanca“), Pablo Pozzi (“El Ku Klux Klan y el capitalismo” y  Ana Bochicchio (“¿Qué piensan los supremacistas blancos norteamericanos?”). Se incluye, además, la traducción de un capítulo del clásico libro de Michael Hunt Ideology and U.S. Foreign Policy (New Haven: Yale University Press, 1987). Agradecemos, nuevamente, a los editores de Huellas de Estados Unidos por su gran labor promoviendo el estudio de Estados Unidos en América Latina.

 

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Con un nuevo formato y dos nuevos miembros (Joanne Freeman de Yale University y Nathan Connolly de Johns Hopkins University), el podcast  Backstory no ha perdido la calidad  a que nos tiene acostumbrados. Muestra de ello su más reciente episodio, donde Bryan Ayers conversa con uno de los estrategas políticos más importantes de la historia estadounidense: Mr. Karl Rove.

 

Karl Rove Photo and Book 10182015

Oriundo del estado de Colorado, Rove fue el principal asesor y estratega político del Presidente George W. Bush. Lo que muchos desconocen es que Rove es un estudioso  de la historia estadounidense y autor de un libro sobre la elección de 1896 titulado The Triumph of William McKinley: Why the Election of 1896 Still Matters (Simon & Schuster: 2016). En esta obra Rove analiza la elección de Mckinley  como una clave para el dominio Republicano en los primeros treinta años del siglo XX. Rove también rescata la figura de McKinley, un presidente usualmente caracterizado como un líder opaco y poco carismático, para presentarle como un gran unificador nacional.

Es interesante como a lo largo de toda la entrevista Rove enfatiza la utilidad de la historia como herramienta tanto de análisis como de estrategia política. Aquellos interesados en la historia política estadounidense encontrarán en esta entrevista un análisis de uno de sus actores más destacados. Los que como yo tenían una visión negativa de Mr. Rove, se tropezaran con un conservador articulado y sensato.

Norberto Barreto Velázquez

Lima, 10 de setiembre de 2017

ConstitutionalTras el gran éxito de Presidential, la periodista del Washington Post Lilliam Cunningham vuelve a la carga con un nuevo podcast de historia estadounidense. Siguiendo la sugerencia de uno sus oyentes, Cunningham ha lanzado  un nuevo proyecto llamado Constitutional, donde analiza la constitución de Estados Unidos. Tras comenzar enfocando el preámbulo de la constitución, Cunningham ha dedicado los próximos tres episodios a analizar -con la ayuda de historiadores- la relación de la constitución con temas tan importantes como raza y nacionalidad. Recomiendo este podcast a todos aquellos interesados en la historia política estadounidense.

Norberto Barreto Velázquez

24 de agosto de 2017

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