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Archive for the ‘Historia cultural’ Category

En esta breve nota publicada por el diario catalán La Vanguardia, Sergi Vich Sáez enfoca dos temas de gran importancia en la historia de la prensa estadounidense: las caricaturas y la llamada Yellow Press.

Pulitzer, Hearst y el origen de la “prensa amarilla”

“The Yellow Kids”
LEON BARRITT
Vim Magazine
June 29, 1898

A finales del siglo XIX, Estados Unidos era, para casi todo el mundo, el país de las oportunidades. A diario atraía a miles de inmigrantes venidos de todos los rincones del globo, y el principal puerto de entrada no era otro que el de Nueva York. Muy pocos tenían nociones de inglés, y se aferraban a la ansiada ayuda de algún pariente o amigo establecido con anterioridad.

No siempre había tanta suerte. La mayor parte se veían arrojados a las terribles fauces de una metrópoli con grandes bolsas de miseria y delincuencia. Nueva York estaba sufriendo profundas transformaciones que marcarían su futuro. La agregación de distintos municipios a Manhattan llevó a impulsar grandes infraestructuras, como el puente de Brooklyn . Se hablaba de construir un nuevo medio de comunicación, el metro, y se sentaban los cimientos de sus rascacielos.

En medio de esa vorágine, sus habitantes se mostraban ávidos de toda clase de noticias, y solo la prensa escrita podía satisfacer la demanda. Las cabeceras existentes eran tan numerosas como dispares las tiradas. Las había en casi todas las lenguas, como el prestigioso New Yorker Staats-Zeitung, en el que la colonia germana leía los ecos de sociedad. Las había incluso en yidis, como el izquierdista Die Zukunft. Pero las más importantes, como no podía ser de otra forma, estaban escritas en inglés.

Dos gigantes cara a cara

Los dos diarios de mayor tirada e influencia eran el New York World y el New York Journal, propiedad, respectivamente, de los multimillonarios Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst. Sin embargo, sus enormes ventas no iban de la mano de la veracidad de sus noticias. El periódico de Hearst, por ejemplo, publicó informaciones falsas para inducir a la guerra hispano-estadounidense, que estalló en 1898. Ambas cabeceras tendían a lo efectista y lo tremebundo, sin que importara demasiado que sus fuentes estuvieran contrastadas.

La primera aparición del chico amarillo (abajo a la derecha), que aquí todavía no viste el color que lo hizo famoso.

La primera aparición del chico amarillo (abajo a la derecha), que aquí todavía no viste el color que lo hizo famoso. (Dominio público)

Lo que buscaban estos grandes tabloides para hacer crecer la tirada era entretener a sus lectores. Una de las tácticas fue, a partir de 1893, la inserción en sus ediciones de suplementos a todo color con temas destinados a toda la familia, incluidos los más pequeños de la casa. Para ellos se confeccionaron varias páginas con dibujos caricaturescos y texto escaso.El éxito de la fórmula fue inmediato, no solo porque agradaba a padres y a hijos, sino porque pronto fue utilizada como un medio de alfabetización barato por los inmigrantes que apenas sabían inglés. El apoyo de la ilustración al texto, escrito al pie de la viñeta, facilitaba su comprensión.El niño amarilloUna de las tiras de mayor éxito fue la creada por el guionista y dibujante Richard Felton Outcault para las páginas del New York World de Pulitzer. La serie no tenía nombre. Cada tira se titulaba aludiendo al motivo o lugar por los que acaecían las aventuras de un grupo de chiquillos traviesos.

El chico amarillo, creación de Richard F. Outcault.

El chico amarillo, creación de Richard F. Outcault. (Dominio público)

En una de las aventuras, titulada “At the Circus in Hogan’s Alley” (En el circo del callejón de Hogan), del 5 de mayo de 1895, vio la luz un pillo pelón con modismos irlandeses llamado Mickey Dugan que pronto llamó la atención del público por sus ocurrencias. Iba vestido con una especie de bata lisa, luego teñida de amarillo, en la que aparecían graciosos textos. Su éxito fue tal que Hearst ofreció una jugosa cantidad a Outcault para que lo dibujara para su periódico.

El ilustrador de Ohio accedió. Solo impuso una condición: a partir de entonces, la serie se llamaría The Yellow Kid (El niño amarillo), el nombre por el que ya se la conocía popularmente.

Pulitzer no se quedó de brazos cruzados. Contrató a otro dibujante, George Luks, para que la serie continuara en su cabecera. Desde ese momento aparecería en los dos periódicos simultáneamente: en el de Pulitzer como Hogan’s Alley y en el de Hearst como The Yellow Kid.

El 25 de noviembre de 1896, en cinco viñetas de The Yellow Kid, un loro escondido en la caja de un fonógrafo emitía unas palabras colocadas dentro de un globo, o bocadillo, que salía de su boca.

No era la primera vez que se utilizaba ese recurso para que el lector supiese qué decía un personaje. Pero al globo se añadía la serialización en viñetas y el periódico como soporte, tres características que los especialistas consideraron esenciales para señalar el nacimiento de lo que se dio en llamar el noveno arte. Así se certificó en 1989 en un congreso en la ciudad italiana de Lucca. Gracias a aquella entrega de The Yellow Kid había nacido el cómic.

Página publicada el 15 de noviembre de 1896 en el 'New York Journal' de Hearst.

Página publicada el 15 de noviembre de 1896 en el ‘New York Journal’ de Hearst. (Dominio público)

Prensa amarilla

Pero eso no era todo. El sensacionalismo y la truculencia de las noticias aparecidas en estos periódicos, sus maquinaciones y la frecuente instrumentalización política molestaban a muchos profesionales del sector, que pronto los motejaron de “amarillos”, aludiendo al vestido del personaje del cómic publicado en ambos.

Finalmente, Erwin Wardman, editor del más serio New York Press, publicó en 1898 un artículo para definir lo que él entendía por aquella prensa que calificaba de indecente. Su título, que jugaba con las múltiples acepciones del término “yellow”, era el siguiente: “We called them Yellow because they are Yellow”, que podría traducirse por “Nosotros los llamamos amarillos porque son unos caguetas”. El concepto de prensa amarilla había tomado carta de naturaleza.


Sergi Vich Sáez, “Pulitzer, Hearst y el origen de la “prensa amarilla”La Vanguardia, 10 de diciembre de 2019.

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Debo comenzar señalando que Bugs Bunny es y será mi caricatura favorita. Este pequeño sociopata me cautivó desde que era muy niño, por lo que no he podido vencer la tentación de compartir esta nota de Bruce Chadwick profesor de la Rutgers University, sobre el papel que ha jugado Bugs Bunny en la cultura popular estadounidense.

What’s Up, Doc?’’ Bugs Bunny Takes on the New York Philharmonic, Carrots and All

by Bruce Chadwick

That wascally wabbit, Bugs Bunny, the notorious carrot chomping, sarcastic cartoon rabbit who first leaped on to the nations’ movie screens in 1940 and has been the star of 800 cartoons, four movies and 21 television specials, is back again, this time as the star of a special concert, Bugs Bunny at the Symphony II, in which the New York Philharmonic, live, plays the music of a dozen full length cartoons from the Looney Tunes and Merrie Melodies series, most starring Bugs, while the audience watches the cartoons themselves on a large movie screen. The production is at David Geffen Hall, the Philharmonic’s home, at Lincoln Center, New York. The show is this coming weekend as part of its national tour. 

The concert/show, co-sponsored by Warner Bros., under different names, created by conductor George Daugherty and David Ka Lik Wong, has been traveling through the United States for about 20 years and has been seen by 2.5 million Bugs enthusiasts. In addition to the show, patrons at Lincoln Center will get to meet a number of furry and colorful Looney Tunes characters who will be roaming through the lobby before the curtain. If Wile E. Coyote is there, watch out for him!

Among the cartoons to be screened will be Baton Bunny, Show Biz Bugs, Rhapsody Rabbit, Tom and Jerry at the Hollywood Bowl, The Rabbit of Seville, Rabid Rider, Coyote Falls, Robin Hood Daffy and What’s Opera, Doc?.

Conductor Daugherty was a Bugs fan as a kid, but it was not because of the rabbit’s zany onscreen antics. No, it was because the Bugs Bunny cartoons, and most in the Looney Tunes and Merrie Meodies cartoon factories work used the music of the great classical composers, such as Wagner, Rossini, Liszt and Donizetti. “I was a classical music fan as a boy and I reveled in listening to this great music used as the backdrop for these cartoons. I also appreciated the fact that millions of American kids were being introduced to classical music through Bugs Bunny,” he said.

The Bugs Bunny shows are like no other.

Fans at the Bugs concerts go wild. They cheer the good guys and jeer the bad guys. They applaud. They whoop. The juxtaposition of one of the world’s great orchestra’s playing the music of Richard Wagner as patrons of all ages shout and scream is both puzzling and wonderful.

“You go to a typical classic music concert and everybody is very quiet and respectful of the music. You go to a Bugs Bunny cartoon concert, though, and you lose all abandon. That’s what happens at these performances,” said conductor Daugherty with a big smile. “The same thing happened in the 1950s and it will happen forever.” 

He adds that most older people saw Bugs and Looney Tunes cartoons in a movie theater and kids on a small screen television set. “The chance to see the cartoons in a movie’ like setting, the Philharmonic concert hall, repeats that old feeling for adults and is all new for kids,” he said.

Daugherty and Wong started the production in 1990 and called it Bugs Bunny on Broadway. Since then the show, also called Bugs Bunny at the Symphony and Bugs Bunny at the Symphony II has been staged by more than 100 major orchestras, including the Boston Pops, the Los Angeles Philharmonic and Philadelphia Orchestra. It has been shown at the Hollywood Bowl and Sydney Opera House. 

In 1990, of course. Bugs was a huge Hollywood star. He began his career as a character in the Merrie Melodies cartoon series, making his star debut in Wild Hare in 1940. He was an instant hit, along with dopey Elmer Fudd, wily Daffy Duck and others. His popularity soared during World War II, when millions flocked to movies and the cartoons, which served as an escape from wartime pressures. Bugs Bunny was turned into a flag waving patriotic character during the war, even appearing in a dress blue U.S. Marine uniform in one cartoon. His popularity grew after the war and he remained the number one cartoon character in America for years, chomping on carrots in movie theater all across the country.

The really big advantages of the Philharmonic Hall, Daugherty said, was the sound of the orchestra in the concert hall.

“Back in the 1940s and ‘50s, when these cartoons first came out, the sound equipment in places where the cartoons were made, and in movie theaters, was limited. At the Philharmonic at Lincoln Center, and other halls where we stage the concerts, the sound is beautiful. That’s why people go to these shows,” said Daugherty.

He is always amazed at the people he meets at his productions. “I meet very old and very young people and music lovers, and cartoon overs, from every walk of life,” he said. He once met a couple who met at a Bugs Bunny concert eight years earlier, fell in love and were married.

People are getting used to these type of movie/performance shows. The Philharmonic has staged a number of them. Among them were Fantasia andStar Wars. The Philharmonic will stage a movie/concert of Close Encounters of the Third Kind and Psycho in September, Harry Potter and the Sorcerer’s Stone in December, and Singin’ in the Rain and Mary Poppins in May, 2020.The idea of a movie and a live orchestra is gaining ground in America – fast.

Surprisingly, the audience for the Bugs Bunny productions are neither kids or parents and kids – but individual adults. “I’d say 90% of our audience are adults without kids,” said Daugherty. “They are all coming back to see the cartoons they loved as children.”

And Bugs? The founder of the Warner Bros.’ Looney Tunes production show thinks that the hyperactive gray and white rabbit, getting on a little over the years, would love it.

When I ended my interview with the conductor, I was tempted to assume my very best Bugs Bunny voice and ask him “What’s up, Doc?” I could not do that, though, because the New York Philharmonic is so distinguished…

Really? Wait until this weekend, when Bugs fans pour into the Geffen concert hall at Lincoln Center and roar for Bugs and his cartoon pals who starred with him in all those wonderful old Looney Tunes and Merrie Melody cartoon production houses. The roar will be louder than the traffic in Times Square.

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