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La revista Huellas de Estados Unidos recibirá artículos para su edición número 17 hasta el día 15 de agosto de 2019.

Comparto con mis lectores este interesante artículo de la colega Valeria L. Carbone (Cátedra Estados Unidos, UBA) sobre el resurgimiento de la Doctrina Monroe.  La Dra. Carbone es una de las editoras de la Revista Huellas de Estados Unidos.

La Doctrina Monroe y América Latina

En 1823, el presidente de Estados Unidos James Monroe, dio su sexto discurso del Estado de la Unión ante el Congreso. En el mismo hizo referencia a un conflicto fronterizo con Rusia por las tierras ubicadas en la costa noroccidental del continente (hoy Alaska y el estado de Oregón) y al hecho de que hacia 1823 la mayor parte de las colonias españolas en América habían declarado su independencia. Incluso destacó que algunas habían recibido ya el reconocimiento de Estados Unidos, sin mencionar que ello había sucedido después de un considerable debate en el que prevaleció el interés en promover el comercio y desplazar la influencia europea (Hunt 1987, 101).

Por aquellos años, Europa estaba bajo el dominio de las fuerzas de la Restauración. Las potencias del continente agrupadas en la Santa Alianza (Rusia, Austria, Francia y Prusia) habían intervenido para sofocar la revolución en Nápoles (1821) y España (1823). Y en 1823, conversaciones entre el secretario del exterior británico, George Canning, y el ministro estadounidense residente en Londres, Richard Rush, parecían insinuar la posibilidad de una acción represiva semejante en Latinoamérica.

Estableciendo marcadas diferencias entre las formas de gobierno del viejo y el nuevo mundo — y en consecuencia en los métodos de dominación –, Monroe afirmó que cualquier intervención de los europeos en el continente americano buscando una “colonización futura” sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de Estados Unidos. Esto dio pie a la justificación ideológica que avalaría su expansión en el hemisferio:

“Debemos considerar todo intento que estas (las potencias europeas) emprendan para extender su sistema a cualquier parte de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad (…) respecto de los gobiernos que han declarado y mantenido su independencia… no podríamos ver la intervención de alguna potencia europea que tendiera a oprimirlos o controlarlos de cualquier otra manera su destino, sino como la manifestación de una disposición poco amistosa hacia los Estados Unidos (…) Es asimismo imposible para nosotros ver con indiferencia toda forma de intromisión” (James Monroe, 1823)

Los efectos del discurso no fueron inmediatos y generaron cierto repudio por parte de los poderes de la época. Según el historiador Daniel Boorstin, el mensaje de Monroe no fue aceptado como una gran declaración de principios ni como una doctrina, “y aun cuando fue discutida durante 1824–1826, pronto dejó de tener interés por espacio de 20 años” (Boorstin 1996, 124). Esto, hasta que el presidente James K. Polk lo rescató en 1845 para apoyar la posición norteamericana en contra de la política británica respecto de Texas y Oregón, de los supuestos planes británicos sobre California (entonces provincia de México) y de la presencia británica en Centroamérica.

El presidente Ulysses S. Grant (1869–1877) amplió el sentido de la doctrina cuando “prohibió” la transferencia de territorio europeo en América de una potencia a otra (en relación a la ocupación francesa de territorio mexicano)[1], mientras que el presidente Rutherford B. Hayes (1877–1881) lo extendió aún más al sostener que todo canal interoceánico (en referencia al Canal de Panamá) debería estar bajo control americano. Y todo ello, motivado por los intereses expansionistas de Estados Unidos, oculto detrás de las creencias tradicionales sobre su excepcionalismo, su destino manifiesto, su grandeza nacional, su superioridad racial y el desorden político latinoamericano.

Venezuela y el Corolario Roosevelt

En 1902, Gran Bretaña, Alemania e Italia establecieron un bloqueo naval sobre Venezuela buscando ejercer el cobro compulsivo de su deuda externa. El gobierno de Theodore Roosevelt (1901–1909) nada había objetado originalmente a la acción de las potencias europeas porque entendía que los gobiernos tenían derecho a usar la fuerza para cobrar deudas contraídas por gobiernos latinoamericanos. Sin embargo, y dado que Alemania estaba considerando una acción similar contra República Dominicana, a Roosevelt le preocupó el hecho de que el “cobro compulsivo” fuese utilizado como pretexto para la intervención militar europea en el continente. Así, en el discurso del Estado de la Unión de finales de 1904, Roosevelt anunció que

Toda nación cuyo pueblo se conduzca bien puede contar con nuestra cordial amistad. Si una nación muestra que sabe cómo actuar con eficiencia y decencia razonables en asuntos sociales y políticos, si mantiene el orden y paga sus obligaciones, no necesita temer la interferencia de Estados Unidos. Un mal crónico, o una impotencia que resulta en el deterioro general de los lazos de una sociedad civilizada puede, en América como en otras partes, requerir finalmente la intervención de alguna nación civilizaday en el hemisferio occidental, la adhesión de Estados Unidos a la Doctrina Monroepuede forzar a Estados Unidos, aunque sea renuentemente, al ejercicio del poder de policía internacionalen casos flagrantes de tal mal crónico o impotencia. (State 1905, xli-xlii).

Roosevelt procedió a enviar a la Marina de Estados Unidos, y ayudó a negociar y liquidar las deudas de Venezuela mediante el uso del 30% de los aranceles aduaneros hasta que se pagaron en su totalidad.

Esta acción modificó el sentido de los principios de la Doctrina Monroe de 1823, volviéndolo abiertamente coercitivo e intervencionista. Dejó claro que Estados Unidos tenía derecho a interferir en cualquier país del hemisferio para mantener el “buen orden”, lo que llevó directa e inevitablemente a la explotación latinoamericana por parte de empresas privadas estadounidenses, que contarían con ayuda de los marines si sus acuerdos comerciales se veían amenazados (Giraldi 2019). Esto dio pie a que Estados Unidos interviniera en forma unilateral en más de 30 ocasiones en el Caribe y Centroamérica entre 1898 y 1934, entre ellas en países como Panamá (1903), Santo Domingo (1904), Cuba (1906), República Dominicana (1906), Nicaragua (1911), México (1914) y Haití (1915).

Pero esto tuvo su costo. Ante las críticas y presiones panamericanas, la Casa Blanca se vio obligada a suscribir un protocolo impulsado entre otros países por Argentina (ratificado en 1936) que formalmente prohibió la intervención de todo estado en los asuntos exteriores o domésticos de otro, y reforzó el derecho de los países latinoamericanos a la auto-defensa.

En 1960 la doctrina Monroe recobró impulso. En medio del quiebre de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, el premier soviético Nikita Khrushchev anunció en una conferencia de prensa: “consideramos que la Doctrina Monroe ha sobrevivido a su tiempo, se ha sobrevivido a sí misma, ha muerto de muerte natural, por así decirlo. Ahora, los restos de esa doctrina deberían ser bien enterrados, para que no envenene el aire con su descomposición” (Smith 2015).

Un año después, y luego de la fallida invasión de Bahía de Cochinos (1961) que tuvo como objetivo derrocar al gobierno de Fidel Castro, John F. Kennedy no sólo no negó la participación del gobierno estadounidense, sino que advirtió a los gobiernos latinoamericanos que, en el futuro, de ser necesario, no dudaría en volver a actuar unilateralmente para salvaguardar la seguridad hemisférica y contener al comunismo[2]. Al año siguiente, el gobierno estadounidense descubrió, gracias a actividades de espionaje, que la Unión Soviética había instalado misiles balísticos en Cuba. Lo que siguió fue el momento más álgido que la Guerra Fría conoció, en el que más cerca se estuvo de una guerra nuclear: la crisis de los misiles. En agosto de 1962, Kennedy dijo en conferencia de prensa:

“La Doctrina Monroe significa lo que ha significado desde que el Presidente Monroe y John Quincy Adams la enunciaron: que nos opondríamos a que una potencia extranjera extienda su poder al hemisferio occidental, y es por eso que nos oponemos a lo que está sucediendo en Cuba hoy. Es por ello que hemos cortado nuestras relaciones comerciales. Por ello por lo que trabajamos en la Organización de Estados Americanos y en otras maneras para aislar la amenaza comunista en Cuba” (New World Encyclopedia 2018).

Luego de este episodio, y ante la imposibilidad de derrocar al gobierno cubano, se sucedieron otras intervenciones en América Latina persiguiendo intereses y propósitos asociados con la Doctrina Monroe que adoptaron la forma de la política de “no a una segunda Cuba”. Bajo esta premisa se basó, por ejemplo, la invasión de República Dominicana en 1965 y el derrocamiento de Salvador Allende en Chile en 1973, mientras se empoderaba a las Fuerzas Armadas latinoamericanas para tomar las riendas de la política y se implementaban programas de contra-insurgencia en toda la región.

En 1981, Ronald Reagan evocó los principios, si no el nombre, de la Doctrina Monroe cuando afirmó: “En este lado del Atlántico debemos unirnos por la integridad de nuestro hemisferio, por la inviolabilidad de sus naciones… y por el derecho de todos nuestros ciudadanos a estar libres de las provocaciones que vienen del exterior de nuestra esfera (de influencia) con fines malévolos” (Reagan 1982, 234). Así, en el marco del recrudecimiento del conflicto con la URSS en lo que se conoció como la segunda guerra fría, Estados Unidos no sólo ordenó intervenciones en Asia y África (Afganistán y Angola), sino en América Latina: Granada, Nicaragua (affaire Irán-Contras) y El Salvador.

Venezuela y el Corolario Trump

Como hemos visto, la Doctrina Monroe ha sido invocada con frecuencia por el gobierno estadounidense y avalada por políticos y propagandistas a lo largo de todo el siglo XX. Dada la larga historia de hegemonía e intervención a la que la doctrina dio lugar, en el siglo XXI fue nuevamente exhortada para sugerir lo que pretendió ser un supuesto cambio de paradigma en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.

En 2013, el gobierno de Barack Obama anunció “el fin de la Doctrina Monroe”.En un discurso ante la OEA, el entonces secretario de Estado John Kerry afirmó que la relación entre Estados Unidos y América Latina debía ser la de socios equivalentes, y que la relación que su gobierno buscaba establecer era una que no esté basada en doctrinas sino en intereses y valores comunes.

Este discurso encontró su contracara en 2015, cuando se produjo el intento de golpe de estado en Venezuela en el que ya es difícil desconocer el rol jugado por el gobierno estadounidense. “Operación Jericó” (también conocida como “el golpe azul”) contó con la supervisión del Consejo de Seguridad Nacional (NSC). Si bien Washington se esforzó por no parecer implicado en los acontecimientos, un informe clasificado del Comando Sur (SouthCom) de Estados Unidos y firmado por su jefe, el Almirante Kurt Tidd, reveló que se proponía “a través de medios violentos, crear condiciones que conduzcan a un cambio eventual de gobierno, reemplazando al ejecutivo de (Nicolás) Maduro por un gobierno interino compuesto por una coalición de partidos de oposición y líderes sindicales, así como las ONG obligatorias”. Esas organizaciones supuestamente no gubernamentales eran la National Endowment for Democracy (NED), el International Republican Institute (IRI), el National Democratic Institute (NDI), la Freedom House y el International Center for Non-Profit Law. La operación estuvo bajo la supervisión del general Thomas W. Geary desde la sede del SouthCom en Miami, y de Rebecca Chávez desde el Pentágono. Como subcontratista de la parte militar aparecieron el ejército privado Academi (ex Blackwater); una firma administrada por el almirante Bobby R. Inman (ex jefe de la NSA) y John Ashcroft (ex secretario de Justicia de la administración Bush) (Meyssan 2015).

Semanas después, la Casa Blanca declaró a Venezuela como “una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Esto venía a complementar la firma de una ley de 2014 en la que se imponían sanciones contra Venezuela y contra varios de sus dirigentes, considerados una “amenaza a la salud del sistema financiero estadounidense”.

Este discurso menos injerencista desde lo público, pero abiertamente interventor desde lo privado llegó a su fin con la asunción de Donald Trump, quien pronto nos recordó que la Doctrina Monroe es la que define aun los parámetros de las relaciones de poder en el continente. En un discurso dado ante la Asamblea General de la ONU en New York en septiembre de 2018, y con la crisis política en Venezuela de fondo, Trump afirmó:

“Aquí en el hemisferio occidental, estamos comprometidos a mantener nuestra independencia de la intrusión de potencias extranjeras expansionistas (…) Ha sido la política formal de nuestro país desde el presidente (James) Monroe que rechacemos la interferencia de naciones extranjeras en este hemisferio y en nuestros propios asuntos” (NODAL 2018).

En este caso, no se trata solo de la posible injerencia en la región de potencias extranjeras como Rusia y China. Se trata, sin rodeos, de una cuestión ideológica. Estados Unidos considera amenazas a los intereses norteamericanos no sólo a “potencias extra-continentales”, sino a “ideologías foráneas” como las que pregonarían gobiernos como los de Venezuela y Cuba.

Así, a las declaraciones de Trump siguieron las del por entonces secretario de Estado Rex Tillerson quien, al partir en una gira por América Latina, afirmó que la Doctrina Monroe, “es tan relevante hoy como el día en que fue escrita”. En aquel momento, Tillerson lanzó específicamente una fuerte advertencia sobre el creciente peso de China en la región: “América Latina no necesita un nuevo poder imperial que sólo busque beneficiar a su propia gente”. Desconociendo en apariencia la ironía de la frase pronunciada, y volviendo a la histórica retórica de la existencia de un imperialismo bueno y un imperialismo malo, Tillerson agregó que China “ofrece la apariencia de un camino atractivo para el desarrollo, pero esto en realidad implica a menudo el intercambio de ganancias a corto plazo por la dependencia a largo plazo”. Finalmente, aseguró que “el enfoque de Estados Unidos se basa en objetivos mutuamente beneficiosos, para ayudar a ambas partes a crecer, desarrollarse y ser más prósperas” y que en lograr ello, la Doctrina Monroe ha sido un verdadero éxito (Ahrens 2018).

En este sentido, y como ha destacado el historiador Richard Barnet, justificar las acciones interventoras del gobierno norteamericano en países o regiones con los que mantiene desiguales relaciones de poder no sólo en términos de “mutuo beneficio” sino de “beneficio para la parte más débil” es parte de la retórica de política exterior de crear la ilusión de una identidad de intereses. Históricamente, Estados Unidos ha entendido que los países pobres tienen una “responsabilidad” de desarrollar un “clima” que atraiga la inversión privada, y que el gobierno estadounidense tiene la “responsabilidad” de “persuadirlos” a que cumplan con esta “responsabilidad”. En este sentido, la posibilidad de una intervención militar de mano dura juega un rol tan central como el empleo de la ayuda para originar reformas políticas y sociales “estabilizadoras” (Barnet 1974, 240–241).

Algunos meses antes de las declaraciones de Tillerson, el consejero de seguridad nacional John Bolton, ya había advertido que la presencia china en América Latina había aumentado preocupantemente en las últimas décadas. A ello sumó su preocupación de que Rusia pudiese intentar afianzar su influencia en países como Cuba, Nicaragua, Venezuela (la “Troika del Terror”) y Honduras. Según Bolton, era justamente la injerencia rusa en Latinoamérica lo que inspiró luego a Trump “a reafirmar la Doctrina Monroe” (Bolton 2018).

Paso seguido, en un discurso dado en Florida ante veteranos de la invasión de Bahía de Cochinos, Bolton retomó esta línea. Nuevamente refiriendo a la situación en Venezuela afirmó: “Esta increíble región [América Latina] debe permanecer libre del despotismo interno y la dominación externa … Los destinos de nuestras naciones no serán dictados por potencias extranjeras; serán moldeados por las personas que llaman hogar a este hemisferio. Hoy, proclamamos con orgullo para que todos lo oigan: la Doctrina Monroe está viva y bien” (Bolton, Ambassador Bolton remarks to the Bay of Pigs Veterans Association — Brigade 2506 2019).

El 3 de mayo de 2019, Bolton fue más allá y anunció vía Twitter que “Estados Unidos no tolerará la interferencia militar extranjera en el hemisferio occidental. El presidente Trump dejó en claro que habrá costos para quienes fomenten la usurpación y represión ejercida por Maduro”. Dos días después, el mismo funcionario aseveró sin tapujos que la administración Trump concentraría sus esfuerzos en reemplazar a Maduro, y que su gobierno no tenía miedo en usar la frase “Doctrina Monroe” (Red+ 2019).

A la luz de tales declaraciones, Christopher Sabatini, profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Columbia, declaró que “la doctrina Monroe tiene mucha historia que no es bien vista por parte de muchos latinos. Volver a ella, a pesar de que tal vez no están hablando sobre la intervención de Estados Unidos, genera toda una reacción en la memoria de intervenciones militares y económicas” (Lissardy 2019). Considerando que Estados Unidos, con la venia de sus aliados regionales, vienen amenazando con la posibilidad de una intervención armada en Venezuela hace ya por lo menos dos años, este análisis resulta, cuanto menos, bastante corto de miras.

Pero Sabatini no es el único. Luis Fleischman, asesor y especialista del Proyecto de Seguridad Hemisférica por el Centro de Política de Seguridad en Washington, DC., afirmó en una columna publicada en el periódico INFOBAE

La permanencia del régimen de Maduro es un desafío geopolítico para los Estados Unidos (…) Las sanciones deben incrementarse cada vez más. Pero eso puede no ser suficiente. Rusia, China e (introduciendo un nuevo actor) Irán deben salir del hemisferio occidental. Su presencia debilita aún más y pone en peligro la región. Lo que es peor es que la acción de estos tres poderes puede llevar a Estados Unidos a algo que hasta ahora se ha evitado: una intervención militar (Fleischman 2019).

Sosteniendo nuevamente la idea de que hay una dominación benigna (la de Estados Unidos) y otras malignas (las de Rusia, China e Irán), Fleischman entiende que Estados Unidos tiene un poder innato e indiscutible en la región, y que si interviene en Venezuela es a causa de la presencia de esos poderes malignos que pretenden inmiscuirse en esa región que no es otra cosa que coto privado estadounidense. Así, concluye que “la Doctrina Monroe, que a principios del siglo XIX declaró a América Latina como una esfera de influencia estadounidense, no es un reflejo de la ambición imperialista de Estados Unidos. Ahora es un imperativo de seguridad nacional y regional”(Fleischman 2019).

Sin embargo, y contradiciendo estos análisis, Estados Unidos refiere constantemente a la posibilidad de una intervención en Venezuela. Afirmando reiteradas veces que “todas las opciones están sobre la mesa”, el gobierno estadounidense ha referido abiertamente a la posibilidad de una intervención militar directa, luego de que otras estrategias de injerencia indirecta, como fomentar el aislacionismo económico y diplomático, la implementación de sanciones al sector petrolero de ese país, o la formación de una coalición regional en procura de introducir ayuda humanitaria como el Grupo Lima, no condujeron al resultado esperado: un cambio de gobierno.

En este sentido, este “corolario Trump a la Doctrina Monroe” implica una nueva fase en el proceso de expansión y hegemonía regional estadounidense. El mismo considera la necesidad de mantener no sólo la presencia de otras potencias extranjeras fuera del continente (cual sea la forma que esa presencia adopte), sino a esas “ideologías foráneas” (por decantación anti-democráticas) que estas potencias portan. Ejerciendo su ya proclamado poder de policía internacional y su hegemonía regional para intervenir en las cuestiones domésticas de los países del continente en los que los “intereses norteamericanos” (una noción cada vez más amplia y vaga) se vean amenazados, Estados Unidos proclama prerrogativas de intervención para corregir el curso de los países de la región. Y anuncia que esa intervención será directa y abierta, y considerará el enfoque de la respuesta flexible (presiones y sanciones diplomáticas, políticas, económicas). Y si eso no alcanza, se apelará a la invasión militar para resguardar lo que entienden como intereses estratégicos y económicos bajo el manto de la seguridad nacional (“America First”).

En un momento en el que los protagonistas históricos de la conformación y relectura de la Doctrina Monroe se hacen presentes (Rusia, Venezuela y Estados Unidos), la Administración Trump le da nueva vida a una doctrina que, en el fondo, nunca dejó de prestar lineamientos a la política exterior estadounidense hacia América Latina. Considerando que la misma evidencia la noción del rol del gobierno norteamericano como juez y parte de lo que constituye un gobierno aceptable en el continente americano, es importante recuperar las poco recordadas palabras de Robert Lansing, secretario de Estado de Woodrow Wilson:

En su defensa de la Doctrina Monroe, Estados Unidos considera sus propios intereses. La integridad de otras naciones americanas es un incidente, no un fin. Si bien esto puede parecer basado solo en el egoísmo, el autor de la Doctrina no tuvo un motivo más elevado ni más generoso en su declaración. Afirmar para ello un propósito más noble es proclamar una nueva y diferente doctrina. (Lansing 1914)

Notes

[1] El emperador francés Napoleón III había establecido un gobierno colonial en México en 1862. Bajo el pretexto de cobrar las deudas del gobierno mexicano, Francia, Gran Bretaña y España ordenaron el desembarco de batallones militares en México. Sin embargo, ante las pretensiones francesas de establecer una monarquía en América, Gran Bretaña y España abandonaron la empresa. Grant, escudado en los principios de la doctrina Monroe, reforzó la frontera mexicano-estadounidense, y se aprestó a apoyar a las fuerzas de Benito Juárez para expulsar a los franceses (Hardy 2008).

[2] “Any unilateral American intervention, in the absence of an external attack upon ourselves or anally, would have been contrary to our tradition and to our international obligations. But let the record show that our restraint is not inexhaustible. Should it ever appear that the Inter-American doctrine of nonintervention merely conceals or excuses a policy of non-action — if the nations of the hemisphere should fail to meet their commitments against outside communist penetration — then I want it clearly understood that this government will not hesitate in meeting its primary obligations which are to the security of our nation” (John F. Kennedy, en Robbins 1983, 304)

Referencias

Aguirre, Robert W. The Panama Canal. Leiden-Boston: Martinus Nijhoff Publishers, 2010.

Ahrens, Jan Martínez. “Tillerson alerta de la expansión de China y Rusia en América Latina.” El País, Febrero 2, 2018.

Barnet, Richard J. Guerra perpetua. México: Fondo de Cultura Económica Breviarios, 1974.

Bolton, John. “Ambassador Bolton remarks to the Bay of Pigs Veterans Association — Brigade 2506.” US Embassy in Cuba. april 17, 2019. https://cu.usembassy.gov/ambassador-bolton-bay-of-pigs-veterans-association-brigade-2506/ (accessed May 11, 2019).

Bolton, John. “Pay attention to Latin America and Africa before controversies erupt.” The Hill. Enero 2, 2018.

Boorstin, Daniel J. Compendio histórico de los Estados Unidos. México: Fonde de Cultura Económica , 1996.

Fleischman, Luis. “La aplicación de la Doctrina Monroe es una necesidad de seguridad nacional y regional.” INFOBAE. Buenos Aires, abril 8, 2019.

Giraldi, Philip. “What Monroe Doctrine?” Global Research: Centre for Research on Globalization. abril 4, 2019. https://www.globalresearch.ca/what-monroe-doctrine/5673589 (accessed mayo 9, 2019).

Hardy, William E. “South of the Border: Ulysses S. Grant and the French Intervention.” Civil War History (The Kent State University Press) 54, no. 1 (2008): 63–86.

Hunt, Michael H. Ideology and US Foreign Policy . New York & Londres: Yale University Press, 1987.

Lansing, Robert. “PAPERS RELATING TO THE FOREIGN RELATIONS OF THE UNITED STATES, THE LANSING PAPERS, 1914–1920, VOLUME II.” Office of the Historian. Junio 11, 1914. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1914-20v02/d281(accessed Mayo 6, 2019).

Lissardy, Gerardo. “Cómo Trump pasó del desinterés por América Latina a una “política de castigos y amenazas”.” BBC Mundo. abril 15, 2019.

Meyssan, Thierry. “Falla el putsch de Obama en Venezuela.” Voltairenet.org.febrero 23, 2015.

New World Encyclopedia. “Monroe Doctrine.” New World Encyclopedia.octubre 18, 2018. http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Monroe_Doctrine (accessed mayo 10, 2019).

NODAL. “ALBA denuncia amenaza a la paz y la estabilidad de América Latina por la doctrina Monroe de EEUU.” NODAL: Noticias de América Latina y el Caribe. Octubre 5, 2018. https://www.nodal.am/2018/10/alba-denuncia-amenaza-a-la-paz-y-estabilidad-de-america-latina-por-doctrina-monroe-de-estados-unidos/ (accessed Mayo 10, 2019).

Reagan, Ronald. Public Papers of the President of the United States. Washington DC, 1982.

Red+. ¿Qué es la ‘Doctrina Monroe’ con la que EE.UU. amenaza a Venezuela?Marzo 4, 2019. http://www.redmas.com.co/internacional/que-es-la-doctrina-monroe-con-la-que-ee-uu-amenza-a-venezuela/ (accessed mayo 7, 2019).

Robbins, Carla Anne. The CubanThreat. McGraw Hill Book Company, 1983.

Smith, Gaddis. The Last Years of the Monroe Doctrine: 1945–1993. Farrar, Straus and Giroux, 2015.

State, US Department of. Papers relating to the Foreign relations of the United States, with the Annual Message of the President transmitted to Congress, 6 december 1904. Washington DC.: GPO, 1905.

Ward, Alex. “John Bolton just gave an “Axis of Evil” speech about Latin America.” Vox. noviembre 1, 2018

Debo comenzar señalando que Bugs Bunny es y será mi caricatura favorita. Este pequeño sociopata me cautivó desde que era muy niño, por lo que no he podido vencer la tentación de compartir esta nota de Bruce Chadwick profesor de la Rutgers University, sobre el papel que ha jugado Bugs Bunny en la cultura popular estadounidense.

What’s Up, Doc?’’ Bugs Bunny Takes on the New York Philharmonic, Carrots and All

by Bruce Chadwick

That wascally wabbit, Bugs Bunny, the notorious carrot chomping, sarcastic cartoon rabbit who first leaped on to the nations’ movie screens in 1940 and has been the star of 800 cartoons, four movies and 21 television specials, is back again, this time as the star of a special concert, Bugs Bunny at the Symphony II, in which the New York Philharmonic, live, plays the music of a dozen full length cartoons from the Looney Tunes and Merrie Melodies series, most starring Bugs, while the audience watches the cartoons themselves on a large movie screen. The production is at David Geffen Hall, the Philharmonic’s home, at Lincoln Center, New York. The show is this coming weekend as part of its national tour. 

The concert/show, co-sponsored by Warner Bros., under different names, created by conductor George Daugherty and David Ka Lik Wong, has been traveling through the United States for about 20 years and has been seen by 2.5 million Bugs enthusiasts. In addition to the show, patrons at Lincoln Center will get to meet a number of furry and colorful Looney Tunes characters who will be roaming through the lobby before the curtain. If Wile E. Coyote is there, watch out for him!

Among the cartoons to be screened will be Baton Bunny, Show Biz Bugs, Rhapsody Rabbit, Tom and Jerry at the Hollywood Bowl, The Rabbit of Seville, Rabid Rider, Coyote Falls, Robin Hood Daffy and What’s Opera, Doc?.

Conductor Daugherty was a Bugs fan as a kid, but it was not because of the rabbit’s zany onscreen antics. No, it was because the Bugs Bunny cartoons, and most in the Looney Tunes and Merrie Meodies cartoon factories work used the music of the great classical composers, such as Wagner, Rossini, Liszt and Donizetti. “I was a classical music fan as a boy and I reveled in listening to this great music used as the backdrop for these cartoons. I also appreciated the fact that millions of American kids were being introduced to classical music through Bugs Bunny,” he said.

The Bugs Bunny shows are like no other.

Fans at the Bugs concerts go wild. They cheer the good guys and jeer the bad guys. They applaud. They whoop. The juxtaposition of one of the world’s great orchestra’s playing the music of Richard Wagner as patrons of all ages shout and scream is both puzzling and wonderful.

“You go to a typical classic music concert and everybody is very quiet and respectful of the music. You go to a Bugs Bunny cartoon concert, though, and you lose all abandon. That’s what happens at these performances,” said conductor Daugherty with a big smile. “The same thing happened in the 1950s and it will happen forever.” 

He adds that most older people saw Bugs and Looney Tunes cartoons in a movie theater and kids on a small screen television set. “The chance to see the cartoons in a movie’ like setting, the Philharmonic concert hall, repeats that old feeling for adults and is all new for kids,” he said.

Daugherty and Wong started the production in 1990 and called it Bugs Bunny on Broadway. Since then the show, also called Bugs Bunny at the Symphony and Bugs Bunny at the Symphony II has been staged by more than 100 major orchestras, including the Boston Pops, the Los Angeles Philharmonic and Philadelphia Orchestra. It has been shown at the Hollywood Bowl and Sydney Opera House. 

In 1990, of course. Bugs was a huge Hollywood star. He began his career as a character in the Merrie Melodies cartoon series, making his star debut in Wild Hare in 1940. He was an instant hit, along with dopey Elmer Fudd, wily Daffy Duck and others. His popularity soared during World War II, when millions flocked to movies and the cartoons, which served as an escape from wartime pressures. Bugs Bunny was turned into a flag waving patriotic character during the war, even appearing in a dress blue U.S. Marine uniform in one cartoon. His popularity grew after the war and he remained the number one cartoon character in America for years, chomping on carrots in movie theater all across the country.

The really big advantages of the Philharmonic Hall, Daugherty said, was the sound of the orchestra in the concert hall.

“Back in the 1940s and ‘50s, when these cartoons first came out, the sound equipment in places where the cartoons were made, and in movie theaters, was limited. At the Philharmonic at Lincoln Center, and other halls where we stage the concerts, the sound is beautiful. That’s why people go to these shows,” said Daugherty.

He is always amazed at the people he meets at his productions. “I meet very old and very young people and music lovers, and cartoon overs, from every walk of life,” he said. He once met a couple who met at a Bugs Bunny concert eight years earlier, fell in love and were married.

People are getting used to these type of movie/performance shows. The Philharmonic has staged a number of them. Among them were Fantasia andStar Wars. The Philharmonic will stage a movie/concert of Close Encounters of the Third Kind and Psycho in September, Harry Potter and the Sorcerer’s Stone in December, and Singin’ in the Rain and Mary Poppins in May, 2020.The idea of a movie and a live orchestra is gaining ground in America – fast.

Surprisingly, the audience for the Bugs Bunny productions are neither kids or parents and kids – but individual adults. “I’d say 90% of our audience are adults without kids,” said Daugherty. “They are all coming back to see the cartoons they loved as children.”

And Bugs? The founder of the Warner Bros.’ Looney Tunes production show thinks that the hyperactive gray and white rabbit, getting on a little over the years, would love it.

When I ended my interview with the conductor, I was tempted to assume my very best Bugs Bunny voice and ask him “What’s up, Doc?” I could not do that, though, because the New York Philharmonic is so distinguished…

Really? Wait until this weekend, when Bugs fans pour into the Geffen concert hall at Lincoln Center and roar for Bugs and his cartoon pals who starred with him in all those wonderful old Looney Tunes and Merrie Melody cartoon production houses. The roar will be louder than the traffic in Times Square.

Dossier: Cultura, Memoria y Sociedad en los Estados Unidos
Para ser publicado en la Revista Huellas de Estados Unidos en su próximo número (N° 17, Octubre 2019) http://www.huellasdeeua.com/index.html
Coordinadores: Mariana Piccinelli (UBA) y Leandro Della Mora (UBA)
La revista Huellas de Estados Unidos llama a convocatoria de artículos para su Dossier Cultura, Memoria y Sociedad en los Estados Unidos.Se recibirán artículos hasta el día 15 de abril de 2019 (15/04/2019).Los mismos deberán cumplir estrictamente con las normas de publicación definidas en http://www.huellasdeeua.com/normas/index.html. Mails de recepción: dossierhuellaseua@hotmail.comredacción@huellasdeeua.com.

Dossier: Cultura, Memoria y Sociedad en los Estados Unidos

El crecimiento exponencial de los medios audiovisuales y la amplia difusión que poseen nos invitan a reflexionar sobre la cantidad de imágenes que se producen en nuestra sociedad. El audiovisual viene a sumar y multiplicar una gran cantidad de producciones culturales que nos interpelan y estimulan a analizarlas en función no sólo de la producción en sí, sino en base a las sociedades que representan. La fotografía, el arte visual y audiovisual, y la literatura nos ofrecen imágenes, lecturas que una sociedad hace de sí misma.Teniendo esto en cuenta damos la bienvenida a ensayos originales para un dossier que se centrará en las distintas representaciones e imágenes que durante el siglo XX y el XXI se han producido sobre la sociedad estadounidense. ¿Como se representa la sociedad estadounidense? ¿Cómo interactúan entre sí los elementos culturales y la memoria en función de la representación del pasado? ¿Cuál es la importancia de los mismos en la construcción de la memoria y la historia? Estas son algunas preguntas que guían la convocatoria del presente Dossier.Sobre la revista“Huellas de los Estados Unidos. Estudios, Perspectivas y Debates desde América Latina” es una revista electrónica semestral que busca ocupar un espacio académico poco transitado en la Argentina: el estudio de los Estados Unidos y su relación con América Latina desde una perspectiva crítica. Somos un grupo de especialistas que nos dedicamos a ello, nucleadas alrededor de la Cátedra de Historia de Estados Unidos, y la Cátedra de Literatura Norteamericana, en las Carreras de Historia y de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.Además, como siempre, se recibirán artículos sobre temáticas económicas, políticas, sociales y culturales, por fuera del dossier, para ser considerados por nuestra redacción. A tal efecto, el material de publicación se recibirá en redaccion@huellasdeeua.com.

Comparto con mis lectores otra columna del Reverendo Juan Ángel
Gutiérrez Rodríguez, miembro de la Mesa de Diálogo Martin Luther King, Jr. En esta ocasión, Gutiérrez Rodríguez analiza el pensamiento anti-capitalista y anti-imperialista del gran líder afroamericano.

Martin Luther King: Anti-capitalista y anti-imperialista

Juan Ángel

Gutiérrez Rodríguez

Claridad 3 de mayo de 2019

El estudio del pensamiento del Dr. King, hijo, en su mayoría gira alrededor de su lucha por los derechos civiles (integración de lugares públicos, acceso a la educación y participación en el proceso electoral), su práctica de la no-violencia y su crítica a la guerra de Vietnam. No podemos negar que estas fueron sus preocupaciones principales. Una lectura atenta y concienzuda de sus escritos podemos descubrir una profunda conciencia anticapitalista y antimperialista

En una reflexión del 1950 titulada “Una autobiografía del desarrollo religioso” para una clase en el Seminario Crozer, King señalaba lo siguiente “Yo era muy joven para recordar los inicios de la depresión, pero puedo recordar cómo cuestionaba a mis padres sobre las numerosas personas que hacían fila para el pan cuando tenía cinco años. Yo puedo ver los efectos de esta experiencia temprana de mi niñez en mi actual sentimiento anticapitalista”.

Por esa razón, no debe sorprendernos la historia de la primera cita de King con Coretta Scott, quien luego será su esposa. Cornell West cuenta que en una de sus entrevistas con Coretta, ésta le dijo que lo más que le sorprendió de King en su primera cita era “que estaba sorprendida porque nunca había conocido a un negro socialista”. En su autobiografía el padre de King, conocido como Daddy King, escribió que “políticamente él parecía que se alejaba de las bases del capitalismo y de la democracia occidental de las cuales que yo tenía fuerte sentimientos”. Dos de las personas más cercanas a King son testigos de su fuerte vena anticapitalista. 

En noviembre de 1956 en un sermón señalaba: “Oh, Estados Unidos, cuán a menudo has tomado las necesidades de las masas para dar lujos a las clases… Dios nunca tuvo la intención de que un grupo de personas viviera en la exorbitante riqueza superflua, mientras otros viven en la pobreza abyecta”.

En su escrito “Mi viaje a la No-Violencia” del 1960 señalaba “He aprendido que el inseparable gemelo de la injusticia racial es la injusticia económica. Ví como el sistema de segregación terminó en la explotación del negro al igual que el blanco pobre. A través de estas experiencias crecí profundamente consciente de la variedad de las injusticias en la sociedad”.

Su anticapitalismo se forma desde sus experiencias de vida y su desarrollo intelectual. Podemos afirmar lo que decía Marx en la Ideología Almena “la producción de ideas, concepciones, conciencia está directamente relacionada con la actividad material y la relación material de los hombres, el lenguaje de la vida real. La vida no está determinada por la conciencia, pero la conciencia por la vida”.

Estas reflexiones sobre la pobreza y la explotación llevan a King hacer una de sus más importantes afirmaciones teológicas y eclesiológicas: “El Evangelio en su mejor momento trata con todo el hombre, no sólo con su alma sino también con su cuerpo, no sólo con su bienestar espiritual. Cualquier religión que profese estar preocupada por las almas de los hombres y no esté preocupada por los barrios marginales que los condena, las condiciones económicas que los atrasan y las condiciones sociales que los paralizan es una religión espiritualmente moribunda que espera ser enterrada”.

Esta afirmación de King, está alineada con lo que hoy conocemos como la Teología de la Liberación. Esta hace consciente a la iglesia cristiana, sobre su responsabilidad con la realidad material del ser humano. Esta realidad material, es decir, la pobreza, la explotación, la exclusión, es parte fundamental de la experiencia espiritual del ser humano. Es por esa razón que la Iglesia está llamada a desempeñar un papel fundamental en los procesos de liberación y transformación social.

En el 1964 el mensaje que predicaba con compromiso y vehemencia, atacaba la raíz de la economía y la política estadounidense, lo convertían en la persona más peligrosa de la sociedad estadounidense en aquel tiempo. El asistente del director de inteligencia doméstica del FBI en el 1963, luego del discurso “Yo tengo un sueño”, señaló al Dr. King señaló en su informe declaró lo siguiente “Debemos señalarlo ahora, si no le hemos hecho todavía, como el negro más peligroso en el futuro de la Nación…”.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en el 1964 señaló “Al igual que la no violencia denunció la fealdad de la injusticia racial, también debe denunciarse y curarse la infección y la enfermedad de la pobreza -no solo sus síntomas, sino sus consecuencias”. La denuncia en su discurso es fundamental. MLK, en esta afirmación, adopta la undécima tesis de Marx a Feurbach “los que los filósofos han hecho es interpretar al mundo y de lo que se trata es de transformarlo”. No es suficiente denunciar sino luchar por transformar la realidad de pobreza. Esta posición se hará mucha más clara al desarrollar su campaña “Poor´s People Campaing”. 

En su famoso discurso del 4 de abril de 1967, un año antes de su ejecución, en la Iglesia Riverside de la ciudad de Nueva York, “Más Allá de Vietnam”, donde hace público su posición en cuanto a la guerra de Vietnam, vemos que su pronunciamiento no es sólo una crítica a la guerra de Vietnam. Es una denuncia pública, profética, de la política imperialista del gobierno estadounidense, no sólo en el sur este asiático sino en todo el mundo. En este discurso afirma “una verdadera revolución en los valores tendría que problematizar los grandes contrastes entre la pobreza y la riqueza. Con indignación justiciera extenderá su vista a través de los mares y tomará nota de los capitalistas de Occidente que invierten grandes sumas de dinero en Asia, África y América Latina, sólo para extraer ganancias, sin preocuparse por la mejoría social de estos países…”.

 Para King la realidad de la política imperialista en el mundo está ligada al sistema capitalista. El capitalismo es un sistema que lo que hace es producir pobreza y explotación no sólo a los negros y negras en los Estados Unidos sino en todo el mundo. Señalaba sobre el capitalismo “deberíamos denunciar a aquellos que se resisten a perder sus privilegios y placeres que vienen junto a los beneficios adquiridos de sus inversiones, extrayendo su riqueza a través de la explotación”. MLK entendía que los privilegios de la sociedad estadounidense se fundamentan en la explotación de las riquezas de otros países. Posición claramente antimperialista.

El 16 de agosto de 1967 King presenta su último informe a la 11va. Conveción Anual del “Southern Christian Leadership Conference” titulado “¿A Dónde Vamos Ahora?” en el cual señala con mucha precisión el problema del capitalismo en la vida del negro y en la sociedad en general. Afirma que “honestamente debemos enfrentar el hecho de que el movimiento debe dirigirse a la cuestión de la reestructuración de toda la sociedad estadounidense. Aquí hay cuarenta millones de personas pobres, y un día debemos hacernos la pregunta, ¿por qué hay cuarenta millones de personas pobres en Estados Unidos? Y cuando comienzas a hacer esa pregunta, estás planteando una pregunta sobre el sistema económico, sobre una distribución más amplia de la riqueza. Cuando haces esa pregunta, empiezas a cuestionar la economía capitalista…ahora cuando digo cuestionar a toda la sociedad, significa finalmente llegar a ver que el problema del racismo, el problema de la explotación económica y el problema de la guerra están todos unidos. Estos son los males triples que están interrelacionados”.

En una reunión del Comité Consejero Nacional del SCLC, King señaló que “algo está mal con el capitalismo, tal y como está en los Estados Unidos. No estamos interesados en ser integrados en esta estructura de valores… una distribución radical de la riqueza debe suceder”. En otra ocasión afirmó, que “por años he trabajado con la idea de reformar las instituciones existentes de la sociedad, un pequeño cambio aquí y un pequeño cambio allá. Ahora siento diferente. Yo pienso que tenemos que reconstruir la sociedad enteramente”.

El 11 de febrero de 1968 en un sermón en la Iglesia Bautista del Tabernáculo en la ciudad de Atlanta, King reconocía que la lucha por los derechos civiles no era suficiente para la liberación de los negros y negras “¿Qué gana un hombre el tener acceso a una cafetería cuándo no ganan lo suficiente para llevar a su esposa a cenar? ¿Qué gana un hombre tener acceso a los moteles en la autopista y a hoteles en la ciudad y no gana suficiente para tomar unas vacaciones?”.

Una de sus frases más repetidas en el último año de su vida fue “si un hombre no tiene empleo o ingresos, no tiene vida ni libertad ni posibilidad de búsqueda de la felicidad. Simplemente existe”. En su libro La Fuerza de Amar afirmaba “aprendí que la hermana gemela e inseparable de la justicia racial es la injusticia económica. Vi como los sistemas de segregación explotaba tanto a negros como a los blancos desposeídos. Estas experiencias me hicieron tomar conciencia de las diversas injusticias que existen en nuestra sociedad”.

Su análisis crítico del capitalismo, y por consecuencia del imperialismo, hace claro que la pobreza es un problema de clases. 

Su antimperialismo lo llevó afirmar que Estados Unidos era “el máximo agente de violencia hoy en el mundo… gastándose más en instrumentos de muerte y destrucción que en programas sociales vitales para las clases populares del país”. Señaló de igual manera que en “América ya existía el socialismo para los ricos; si el gobierno podía dar subsidios masivos a los ricos agricultores, las grandes corporaciones y a las personas ricas, entonces puede garantizar empleos y un ingreso decente para todos”.

A la misma vez entendía que el problema de la pobreza no era único a los Estados Unidos de Norte América “como un monstruoso pulpo, la pobreza expande sus tentáculos prehistóricos en aldeas y villas por todo el mundo. Dos terceras partes de la gente en el mundo va a la cama con hambre. Tiene malas vivienda. Están mal nutrido. Están pobremente vestidos. Lo he visto en América Latina. Lo he visto en África. Lo he visto en Asia”.

Es clara la posición anticapitalista y antimperialista de King. Está es la posición que la iglesia debe asumir en esta hora de profunda crisis. Debemos rescatar esta visión profética de denuncia de la idolatría a las ganancias, la explotación y el individualismo del sistema que produce cada día miles de sacrificios humanos (a corto y largo plazo). Esa hora a llegado. 

Es un gusto anunciar la publicación del más reciente número de la revista Huellas de Estados Unidos de la Cátedra de Estados Unidos (Universidad de Buenos Aires). Como en los quince anteriores, es impresionante la diversidad de temas tratados en este número. Tal variedad va desde un estudio, en portugués, de la novela de F. Scott Fitzgerald, El Gran Gastby y el American Dream, hasta al análisis del socialismo democrático de los millenials. Este número incluye también una reseña del libro de Leandro Morgenfeld, Bienvenido Mr. Presidente (Buenos Aires, 2018). Vaya nuestro agradecimiento y felicitaciones a los amigos y amigas de Huellas de Estados Unidos.

Haz click para descargar en formato pdf
PAG. 2-5: Editorial: “El ajuste cultural” /Fabio G. Nigra………………………………………….PAG. 7-22: “La Constitución norteamericana: ¿conflicto o consenso?” /Gerald N. Grob & George Athan Billias ………………………………………….PAG. 23-39: “Os historiadores progressistas e a formação da New History norteamericana nas primeiras décadas do século XX” /Fabio Luciano Iachtenchen………………………………………….PAG. 40-57: “O Grande Gatsby: nativismo dos anos 1920 ou crítica ao American Dream?” /Guilherme Freire Marques………………………………………….PAG. 58-73: “La tierra de oportunidad.” /James W. Loewen……………………………………………PAG. 76-93: “Hostos, el Panamericanismo y la Sociedad Política Argentina, 1873-1874.” /Pablo Pozzi………………………………………….PAG. 94-102: “¿América Latina sigue siendo el “patio trasero” de Estados Unidos?.” /Alexander Main……………………………………………PAG. 103-128: “Socialismo millennial: el auge del socialismo democrático en los Estados Unidos y el caso de los Democratic Socialists of America (2016-2018).” /Alejandro Kurlat……………………………………………SECCION LOS INDESEABLES – Estudios sobre minorías silenciadasPAG. 130-133: “Angela Davis en Montevideo: Reflexiones para un feminismo en clave interseccional.”/Juliana Díaz Lozano y Melina Deledicque………………………………………….PAG. 134-139: “Amy Goodman entrevista a Valeria Luiselli “En Estados Unidos es muy lucrativo encarcelar a personas indocumentadas que de por sí no tienen voz y cuentan con poca representación”.” /Amy Goodman………………………………………….PAG. 140-161: “La literatura de la prisión estadounidense.” /H. Bruce Franklin………………………………………….Reseñas y Ensayos BibliográficosPAG. 162-169: “La era fundacional de la república estadounidense.”/Andrés Sebastián Diz………………………………………….PAG. 170-180: “Bienvenido a la Argentina Mr. President.” /Roberto García Ferreira………………………………………….

Comparto con mis lectores otro artículo del Reverendo Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez, miembro de la Mesa de Diálogo Martin Luther King, Jr. Según su página web, la mesa fue creada en Puerto Rico para “promover el legado de Martin Luther King, Jr., la resistencia y la acción activa no violenta y las teorías liberacionistas en la sociedad puertorriqueña como método para la abolición de todo tipo y forma de explotación, discrimen, exclusión, desigualdad y opresión y para promover la colaboración y la solidaridad.”

En esta ocasión el Reverendo Gutierrez Arroyo rescata las múltiples facetas del Martin Luther King  “invisibilizado”.

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Martin Luther King Jr. waves to supporters on the Mall in Washington, D.C., Aug. 28, 1963. AFP/GETTY IMAGES

Recobrando el King invisibilizado

Reverendo Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez

Claridad  19 de abril de 2019

Las estructuras de poder nos han vendido por los pasados 50 años la figura de Martin Luther King, Jr. como la de un predicador, no de un profeta, cuyo único interés era la armonía racial. Es por esa razón que han convertido su sermón “Yo tengo un Sueño” como su discurso definitorio. Al descarnar y descontextualizar esta alocución las estructuras de poder han manipulado y suavizado la voz del profeta. Un sermón que debe entenderse desde su prédica del 1962 que se fundamenta en los tres males de la sociedad estadounidense: la pobreza, el racismo y el militarismo.

Por más de 50 años han intentado escondernos al verdadero King. Me gustaría presentarles al King que nos han negado en las celebraciones y en las investigaciones. El King que el sistema no desea que conozcamos, que es una amenaza para el sistema. Al King verdaderamente revolucionario.

En una carta que King envía a Coretta el 18 de julio de 1952 reflexiona sobre su lectura del libro “Looking Backward” de Bellamy donde afirma lo siguiente “Doy la bienvenida al libro porque gran parte de él está en línea con mis ideas básicas. Me imagino que ya sabes que soy mucho más socialista en mi teoría económica que capitalista. Y, sin embargo, no estoy tan opuesto al capitalismo al cual no he podido ver su mérito relativo. Se inició con un noble y elevado motivo, a saber, para bloquear los monopolios comerciales de los nobles, pero como la mayoría de los sistemas humanos, fue víctima de lo mismo contra lo que se estaba rebelando. Entonces hoy el capitalismo ha superado su utilidad. Ha traído un sistema que toma las necesidades de las masas para dar lujos a las clases. Entonces, creo que Bellamy tiene razón al ver el declive gradual del capitalismo “ (Carson, 1998).

El King anticapitalista

Un mes antes de ser ejecutado, en marzo del 1968, en casa de uno de su más importante colaboradores, Harry y Julie Belafonte, King le comentaba a un grupo de personas cercanas “es el sistema el problema, y nos está ahogando hasta la muerte”. A esta aseveración Andrew Young, un cercano colaborador y luego alcalde de la ciudad de Atlanta y Embajador de los Estados Unidos a las Naciones Unidas, les responde “Bueno, no sé, no es todo el sistema. Es sólo una parte y creo que lo podemos cambiar”. King responde “El problema es que vivimos en un sistema fallido. El capitalismo no permite que haya movimiento de recursos económicos. Con el sistema, un pequeño grupo de privilegiados son ricos más allá de la conciencia y casi todos los demás están condenados a la pobreza de alguna forma”. A pesar de reconocer los avances en derechos civiles, King afirma que “Lo que más me preocupa ahora es que todos los pasos que se han tomado hacia la integración, y de esos estoy convencido, es que nos estamos integrando a una casa en llamas”. King estaba claro de que el problema del racismo era un síntoma que estaba ligado al sistema económico, el capitalismo, la enfermedad. Les presento al King anticapitalista.

El reto, en nuestras luchas diarias, es no olvidar que la mayoría de los problemas, tanto sociales, políticos y económicos, que enfrentamos como país son los síntomas de una enfermedad llamada capitalismo. Es como dice el dicho “la enfermedad no esta en la sábana”. No reconocer esta cruda realidad nos lleva a poner parchos al sistema que causa profundas heridas de injusticia y opresión; parchos que no sana las heridas sino que las profundizan.

El King de la lucha de clases 

En su primera visita en febrero del 1968 en solidaridad con la huelga de los trabajadores de la basura en la ciudad de Memphis, Tennessee, King respondió, a preguntas de un periodista, que “en un sentido se podría decir que estamos enfrentados en una lucha de clases”. Sobre su perspectiva de la lucha de clase King afirmaba que “el racismo es un instrumento de la clase privilegiada, como forma de dividir la clase trabajadora dándole a los blancos un margen de ventaja económico marginal y motivar en su sicología las pretensiones de superioridad”. En el último año de su vida King regreso a la idea de la lucha de clases. Les presento al King de la lucha de clases.

King estaba claro que los síntomas del sistema (el racismo, el sexismo, la homofobia, xenofobia) son instrumentos que el sistema utiliza para mantenernos divididos e imponer su voluntad. Debemos reconocer las inequidades que el sistema crea. Debemos atender esas inequidades. King estaba claro que los síntomas del sistema no afectaban sólo a los negros sino que también tenía profundas consecuencias para los blancos. Lo importante es recordar y reconocer que el sistema usa nuestras diferencias para mantenerlos divididos y oprimidos.

El King antireformista

En otra ocasión afirmó, “por años he trabajado con la idea de reformar las instituciones existentes de la sociedad, un pequeño cambio aquí y un pequeño cambio allá. Ahora siento diferente. Yo pienso que tenemos que reconstruir la sociedad enteramente”. Les presento al King anti reformista.

King sabía que el reformismo no era una alternativa para superar el racismo y la pobreza. No podemos seguir construyendo un nuevo país en una sociedad (colonizada y capitalista) que está en llamas y que su fin se acerca. King nos advierte que el camino de la nueva sociedad no es reformar la colonia y el capitalismo. El sistema tiene que ser cambiado, transformado de raíz.

El King internacionalista

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en el 1964 señaló lo siguiente sobre el aparthied: “Es en esta situación, en la cual a la gran masa de sudafricanos se le niega su humanidad, su dignidad, se les niega la oportunidad, se les niegan todos los derechos humanos; es en esta situación, que muchos de los más valientes y de los mejores sudafricanos sirven largos años en la cárcel, con algunos ya ejecutados; ante esta situación, en Estados Unidos y Gran Bretaña tenemos una responsabilidad única. Porque somos nosotros, a través de nuestras inversiones, a través de la incapacidad de nuestros gobiernos para actuar con decisión, los culpables de reforzar la tiranía sudafricana. Nuestra responsabilidad nos presenta una oportunidad única. Podemos unirnos en la única forma de acción no violenta que podría traer libertad y justicia a Sudáfrica, la acción que los líderes africanos han apelado, en un movimiento masivo por sanciones económicas”. Les presento al King internacionalista.

King reconocía que la explotación y el empobrecimiento en nuestros países son producto de las relaciones de injusticia y opresión con los países “desarrollados”, del imperialismo. Reconocía que el éxito de la lucha por la justicia y la libertad se fundamenta en la solidaridad internacional.

El King obrero

Estas reflexiones de King sobre el capitalismo lo llevaron acercarse al movimiento obrero. Señalaba en 1957 que “yo todavía creo que el movimiento obrero puede ser un instrumento poderoso para eliminar los demonios que enfrentamos en nuestra nación que le llamamos segregación y discriminación… con la unión de la poderosa influencia de los trabajadores y todas las personas de buena voluntad en la lucha por la libertad y la dignidad humana, puedo asegurarles que tenemos un instrumento poderoso”. En su discurso del 11 de diciembre del 1961 a la Cuarta Asamblea Constitucional de la AFL-CIO en la ciudad de Miami Beach en la Florida, King reafirmó el papel del movimiento obrero en la transformación de la sociedad capitalista. Le decía a la Asamblea que “para encontrar un gran diseño que resuelva los grandes problemas, el movimiento obrero tendrá que intervenir en la vida política de la Nación para marcar el curso que distribuya la abundancia a todos en vez de la concentración entre unos pocos”. Les presento al King obrero.

Entendía King que la unidad entre el movimiento obrero y el movimiento contra el racismo era fundamental y poderosa para derrotar los males de la sociedad y lograr su transformación. El éxito de la nueva sociedad se basa en la unidad de los sectores obreros y trabajadores con las luchas comunitarias y sectoriales. Una unidad, que King dice que es “un instrumento poderoso” de transformación.

Las estructuras de poder buscan maneras y formas, de acallar, manipular, la voz y el mensaje del profeta. Del profeta que enfrenta el poder, y sus diversas manifestaciones históricas, denunciando las acciones e inacciones que producen explotación, exclusión, empobrecimiento y muerte. El profeta que denuncia que los privilegios y comodidades de las clases en el poder son producto de relaciones de injusticia. Ese mismo profeta trae palabras de esperanza y aliento. Palabras que desean alimentar las ansias de libertad y fortalecer las prácticas de liberación.

Un estudio minucioso del ministerio y la práxis del Rev. King nos ha muestrado como encarnaba al profeta bíblico. Enfrentó; consistente, continua e insistentemente, a la sociedad estadounidense con su práctica de exclusión racial pero también con su práctica de explotación, empobrecimiento y violencia en todo el mundo. Creer que la única preocupación de King era la justicia racial es desvirtuar su mensaje y su militancia por la liberación y la justicia. Les presento al King revolucionario.