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Archive for the ‘Guerra de independencia’ Category

El proceso de independencia estadounidense fue posible gracias a la combinación de una serie de factores domésticos e internacionales. No todos ellos han formado  parte del discurso y la mitología nacionales de Estados Unidos.  Uno de los factores  menos recordados es la significativa -determinante, dirían algunos- ayuda externa que recibieron los rebeldes en su lucha contra el imperio inglés. Bajo la consigna de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, varios países europeos ayudaron a las Treces Colonias en una movida geopolítica contra la hegemonía inglesa. Por ejemplo, los franceses concedieron préstamos y otras ayudas que permitieron a los estadounidenses superar la desventaja con que habían estado luchando contra los casacas rojas. La presencia de militares franceses, así como también de otras naciones europeas, ayudó a fortalecer y profesionalizar el ejército revolucionario. Oficiales como el famoso Marqués de La Fayette (francés), el Barón Von Steuben (prusiano), el General Thaddeus Kosciuszko (polaco) y el Conde de  Rochambeau (francés) aportaron con su conocimiento y experiencia a la victoria estadounidense.

Comparto con mis lectores esta corta nota del historiador Gonzalo M. Quintero dedicada a una de  las figuras extranjeras más olvidadas de la guerra de independecia estadounidense, el general español Bernardo de Gálvez, el héroe de la batalla de Pensacola.  Este escrito forma parte del libro Bernardo de Gálvez, un héroe español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (Alianza Editorial, 2020).


El español que fue decisivo en la independencia de EEUU

GONZALO M. QUINTERO

El País 27 de enero de 2021

Las fuerzas españolas lideradas por Bernardo de Gálvez durante la batalla de Pensacola (Florida), obra de Augusto Ferrer-Dalmau (2015)

Las fuerzas españolas lideradas por Bernardo de Gálvez durante la batalla de Pensacola (Florida), obra de Augusto Ferrer-Dalmau (2015). WIKIPEDIA 

Desde principios de la primavera de 1781, fuerzas españolas llevaban asediando la plaza de Pensacola en La Florida Occidental británica. En mayo, después de haber repelido un feroz contraataque británico contra las posiciones avanzadas españolas, el general Bernardo de Gálvez confesaba a su buen amigo Francisco de Saavedra su preocupación sobre la lentitud del avance de las fuerzas de Su Católica Majestad. Saavedra había sido compañero de clase de Gálvez en la Real Escuela Militar de Ávila y estaba en Pensacola como enviado personal del poderoso ministro de Indias, José Gálvez, tío de Bernardo.

Más de dos meses después de la llegada de las primeras fuerzas españolas a la bahía de Pensacola, el agotador trabajo de los ingenieros excavando las trincheras y construyendo las baterías, y la exasperante rutina del intercambio de fuego artillero empezaban a minar la moral de las tropas españolas. Gálvez estaba preocupado. Los suministros traídos desde La Habana se estaban acabando. Las balas de cañón de grueso calibre eran tan escasas que había tenido que recurrir a pagar a sus soldados dos reales por cada bala de cañón británica encontrada en el campo español que pudiera ser vuelta a disparar contra Pensacola. Según Saavedra, “en esta situación estaba resuelto a asaltar por escalada aquella misma noche el fuerte enemigo de la Media Luna [fuerte de la Reina], cuya posesión haría rendir muy en breve los otros dos fuertes (…) y abreviaría de esta suerte el sitio que se hacía muy prolongado”.

Mapa de la bahía de Pansacola (Pensacola) de Antonio Donato Paredes (1782). WIKIPEDIA

Finalmente tuvo que abandonar su plan de lo que hubiera sido un desesperado y casi suicida ataque frontal, pues cuando las fuerzas españolas llegaron frente al fuerte británico ya había amanecido y se había perdido toda sorpresa. Al día siguiente, una vez terminados los trabajos en la batería más próxima al fuerte de la Reina, Gálvez ordenó abrir fuego resignándose a esperar otro día más en el ya demasiado largo asedio de Pensacola. Sin embargo, a las nueve y media de la mañana del martes 8 de mayo de 1781 todo cambió. Se oyó una gran explosión. Gálvez corrió hacia la batería y, viendo la destrucción en el fuerte de la Media Luna, ordenó el ataque. Las tropas españolas se apoderaron rápidamente de la posición y con Pensacola ahora bajo el alcance del fuego enemigo, el comandante británico, el general George ­Campbell, no tuvo más opción que rendirse. Esa misma noche se firmó la capitulación por la que no sólo Pensacola sino también toda La Florida Occidental volvían al seno del imperio español en América del Norte.

El 16 de diciembre de 2014, el presidente Barack Obama firmó la resolución conjunta del Congreso de Estados Unidos por la que se confería la nacionalidad honoraria a Bernardo de Gálvez. El más alto honor que el Gobierno de este país puede otorgar a un ciudadano extranjero y que sólo se ha concedido en ocho ocasiones. Su texto recoge que Bernardo de Gálvez fue “un héroe de la Guerra de la Revolución [norteamericana] que arriesgó su vida por la libertad del pueblo de los Estados Unidos”. Sus “victorias contra los británicos fueron reconocidas por George Washington como un factor decisivo en el resultado” de la guerra. En este mismo sentido, “el Congreso Continental de los Estados Unidos declaró, el 31 de octubre de 1778, su gratitud y sentimientos favorables a Bernardo de Gálvez por su comportamiento hacia los Estados Unidos” por “haber jugado un papel esencial en la guerra y en ayudar a asegurar la independencia de los Estados Unidos”. Pese a estos reconocimientos oficiales y pese al hecho de que “varios lugares geográficos, incluyendo [la ciudad de] Galveston y el condado de Galveston, ambos en Texas, y los pueblos de Galvez y St. Bernard Parrish, en Luisiana, derivan su nombre de Bernardo de Gálvez”, lo cierto es que tanto su biografía como el papel que desempeñó como la más alta autoridad del imperio español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos han sido pasados por alto por la historia popular en dicho país.

I Alone: Bernardo de Galvez's American Revolution: Amazon.co.uk: Garrigues,  Eduardo, Membrez, Nancy: 9781558858923: BooksLa vida de Bernardo de Gálvez puede considerarse casi como una novela de aventuras. Incluso un leve vistazo a su vida muestra que, pese a su brevedad (murió a los 40 años), tuvo una carrera militar llena de acción y desafíos. Pese a conocer muchas victorias, también supo del sabor de la derrota. Su rápido ascenso desde simple teniente a general es una historia de ambición personal y familiar, de valor y, a veces, de pura buena suerte. Era de carácter impetuoso y romántico, profundamente enamorado de su mujer, Felicitas, y apasionado en su vida privada, fuera tocando la guitarra o vitoreando la faena de un torero.

En un contexto más amplio, la vida de Bernardo de Gálvez puede ser contemplada también a través del importante papel jugado por España en la Guerra de Independencia norteamericana, donde Gálvez fue el comandante supremo de las fuerzas españolas que combatieron a los británicos en los estados de Mississippi, Alabama y Florida y, más tarde, jefe de las fuerzas franco-españolas en el Caribe. Un mapa de Norteamérica publicado en Londres en 1783 muestra cómo un tercio de la superficie de los actuales Estados Unidos estaba entonces bajo la soberanía del imperio español, al menos en teoría. En realidad España tenía muy escaso control sobre la mayoría de este vasto territorio donde la población indígena local apenas se veía afectada por esta teórica soberanía española.

Aunque a veces la participación de España en la Revolución Americana se ha presentado como una contribución a la independencia de los Estados Unidos, incluso como si se hubiera tratado de un regalo, la realidad es que la decisión española de entrar en guerra contra Gran Bretaña se basó exclusivamente en consideraciones de política imperial. Además de ser una oportunidad para vengar la derrota española en la Guerra de los Siete Años y de ser un capítulo más en la centenaria confrontación entre España y Gran Bretaña en América, los objetivos españoles en la guerra eran debilitar al imperio británico y recuperar territorios específicos, muy especialmente Gibraltar. Al mismo tiempo, el Gobierno español consideraba la independencia de los Estados Unidos como un subproducto de la guerra que podría sentar un peligroso precedente para las posesiones españolas en América. Obligada a elegir entre compartir Norteamérica con el imperio británico o con una nueva y pequeña república con un gobierno central muy débil como el establecido en los Artículos de Confederación de 1777, España se decidió por lo último. En este contexto, no es sorprendente que el Gobierno español nunca considerase a los Estados Unidos como un aliado. Para España, la Revolución Americana era simplemente una guerra imperial más entre España y Francia contra Gran Bretaña.

Mucho antes de que se declarase la guerra, Gálvez fue el principal responsable de canalizar la mayoría de la ayuda secreta proporcionada por el Gobierno español a los rebeldes norteamericanos. Aunque España nunca fue formalmente un aliado de los Estados Unidos en la lucha por su independencia, pues lo impedían consideraciones políticas, su entrada en la guerra definitivamente inclinó la balanza contra Gran Bretaña. La flota combinada franco-española superaba a la británica y el asedio a Gibraltar y las operaciones contra Menorca obligaron a Gran Bretaña a tener que combatir al mismo tiempo en lugares muy distantes. Del mismo modo, las campañas de Gálvez contra los asentamientos británicos a lo largo del río Mississippi, y más tarde contra Mobila y Pensacola impidieron que los británicos pudiesen concentrar sus fuerzas contra el Ejército Continental al mando de George Washington.

Gonzalo M. Quintero Saravia (Lima, 1964) es diplomático y doctor en Historia de América por la Universidad Complutense y en Derecho por la UNED. Este extracto es un adelanto de su libro ‘Bernardo de Gálvez, un héroe español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica’, que Alianza editorial publica el próximo 28 de enero.

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