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Archive for the ‘Martin Luther King’ Category

mlkHoy, 4 de abril de 2018, se conmemoran los cincuenta años del asesinato del Reverendo Martin Luther King, Jr. en Memphis, Tennessee. El Dr. King  se encontraba en Memphis apoyando la histórica huelga de los recogedores de basura, que en su mayoría eran afroamericanos. Su asesinato desató una ola de violencia urbana y apagó una de las voces más críticas de la sociedad estadounidense de la década de 1960.

Creo que la mejor forma de recordar al Dr. King en un día como hoy, es compartiendo su análisis de tres problemas fundamentales de su era y de total actualidad: el militarismo, el racismo y la pobreza. El 31 de agosto de 1967, el Dr. King pronunció uno de sus  más importantes discursos ante la National Conference on New Politics. Conocido como The Three Evils of Society Address, este discurso formó parte de su People´s Poor Campaign, dirigida a combatir la injusticia económica más de allá de límites raciales.

Para oir este importante discurso ir aquí.

 

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La década de 1960 fue testigo de la lucha de los afro-estadounidenses  por la igualdad social y política. Tras el fin de la guerra civil, los afro-estadounidenses  disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, ciudadanos negros llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y representantes. Sin embargo, a finales de la década de 1870, éstos habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial. Este sistema conocido como “Jim Crow”  creó formas para negar  o limitar el derecho al voto de los afro-estadounidenses,  además de marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión.

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Los afro-estadounidenses  no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de afro-estadounidenses  fueron linchados por el mero hecho de ser negros.  Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

En los años 1960 se dio un renacer en la lucha de los afro-estadounidenses  por el reconocimiento de sus derechos políticos y por el fin de la segregación racial. Bajo el liderato de personas como Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks, Huey P. Newton y Bobby Seale, los afro-estadounidenses  usaron diversos tipos de medios para luchar contra quienes les oprimían y maltrataban (boicots, marchas, resistencia pacífica, resistencia armada, etc.). El resultado de esta lucha fue el desarrollo de un vasto movimiento a favor de los derechos civiles que logró la aprobación de leyes federales protegiendo los derechos de los ciudadanos afro-estadounidenses . Sin embargo, esta lucha constituyó una verdadera revolución, pues cambió considerablemente las relaciones y actitudes raciales en los Estados Unidos.

 Martin Luther King

Rosa-Parks

Rosa Parks

Una de las figuras claves de la lucha por los derechos civiles fue un joven pastor negro llamado Martin Luther King. Nacido en Atlanta en 1929, era hijo y hermano de pastores y vivió desde muy niño la segregación racial.  En 1954,   King se convirtió, a los veinticinco años de edad, en pastor de una iglesia bautista de la ciudad Montgomery. Un año más tarde, una mujer afroamericana llamada Rosa Parks se negó a cederle su asiento en un autobús público a una persona blanca, por lo que fue arrestada por violar las leyes segregacionistas vigentes en el estado de Alabama. En respuesta, el reverendo King encabezó un boicot contra el sistema de transportación pública de Montgomery que duró más de trescientos días. En 1956, el Tribunal Supremo declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos, lo que marcó el fin del famoso boicot de Montgomery.

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Martin Luther King y Lyndon B. Johnson

King le dedicará los próximos trece años de su vida a la lucha por la igualdad racial por medio de marchas, boicots, bloqueos, toma de edificios, etc. Creyente en la resistencia pacífica promulgada por Henry David Thoreau y Gandhi, King rechazó el uso de la violencia y se opuso a la intervención de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam, por lo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1964.

King no sólo defendió el pacifismo, sino que también optó por aliarse con los sectores liberales en busca de reformas. Para él, la integración racial era posible y necesaria. King creía que sólo el cambio pacífico a través de la colaboración con los blancos traería el cambio que los afro-estadounidenses  estaban esperando y del que eran merecedores.

Este gran líder estadounidense fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.  Su muerte provocó fuerte disturbios raciales, pero no frenó la lucha de los afro-estadounidenses  por sus derechos civiles.

La Ley de Derechos Civiles

El asesinato de  John F. Kennedy en noviembre de 1963 ocurrió en un momento que la lucha por los derechos civiles había ganado fuerza y contaba con el apoyo del presidente asesinado. La actitud que asumiría el nuevo residente de la Casa  Blanca preocupaba a los líderes negros, pues Lyndon B. Johnson (LBJ) no se había caracterizado por sus simpatías hacia la lucha de los afro-estadounidenses . Por el contrario, como Senador Johnson había bloqueado legislación a favor de los derechos civiles.

Afortunadamente para los afro-estadounidenses ,  LBJ entendió que la lucha por los derechos había cambiado el panorama político estadounidense. Además, éste quería unir a los Demócratas y demostrar que era un líder nacional por lo que adoptó el tema de los derechos civiles. Johnson hizo claro que estaba dispuesta a transar y uso todo su poder e influencia para conseguir que el Congreso aprobara  una ley de derechos civiles en 1964.

La aprobación de la Ley de Derechos Civiles  es uno de los episodios más importantes en la lucha de los afro-estadounidenses  por la igualdad.  Ésta es, además, la legislación más importante aprobada en los Estados Unidos con relación al tema de los derechos civiles desde el periodo de la Reconstrucción. La ley prohíbe la discriminación en los espacios públicos, ilegaliza la discriminación en el trabajo por sexo, raza u origen nacional, prohíbe la discriminación en programas federales y  autorizaba al Departamento de Justicia a iniciar casos legales para integrar escuelas y otras dependencias públicas.

El “Black Power”

No todos los afro-estadounidenses  adoptaron el pacifismo reformista predicado por Martin Luther King. Otros reclamaron cambios sociales inmediatos y optaron por la confrontación.  Éstos manifestaron su rencor hacia la sociedad blanca que restringía y limitaba sus aspiraciones, así como también  rechazaron la resistencia pacífica, la integración  y las alianzas de King.   Cansados, frustrados y sin fe en la justicia de los blancos, estos afro-estadounidenses  demandaron la creación de un poder negro o “Black Power”,  es decir, la creación de instituciones y movimientos políticos propios que dieran forma a una agenda propia de la comunidad afroamericana. En otras palabras, los defensores del “Black Power” querían definir su destino, no depender de los blancos para ello.

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Muhamad Ali y Malcom X

El movimiento “Black Power” estuvo fuertemente influenciada por las ideas de uno de los más importantes líderes afro-estadounidenses  de la historia, Malcom X.  Nacido como Malcom Little,  éste cambió su apellido a X como un acto simbólico de repudio al pasado esclavista. Tras una temporada en la cárcel por venta de drogas, Malcom fue liberado en 1952 y se convirtió al Islam.  Malcom se unió a una agrupación musulmana afroamericana llamada la Nación del Islam que era dirigida por Elijah Muhammad.  La inteligencia y oratorio de Malcom X le convirtieron muy pronto en una de las figuras más importantes de la comunidad musulmana afroamericana.

El pensamiento de Malcom tenía una fuerte tendencia separatista y nacionalista. Éste insistía en que los negros tomaran conciencia  y se levantaran en defensa de sus derechos para así alcanzar la independencia verdadera.  Según Malcom, los negros debían estar orgullosos de su negritud y de sus raíces africanas.  Crítico acérrimo de King, Malcom insistía que los afro-estadounidenses  debían conseguir su libertad usando cualquier medio posible, incluyendo la violencia.  En 1965, Malcom abandonó la Nación del Islam y fue asesinado por tres hombres vinculados a ese movimiento.

En 1966, Huey P. Newton y Bobby Seale fundaron el Partido de las Panteras Negras, el grupo más famoso en defensa de la autodeterminación de los afro-estadounidenses . Las Panteras Negras recurrieron a la violencia y se enfrentaron a la policía y el FBI en diversas ocasiones, pero fueron encarcelados o resultaron muertos, lo que terminó destruyendo al partido.

Bobby Seale, Huey Newton

Huey P. Newton y Bobby Seale

El movimiento “Black Power” tuvo un efecto importante para los afro-estadounidenses , pues fomentó el desarrollo de organizaciones comunitarias negras independientes de los blancos, ayudó a la creación de programas universitarios dedicados al estudio de los negros estadounidenses y sirvió para movilizar política y electoralmente a los afro-estadounidenses .  Además, sirvió para promover el orgullo racial  y la autoestima de los negros.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, Perú

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La América de John F. Kennedy

Por: Julián Casanova

El país  | 21 de noviembre de 2013

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John F. Kennedy y su esposa, Jackie, en Dallas momentos antes del magnicidio. / ken features

Lo escribió Martin Luther King en su autobiografía: “Aunque la pregunta “¿Quién mató al presidente Kennedy?” es importante, la pregunta “¿Qué lo mató”? es más importante”.

En realidad, 1963 fue un año de numerosos asesinatos políticos en Estados Unidos, la mayoría de dirigentes negros. Y en esa década fue asesinado Malcolm X, en Harlem, Nueva York, el 21 de febrero de 1965, por uno de sus antiguos seguidores, en un momento en el que estaba rompiendo con los líderes más radicales de su movimiento. El 4 de abril de 1968, en el balcón de su habitación del hotel Loraine, en Memphis, Tennessee, un solo disparo acabó con la vida de Martin Luther King. Dos meses más tarde, el 6 de junio, tras un discurso triunfante en California en su campaña para ganar la candidatura por el Partido Demócrata, otro asesino se llevó la del senador Robert F. Kennedy. “No votaré”, declaró un negro neoyorquino en una encuesta: “Matan a todos los hombres buenos que tenemos”.

Todo ocurrió de forma muy rápida, en una década de protestas masivas y de desobediencia civil que precedió al asesinato de JFK. Estados Unidos era entonces la primera potencia militar y económica del mundo, en la que, sin embargo, prevalecía todavía el racismo, una herencia de la esclavitud que esa sociedad tan rica y democrática no había sabido eliminar. Millones de norteamericanos de otras razas diferentes a la blanca se topaban en la vida cotidiana con una aguda discriminación en el trabajo, en la educación, en la política y en la concesión de los derechos legales.

Montgomery, Alabama, la antigua capital de la Confederación durante la guerra civil de los años sesenta del siglo XIX, a donde se trasladó Luther King en octubre de 1954 para ocupar su primer trabajo como pastor y predicador de la iglesia baptista, constituía un excelente ejemplo de cómo la vida de los negros estaba gobernada por los arbitrarios caprichos y voluntades del poder blanco. La mayoría de sus 50.000 habitantes negros trabajaban como criados al servicio de la comunidad blanca, compuesta por 70.000 habitantes, y apenas 2.000 de ellos podían ejercer el derecho al voto en las elecciones. Allí, en Montgomery, en esa pequeña ciudad del sur profundo, donde nada parecía moverse, comenzaron a cambiar las cosas el 1 de diciembre de 1955.

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Rosa Parks, en un autubús de Montgomery. / AP

Ese día por la tarde, Rosa Parks, una costurera de 42 años, cogió el autobús desde el trabajo a casa, se sentó en los asientos reservados por la ley a los blancos y cuando el conductor le ordenó levantarse para cedérselo a un hombre blanco que estaba de pie, se negó. Dijo no porque, tal y como lo recordaba después Martin Luther King, no aguantaba más humillaciones y eso es lo que le pedía “su sentido de dignidad y autoestima”. Rosa Parks fue detenida y comenzó un boicot espontáneo a ese sistema segregacionista que regía en los autobuses de la ciudad. Uno de sus promotores, E.D. Nixon, pidió al joven pastor baptista, casi nuevo en la ciudad, que se uniera a la protesta. Y ese fue el bautismo de Martin Luther King como líder del movimiento de los derechos civiles. Unos días después, en una iglesia abarrotada de gente, King avanzó hacia el púlpito y comenzó “el discurso más decisivo” de su vida. Y les dijo que estaban allí porque eran ciudadanos norteamericanos y amaban la democracia, que la raza negra estaba ya harta “de ser pisoteada por el pie de hierro de la opresión”, que estaban dispuestos a luchar y combatir “hasta que la justicia corra como el agua”.

Los trece meses que duró el boicot alumbraron un nuevo movimiento social. Aunque sus dirigentes fueron predicadores negros y después estudiantes universitarios, su auténtica fuerza surgió de la capacidad de movilizar a decenas de miles de trabajadores negros. Una minoría racial, dominada y casi invisible, lideró un amplio repertorio de protestas –boicots, marchas a las cárceles, ocupaciones pacíficas de edificios…- que puso al descubierto la hipocresía del segregacionismo y abrió el camino a una cultura cívica más democrática. La conquista del voto por los negros sería, según percibió desde el principio Martin Luther King, “la llave para la solución completa del problema del sur”.

Pero la libertad y la dignidad para millones de negros no podía ganarse sin un desafío fundamental a la distribución existente del poder. La estrategia de desobediencia civil no violenta, predicada y puesta en práctica por Martin Luther King hasta su muerte, encontró muchos obstáculos.

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Luther King se dirige a los asistentes a la Marcha de Washington el 28 de agosto de 1963. / france press

A John Fitzgerald Kennedy, ganador de las elecciones presidenciales de noviembre de 1960, el reconocimiento de los derechos civiles le creó numerosos problemas con los congresistas blancos del sur y trató por todos los medios de evitar que se convirtiera en el tema dominante de la política nacional. No lo consiguió, porque antes de que fuera asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963, el movimiento se había extendido a las ciudades más importantes del norte del país y había protagonizado una multitudinaria marcha a Washington en agosto de ese año, la manifestación política más importante de la historia de Estados Unidos.

No fue todo un camino de rosas. La batalla contra el racismo se llenó de rencores y odios, dejando cientos de muertos y miles de heridos. La violencia racial no era una fenómeno nuevo en la sociedad norteamericana. Pero hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, esa violencia había sido protagonizada por grupos de blancos armados que atacaban a los negros y por el Ku Klux Klan, la organización terrorista establecida en el sur precisamente para impedir la concesión de derechos legales a los ciudadanos negros. En los disturbios de los años sesenta, por el contrario, muchos negros respondieron a la discriminación y a la represión policial con asaltos a las propiedades de los blancos, incendios y saqueos. Las versiones oficiales y muchos periódicos culparon de la violencia y de los derramamientos de sangre a pequeños grupos de agitadores radicales, aunque posteriores investigaciones revelaron que la mayoría de las víctimas fueron negros que murieron por los disparos de las fuerzas gubernamentales.

Con tanta violencia, la estrategia pacífica de Martin Luther King parecía tambalearse. Y frente a ella surgieron nuevos dirigentes negros con visiones alternativas. El más carismático fue un hombre llamado Malcolm X, que había visto de niño cómo el Ku Klux Klan incendiaba su casa y mataba a su padre, un predicador baptista, y que se había convertido al islamismo después de una larga estancia en prisión. Criticó el movimiento a favor de los derechos civiles, despreció la estrategia de la no violencia y sostuvo una agria disputa con Martin Luther King, al que llamó “traidor al pueblo negro”. King deploró su “oratoria demagógica” y dijo estar convencido de que era ese racismo tan enfermo y profundo el que alimentaba figuras como Malcolm X. Cuando éste fue asesinado, King recordó de nuevo que “la violencia y el odio sólo engendran violencia y odio”.

Los negros sabían muy bien qué eran los asesinatos políticos. Cuando subió al poder, John F. Kennedy no conocía a muchos negros. Pero tuvo que abordar el problema, el más acuciante de la sociedad estadounidense. Hubo dos Kennedys, como también recordó Luther King. El presionado y acuciado, durante sus dos primeros años de mandato, por la incertidumbre causada por la dura campaña electoral y su escaso margen de victoria sobre Richard Nixon en 1960; y el que tuvo el coraje, desde 1963, de convertirse en un defensor de los derechos civiles.

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Marines cruzando un río en Vietnam el 30 de octubre de 1968. / agencia keystone

Pero si todos esos conflictos sobre los derechos civiles revelaban algunas de las enfermedades de aquella sociedad, la política exterior, desde la crisis de los misiles en Cuba hasta la guerra de Vietnam, sacó a la superficie las tensiones inherentes a los esfuerzos de Kennedy por manejar el imperio. Kennedy decidió demostrar al mundo el poder estadounidense y comenzó a convertir a Vietnam en el territorio idóneo para destruir al enemigo. Kennedy no lo vio, pero la guerra que siguió a su muerte fue el desastre más grande de la historia de Estados Unidos en el siglo XX.

“Hemos creado una atmósfera en la que la violencia y el odio se han convertido en pasatiempos populares”, escribió Luther King en el epitafio que le dedicó al presidente. El asesinato de Kennedy no sólo mató a un hombre, sino a un montón de “ilusiones”. Cuando se conoció su muerte, en muchos sitios, en medio del duelo general, se escuchó la Dance of the Blessed Spirits. Cuando asesinaron a Luther King, casi cinco años después, la rabia y la violencia se propagaron en forma de disturbios por más de un centenar de ciudades, el final amargo de una era de sueños y esperanzas. Lo dijo su padre, el predicador baptista que le había inculcado los valores de la dignidad y de la justicia: “Fue el odio en esta tierra el que me quitó a mi hijo”.

, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son “los ‘recordadores’ profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar”. Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.

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Martin Luther King durante su histórico discurso I have a dream, el 28 de agosto de 1963 Foto AP

La feroz urgencia del ahora

David Brooks

La Jornada, 2 de setiembre de 2013

Cuentan que el 28 de agosto de 1963 fue un día de verano soleado y caluroso, y que aun antes de iniciar la Marcha sobre Washington por Empleos y Libertad asustó no sólo a Washington, sino a gran parte de Estados Unidos. El sueño que estaba por proclamarse era subversivo y quien ofrecería ese mensaje era considerado el hombre desarmado más peligroso de Estados Unidos.

El gobierno de John F. Kennedy intentó persuadir a los organizadores de suspender su acto y ese día colocó 4 mil elementos antimotines en los suburbios y 15 mil en alerta; los hospitales se prepararon para recibir víctimas de la violencia potencial, y los tribunales para procesar a miles de detenidos, cuenta el historiador Taylor Branch. Colocaron agentes con instrucciones de apagar el sistema de sonido si los discursos incitaban a la sublevación. La idea de que la capital sería sitiada por oleadas masivas de afroestadunidenses provocó alarma entre la cúpula política y los medios tradicionales.

El orador principal, el reverendo Martin Luther King, era considerado un radical peligroso y estaba bajo vigilancia de la FBI de J. Edgar Hoover. El jefe de inteligencia doméstica de la FBI calificó al reverendo que encabezaba esa marcha de el negro más peligroso para el futuro de esta nación desde la perspectiva del comunismo, el negro y la seguridad nacional. Todos esperaban desorden masivo. Pero ese día cientos de miles –un tercio de ellos blancos, algo nunca visto– llegaron pacíficamente a participar en un momento que muchos dicen cambió a Estados Unidos.

“King no era peligroso para el país, sino para el statu quo… King era peligroso porque no aceptaba en silencio –ni permitía que un pueblo cansado aceptara silenciosamente ya– las cosas como estaban. Insistió en que todos nos imagináramos –soñáramos– lo que podría y debería ser”, escribió Charles Blow, columnista del New York Times.

Es allí, dicen muchos, donde se inauguró lo que se recuerda como los 60, uno de los auges democráticos (en su sentido real) más importantes de la historia estadunidense.

Hace unos días la cúpula política, la intelectualidad acomodada y los principales medios festejaron el 50 aniversario del acto con la versión oficial pulida y patriótica de la marcha que King ofreció uno de los discursos más famosos de la historia de este país, Yo tengo un sueño.

Al festejar el aniversario, se ha debatido sobre el significado de esa marcha y el discurso de King, tanto en su momento como hoy día. Algunos concluyen que el sueño de King está expresado en el hecho de que el primer presidente afroestadunidense, Barack Obama, ofreció un discurso para celebrar el aniversario en el Monumento a Lincoln, el mismo lugar donde King ofreció históricas palabras hace cinco décadas. Ahí habló de los cambios que King promovió, también reconoció que esa lucha no ha concluido.

Aunque nadie disputa los cambios dramáticos y los logros en cuanto a la lucha frontal contra la segregación institucional, tampoco se puede disputar que mucho de lo que dijo King en 1963 tendría que repetirlo 50 años después.

Hoy día hay más hombres negros encarcelados que esclavos en 1850 (según el trabajo de la extraordinaria académica Michelle Alexander); varios estados han promovido nuevas medidas para obstaculizar el acceso de las minorías a las urnas; el desempleo entre afroestadunidenses es casi el doble que entre blancos, casi igual que en 1963; el número de afroestadunidenses menores de edad que viven en la pobreza es casi el triple que el de los blancos en la misma condición; uno de cada tres niños afroestadunidenses nacidos en 2001 enfrentan el riesgo de acabar en la cárcel.

A la vez, la desigualdad económica entre pobres y ricos ha llegado a su nivel más alto desde la gran depresión. Mientras las empresas reportan ganancias récord, los ingresos de los trabajadores continúan a la baja. Más aún, una de las demandas de la marcha de 1963 fue un incremento al salario mínimo federal, que hoy se ubica en 7.25 dólares la hora, lo que es, en términos reales, inferior al que prevalecía hace 50 años, según el Instituto de Política Económica. Ejemplo de ello fue la protesta de trabajadores de restaurantes de comida rápida en más de 50 ciudades que exigieron el doble de dicho salario, la semana pasada.

Al conmemorar el aniversario, Obama destacó la brecha económica entre pobres y ricos, pero no asumió la responsabilidad de que durante su presidencia se sigue ampliando, y evitó mencionar otras políticas que ha promovido o tolerado con consecuencias terribles para comunidades minoritarias y/o pobres como las deportaciones sin precedente de inmigrantes latinoamericanos, y el sistema penal más grande y tal vez más racista del mundo.

Muchos opinan que no es justo comparar a King con Obama, ya que uno era profeta y el otro es sólo un político.

Pero la omisión más notable durante los elogios al profeta por los políticos en estos días –justo cuando la cúpula política estadunidense contempla abiertamente otro ataque militar contra otro país (Siria)– fue cualquier referencia a las guerras.

King vinculó cada vez más la lucha de los derechos civiles con la injusticia económica y, peor, con las políticas bélicas de su país. Advirtió en 1967 que la democracia estadunidense estaba amenazada por el terno gigantesco del racismo, el materialismo extremo y el militarismo. Y declaró que no podría seguir llamando a sus seguidores a emplear la no violencia si no condenaba las políticas de guerra de Washington: Sabía que nunca más podría elevar la voz contra la violencia por los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente ante el más grande proveedor de violencia en el mundo hoy día, mi propio gobierno.

King, en su discurso del sueño en 1963, insistió en que las injusticias se tenían que abordar en lo que llamó la feroz urgencia del ahora. Cincuenta años después, ese ahora es más urgente que nunca.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/09/02/opinion/026o1mun

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Acabo de leer uno de libros más fascinantes de historia de los Estados Unidos publicados recientemente. Su título,  A Renegade History of the United States (New York: Free Press, 2010, ISBN: 9781416571063), anuncia el carácter revisionista de esta obra. Escrito por el Dr. Thaddeus RussellA Renegade History enfoca la lucha entre quienes han querido mantener el orden social en los Estados Unidos y aquellos renegados que decidieron seguir sus impulsos y deseos. En otras palabras, Russell supera los enfoques tradicionales de la historia estadounidense (abolicionistas vs.  esclavistas, liberales vs. conservadores, capitalistas vs. trabajadores, hombres vs. mujeres, etc.) para presentarnos la historia de los Estados Unidos como un conflicto de más de doscientos entre los ciudadanos “decentes y respetables” en contra de la indecencia y la degeneración de quienes no renunciaron a su libertad individual ni se disciplinaron.  Russell examina a aquellos  que se mantuvieron fuera o se enfrentaron al orden moral y económico establecido en defensa  de los “illicit pleasures”, considerados por los norteamericanos “decentes” amenazas al sistema republicano y capitalista de los Estados Unidos.

Lo verdaderamente interesante y controversial de este libro es que  su autor alega que esos “malos ciudadanos” (esclavos, libertos, mafiosos, borrachos, prostitutas, piratas, hippies, vagos, delincuentes juveniles, homosexuales, etc.) jugaron un papel decisivo en la promoción y defensa de las libertades en los Estados Unidos. Además, desempeñaron un rol crucial en el desarrollo cultural y social de la nación norteamericano, ya que según Russell, es gracias a los renegados que existe el jazz, Hollywood y Las Vegas, que los homosexuales y afro-americanos disfrutan de derechos civiles y que el control de la natalidad sobrevivió las campañas y leyes creadas en su contra.

Dr. Thaddeus Russell

Antes de examinar con más detalle el contenido de esta extraordinaria obra, es necesario hacer algunos comentarios sobre su autor y la controversia que ha generado su trabajo académico. En la actualidad el Dr. Russell es profesor en el Occidental College  (California) donde enseña historia de los Estados Unidos en el siglo XX, con énfasis en temas laborales (su primer libro analiza el papel que jugó Jimmy Hoffa en el desarrollo de la clase obrera estadounidense), raciales y de ciudadanía.  En el año 2005 Russell fue despedido del Barnard College de la Universidad de Columbia, donde se desempañaba como profesor. La razón de su salida de la prestigiosa universidad neoyorquina fue su controversial enfoque de la historia estadounidense, considerado por algunos de sus críticos como poco académico, prejuiciado y políticamente orientado. Aquellos interesados en la versión de Russell sobre los eventos que llevaron a su salida de Columbia  pueden leer un artículo publicado por el autor en The Huffington Post en el año 2010, titulado Why I Got Fired From Teaching American History.”

La salida de Russell de la Universidad de Columbia formó parte de la campaña de represión académica llevada a cabo en los Estados Unidos en la primera década del siglo XXI contra intelectuales que asumieron posiciones políticas, cuestionaron la política exterior del gobierno de George W. Bush hijo y/o plantearon acercamientos novedosos y críticos en la enseñanza de la historia estadounidense. La víctima más reciente de esta campaña lo ha sido el gran historiador norteamericano William Cronon de la Universidad de Wisconsin-Madison, atacado por el Partido Republicano. El crimen cometido por el Dr. Cronon fue comenzar a escribir una bitácora  Scholar as Citizen analizando críticamente la política de Wisconsin. Quienes estén interesados en este caso pueden leer la excelente columna del economista Paul Krugman “American Thought Police” publicada en el New York Times el 27 de marzo de este año.

Volviendo al libro que comentamos, veamos algunos de los renegados que analiza  Russell y su aportación a la historia norteamericana.

Uno de los elementos más interesantes de esta obra es cómo su autor enfoca el tema de la esclavitud. Debo reconocer que Russell hizo que me replanteara algunas de mis ideas a cerca de la esclavitud como institución en la historia de los Estados Unidos. Según el autor, los esclavos disfrutaban de mayor libertad que los blancos libres porque no estaban sujetos a las mismas leyes y limitaciones morales. Los negros esclavos no eran ciudadanos y, por ende, estaban libres de las obligaciones y limitaciones asociadas a la ciudadanía. Los esclavos no tenían obligaciones militares ni estaban sujetos a la ética laboral de los blancos y, por ende, no tenían vergüenza de no trabajar o de trabajar menos o con menor intensidad. Tampoco tenían que pagar por su comida, vivienda, cuidado médico, etc. Además disfrutaban de una mayor libertad sexual  que los blancos, quienes “during the late eighteen and nineteen century were waging a war against their bodily desires” (64). Los esclavos estaban  sujetos a castigos corporales, pero según el autor ésta era una práctica común y frecuente en los hogares y las escuelas de los norteamericanos libres. Los libres estaban, además, sujetos a la violencia del Estado que les juzgaba por la violación de leyes que no aplicaban a los esclavos, encarcelaba y hasta ejecutaba. Según Russell, los esclavitas se vieron limitados a reducir el castigo físico  porque su abuso “worked against the master because it pushed the slave away from obligation to work  and toward rebellion”. (61) Es necesario subrayar que Russell no idealiza la esclavitud, pero  si rompe con la imagen tradicional de los esclavos como entes totalmente dependientes y sometidos brutalmente por sus amos. Para ello se sustenta en el trabajo de investigadores como Sharon Block, Stephanie M. H. Camp, Elizabeth H. Pleck y Catherine Clinton.

Esclavos tocando música y bailando, década de 1780.

Russell le dedica un capítulo al periodo posterior a la guerra civil norteamericana –la llamada Reconstrucción– y su objetivo es demostrar que la abolición de la esclavitud y la concesión de la ciudadanía norteamericana a los libertos conllevó la perdida de la libertad que éstos habían disfrutado bajo la esclavitud. La abolición llevó a que los negros estuvieran sujetos de la ética ciudadana estadounidense basada en el trabajo y el autocontrol. El autor nos brinda una imagen del Freedman Bureau –una agencia del gobierno federal creada tras la guerra civil para atender el tema de los libertos– como una institución creada para entrenar a los libertos y ayudarles a convertirse en ciudadanos con derechos, pero también con responsabilidades. La base de ese entrenamiento era la idea del trabajo como una virtud, inculcando la culpa como sustituto del látigo. El mensaje era claro: ahora  que eran libres los afroamericanos debían comportarse como ciudadanos decentes y trabajar.
La libertad sexual de los libertos fue blanco de ataques por parte de los oficiales del Freedmen Bureau, quienes impusieron el matrimonio como requisito para la convivencia de una pareja. También fueron aprobadas leyes castigando a quienes reñían hijos fuera del matrimonio. Las víctimas de estas leyes fueron las mujeres negras, solteras y con hijos, ya que se les podía arrestar, enjuiciar y condenar por ello. En el proceso perdían a sus hijos, pues eran enviados a orfelinatos.

Certificado de matrimonio emitido por el Freddmen Bureau, 1866.

No todos los libertos aceptaron ser convertidos en buenos ciudadanos. Algunos de ellos rechazaron  las responsabilidades y limitaciones personales que esto conllevaba y prefirieron seguir la senda del renegado. Éstos rechazaron el trabajo, el matrimonio, la frugalidad y la disciplina que sus libertadores blancos trataron de imponerles. En otras palabras, no renunciaron a sus libertades individuales. Su resistencia mantuvo viva la cultura que la libertad de la esclavitud les permitió desarrollar a los afroamericanos. Esa cultura es una de sus grandes aportaciones –el autor le llama regalo–  a la cultura norteamericana.   En palabras del autor,

“… slavery kept African Americans out of the culture repression that whites created,     and because of this, slaves created a uniquely liberated culture  that valued pleasure     over work and freedom over conformity.” (99)

El autor concluye, que gracias a que no todos libertos no fueron transformado en ciudadanos, hoy disfrutamos del jazz.

Banda de jazz, 1921.

El autor le dedica varios capítulos a explorar el papel jugado por otros renegados. En Capítulo 4, Russell examina las libertades y placeres que disfrutaban las prostitutas en la segunda mitad del siglo XIX (sexo interracial, sexo oral, uso de contraceptivos, independencia económica, uso de maquillaje, fumar, etc.) que luego se hicieron elementos  legítimos en la cultura estadounidense. En el Capítulo 5 hace un interesantísimo análisis de la demonización del baile. En el Capítulo 7 presenta la labor renegada de los judíos como suplidores de alcohol durante la Prohibición, como distribuidores de pornografía, como pioneros en la producción clandestina de anticonceptivos y como dueños de burdeles y “jazz-factories”.  En el Capítulo 9, plantea que para que los Estados Unidos  se convirtiera en una sociedad consumista fue necesario un cambio radical en cómo los estadounidenses   pensaban cerca sobre el deseo, el placer, la diversión y el gasto. Tal cambio no habría sido posible sin los renegados.

Motines en el Stonewall Inn, 1969.

Russell también examina el aporte del crimen organizado, alegando que sin la labor renegada de los mafiosos no habría jazz, el alcohol sería ilegal, no habría Broadway, Las Vegas ni Hollywood y los homosexuales estarían todavía en el closet.  No pretendo reseñar este punto en detalle, pero no puedo dejar de mencionar que según el autor, por razones económicas (ganancias) y personales (preferencia sexual), algunos mafiosos poseyeron y administraron bares gays en la ciudad de Nueva York. Éstos pagaban protección a la policía, proveyendo así de espacios seguros para la comunidad homosexual neoyorquina.  Curiosamente, uno de esos bares propiedad de la mafia es el famoso Stonewall Inn donde en setiembre de 1969 se desarrollaron una serie de motines importantísimos en el desarrollo del movimiento gay en los Estados Unidos.

Otro elemento interesante de este libro es cómo Russell enfoca el movimiento de  los derechos  civiles de la década de 1960.  Lo primero que llamó mi atención es que según el autor, los estudiosos de Martin Luther King no dan importancia a su faceta como moralizador. Russell señala que Luther King desarrolló tres proyectos entrelazados: la creación de la Southern Christian Leadership Conference para organizar la lucha por los derechos civiles, “the launching of a voting rights effort called Campaign for Citizenship” y una cruzada evangélica y moralizante entre los afroamericanos para librarles de sus hábitos anticristianos y antiamericanos. King quería integrar a los afroamericanos convirtiéndoles en ciudadanos y para ello era necesario que éstos dejaran de beber y apostar, y controlaran sus deseos materiales y sexuales. King creía que los afroamericanos debían disciplinarse y trabajar si querían acabar con el crimen y  la pobreza  que les azotaba. En conclusión, King se integró a la lucha por la histórica lucha por la decencia buscando transformar a los afroamericanos en ciudadanos decentes.

El autor hace un trabajo muy interesante mostrando el lado no pacifista de la lucha de los afroamericanos en los años 1960. Russell usó como ejemplo la ciudad de Birmingham (Alabama) donde en 1963 se desarrollaron famosos actos de violencia policiaca, muy importantes el desarrollo del movimiento de derechos civiles.  De acuerdo con el autor, los afroamericanos residentes de la ciudad no eran, como alegaba King,  víctimas pasivas del racismo y la violencia del Estado. Por el contrario, éstos resistieron la segregación con violencia y prueba de ellos es el número de incidentes violentos registrados por la policía en que estuvieron involucrados los afroamericanos. En los años previos a los terribles eventos de mayo de 1968, los negros residentes de Birmingham atacaron  a la policía, dieron palizas a ciudadanos blancos, etc. Para Russell, esa violencia fue crucial en la lucha por los derechos civiles. Las imágenes de la policía de la ciudad atacando con perros y chorros de agua registran un momento importante en la historia norteamericana. Sin embargo, dan una versión incompleta de los eventos de ese día.  Russell alega que las acciones policiacas no fueron gratuitas, sino una reacción a las agresiones y provocaciones que fueron objeto los policías por parte de la población afro-americana.  El autor concluye que la violencia de los afroamericanos dio a King la posibilidad de vender la integración racial y el fin de la segregación a los blancos de  Birmingham como el medio para acabar con la violencia y frenar su efecto económico.

Birmingham, mayo 1963.

Este es un libro extraordinario por varias razones. Primero, porque el autor enfatiza la existencia de muchas culturas norteamericanas enfrentadas, mostrando así la complejidad de la historia de los Estados Unidos. Segundo, porque es una interpretación novedosa y, sobre todo valiente, de la historia de los Estados Unidos. Tercero, porque está escrito de forma amena e interesante. Esta es una obra académica que no arrastra con los problemas tradicionales de las obras académicas. Russell quiere ser entendido, no lucirse con teorías complicadas y estilos rebuscados. Pero eso no quiere decir que no sea un libro serio y profundo. Además de estar muy bien escrito, este libro no nos agobia con cientos de notas al calce ya que se autor recogió sus fuentes en  una interesante bibliografía dividida por capítulos localizada al final de su obra.

Quienes busquen una interpretación novedosa de la historia de los Estados Unidos que rescate y enfatice la importancia histórica de  sus  ciudadanos renegados encontrarán en este libro una obra de gran valor.

Norberto Barreto Velázquez, PhD
Lima, Perú,  6 de junio de 2011

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Gracias al USHistoryBlog.com, me entero de la existencia de “100 Great Moments in American History You Can Catch on YouTube”, un recurso que podría resultar de gran ayuda para quienes estén interesados o involucrados en la enseñanza de historia norteamericana.  Publicado por OnlineSchool.com, 100 Great Moments in American History You Can Catch on YouTube es una lista de vínculos a  cien vídeos procedentes de YouTube relacionados al desarrollo histórico de los Estados Unidos.

La lista que compone 100 Great Moments in American History está subdividida en ocho categorías. La primera es titulada Inauguraciones presidenciales y recoge vídeos de la inauguración de varios presidentes estadounidenses, entre ellos, Harry S. Truman, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon y Barack Obama. Vínculos mundiales, la segunda categoría, recoge vídeos  de eventos de historia norteamericana de trascendencia mundial como el ataque a Pearl Harbor, el caso Watergate y el 11/9. La tercera categoría –Asesinatos históricos–  está dedicada al tema  de los asesinatos políticos y destacan aquí los vídeos relacionados a la muerte de Abraham Lincoln, John F. Kennedy, Martín Luther King, Robert Kennedy y John Lennon. La cuarta categoría es titulada Discursos históricos y recoge los famosos “fireside chat” de Franklin D. Roosevelt y discursos de Malcom X, Ronald Reagan y George W. Bush, entre otros. La quinta categoría es titulada Momentos fuera de este mundo y agrupa vídeos asociados a la carrera espacial (el lanzamiento del Sputnik, el alunizaje, el desastre del transbordador Challenger, etc.). La sexta categoría  nos lleva al mundo cultural, pues agrupa vídeos relacionados a la historia musical estadounidense como la llegada de los Beatles a los Estados Unidos, Woodstock, las presentaciones de los Jackson 5 y los conciertos de Black Sabbath. La penúltima categoría atiende un elemento muy importante de la cultura norteamericana: los deportes. Aquí encontramos vídeos de la pelea de Cassius Clay y Sonny Liston, la victoria del equipo de hockey norteamericano sobre el soviético en las Olimpiadas de  Invierno de 1980 y la participación de Michael Phelps en las Olimpiadas de 2008. La última categoría –Momentos televisivos– agrupa vídeos relacionados con la historia de la televisión estadounidense: I Love Lucy, Star Trek, Saturday Night Live, The Tonight Show, MTV,  The O´Reilly Factor, Survivors, etc.

A pesar de que la selección de algunos vídeos podría ser cuestionada, 100 Great Moments in American History You Can Catch on YouTube constituye una herramienta útil para la enseñanza y el estudio de la historia de los Estados Unidos.

Norberto Barreto Velázquez,

Lima, Perú, 29 de noviembre de 2009

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