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imagesPaco Ignacio Taibo II es un prolifero escritor mexicano que combina muy bien la ficción (especialmente, la novela negra) y la narrativa histórica. Creador del genial investigador Belascoarán Shayne, Taibo II es autor  de un número impresionante de libros donde aborda temas de historia mexicana y latinoamericana en general. Destacan dos obras biográficas monumentales: Ernesto Guevara, también conocido como el Che (1996) y  Pancho Villa: una biografía narrativa (2006), donde enfoca dos figuras claves de la historia latinoamericana del siglo XX. Con una fuerte tendencia antisistema, no debe sorprender que Taibo II haya dedicado tiempo al rescate y análisis del movimiento anarco sindicalismo español con obras como Asturias 1934 (1980), Arcángeles: doce historias de revolucionarios herejes del siglo XX (1998) y Que sean fuego las estrellas (2015).

Me acabo de leer una de sus obras de narrativa histórica: El Álamo: una historia no apta para

Taibo

Paco Ignacio Taibo II

Hollywood ( 2011) y comparto aquí mis impresiones con mis lectores. En este corto y muy bien escrito libro, Taibo II desarrolla un efectivo trabajo  de desmitificación de la batalla del Álamo. Esta enfrentamiento entre fuerzas rebeldes texanas y efectivos del ejército mexicano fue uno de los principales episodios de la llamada revolución texana de 1836. Como bien documenta Taibo II, la  derrota de los rebeldes en el Álamo se convirtió en uno de los principales mitos fundacionales estadounidenses. A los que murieron en el Álamo se les ha convertido en símbolos del excepcionalismo estadounidense; en mártires de la libertad y la democracia. Taibo deja claro que uno de los elementos claves de la rebelión texana era la defensa de la esclavitud, no de la democracia. La especulación de tierras también jugó una papel importante en la rebelión texana. El autor baja del Olimpo al que han sido ensalzados, especialmente por Hollywood y Disney, los principales personajes estadounidenses de la batalla del Álamo: William Barret Travis, Dadid Crockett y James Bowie. Los presenta tal como lo que eran: aventureros, esclavistas, malos padres, borrachos, mentirosos, etc. Taibo  II no es menos duro con sus compatriotas, describiendo la  falta de visión y de liderato que reinó entre las tropas mexicanas, especialmente, las deficiencias de su máximo líder el General Antonio López de Santa Anna.

Aquellos interesados en la rebelión texana y en especial de la batalla del Álamo, encontrarán en este libro una visión crítica y profundamente desmitificadora de tales eventos. Quienes estén interesados en investigar estos temas, encontrarán una impresionante bibliografía que incluye fuentes tanto estadounidenses como mexicanas.

Norberto Barreto Velázquez

Lima, 13 de abril de 2018

mlkHoy, 4 de abril de 2018, se conmemoran los cincuenta años del asesinato del Reverendo Martin Luther King, Jr. en Memphis, Tennessee. El Dr. King  se encontraba en Memphis apoyando la histórica huelga de los recogedores de basura, que en su mayoría eran afroamericanos. Su asesinato desató una ola de violencia urbana y apagó una de las voces más críticas de la sociedad estadounidense de la década de 1960.

Creo que la mejor forma de recordar al Dr. King en un día como hoy, es compartiendo su análisis de tres problemas fundamentales de su era y de total actualidad: el militarismo, el racismo y la pobreza. El 31 de agosto de 1967, el Dr. King pronunció uno de sus  más importantes discursos ante la National Conference on New Politics. Conocido como The Three Evils of Society Address, este discurso formó parte de su People´s Poor Campaign, dirigida a combatir la injusticia económica más de allá de límites raciales.

Para oir este importante discurso ir aquí.

 

Miss America

El periodo que transcurre entre los años 1960 y 1969 es uno de los más complejos en la historia estadounidense. Durante esos años, los Estados Unidos se embarcaron en una serie de procesos sociales, políticos y culturales que transformaron a la sociedad norteamericana. Los afro-americanos exigieron la igualdad social y política, los jóvenes se rebelaron contra las normas sociales, emergió una contracultura crítica del conformismo y de la sociedad de consumo, los homosexuales se organizaron en defensa de sus derechos, y los latinos y amerindios cuestionaron la marginación de que eran objeto.

PCOSW

La Presidential Commission on the Status of Women estaba presidida por Eleonor Roosevelt

Las mujeres se unieron a la ola de insatisfacción social que caracterizó a la década de 1960, reviviendo así el movimiento feminista.  Varios factores abonaron a ese renacer. Primero, en 1963, John Fitzgerald Kennedy  nombró una comisión presidencial para que estudiase la situación de las mujeres en los Estados Unidos. En su informe, la Presidential Commission on the Status of Women (PCSW), documentó que las mujeres enfrentaban las mismas injusticias que las minorías raciales. Las estadounidenses recibían una paga inferior que la de los hombre por tareas y trabajos similares, y tenían menos oportunidad de acceder a carrera profesional o gerencial. Según la comisión, sólo el 7% de los médicos eran mujeres y menos del 4% eran abogados. Los miembros de la Comisión sugirieron, con éxito, que la Ley de Derechos Civiles de 1964 prohibiera la discriminación por género. A pesar de ello, la Comisión de Igualdad en la Oportunidad en el Empleo se mostró reacia a hacer respetar la prohibición de la discriminación por sexo, lo que provocó que un grupo de mujeres fundaran, en 1966, la National Organization for Woman (NOW).  Esta agrupación buscaba cambiar la situación de las féminas a través de la presión en grupo, las demandas legales y la movilización de la opinión pública a favor de su causa.

The Feminine MystiqueEn 1963, Betty Friedan ­–una de las fundadoras de NOW– publicó un libro titulado The Feminine Mystique que ayudó a dar a conocer a la organización.  En su obra, Friedan cuestionó la domesticidad suburbana al criticar la idea generalizada de que la mayor realización a las que podían aspirar las mujeres era ser madres y esposas. La autora quería que las mujeres desarrollaran carreras profesionales que les permitieran encontrar su identidad como seres humanos. The Feminine Mystique ejerció una gran influencia entre las mujeres estadounidenses, pues hizo ver a muchas de ellas que no estaban solas, que su inconformidad era compartida por miles de congéneres y les dotó de un vocabulario para expresar su desazón.

La guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles también influyeron el desarrollo del movimiento feminista estadounidense. Miles de mujeres jóvenes estadounidenses se involucraron en los movimientos en contra de la guerra y de la discriminación racial. Ello les ayudó a ganar confianza y a desarrollar una ideología en contra de la opresión de que eran víctimas. En otras palabras, desarrollaron conciencia de su condición de ciudadanos de segunda clase y de la explotación sexual de que eran objeto por una sociedad controlada por los hombres. Además, entraron en contacto con estrategias y tácticas de protesta, que luego aplicaron en su lucha por la igualdad de los géneros.

 

Para 1968, las feministas militantes adoptaron una estrategia de concientización para cambiar la imagen que las mujeres tenían de sí mismas y de su sociedad. Para ello recurrieron a la celebración de pequeñas asambleas donde las mujeres compartían sus experiencias y exponían sus quejas, y entendían que su insatisfacción era compartida por otras mujeres. En otras palabras, las norteamericanas comenzaron a comprender que lo que ellas consideraban problemas personales eran realmente problemas de su género, que requerían soluciones sociales y políticas. Esta toma de conciencia llevó a muchas féminas desarrollar un sentido de hermandad y un compromiso de lucha en contra del sexismo.  Es así como se desarrollan grupos de liberación femenina a todo lo largo y ancho de los Estados Unidos. Éstos adoptaron tácticas de confrontación que llamaran la atención pública, como irrumpir en el certamen de Miss America en 1968 para denunciar lo que estos grupos consideraban la degradación que sufrían las mujeres en los concursos de belleza. Los grupos de liberación femenina también crearon zafacones donde las mujeres podían arrojar los zapatos de tacón alto, fajas y otros “símbolos de la explotación femenina”. De igual forma, exigieron igualdad en la educación y en lugar de trabajo, crearon programas de salud y refugios para mujeres maltratadas y combatieron la imagen que los medios de comunicación reproducían de las mujeres.

El 26 de agosto de 1970 se llevó a cabo la mayor manifestación feminista de la historia en conmemoración de los cincuenta años de la aprobación del voto femenino. Ese día, miles de mujeres marcharon por las calles de diversas ciudades de los Estados en defensa de la igualdad en el empleo y el derecho al aborto.

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Para principios de la década de 1970, las feministas habían conseguido que los bancos otorgaran crédito a mujeres solteras y a nombre de mujeres casadas, y que muchas universidades aumentasen en el sueldo de cientos de profesoras universitarias. La presión femenina llevó al gobierno a vigilar la discriminación laboral en corporaciones que recibían fondos federales.

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Las feministas también abordaron el tema de la sexualidad femenina.  Para ellas, las mujeres debían tener control sobre su capacidad reproductiva y de ahí que recibieran con los brazos abiertos la llegada de la píldora anticonceptiva en 1960, pues ésta les permitía una mayor libertad sexual sin tener que enfrentar el riesgo de un embarazo. Muchas mujeres también presionaron favor de la legalización del aborto como un medio para evitar los riesgos asociados a la práctica ilegal de éste.

Norberto Barreto Velázquez

7 de marzo de 2018

 

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La década de 1960 fue testigo de la lucha de los afro-estadounidenses  por la igualdad social y política. Tras el fin de la guerra civil, los afro-estadounidenses  disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, ciudadanos negros llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y representantes. Sin embargo, a finales de la década de 1870, éstos habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial. Este sistema conocido como “Jim Crow”  creó formas para negar  o limitar el derecho al voto de los afro-estadounidenses,  además de marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión.

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Los afro-estadounidenses  no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de afro-estadounidenses  fueron linchados por el mero hecho de ser negros.  Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

En los años 1960 se dio un renacer en la lucha de los afro-estadounidenses  por el reconocimiento de sus derechos políticos y por el fin de la segregación racial. Bajo el liderato de personas como Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks, Huey P. Newton y Bobby Seale, los afro-estadounidenses  usaron diversos tipos de medios para luchar contra quienes les oprimían y maltrataban (boicots, marchas, resistencia pacífica, resistencia armada, etc.). El resultado de esta lucha fue el desarrollo de un vasto movimiento a favor de los derechos civiles que logró la aprobación de leyes federales protegiendo los derechos de los ciudadanos afro-estadounidenses . Sin embargo, esta lucha constituyó una verdadera revolución, pues cambió considerablemente las relaciones y actitudes raciales en los Estados Unidos.

 Martin Luther King

Rosa-Parks

Rosa Parks

Una de las figuras claves de la lucha por los derechos civiles fue un joven pastor negro llamado Martin Luther King. Nacido en Atlanta en 1929, era hijo y hermano de pastores y vivió desde muy niño la segregación racial.  En 1954,   King se convirtió, a los veinticinco años de edad, en pastor de una iglesia bautista de la ciudad Montgomery. Un año más tarde, una mujer afroamericana llamada Rosa Parks se negó a cederle su asiento en un autobús público a una persona blanca, por lo que fue arrestada por violar las leyes segregacionistas vigentes en el estado de Alabama. En respuesta, el reverendo King encabezó un boicot contra el sistema de transportación pública de Montgomery que duró más de trescientos días. En 1956, el Tribunal Supremo declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos, lo que marcó el fin del famoso boicot de Montgomery.

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Martin Luther King y Lyndon B. Johnson

King le dedicará los próximos trece años de su vida a la lucha por la igualdad racial por medio de marchas, boicots, bloqueos, toma de edificios, etc. Creyente en la resistencia pacífica promulgada por Henry David Thoreau y Gandhi, King rechazó el uso de la violencia y se opuso a la intervención de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam, por lo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1964.

King no sólo defendió el pacifismo, sino que también optó por aliarse con los sectores liberales en busca de reformas. Para él, la integración racial era posible y necesaria. King creía que sólo el cambio pacífico a través de la colaboración con los blancos traería el cambio que los afro-estadounidenses  estaban esperando y del que eran merecedores.

Este gran líder estadounidense fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.  Su muerte provocó fuerte disturbios raciales, pero no frenó la lucha de los afro-estadounidenses  por sus derechos civiles.

La Ley de Derechos Civiles

El asesinato de  John F. Kennedy en noviembre de 1963 ocurrió en un momento que la lucha por los derechos civiles había ganado fuerza y contaba con el apoyo del presidente asesinado. La actitud que asumiría el nuevo residente de la Casa  Blanca preocupaba a los líderes negros, pues Lyndon B. Johnson (LBJ) no se había caracterizado por sus simpatías hacia la lucha de los afro-estadounidenses . Por el contrario, como Senador Johnson había bloqueado legislación a favor de los derechos civiles.

Afortunadamente para los afro-estadounidenses ,  LBJ entendió que la lucha por los derechos había cambiado el panorama político estadounidense. Además, éste quería unir a los Demócratas y demostrar que era un líder nacional por lo que adoptó el tema de los derechos civiles. Johnson hizo claro que estaba dispuesta a transar y uso todo su poder e influencia para conseguir que el Congreso aprobara  una ley de derechos civiles en 1964.

La aprobación de la Ley de Derechos Civiles  es uno de los episodios más importantes en la lucha de los afro-estadounidenses  por la igualdad.  Ésta es, además, la legislación más importante aprobada en los Estados Unidos con relación al tema de los derechos civiles desde el periodo de la Reconstrucción. La ley prohíbe la discriminación en los espacios públicos, ilegaliza la discriminación en el trabajo por sexo, raza u origen nacional, prohíbe la discriminación en programas federales y  autorizaba al Departamento de Justicia a iniciar casos legales para integrar escuelas y otras dependencias públicas.

El “Black Power”

No todos los afro-estadounidenses  adoptaron el pacifismo reformista predicado por Martin Luther King. Otros reclamaron cambios sociales inmediatos y optaron por la confrontación.  Éstos manifestaron su rencor hacia la sociedad blanca que restringía y limitaba sus aspiraciones, así como también  rechazaron la resistencia pacífica, la integración  y las alianzas de King.   Cansados, frustrados y sin fe en la justicia de los blancos, estos afro-estadounidenses  demandaron la creación de un poder negro o “Black Power”,  es decir, la creación de instituciones y movimientos políticos propios que dieran forma a una agenda propia de la comunidad afroamericana. En otras palabras, los defensores del “Black Power” querían definir su destino, no depender de los blancos para ello.

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Muhamad Ali y Malcom X

El movimiento “Black Power” estuvo fuertemente influenciada por las ideas de uno de los más importantes líderes afro-estadounidenses  de la historia, Malcom X.  Nacido como Malcom Little,  éste cambió su apellido a X como un acto simbólico de repudio al pasado esclavista. Tras una temporada en la cárcel por venta de drogas, Malcom fue liberado en 1952 y se convirtió al Islam.  Malcom se unió a una agrupación musulmana afroamericana llamada la Nación del Islam que era dirigida por Elijah Muhammad.  La inteligencia y oratorio de Malcom X le convirtieron muy pronto en una de las figuras más importantes de la comunidad musulmana afroamericana.

El pensamiento de Malcom tenía una fuerte tendencia separatista y nacionalista. Éste insistía en que los negros tomaran conciencia  y se levantaran en defensa de sus derechos para así alcanzar la independencia verdadera.  Según Malcom, los negros debían estar orgullosos de su negritud y de sus raíces africanas.  Crítico acérrimo de King, Malcom insistía que los afro-estadounidenses  debían conseguir su libertad usando cualquier medio posible, incluyendo la violencia.  En 1965, Malcom abandonó la Nación del Islam y fue asesinado por tres hombres vinculados a ese movimiento.

En 1966, Huey P. Newton y Bobby Seale fundaron el Partido de las Panteras Negras, el grupo más famoso en defensa de la autodeterminación de los afro-estadounidenses . Las Panteras Negras recurrieron a la violencia y se enfrentaron a la policía y el FBI en diversas ocasiones, pero fueron encarcelados o resultaron muertos, lo que terminó destruyendo al partido.

Bobby Seale, Huey Newton

Huey P. Newton y Bobby Seale

El movimiento “Black Power” tuvo un efecto importante para los afro-estadounidenses , pues fomentó el desarrollo de organizaciones comunitarias negras independientes de los blancos, ayudó a la creación de programas universitarios dedicados al estudio de los negros estadounidenses y sirvió para movilizar política y electoralmente a los afro-estadounidenses .  Además, sirvió para promover el orgullo racial  y la autoestima de los negros.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, Perú

download-1El 2018 Lincoln Prize ha sido sido concedido al trabajo de Edward Ayers,  The Thin Light of Freedom: The Civil War and Emancipation in the Heart of America (W.W. Norton and Company). Este premio, que consiste de $50,000, es otorgado anualmente por  el Gilder Lehrman Institute of American History para reconocer el mejor trabajo investigativo sobre Lincoln y el periodo de la guerra civil. Ayers es un historiador estadounidense, ex Presidente de la Universidad de Richmond y miembro fundador de unos de los mejores podcast de historia estadounidense: Backstory. Ha sido merecedor tanto del Bancroft Prize como  del Beveridge Prize.

Vale mencionar a los finalistas de tan prestigioso premio:

  • Ron Chernow, Grant (Penguin Press).
  • Gordon Rhea, On to Petersburg: Grant and Lee, June 4-14, 1864 (LSU Press).
  • Tera Hunter, Bound in Wedlock:  Slave and Free Black Marriage in the Nineteenth Century(Harvard University Press).
  • Cate Lineberry, Be Free or Die (St. Martin’s Press).
  • Graham Peck, Making an Antislavery Nation(University of Illinois Press).
  • Adam I.P. Smith, The Stormy Present: Conservatism and the Problem of Slavery in Northern Politics: 1846—1865 (University of North Carolina Press).
Princeton University ha publicado un libro cuya lectura parece obligatoria: American Empire A Global History. Escrito por el historiador británico A. G. Hopkins, este libro interpreta la evolución del imperio estadounidense desde una perspectiva global. Hopkins cuestiona la idea del excepcionalismo al examinar  la historia estadounidense desde una óptica internacional. Comparto con mis lectores esta “introducción” a su obra escrita por Hopkins y que fuera publicada en la bitácora Not Even Past.

The American “Empire” Reconsidered

by A. G. Hopkins

Whether commentators assert that the United States is resurgent or in decline, it is evident that the dominant mood today is one of considerable uncertainty about the standing and role of the “indispensable nation” in the world. The triumphalism of the 1990s has long faded; geopolitical strategy, lacking coherence and purpose, is in a state of flux. Not Even Past, or perhaps Not Ever Past, because the continuously unfolding present prompts a re-examination of approaches to history that fail to respond to the needs of the moment, as inevitably they all do.

This as good a moment as any to consider how we got “from there to here” by stepping back from the present and taking a long view of the evolution of U.S. international relations. The first reaction to this prospect might be to say that it has already been done – many times. Fortunately (or not), the evidence suggests otherwise. The subject has been studied in an episodic fashion that has been largely devoid of continuity between 1783 and 1914, and becomes systematic and substantial only after 1941.
There are several ways of approaching this task. The one I have chosen places the United States in an evolving Western imperial system from the time of colonial rule to the present. To set this purpose in motion, I have identified three phases of globalisation and given empires a starring role in the process. The argument holds that the transition from one phase to another generated the three crises that form the turning points the book identifies. Each crisis was driven by a dialectic, whereby successful expansion generated forces that overthrew or transformed one phase and created its successor.

The first phase, proto-globalisation, was one of mercantilist expansion propelled by Europe’s leading military-fiscal states. Colonising the New World stretched the resources of the colonial powers, produced a European-wide fiscal crisis at the close of the eighteenth century, and gave colonists in the British, French, and Spanish empires the ability, and eventually the desire, to claim independence. At this point, studies of colonial history give way to specialists on the new republic, who focus mainly on internal considerations of state-building and the ensuing struggle for liberty and democracy. Historians of empire look at the transition from colonial rule rather differently by focussing on the distinction between formal and effective independence. The U.S. became formally independent in 1783, but remained exposed to Britain’s informal political, economic and cultural influences. The competition between different visions of an independent polity that followed mirrored the debate between conservatives and reformers in Europe after 1789, and ended, as it did in much of Europe, in civil war.

The second phase, modern globalisation, which began around the mid-nineteenth century, was characterised by nation-building and industrialisation. Agrarian elites lost their authority; power shifted to urban centres; dynasties wavered or crumbled. The United States entered this phase after the Civil War at the same time as new and renovated states in Europe did. The renewed state developed industries, towns, and an urban labor force, and experienced the same stresses of unemployment, social instability, and militant protest in the 1880s and 1890s as Britain, France, Germany and other developing industrial nation-states. At the close of the century, too, the U.S. joined other European states in contributing to imperialism, which can be seen as the compulsory globalisation of the world. The war with Spain in 1898 not only delivered a ready-made insular empire, but also marked the achievement of effective independence. By 1900, Britain’s influence had receded. The United States could now pull the lion’s tail; its manufactures swamped the British market; its culture had shed its long-standing deference. After 1898, too, Washington picked up the white man’s burden and entered on a period of colonial rule that is one of the most neglected features of the study of U.S. history.

The third phase, post-colonial globalisation, manifested itself after World War II in the process of decolonisation. The world economy departed from the classical colonial model; advocacy of human rights eroded the moral basis of colonial rule; international organisations provided a platform for colonial nationalism. The United States decolonised its insular empire between 1946 and 1959 at the same time as the European powers brought their own empires to a close. Thereafter, the U.S. struggled to manage a world that rejected techniques of dominance that had become either unworkable or inapplicable. The status of the United States was not that of an empire, unless the term is applied with excessive generality, but that of an aspiring hegemon. Yet, Captain America continues to defend ‘freedom’ as if the techniques of the imperial era remained appropriate to conditions pertaining in the twenty-first century.

This interpretation inverts the idea of “exceptionalism” by showing that the U.S. was fully part of the great international developments of the last three centuries. At the same time, it identifies examples of distinctiveness that have been neglected: the U.S. was the first major decolonising state to make independence effective; the only colonial power to acquire most of its territorial empire from another imperial state; the only one to face a significant problem of internal decolonisation after 1945. The discussion of colonial rule between 1898 and 1959 puts a discarded subject on the agenda of research; the claim that the U.S. was not an empire after that point departs from conventional wisdom.

The book is aimed at U.S. historians who are unfamiliar with the history of Western empires, at historians of European empires who abandon the study the U.S. between 1783 and 1941, and at policy-makers who appeal to the ‘lessons of history’ to shape the strategy of the future.

A.G. Hopkins, American Empire: A Global History


 

TupacAmaruVelascoEl de 3 octubre de 1968 las fuerzas armadas peruanas derrocaron al Presidente Fernando Belaúnde Terry, dando inicio al Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (GRFA),  uno de los experimentos sociales, políticos y económicos más importantes en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. En los doce años que ejerció el poder, el  GRFA realizó importantes políticas y reformas: expropió varias corporaciones estadounidenses, buscó rehacer el orden diplomático interamericano establecido  en el Tratado de Río, pidió el fin del embargo contra Cuba, defendió la aplicación del límite de las 200 millas náuticas y estableció relaciones diplomáticas y comerciales con  países  comunistas.

Los militares peruanos también participaron activamente en el Movimiento de Países No-alineados, compraron cientos de millones de dólares en armamento soviético, llevaron a cabo una reforma agraria y pusieron en marcha un agresivo programa económico  que buscaba fomentar el desarrollo y la independencia del Perú.

El gobierno militar peruano adoptó un discurso anti-imperialista que ­–unido a sus medidas económicas, políticas y diplomáticas– le llevó a un interesante enfrentamiento con el gobierno de los Estados Unidos, convirtiéndose en un dolor de cabeza para las autoridades estadounidenses.

La mayoría de quienes han estudiado el GRFA se han concentrado en el análisis de temas socioeconómicos y políticos locales, prestando poca atención a elementos diplomáticos e internacionales, especialmente, a la interacción de los militares peruanos con el gobierno de Estados Unidos.  Quienes han superado esta limitación se han concentrado en el análisis de las relaciones del gobierno militar con las instituciones tradicionales de la política exterior estadounidense (Presidente, Departamento de Estado, etc.), ignorando el papel que jugó el Congreso norteamericano en este drama.

histcrit.2018.issue-67.coverEl último número de la revista Historia critica, una publicación de la Universidad de los Andes en Colombia,  contiene un artículo de mi autoría titulado “The United States Congress and the Peruvian Revolution, 1968-1975″. El objetivo de mi articulo es    aportar al estudio de las relaciones peruano-estadounidenses, analizando el papel que jugó el Congreso -una de las instituciones claves del sistema político estadounidense- durante la etapa más radical del GRFA.

Aquellos interesados en estos temas pueden descargar el artículo aquí.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, 27 de enero de 2018