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Alice Childress, Paul Robeson and Lorraine HansberryEn esta nota publicada en JSTOR  Daily,  Mohammed Elnaiem enfoca a tres artistas afroamericanos de los años 1940, 1950 y 1960: Paul Robeson,  Alice Childress y Lorraine Hansberry.   Robeson no es ajeno a esta bitácora (Ver: Paul Robenson–El revolucionario),  pero debo reconocer que desconocía  a Childress y Hansberry. Los tres, como bien señala Elnaiem,  confirmaron el talento y la capacidad creadora de los afroamericanos,  y por ello lograron fama y reconocimiento. Robeson fue barítono y atleta. Childress fue actriz, dramaturga y novelista.  Hansberry fue escritora y dramaturga.  Su fama, unida a sus ideas socialistas y su lucha contra el Jim Crow, los transformaron en un peligro para el orden racial estadounidense, lo que les convirtió en blanco del aparato represivo norteamericano, en especial, del FBI.

Elnaiem es candidato a doctor en Sociología por la Universidad de Cambridge. Su línea de investigación gira en torno a la historia del capitalismo y del movimiento global de reparaciones.


En la era McCarthy, ser negro era ser rojo

Mohammed Elnaiem 

JSTOR DAILY   13 de noviembre de 2019

La sociedad los adoraba, pero el gobierno de Estados Unidos pensaba que eran peligrosos: los líderes radicales negros Paul Robeson,  Alice Childress y Lorraine Hansberry transformaron la esfera cultural en Estados Unidos y más allá. Eran dramaturgos, cantantes e intérpretes, pero también agitadores, disidentes e incluso enemigos del Estado.

Alice Childress recibió el premio Tony por el papel que interpretó en el clásico de Broadway de 1944 Anna Lucasia. Con Gold in the Tress (1952), se convertiría en la primera mujer negra en producir profesionalmente una obra de teatro en los Estados Unidos y, años más tarde, en la única mujer afroamericana en haber sido dramaturga durante cuatro décadas. (Sin embargo, no fue la primera mujer negra en producir en Broadway. Ese manto perteneció a Lorraine Hansberry, con A Raisin in the Sun, quien también fue la primera dramaturga negra en ganar el premio del Drama Critics Circle de Nueva York).

En la década de 1950, el público en general se enteró de estas figuras hojeando revistas de arte y el New York Times, leyendo reseñas sobre los avances innovadores que hicieron para las artes afromaericanas. Los más inclinados a la política podrían encontrar artículos escritos en  el periódico Freedom de Robeson,  donde Childress escribiría una columna ficticia sobre las tribulaciones de la trabajadora doméstica negra, y Hansberry informaría desde Kenia, Corea y Brasil, sobre las luchas de las mujeres para emancipar a su pueblo.

Alice Childress

Sin embargo, desde la perspectiva del FBI, sus nombres eran conocidos por otra razón: una infame lista de vigilancia, que ponía su mirada en los percibidos”traidores» a la nación. Debido a su asociación con proyectos de teatro negro como el Comité para el Negro de las Artes, o, en el caso de Robeson y Hansberry, porque eran abiertamente marxistas, el gobierno de los Estados Unidos lideró un esfuerzo concertado para desterrarlos del ojo público. Después de que el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes comenzara a atacar a los artistas, Childress también apareció en la lista de vigilancia del FBI por su activismo y su asociación abierta con los comunistas.

Desde una perspectiva, tal vez este tipo de ataque era inevitable para los artistas negros, especialmente para aquellos que eran políticamente activos. Como dijo en ese momento un columnista del Baltimore African American:

“Puedes besar los pies de Stalin, tener una hoz y un martillo grabados en tus dientes… y sólo serás un “sospechoso de ser comunista». Pero si te atreves a revelar que odias a Jim Crow… inmediatamente te conviertes en un Maldito Rojo”.

Cuando los nombres de Robeson, Hansberry y Childress aparecieron en la lista de sospechosos de ser comunistas del FBI, fueron acompañados por el nombre de Harry Belafonte, el hombre que se convertiría en uno de los confidentes más confiables de Martin Luther King, Jr. Durante la época del macartismo, ser negro era ser rojo.

Pero desde otro ángulo, las simpatías marxistas de estas figuras públicas eran compartidas por una gran proporción de la intelectualidad afroamericana. Claude McKay y Langston Hughes, por poner dos ejemplos, son a menudo atribuidos, junto con Alain Locke, como los arquitectos del Renacimiento de Harlem. Ambos elogiaron abiertamente a la Unión Soviética. De hecho, ambos pasaron mucho tiempo allí.

A Raisin in the Sun: Lorraine Hansberry : Hansberry, Lorraine: Amazon.es: Alimentación y bebidasComo estudiante, Hansberry fue miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos, y comenzó a trabajar para el periódico de Robeson inmediatamente después de graduarse. El apartamento de Childress se convirtió en un centro para Herbert Aptheker y otros académicos marxistas clandestinos. No era ningún secreto que, como muchos en las artes de la época, eran socialistas.

A partir de la década de 1920, las artes negras se entrelazaron con las instituciones culturales de la izquierda radical estadounidense. ¿Dónde estarían Childress y Hansberry sin el camino que pavimentaron las mujeres negras antes que ellos? Entre ellas se encontraban mujeres como Louise Thompson, que encontró una oportunidad teatral en una tierra que intentaba posicionarse de forma oportunista como protectora de los afroamericanos y los colonizados: la URSS. Después de regresar de espectáculos con entradas agotadas y de vacaciones a un país de segregación y Jim Crow, se comprometieron a luchar por un nuevo orden social.

Thompson, una escritora clave del renacimiento de Harlem, es más famosa por su tesis de que las mujeres negras fueron “triplemente oprimidas», como negras, mujeres y trabajadoras (un precursor de la noción moderna de interseccionalidad). Fue Thompson quien le hizo saber a Langston Hughes, a través de un  telegrama, que la URSS planeaba filmar una nueva película llamada “Blanco y negro”. Lideró a un grupo de más de veinte afroamericanos en un viaje a la URSS, donde los gastos de viaje fueron reembolsados por los soviéticos y les esperaban hoteles de lujo. (El proyecto cinematográfico se vino abajo, pero los miembros del elenco se convirtieron en las primeras mujeres negras estadounidenses en actuar en el escenario soviético).

Es casi seguro que Robeson, Childress y Hansberry habrían sido igual de talentosos con o sin su visión socialista del mundo. Lo que es menos seguro es si el teatro negro habría florecido o no a principios del siglo XX en ausencia de las instituciones sociales y culturales de la izquierda radical estadounidense. Porque, en efecto, pocos norteamericanos les habrían proporcionado el escenario, salvo los detestados comunistas de la época.

Recursos:

Transition, No. 100 (2008), pp. 56-75
Indiana University Press on behalf of the Hutchins Center for African and African American Research at Harvard University
Race, Gender & Class, Vol. 8, No. 3, Amazigh Voices: The Berber Question (2001), pp. 157-174
Jean Ait Belkhir, Race, Gender & Class Journal
Callaloo, Vol. 25, No. 4 (Autumn, 2002), pp. 1114-1135
The Johns Hopkins University Press

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Este blog acaba de superar las 1,250,000 vistas, lo que me alegra muchísimo. Por su naturaleza y nivel de especialización, no esperaba al crearlo en el 2008, que llegará a ser extremadamente popular.  Me preguntaba entonces cuántas personas podrían estar interesadas en la historia de Estados Unidos y en el análisis del imperialismo estadounidense.  Debo reconocer casi 15 años y varios meses después, que el alcance del Imperio de Calibán ha superado la más optimista de mis expectativas. No solo ha sido sobrevivido al embate del tiempo (una hija, mis responsabilidades pedagógicas, etc.), sino que ha llegado  a 1.25 millones de personas, mucho más que cualquiera otro de mis trabajos y proyectos  académicos y/o educativos.  Es realmente lamentable que desde su torre de marfil la Academia (y las Universidades) no valoren el trabajo -y el alcance- de blogs como el Imperio de Calibán.

El objetivo ahora es llegar a los 1.5 millones de vistas. ¿Cuánto nos tomará?

Norberto

El sistema de segregación racial establecido en el Sur de los Estados Unidos en las últimas décadas del Siglo XIX, tuvo terribles consecuencias a corto y a largo plazo. El  Jim Crow –como fue conocido este sistema– buscaba garantizar el predominio político, económico y social de los blancos, manteniendo subordinados y sometidos a los negros a través de un sistema que combinaba restricciones legales y terrorismo racial.

En este escrito, Livia Gershon nos da un excelente ejemplo de la capacidad destructora del Jim Crow. Siguiendo al historiador Andrew Gómez, Gershon examina el efecto que tuvo la segregación racial sobre los cubanos residentes en la Florida.  Según ella, a finales del siglo XIX, en una pequeña parte de la costa de Florida existía una cultura única  creada por inmigrantes cubanos. Este era un microcosmo racialmente integrado, en donde cubanos blancos y negros convivían hasta que el Jim Crow se impuso y  los separó.

Gershon es una escritora independiente cuyos trabajos han aparecido en publicaciones como Salon y Aeon Magazine.


A few of the workers of the San Martin Cigar Company in Tampa, Florida

Cómo Jim Crow dividió a los cubanos de Florida

Livia Gershon 

JStor Daily   21 de enero de 2024

Según el historiador Andrew Gómez, el comienzo de la Guerra de los Diez Años de Cuba en 1868 hizo que los fabricantes de cigarros cubanos y sus empleados huyeran a Florida, específicamente a Ybor City (ahora parte de Tampa) y Key West. Los trabajadores de esta industria multimillonaria tenían varias mezclas de ascendencia africana, europea e indígena. Y, a pesar de la jerarquía racial histórica de Cuba, trajeron consigo el espíritu del movimiento independentista de la nación, que estaba cada vez más comprometido con la igualdad racial.

“En Florida, los cubanos de color organizaron comités revolucionarios, trabajaron en concierto con líderes militares y mantuvieron profundos vínculos con la prensa regional”, escribe Gómez.

El Instituto San Carlos de Cayo Hueso, fundado en 1871 por cubanos de Florida, albergó una de las primeras escuelas racialmente integradas en los Estados Unidos y albergó conferencias muy concurridas donde se discutía la importancia de los cubanos negros para el futuro de ese país. El instituto era una de las más prominentes de las muchas sociedades de ayuda mutua de la zona, que ofrecía seguro médico, ayuda con los entierros, entretenimiento y otros servicios. Mientras tanto, en las fábricas de cigarros, las organizaciones laborales construidas por anarquistas y socialistas, como La Resistencia de Ybor City, reclutaron trabajadores de todos los puestos de trabajo sin discriminar por  raza y género.

Estudiantes del Instituto San Carlos

Para la cultura estadounidense más amplia de la época, los cubanos ocupaban un estatus racial entre negros y blancos, al igual que  los inmigrantes de Europa del Este y del Sur, los mexicanos y  los Creoles. Pero, escribe Gómez, eso comenzó a cambiar a medida que las leyes de Jim Crow y el terrorismo supremacista blanco se intensificaron.

Bajo el gobernador Edward Aynesworth Perry, elegido en 1885, el gobierno de Florida revirtió los cambios de la era de la Reconstrucción, destituyendo a los funcionarios negros de sus cargos y consagrando la segregación racial en la constitución estatal. A finales de la década de 1880, algunos de los muchos matrimonios entre cubanos de diferentes tonos de piel estaban siendo cuestionados como mestizaje (miscegenation).

A principios del siglo XX, las sociedades de ayuda mutua, incluido el Instituto San Carlos, adoptaron reglas que excluían a los cubanos negros. Y las escuelas cubanas, muchas de las cuales inicialmente habían desafiado los requisitos de segregación de la década de 1880 en Florida, se convirtieron gradualmente en instituciones solo para blancos. A algunos cubanos de piel más oscura se les prohibió la entrada a los cines y a las piscinas que disfrutaban sus primos.

Mientras tanto, escribe Gómez, los comités de vigilantes disolvieron las organizaciones sindicales radicales. En su lugar, la Cigar Makers International, afiliada a la Federación Americana del Trabajo, comenzó a organizar las fábricas de cigarros, pero solo a los trabajadores blancos.

The Rise and Fall of the Second Ku Klux Klan - The AtlanticLa década de 1920 trajo la segunda ola del Ku Klux Klan a las comunidades de todo el país. En el sur de la Florida, el Ku Klux Klan atacó a miembros de la comunidad cubana, en particular a aquellos que cruzaban la línea divisoria cada vez más sólida que separaba a mujeres y hombres, blancos y negros.

La segregación legal y el terrorismo racial empujaron a los cubanos negros a las escuelas e instituciones afroamericanas, que se volvieron cada vez más multiculturales. A pesar de las barreras lingüísticas, culturales y religiosas, muchas personas de estas comunidades formaron amistades y matrimonios.

Los cubanos blancos, por su parte, siguieron la misma trayectoria que las comunidades española e italiana de la región, integrándose cada vez más en la sociedad anglosajona blanca.


Recursos

JSTOR es una biblioteca digital para académicos, investigadores y estudiantes. Los lectores de JSTOR Daily pueden acceder a la investigación original detrás de nuestros artículos de forma gratuita en JSTOR.

Jim Crow and the Caribbean South: Cubans and Race in South Florida, 1885–1930s

By: Andrew Gomez

Journal of American Ethnic History, Vol. 36, No. 4 (Summer 2017), pp. 25–48

University of Illinois Press on behalf of the Immigration & Ethnic History Society


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Adoptada en 1868,  la Decimocuarta es una de las enmiendas más importantes de la Constitución de los Estados Unidos  por el papel que ha jugado en la protección de los derechos de los ciudadanos estadounidenses, el respeto al debido proceso de ley  y la defensa de la igualdad de la protección ante la ley.  Sin ella habría sido muy difícil enfrentar el racismo, la segregación racial, la homofobia y el discrimen. Esta también ha jugado un papel político, pues su interpretación, dirían muchos equivocada, llevó a la Corte Suprema a garantizar la victoria de George W. Bush en las elecciones presidenciales de 2000.

El 8 de febrero la Corte Suprema oirá los alegatos de quienes buscan eliminar  a Trump  como candidato presidencial esgrimiendo como arma la tercera sección de la Decimocuarta Enmienda, negándole el derecho a aspirar a la presidencia a quienes hubieran cometidos actos de traición. Hija de la Reconstrucción, la Enmienda 14 buscaba atender los retos que la sociedad estadounidenses enfrentaba tras la Guerra Civil. Uno de ellos era qué hacer con los altos funcionarios de la Confederación a quienes la Enmienda les cerró la puerta a la presidencia del país por considerarlos traidores. La Corte Suprema tendrá que decidir si quienes acusan a Trump de traición por sus acciones durante el ataque al Congreso el 6 de enero de 2021 están en lo correcto y, por ende, Trump no puede ser candidato a la presidencia.

En esta nota publicada en JStor Daily se nos incluye una versión anotada de la Enmienda Catorce que busca ayudar a los interesados en este tema, a entender el papel histórico de la enmienda a través de vínculos a ensayos de acceso libre.


The first page of the 14th Amendment of the United States Constitution

La Decimocuarta Enmienda:  Anotada

Liz Tracey 

JStor Daily   22 de enero de 2024 

El 8 de febrero de 2024, la Corte Suprema  de los Estados Unidos escuchará los argumentos en Trump v. Anderson: si un estado (Colorado) puede eliminar a un candidato presidencial de una boleta primaria en virtud de la Sección 3 de la Decimocuarta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. El expresidente está apelando la decisión de la Corte Suprema de Colorado que determinó que “las acciones del Sr. Trump antes y el 6 de enero de 2021 constituyeron participar en una insurrección, y que los tribunales tenían la autoridad para hacer cumplir la Sección 3 contra una persona que el Congreso no había designado específicamente“.

No es la primera vez que la Decimocuarta Enmienda ha estado involucrada en una elección presidencial: en 2000,  la decisión mayoritaria  en el caso Bush v. Gore  sostuvo que la cláusula de protección igualitaria en la Sección 1 requería que se detuviera el recuento del “hanging chad”, otorgando efectivamente la presidencia a George W. Bush.

El alcance de las decisiones de la Corte Suprema de EE. UU. que se basan en partes de la Decimocuarta Enmienda es bastante amplio y abarca cuestiones fundamentales de los derechos y libertades civiles estadounidenses, incluida la ciudadanía, el matrimonio, la elección reproductiva, los derechos LGBTQ+, el derecho al voto y los derechos de los acusados de delitos. Como una de las Enmiendas de Reconstrucción destinadas a modificar (o en algunos casos, crear) un marco para el gobierno federal posterior a la Guerra Civil, la Decimocuarta llegó a incluir gran parte de lo que se necesitaba en un “nuevo” Estados Unidos.

La erudición de la Constitución, y de las enmiendas individuales, está bien representada en JSTOR; esta anotación de la Decimocuarta Enmienda es sólo una pequeña muestra de lo que se puede encontrar. Como siempre ocurre con las anotaciones, todos los artículos enlazados son de lectura y acceso gratuitos.

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Enmienda XIV

Sección 1.

Todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos, y  sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de los Estados Unidos y del estado en el que residen. Ningún estado dictará o hará cumplir  ninguna ley que restrinja los privilegios o inmunidades de los ciudadanos de los Estados Unidos; ni privará a ninguna persona de la vida, la libertad o la propiedad, sin el debido proceso legal; ni negará a ninguna persona dentro de su jurisdicción la igual protección   de  las leyes.

Sección 2.

Los representantes se distribuirán entre los diversos estados de acuerdo con sus respectivos números, contando el número total de personas en cada estado, excluyendo a los indios que no pagan impuestos. Pero cuando se niegue el derecho a votar en cualquier elección para la elección de los  electores para Presidente y Vicepresidente de los Estados Unidos, los representantes en el Congreso, los funcionarios ejecutivos y judiciales de un estado, o los miembros de la legislatura del mismo, a cualquiera de los  habitantes varones de  dicho estado, teniendo veintiún años de edad,  y ciudadanos de los Estados Unidos, o de cualquier manera reducida, excepto por la participación en rebelión u otro crimen, la base de la representación en ellos se reducirá en la proporción que el número de tales ciudadanos varones tendrá con respecto al número total de ciudadanos varones de veintiún años de edad en dicho estado.

Sección 3.

Ninguna persona podrá ser Senador o Representante en el Congreso, o  elector de Presidente y Vicepresidente, ni ocupar ningún cargo, civil o militar, bajo los Estados Unidos, o bajo cualquier estado, que, habiendo prestado juramento previamente, como miembro del Congreso, o como funcionario de los Estados Unidos, o como miembro de cualquier legislatura estatal,  o como funcionario ejecutivo o judicial de cualquier estado, para apoyar la Constitución de los Estados Unidos, haya participado en una insurrección o rebelión contra la misma, o haya brindado ayuda o consuelo a sus enemigos. Pero el Congreso puede, por el voto de dos tercios de cada Cámara, eliminar dicha incapacidad.

Sección 4.

La validez de la deuda pública de los Estados Unidos, autorizada por la ley, incluidas las deudas contraídas para el pago de pensiones y recompensas por servicios prestados en la represión de la insurrección o rebelión, no será cuestionada. Pero ni los Estados Unidos ni ningún estado asumirán ni pagarán ninguna deuda u obligación contraída en ayuda de la insurrección o rebelión contra los Estados Unidos, ni ninguna reclamación por la pérdida o emancipación de ningún esclavo; pero todas esas deudas, obligaciones y reclamaciones se considerarán ilegales y nulas.

Sección 5.

El Congreso tendrá la facultad de hacer cumplir, mediante legislación apropiada, las disposiciones de este artículo.


Recursos

JSTOR es una biblioteca digital para académicos, investigadores y estudiantes. Los lectores de JSTOR Daily pueden acceder a la investigación original detrás de nuestros artículos de forma gratuita en JSTOR.

Social Science, Vol. 50, No. 1 (Winter 1975), pp. 3–9
Pi Gamma Mu, International Honor Society in Social Sciences
The Yale Law Journal, Vol. 108, No. 8, Symposium: Moments of Change: Transformation in American Constitutionalism (June 1999), pp. 2003–2009
The Yale Law Journal Company, Inc.
The American Historical Review, Vol. 92, No. 1 (February 1987), pp. 45–68
Oxford University Press on behalf of the American Historical Association
Journal of the Civil War Era, Vol. 10, No. 1, Cracks in the Foundation: The Fourteenth Amendment and Its Limits: A Special Issue (March 2020), pp. 29–53
University of North Carolina Press
The Yale Law Journal, Vol. 101, No. 6 (April 1992), pp. 1193–1284
The Yale Law Journal Company, Inc.
The Yale Law Journal, Vol. 122, No. 8, Symposium Issue: the Gideon Effect: Rights, Justice, and Lawyers Fifty Years After Gideon V. Wainwright (June 2013), pp. 2150–2174
The Yale Law Journal Company, Inc.
Columbia Law Review, Vol. 123, No. 1 (January 2023), pp. 1–100
Columbia Law Review Association, Inc.
Daedalus, Vol. 143, No. 3, The Invention of Courts (Summer 2014), pp. 51–61
The MIT Press on behalf of American Academy of Arts & Sciences
The Yale Law Journal, Vol. 97, No. 6 (May 1988), pp. 1153–1172
The Yale Law Journal Company, Inc.
The Journal of American History, Vol. 88, No. 2 (September 2001), pp. 436–443
Oxford University Press on behalf of Organization of American Historians
Family Advocate, Vol. 38, No. 4, Same-Sex Marriage Is Settled: But important questions remain (Spring 2016), pp. 6–10
American Bar Association
Duke Law Journal, Vol. 53, No. 3 (December 2003), pp. 875–965
Duke University School of Law
Equality under the Constitution: Reclaiming the Fourteenth Amendment, (1983), pp. 57–72
Cornell University Press
Journal of the Civil War Era, Vol. 10, No. 1, Cracks in the Foundation: The Fourteenth Amendment and Its Limits: A Special Issue (March 2020), pp. 81–104
University of North Carolina Press
Law and Contemporary Problems, Vol. 67, No. 3, Conservative and Progressive Legal Orders (Summer, 2004), pp. 175–211
Duke University School of Law
The Yale Law Journal, Vol. 121, No. 7 (May 2012), pp. 1584–1670
The Yale Law Journal Company, Inc.
Racism & Felony Disenfranchisement: An Intertwined History
Brennan Center for Justice
The Journal of Southern History, Vol. 22, No. 4 (November 1956), pp. 477–497
Southern Historical Association
Negro History Bulletin, Vol. 12, No. 1 (OCTOBER 1948), pp. 10–11, 15–18
Association for the Study of African American Life and History
Virginia Law Review, Vol. 99, No. 6 (October 2013), pp. 1291–1326
Virginia Law Review
The Journal of American History, Vol. 74, No. 3, The Constitution and American Life: A Special Issue (December 1987), pp. 863–883
Oxford University Press on behalf of Organization of American Historians
ABA Journal, Vol. 103, No. 5 (May 2017), pp. 36–47
American Bar Association
The American Journal of Legal History, Vol. 49, No. 2 (April 2007), pp. 180–196
Oxford University Press

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Los Archivos Nacionales anuncian que están disponibles las grabaciones sonoras digitalizadas de procedimientos y opiniones de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Estas fueron digitalizadas por la Film Division de la Moving Image and Sound Branch. Los procedimientos están disponibles desde al año 1955 y las opiniones a partir de los años 1980. Para los interesados en la historia judicial de Estados Unidos, esta podría ser una fuente muy valiosa, cuyo acceso es completamente libre.

Según la nota de los Archivos Nacionales, las grabaciones están accesibles a través «del Catálogo de los National Archives utilizando palabras clave como el nombre del caso o el número de expediente».


Supreme Court building

La Corte Suprema, ¡ahora con sonido!

National Archives.  24 de enero de 2024

La  Moving Image and Sound Branch  de los National Archives no solo contiene películas.  También alberga más de 300.000 grabaciones sonoras.  Recientemente, la Film Division puso a disposición del público grabaciones sonoras digitalizadas de la Corte Suprema en el Catálogo.

La Corte Suprema comenzó a registrar sus procedimientos en 1955, pero las opiniones de la corte no se registraron hasta la década de 1980.  Las grabaciones están organizadas cronológicamente.  Dado que los casos a menudo se discuten durante varios días, los casos se pueden dividir entre diferentes grabaciones.

Un ejemplo interesante es Time, Inc. v. Hill en 1966.  La familia Hill, que había sido víctima de un crimen sensacional en el que convictos fugados irrumpieron en la casa familiar, demandó a la revista Life por un artículo sobre una obra de teatro que represntaba la experiencia de la familia.  En la Corte Suprema en 1966, su caso fue argumentado por el ex vicepresidente y futuro presidente Richard Nixon.  Se puede escuchar a Nixon discutiendo alrededor del minuto 51:30 en esta grabación.

El presidente Barack Obama y el vicepresidente Joe Biden en una reunión de la Corte Suprema con los jueces antes de la ceremonia de investidura de la jueza Sotomayor, el martes 8 de septiembre de 2009. (Foto oficial de la Casa Blanca por Souza)

El caso Hill hace referencia al famoso caso del New York Times v. Sullivan, que dictaminó  que para probar la difamación, un funcionario público debe demostrar que lo que se dijo en su contra fue hecho con malicia real.

Otros casos importantes que puedes encontrar incluyen:

  • En 2015, Obergefell v. Hodges requirió que los estados emitieran licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo.  Las grabaciones se dividen en tres partes:  la primera pregunta,  la segunda y el dictamen.
  • Vitale en  1962 decidió que la oración iniciada por la escuela en las escuelas públicas violaba la Primera Enmienda.
  • Gideon v. Wainwright de 1963 declaró que los acusados indigentes deben recibir representación legal sin cargo.
  • Wade, quizás la decisión más conocida de la Corte Suprema, Roe v. Wade, fue discutida en dos fechas:  diciembre de 1971  y octubre de 1972.  El tribunal declaró que el aborto es un derecho constitucional.
  • Virginia anuló las leyes estatales que prohibían el matrimonio interracial en 1967.
Las grabaciones forman parte del Record Group 267: U.S. Supreme Court Records, y se dividen en 3 series:  Sound Recordings of Oral Arguments – Black Series, October 1955 – December 1972, Sound Recordings of Oral Arguments –  Red Series, December 1972 – June 27, 2005, and Sound Recordings of Oral Arguments – Gold Series, October 3, 2005, 2005 – June 30,  2023 .  Los Archivos Nacionales reciben adiciones anuales a la serie de la Corte Suprema.Se pueden encontrar más grabaciones de audio en el Catálogo de los National Archives utilizando palabras clave como el nombre del caso o el número de expediente.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

La ratificación en 1919 de una enmienda prohibiendo el consumo y la producción de alcohol en los Estados Unidos, coronó años de trabajos de diversos grupos religiosos. Estos veían al alcohol como el culpable de inumerables problemas de la sociedad estadounidense y proponían su ilegalización como la única solución. Contrario a los que los prohibicionistas esperaban, la ilegalización del alcohol no acabó con la criminalidad, la violencia doméstica, la prostitución o el juego. Por el contrario, produjo una seria disrupción del orden social que conllevó consecuencias imprevistas, muchas de ellas de duración a largo plazo.

En esta nota la escritora Ashawnta Jackson nos presenta   la Prohibición como un periodo que abrió oportunidades para las minorías, especialmente, las mujeres. Estas no solo se incorporaron como clientes de los bares ilegales que proliferaron en Estados Unidos, sino que también se convirtieron en productoras ilegales de alcohol.

 


A woman smiles while holding bottles of various types of alcohol, including peach brandy, port wine, gin, absinthe, and forbidden fruit.

Whisky, mujeres y trabajo

Ashawnta Jackson 

Jstor Daily 20 de abril de 2023

La dueña de un restaurante Albertine During tenía algunas razones para servir licor en su establecimiento de Nueva Orleans. Era ilegal, claro, pero como le dijo al juez, “simplemente lo tenía a mano para aquellos clientes a los que todavía les gusta una bebida con sus comidas”. Durante el juicio de 1930, en el que fue condenada a noventa días de prisión y multada con 200 dólares, no era inusual en los Estados Unidos de la era de la Prohibición. Y aunque, como señala la historiadora Tanya Marie Sánchez, “hoy en día el público en general percibe el contrabando de la era de la Prohibición como una actividad abrumadoramente masculina dominada por gángsters“, la realidad era que el contrabando de mujeres era igual de común.

En su investigación sobre las mujeres contrabandistas de Nueva Orleans, Sánchez descubrió algunos puntos en común entre ellas. La mayoría eran divorciados, separados o viudos, muchos eran inmigrantes y la mayoría eran madres. Como explica Sánchez, “para las madres de clase trabajadora, el contrabando era un método conveniente y lucrativo para complementar los escasos ingresos familiares”. En resumen, las mujeres se involucraron en el contrabando por la misma razón que los hombres: dinero. En su investigación sobre los contrabandistas en Montana, la historiadora Mary Murphy encontró gran parte del mismo patrón y, como era de esperar, el contrabando, sin importar dónde se encontrara, “permitió a los grupos étnicos y a las mujeres capitalizar la economía clandestina“.

Como explica Murphy, antes de la Prohibición, los bares eran espacios dominados por hombres: “Cualquier mujer que bebiera en una cantina se suponía que era una prostituta en el peor de los casos, ‘suelta’ en el mejor de los casos”. Las chicas agradables bebían en casa. Ya sea por la emoción que conlleva ser un forajido, una protesta servida sobre hielo o cualquier otra cosa, esto estaba claro: “las mujeres comenzaron a  ir al bar junto con los hombres, aunque en bares clandestinos y clubes nocturnos en lugar de en los viejas tabernas de las esquinas”. Las mujeres no solo estaban frente a la barra, sino que también se presentaban constantemente detrás de ella, aunque el alcohol, la mayoría de las veces, salía de sus casas. Como señala Sánchez, la mayoría de las mujeres que fueron detenidas por la ley “fueron arrestadas en sus casas por fabricar y vender cerveza, vino, whisky o ginebra casera”.

Una contrabandista, Marie Hoppe, de Nueva Orleans, fue arrestada por elaborar cerveza casera. Se hizo una excepción legal para la elaboración casera de cerveza, siempre que fuera estrictamente para consumo personal, pero la policía incautó 130 botellas de la casa de Hoppe. Cuando se le preguntó sobre la gran cantidad que tenía a mano, Hoppe le dijo al juez: “Tengo seis buenas razones para hacer cerveza. Tengo seis hijos pequeños”. ¿Y en cuanto al uso personal? Ella también tenía una respuesta para eso. “Creía que la cerveza era propicia para la buena salud, ya que era vital para el desarrollo muscular de un niño”, por lo que a cada niño se le dio un vaso al día mientras ella tomaba tres.

File:Detroit police prohibition.jpg

La policía de Detroit decomisa el equipo de una cervecería clandestina durante la era de la ley seca. (Wikipedia)

Aunque la explicación de Hoppe fue creativa, no fue la única que utilizó el contrabando para mantener a sus hijos. Muchos registros judiciales muestran que el contrabando era una alternativa a la inanición, ya que las mujeres suplicaban a los jueces que se apiadaran de ellas.

Pero no todas las mujeres lo hacían por desesperación. Se descubrió que una mujer, la esposa de un médico, tenía un alambique en el sótano de su casa. Su esposo lo destruyó, pero llegaron a un acuerdo, explica Murphy, en el sentido de que “le permitió quedarse con un galón para su club de damas”. Otro contrabandista también evitó la defensa de la madre desesperada. Fue descrita como “’joven y rubia’ conduciendo un cupé ‘inteligente’“, escribe Sánchez. Cuando se enfrentó a un juez acusado de llevar cinco galones de licor a un salón, respondió: “una mujer debe ayudar a su marido, incluso en el contrabando”. Y aunque parece que la pareja era socia de negocios, cuando su esposo apareció una hora más tarde para rescatarla, le preguntó, en audiencia pública, dónde había conseguido el licor. Su respuesta “fue una gran sonrisa”.

Otras mujeres emprendedoras vieron el contrabando como una forma de complementar los negocios existentes, como las tiendas de comestibles o los puestos de refrescos. Una o dos botellas de licor escondidas crearon “un comercio de alcohol mucho más extenso y rentable que el de sus hermanas en el crimen”, escribe Sánchez. Otras mujeres dirigían las plantas embotelladoras desde casa, mientras que algunas eran dueñas de servicios de entrega y otras abrían bares clandestinos. La Ley Seca, y su recién creada economía clandestina, cambiaron la forma en que las mujeres vivían, trabajaban y socializaban. Y aunque puede que no haya muchos corolarios directos de los Al Capones de la época, como escribe Sánchez, “por cada contrabandista que dejó un registro de sus actividades, hubo muchas más cuyas historias nunca serán contadas”.

 

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

Qué mejor manera de comenzar el año 2024 que celebrando que mi artículo «Las buenas intenciones no bastan: la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina en el siglo XX» tuvo 1722 descargas en 2023. Publicado en Histórica, revista del Departamento Académico de Humanidades de la PUCP, este artículo analiza el intervencionismo estadounidense en América Latina reconociendo las buenas intenciones de los norteamericanos y destacando sus limitaciones .

Espero que haya sido de utilidad para las 1722 personas que lo descargaron.

Cuando hablamos del liderato  de los afromericanos en su lucha por la igualdad suelen surgir los mismos nombres: Martin Luther King, Jr., Malcolm X, Rosa Parks, Stokely Carmichael, entre otros. Así quedan en un segundo plano, o peor, en el anónimato, un extenso grupo de hombres y mujeres que sacrificaron vida y hacienda combatiendo la segregación racial.  Uno de esos líderes fue Bayard Rustin, quien organizó la Marcha sobre Washington de 1963.  Negro, pacifista, socialista y gay, Rustin tuvo que enfrentar varios tipos de discrimen durante su intensa vida.

En este ensayo, Peter Dreier utiliza como excusa el estreno de la película Rustin (2023)  para analizar la vida de este gran líder afroamericano. Dirigida por George C. Wolfe y producida por Barack y Michelle Obama, este largometraje rescata del olvido las aportaciones de Bayard Rustin en los años 1950, 1960 y 1970 como organizador, orador, escritor y estratega político.

El doctor Dreier es profesor de política en el Occidental College y autor de The 100 Greatest Americans of the 20th Century: A Social Justice Hall of Fame (Nation Books, 2012), Es también coeditor de We Own the Future: Democratic Socialism, American Style (The New Press, 2020).


Rustin (2023)

La vida y el legado de Bayard Rustin

PETER DREIER

The Progressive Magazine 15 de diciembre de 2023

A solo tres meses de la Marcha sobre Washington programada para el 28 de agosto de 1963, el organizador Bayard Rustin se ocupó de todos los detalles, desde la organización de los autobuses necesarios para llevar a 250.000 personas a la capital de la nación, la organización del sistema de altavoces, la confirmación del número y la ubicación de los orinales portátiles, la especificación de los lemas en los carteles de los piquetes,  y establecer la lista y el orden de los oradores.

En una reunión, su pequeño equipo de jóvenes activistas le dijo con orgullo a Rustin que planeaban proporcionar sándwiches de queso a los manifestantes. Pero, como se muestra en la nueva película  Rustin, Rustin se opuso. El queso podría echarse a perder con el calor de ochenta grados, dijo. Conviértalo en sándwiches de mantequilla de maní y mermelada en su lugar.

Rustin en una rueda de prensa en el Hotel Statler, Washington, D.C., el 27 de agosto de 1963. Library of Congress

La genialidad  de Rustin, al igual que la de su protagonista, es que muestra cómo los movimientos han hecho historia y han cambiado Estados Unidos para mejor, impulsados por una combinación de visiones utópicas, elevación moral, reformas escalonadas y astucia política práctica, que incluye forjar coaliciones entre personas que no están de acuerdo o incluso se disgustan entre sí. Esto lo convierte en una película convincente.

Desde la década de 1940 hasta la de 1960, Rustin reunió sus considerables talentos como organizador, estratega, orador y escritor para desafiar el status quo económico y racial. Siempre un outsider, ayudó a catalizar el movimiento por los derechos civiles con valientes actos de resistencia. Rustin era un pensador y estratega brillante, pero dadas sus responsabilidades políticas (era gay, negro, pacifista y socialista), también confiaba en su increíble encanto para ganar adeptos a las causas de la paz y los derechos civiles.

La nueva película Rustin está dirigida por George C. Wolfe y producida por Barack y Michelle Obama. Está protagonizada por Colman Domingo (como Rustin), Chris Rock (Roy Wilkins), Aml Ameen (Martin Luther King), Jeffrey Wright (Adam Clayton Powell), CCH Pounder (Anna Hedgeman), Glynn Turman (A. Philip Randolph) y Audra McDonald (Ella Baker). Su objetivo es presentar a Rustin a un público más amplio y restaurar su reputación como activista pionero de los derechos civiles.

La película, estrenada en cines a mediados de noviembre, ya está disponible en streaming en Netflix. Abarca toda la vida de Rustin, desde su nacimiento en 1912 hasta su muerte en 1987, pero se centra en su papel como principal organizador de la Marcha, un trabajo para el que parecía haberse preparado toda su vida. Fue, en ese momento, la marcha de protesta más grande en la historia de Estados Unidos y ayudó a catalizar la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964, una de las victorias seminales del movimiento.

Nacido en 1912, el menor de ocho hermanos, Rustin fue criado por sus abuelos en West Chester, Pensilvania. Aunque asistían a la iglesia Metodista Episcopal Africana de su abuelo, Rustin estaba fuertemente influenciado por la fe cuáquera de su abuela, quien fue una de las primeras miembros de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP). Algunos líderes de la  NAACP,  entre ellos W. E. B. DuBois, se quedaron con los Rustin cuando estaban en giras de conferencias.

Rustin era un estudiante talentoso, un atleta sobresaliente, un hábil orador y poeta, y un tenor excepcional. Al principio de su vida reveló una fuerte conciencia social. En la escuela secundaria fue arrestado por negarse a sentarse en el balcón segregado del cine West Chester, apodado “Nigger Heaven”. Asistió a dos universidades negras (Wilberforce University y Cheyney State) antes de mudarse a la ciudad de Nueva York en 1937. Allí, se matriculó brevemente en el City College de Nueva York y se involucró con la rama universitaria de la Liga de Jóvenes Comunistas. Se sintió atraído por sus esfuerzos antirracistas, incluida la lucha contra la segregación en el ejército.

Como muchos otros, Rustin rompió con el Partido Comunista cuando éste dio su apoyo acrítico al dictador soviético José Stalin; pero a diferencia de muchos ex comunistas que más tarde se pasaron a la política de derechas, Rustin siguió siendo un socialista comprometido por el resto de su vida.

Rustin cantó en clubes nocturnos con el  cantante de blues Josh White, grabó álbumes de gospel y canciones isabelinas, y apareció con Paul Robeson en el musical de Broadway “John Henry”. Podría haberse ganado la vida como artista, pero encontró otras formas de canalizar su prodigiosa energía, su indignación por el racismo y su creciente talento como organizador.

Rustin veía la resistencia no violenta como una “forma de vida”, no solo como una política.

Tuvo dos mentores que dieron forma a su filosofía y lo emplearon como organizador. Uno de ellos fue A. Philip Randolph, un socialista que fundó la Hermandad de Porteadores de Coches-Cama, el primer sindicato afroamericano. Randolph fue el líder de derechos civiles más militante de la nación de su tiempo. El otro mentor, A. J. Muste, era un ministro radical y ex organizador sindical, que dirigía la Fraternity of Reconciliation (FOR), un grupo pacifista cristiano. Muste, a quien  la revista Time llamó el “pacifista número uno de Estados Unidos”, introdujo a Rustin en las enseñanzas de Gandhi. El compromiso de Rustin con los principios de Gandhi, junto con sus creencias cuáqueras (se unió oficialmente a  la iglesia en 1936), dieron forma a su activismo por el resto de su vida.

Randolph contrató a Rustin en 1941 para encabezar una Marcha sobre Washington planeada anteriormente, diseñada para presionar al presidente Franklin Roosevelt para que abriera puestos de trabajo de defensa a los trabajadores negros mientras Estados Unidos se preparaba para la Segunda Guerra Mundial. Temeroso de la amenaza de Randolph de llevar a 100.000 manifestantes a Washington, Roosevelt accedió a emitir una orden ejecutiva que prohibiera la discriminación racial en las industrias de defensa. Randolph canceló la protesta, pero el episodio hizo que Rustin se diera cuenta del poder de la protesta, o incluso de la amenaza de la misma.

Bajo la dirección de Muste y Randolph, Rustin comenzó una serie de trabajos de organización con FOR, el Comité de Servicio de los Amigos Americanos (una organización cuáquera) y la Liga de Resistentes a la Guerra. Se trataba de organizaciones pequeñas, en su mayoría blancas, que proporcionaron a Rustin una base de operaciones, un título, un boletín informativo y una red de activistas en todo el país.

Bayard Rustin hablando en Nueva York, 1965.

Orador carismático, Rustin mantuvo una agitada agenda de viajes, predicando el evangelio de la no violencia y la desobediencia civil en los campus, en las iglesias y en las reuniones de sus compañeros pacifistas. Rustin veía la resistencia no violenta como una “forma de vida”, no solo como una política. Muchos estudiantes se comprometieron con la causa después de escucharlo hablar. Reclutó a la siguiente generación de activistas por los derechos civiles y contra la guerra.

Como cuáquero y objetor de conciencia, Rustin tenía derecho legal a hacer un servicio alternativo en lugar del servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial. Pero por principio, oponiéndose a la guerra en general y a la segregación de las fuerzas armadas en particular, se negó a servir incluso en el Servicio Público Civil. “La guerra está mal”, escribió  a su junta de reclutamiento en 1943. “El reclutamiento para la guerra es incompatible con la libertad de conciencia, que no es simplemente el derecho a creer, sino a actuar según el grado de verdad que uno recibe, a seguir una vocación que es inspirada y dirigida por Dios”.

En 1944, Rustin fue condenado por violar la Ley de Servicio Selectivo y cumplió dos años en una prisión federal, primero en Ashland, Kentucky, y más tarde en Lewisburg, Pensilvania. En Kentucky, protestó contra la segregación generalizada dentro de las prisiones, enfrentándose a la violencia tanto de los guardias de la prisión como de los presos blancos. En Pensilvania, los funcionarios de la prisión mantuvieron a Rustin alejado de otros reclusos para que no los influyera con sus ideas radicales. Como escribió Rustin  después de su liberación en junio de 1946:

Estábamos allí en virtud de un compromiso que habíamos asumido con una posición moral; Y eso nos dio una actitud psicológica que el prisionero promedio no tenía. . . . Teníamos la sensación de ser moralmente importantes, y eso nos hizo responder a las condiciones carcelarias sin miedo, con una sensibilidad considerable hacia los derechos humanos. Al ir a la cárcel llamamos la atención de la gente sobre los horrores de la guerra.

Después de salir de prisión, Rustin se reincorporó a la Fraternidad de Reconciliación y reanudó su carrera como organizador itinerante. En abril de 1947, lideró el Viaje de Reconciliación interracial del grupo, viajando en autobuses en cuatro estados del sur para desafiar las leyes de segregación, participando en actos no violentos de desobediencia civil. Él y otros fueron arrestados en Chapel Hill, Carolina del Norte, y Rustin pasó veintidós días en una chain gang. Estas manifestaciones sirvieron como precursoras de los Viajes por la Libertad de principios de la década de 1960.

Foto policial de Bayard Rustin, fecha desconocida. Oficina Federal de Prisiones/Dominio público

El Viaje de la Reconciliación no estuvo exento de controversia, incluso entre los grupos de derechos civiles. Thurgood Marshall, quien dirigió la división legal de la NAACP (y a quien el presidente Lyndon Johnson nombró más tarde como el primer juez negro de la Corte Suprema), advirtió que el “movimiento de desobediencia por parte de los negros y sus aliados blancos, si se emplean en el Sur, resultaría en una matanza al por mayor sin ningún bien logrado”.

En 1948, Rustin volvió a trabajar para  Randolph, presionando al presidente Harry S. Truman para que hiciera cumplir y ampliara la orden antidiscriminatoria de Roosevelt. Organizaron protestas en varias ciudades y en la Convención Nacional Demócrata de 1948. Funcionó: Truman eliminó la segregación en el ejército y prohibió la discriminación racial en la administración pública federal ese mismo año.

A finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, mientras aún trabajaba para FOR, Rustin visitó la India, África y Europa, donde entró en contacto con activistas de varios movimientos independentistas y pacifistas. Cada vez más, veía la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos como parte de un movimiento mundial contra la guerra y el colonialismo.

Fue durante este tiempo, cuando los homosexuales eran considerados “desviados” y el sexo gay era un delito en todos los estados, que la homosexualidad de Rustin se convirtió en un problema público para él. En 1953, después de dar una charla en Pasadena, California, Rustin fue arrestado por “indecencia pública” que involucraba a otros dos hombres en un automóvil estacionado. Muste, que mantuvo a Rustin en la nómina mientras mantenía su homosexualidad fuera de los medios de comunicación,  lo despidió por poner en peligro la ya inestable reputación de FOR. Pero Randolph le consiguió un trabajo similar en la Liga de Resistentes a la Guerra, donde Rustin trabajó durante los siguientes doce años.

Una de las pocas meteduras de pata de la película es retratar a Muste, en la única escena en la que aparece, como un homófobo intolerante, lo que priva a los espectadores de una comprensión de su notable vida como un valiente e influyente activista laboral y por la paz.

Durante la siguiente década, Rustin continuó desempeñando un papel fundamental entre bastidores como organizador dentro del movimiento por los derechos civiles. A instancias de Randolph, fue a Montgomery, Alabama, en 1955 para ayudar a los líderes locales a organizar un boicot de autobuses a gran escala. Allí, Rustin comenzó a asesorar al reverendo Martin Luther King Jr., que no tenía experiencia directa en organización, sobre la filosofía y las tácticas de la desobediencia civil.

Rustin (2023) - IMDb

Rustin fue “el mentor perfecto para King en esta etapa de la carrera del joven ministro”, observó John D’Emilio, autor de Lost Prophet: The Life and Times of Bayard Rustin. Durante “los meses y años siguientes”, escribió D’Emilio, “Rustin dejó una profunda huella en la evolución del papel de King como líder nacional”. Gran parte de los consejos de Rustin fueron dados a distancia, en llamadas telefónicas, memorandos y borradores de artículos y capítulos de libros que escribió para King. Tuvo que acortar su primera visita a Montgomery porque, como hombre gay y ex miembro del Partido Comunista, era un lastre político para el floreciente movimiento por los derechos civiles. Justo en el momento en que Rustin podría haber ayudado a liderar el movimiento de masas por el que había estado trabajando toda su vida adulta, tuvo que retirarse a las sombras.

A finales de 1956, la Corte Suprema dictaminó que el sistema de autobuses segregados de Montgomery era ilegal. La victoria podría haber seguido siendo un triunfo local en lugar de un referente nacional, pero Rustin, junto con la organizadora Ella Baker y el abogado Stanley Levinson, (ambos asesores cercanos a King) tuvieron una idea para construir lo que Rustin llamó un “movimiento de masas en todo el Sur”. Esta fue la génesis de la Southern Christian Leadership Conference, concebida por Rustin y fundada con King como su primer presidente. Rustin se convirtió en el estratega de King, escritor fantasma y enlace con los liberales y sindicatos del norte.

Un botón conmemorativo de la Marcha sobre Washington de 1963. NARA.

Los grupos locales de derechos civiles habían estado trabajando en el registro de votantes, la eliminación de la segregación y otras campañas en todo el país, pero en 1963, Randolph, como el estadista más veterano del movimiento, creyó que era el momento adecuado para una gran manifestación que pudiera unir a las facciones liberales y progresistas de la nación en torno a una agenda común. Reunió a los líderes de las principales organizaciones de derechos civiles, laborales y religiosas liberales y expuso su plan para una marcha en Washington, D.C.

El propósito de la  marcha era impulsar una legislación federal, en particular la Ley de Derechos Civiles, que prohibía la discriminación racial en lugares públicos, incluidos restaurantes, parques, autobuses y otras instalaciones. El presidente John F. Kennedy había propuesto la ley, pero se había estancado en el Congreso. Las demandas del evento  incluían un importante programa de obras públicas para proporcionar empleos a los trabajadores desempleados, un aumento en el salario mínimo federal y una nueva ley que prohíba la discriminación racial en la contratación pública y privada. Como señaló en su discurso el presidente del sindicato United Auto Workers, Walter Reuther : “La cuestión del empleo es crucial, porque no resolveremos la educación, la vivienda o los alojamientos públicos mientras millones de negros estadounidenses sean tratados como ciudadanos económicos de segunda clase y se les nieguen empleos”.

Los líderes que Randolph reunió respaldaron el plan. Pero el presidente de la NAACP Roy Wilkins, se opuso a poner a Rustin a cargo de la marcha debido a su radicalismo y su homosexualidad. Randolph superó a Wilkins al anunciar que él sería el director de la marcha y elegiría a su propio adjunto: Rustin, por supuesto. Randolph tampoco se dejaría intimidar por Kennedy, quien trató de disuadir a los líderes de los derechos civiles de realizar la marcha, argumentando que socavaría el apoyo a la Ley de Derechos Civiles.

Tres semanas antes de la marcha del 28 de agosto, el senador Strom Thurmond, un segregacionista de Carolina del Sur, atacó públicamente a Rustin en el Senado de Estados Unidos al leer en voz alta los informes de su arresto en Pasadena por comportamiento homosexual una década antes. Esto, como  señaló el biógrafo John D’Emilio, convirtió a Rustin en “quizás el homosexual más visible de Estados Unidos”. Rustin, sin embargo, mantuvo su atención en la organización de la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad.

Una de las principales asesoras de Rustin, Anna Arnold Hedgeman, una veterana líder de los derechos civiles y feminista, se opuso a la ausencia de mujeres en la lista de oradores. El problema pareció tomar a Rustin por sorpresa. Finalmente, Daisy Bates, miembro de la junta nacional de la NAACP,  y la celebridad internacional Josephine Baker fueron invitadas a hablar desde el podio frente al Monumento a Lincoln. Además, la cantante de gospel Mahalia Jackson, Marian Anderson, Camilla Williams y Joan Baez, junto con los SNCC Freedom Singers, entretuvieron a la multitud.

Rustin habló en el evento, junto con Randolph, Reuther, el secretario ejecutivo de la NAACP, Roy Wilkins, el presidente del SNCC, John Lewis, y varios otros. Fue un gran éxito. Asistieron más de 250.000 personas. King pronunció su famoso discurso “I Have a Dream” (Tengo un sueño). Una semana después de la marcha, la revista semanal LIFE, de amplia circulación,  puso a Randolph y Rustin en su portada. Diez meses después, tras el asesinato de Kennedy, el Congreso aprobó la Ley de Derechos Civiles.

¿Cómo consiguió Rustin que tanta gente se presentara en Washington en ese caluroso día de agosto? Esto fue antes del correo electrónico y las redes sociales, antes de las máquinas de fax y los teléfonos celulares. Las llamadas de larga distancia eran bastante caras. El Servicio de Parques Nacionales, que controlaba el National Mall, puso numerosos obstáculos en el camino de Rustin.

Vista del National Mall hacia el Monumento a Washington durante la Marcha de 1963 en Washington por el Trabajo y la Libertad.

La clave del éxito de la marcha fue recurrir a una amplia coalición de grupos ya organizados para llevar a la gente de pueblos pequeños y grandes ciudades a Washington, D.C. Los principales entre ellos fueron las iglesias negras y los sindicatos liberales, varios de los cuales, entre ellos el Sindicato Unido de Trabajadores Automotrices, el Sindicato Internacional de Trabajadoras de la Confección, el Sindicato Amalgamado de Trabajadores de la Confección,  y el Distrito 65 (un sindicato de trabajadores minoristas)— ayudaron a pagar el personal y la logística de la marcha, incluido el alquiler de autobuses, trenes e incluso aviones. Otros grupos, como la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), el Consejo Nacional de Iglesias y el Congreso Judío Estadounidense, también fueron clave para la gran participación.

Dos años más tarde, tras la marcha de Selma a Montgomery y otras campañas de desobediencia civil, el Congreso aprobó la Ley de Derecho al Voto de 1965.

Ese año, Rustin también escribió un controvertido artículo, “De la protesta a la política”, en la entonces revista liberal Commentary. En él, argumentaba que la coalición que se había reunido para la Marcha sobre Washington necesitaba poner menos énfasis en la protesta y centrarse en la elección de demócratas liberales que pudieran promulgar una agenda política progresista centrada en el empleo, la vivienda y los derechos civiles. Rustin también redactó un “Presupuesto de la Libertad“, publicado en enero de 1967, que abogaba por la “redistribución de la riqueza”, un programa ampliado de bienestar social, pleno empleo y salarios dignos. Las ideas de Rustin influyeron en King, quien  comenzó a hablar cada vez más sobre la importancia de los empleos, los sindicatos y la redistribución de la riqueza.

Muchos de los jóvenes radicales del SNCC no confiaban en los sindicatos ni en el Partido Demócrata. Para entonces, el grupo se había convertido en un importante defensor del Poder Negro, una idea a la que Rustin se opuso porque socavaba su compromiso con la política de coalición y la integración racial. Los afroamericanos eran solo alrededor del  10 por ciento de la  población de la nación. Para obtener victorias significativas en las urnas y en el Congreso, dijo Rustin, necesitaban aliados liberales blancos.

Pero el mayor obstáculo para el programa Freedom Budget de Rustin (y King) fue la guerra de Vietnam. Ambos reconocieron no solo que los pobres y los negros se llevaron la peor parte de las bajas en Vietnam, sino también que el dinero que Estados Unidos estaba gastando en la guerra (y en el complejo militar-industrial en general) estaba agotando fondos que podrían usarse para resolver problemas a nivel nacional, particularmente en las ciudades.

Rustin fue una de las primeras figuras públicas en pedir la retirada de todas las fuerzas estadounidenses de Vietnam del Sur, pero cuando el presidente Lyndon Johnson intensificó la guerra, Rustin silenció sus críticas. Quería evitar alienar a LBJ, a los demócratas clave y a los líderes sindicales que apoyaban la guerra. Los discursos antibelicistas de King causarían una ruptura entre él y Rustin. Como resultado, Rustin, que durante décadas había sido uno  de los pacifistas más importantes de la nación  y mentor de King en materia de no violencia, estuvo ausente del movimiento contra la guerra, lo que le costó credibilidad entre los activistas estudiantiles de la Nueva Izquierda.

Durante los últimos veinte años de su vida, Rustin continuó su trabajo de organización dentro de los movimientos por los derechos civiles, la paz y los trabajadores. Viajó al extranjero para apoyar las luchas anticoloniales y sirvió como vigilante electoral. Todavía era solicitado como orador público y todavía era valorado por su brillantez estratégica. Pero nunca volvió a tener la misma influencia que tuvo cuando organizó la Marcha sobre Washington.

Irónicamente, la homosexualidad de Rustin se convirtió en una pieza central de sus últimos años. Había desconfiado del floreciente movimiento por los derechos de los homosexuales, que explotó después de los disturbios de Stonewall en la ciudad de Nueva York en 1969. Pero al final de su vida, cuando estuvo involucrado en una relación estable, comenzó a hablar públicamente sobre la importancia de los derechos civiles para gays y lesbianas.

Durante las últimas dos décadas, la vida y el legado de Rustin han recibido merecidamente más atención. En 2002, la junta escolar dominada por los republicanos en West Chester, un distrito escolar conservador que tenía un 89 por ciento de blancos, votó para nombrar a su nueva escuela secundaria en honor a Rustin. En la escuela secundaria Bayard Rustin, donde una enorme imagen suya adorna una pared, los maestros de hoy incorporan aspectos de su vida en sus clases. Hace una década, la directora Phyllis Simmons me dijo: “Nuestros estudiantes saben quién es Bayard Rustin”.

La historia real de 'Rustin' (Netflix), el Luther King gayRustin ha sido objeto de varias biografías, y sus escritos han sido recopilados en varios volúmenes. Bayard Rustin: A Legacy of Protest and Politics, una nueva colección de ensayos editada por Michael G. Long, se publicó en septiembre. Un documental de PBS de 2002, Brother Outsider, ayudó a convertirlo en un ícono para los activistas por los derechos de los homosexuales. En 2013, el presidente Barack Obama le otorgó a Rustin, a título póstumo, la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor otorgado a civiles estadounidenses. En 2020, el gobernador de California, Gavin Newsom, indultó póstumamente a  Rustin por su arresto y condena en 1953 en Pasadena.

La izquierda de hoy necesita gente como Rustin que vea el panorama general y pueda forjar coaliciones, y que entienda que la lucha por la democracia y la justicia social no requiere velocistas, sino corredores de larga distancia.

En 1986, un año antes de morir de un apéndice reventado, el escritor y activista por los derechos de los homosexuales Joseph Beam le pidió a Rustin que contribuyera con un ensayo a un volumen sobre la experiencia de los hombres negros homosexuales. Rustin se negó. Pero su respuesta a Beam proporciona un resumen elocuente de los fundamentos de la obra de su vida. Escribió:

Mi activismo no surgió de mi homosexualidad o, para el caso, de mi condición de negro. Más bien, está arraigado fundamentalmente en mi educación cuáquera y en los valores que me inculcaron mis abuelos que me criaron. . . . La injusticia racial que estaba presente en este país durante mi juventud fue un desafío a mi creencia en la unidad de la familia humana. Exigía mi participación en la lucha por lograr la democracia interracial.

Hoy en día hay muchos más activistas progresistas sin fines de lucro y grupos de defensa, y muchos más organizadores pagados que en la época de Rustin. Están trabajando en la justicia ambiental, los derechos de las mujeres, los derechos laborales y de los trabajadores, la justicia racial, la igualdad LGBTQ+, el antimilitarismo, la reforma fiscal, la reforma migratoria, los derechos de los inquilinos, la educación, la reforma de la justicia penal y más. Pero el movimiento progresista debe ser mayor que la suma de sus partes. La izquierda de hoy necesita gente como Rustin que vea el panorama general y pueda forjar coaliciones, y que entienda que la lucha por la democracia y la justicia social no requiere velocistas, sino corredores de larga distancia.


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

El pasado 2 de diciembre la Doctrina Monroe cumplió doscientos años de vida. En este ensayo los internacionalistas Tom Long y Carsten-Andreas Schulz comentan tal efeméride destacando el renacer de la doctrina en los discursos políticos estadounidenses, especialmente, entre políticos asociados al Partido Republicano. Este renacer de la doctrina Monroe está directamente asociado al incremento de la influencia china en la América Latina. En otras palabras, la creciente competencia y conflictividad chino-estadounidense –unida a la presencia del gigante asiático en la región latinoamericana– han revitalizado a la Doctrina Monroe entre algunos líderes norteamericanos. Hay quienes, como el precandidato presidencial Ron DeSantis, han comenzado a invocarla para justificar un mayor intervencionismo estadounidense en la región latinoamericana frente a la “amenaza” china y los problemas en la frontera sur.

En su análisis, Long y Schulz plantean algo indiscutible: a lo largo de sus doscientos años de existencia, la Doctrina Monroe ha tenido diversos significados en diferentes momentos históricos. Esto aplica tanto a los estadounidenses como a los latinoamericanos, pues hubo ocasiones a lo largo de este largo periodo que la doctrina no fue vista de forma negativa en América Latina. Los autores reconocen que entre los latinoamericanos la doctrina es sinónimo de paternalismo, unilateralismo e intervencionismo. Sin embargo, también plantean que hubo latinoamericanos que buscaron vincularle con un multilateralismo que protegiera a la región de amenazas externas. En fin, que la Doctrina Monroe es más compleja de lo que algunos quisieran reconocer.

Long es profesor de  relaciones internacionales en la Universidad de Warwick y profesor afiliado en el Centro de Investigación y Enseñanza de la Economía en la Ciudad de México. Schulz es profesor adjunto de relaciones internacionales en la Universidad de Cambridge.


El retorno de la doctrina Monroe

Tom Long y Carsten-Andreas Schulz

Foreign Policy   16 de diciembre  de 2023

 

La Doctrina Monroe está experimentando un resurgimiento. Al cumplir 200 años este mes, este principio de política exterior consagrado por el tiempo, que declara que Washington se opondrá a las incursiones políticas y militares en el hemisferio occidental por parte de potencias fuera de él, está una vez más a la vanguardia de los debates políticos en Estados Unidos.

Los candidatos presidenciales republicanos  como Vivek Ramaswamy y Ron DeSantis piden la revitalización de la doctrina para apuntar a la creciente presencia de China en América Latina y la ofrecen como justificación para un posible ataque militar estadounidense contra organizaciones criminales en México. Están siguiendo el ejemplo del expresidente de Estados Unidos Donald Trump, quien elogió a Monroe en el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, así como de asesores como John Bolton y el exsecretario de Estado Rex Tillerson.

Aunque la administración Biden se ha abstenido de invocar explícitamente el principio, probablemente dándose cuenta de que las menciones a Monroe están garantizadas para irritar a los latinoamericanos, las advertencias de la Casa Blanca sobre la creciente presencia de China  en el hemisferio occidental tienen un trasfondo distintivamente monroeísta.

Incluso hace una década, uno podría haber asumido que la relevancia de Monroe en el siglo XXI había disminuido. Después de todo, durante el primer centenario de la doctrina, el profesor de Yale y explorador de Machu Picchu, Hiram Bingham, la calificó como “un shibboleth obsoleto”. En el segundo siglo de la doctrina, se había asociado estrechamente con las intervenciones de Estados Unidos durante la Guerra Fría y el unilateralismo en las Américas. Cuando el entonces presidente de EE. El secretario de Estado, John Kerry, declaró en 2013 que “la era de la Doctrina Monroe ha terminado”, el principio se había convertido en un anacronismo.

Pero como sugiere su reciente resurgimiento, la Doctrina Monroe ha significado durante mucho tiempo cosas diferentes  para diferentes audiencias. Aunque el término “Doctrina Monroe” es ampliamente considerado como tóxico, los políticos en Washington han luchado por romper con su legado. Y las palabras y acciones de Estados Unidos en América Latina ciertamente todavía se perciben a través de la lente de Monroe.

Una pintura de 1912 de Clyde DeLand representa al presidente de los Estados Unidos James Monroe (centro) en la creación de la Doctrina Monroe en 1823.ARCHIVO BETTMANN/GETTY IMAGES

 

Desde el principio, la Doctrina Monroe tuvo innumerables significados. Antes de quedar irremediablemente ligado al “gran garrote” del presidente estadounidense Theodore Roosevelt, sirvió como un espejo, reflejando las esperanzas y temores de los nuevos países de las Américas en las relaciones internacionales.

Los principios de lo que se conocería póstumamente  como la Doctrina Monroe fueron pronunciados por primera vez el 2 de diciembre de 1823 por el entonces presidente de los Estados Unidos. El presidente James Monroe durante su mensaje anual  al Congreso, pero el pasaje en cuestión fue escrito en gran parte por el entonces secretario de Estado John Quincy Adams. La política exterior de Monroe y Adams contenía dos principios fundamentales. El primero fue el establecimiento de lo que llamaron “esferas separadas” entre Europa y América. La segunda fue la afirmación de la oposición de Estados Unidos a los intentos europeos de reconquista y a las ambiciones territoriales en América Latina y el noroeste del Pacífico.

Al principio, la idea no era una doctrina, ni la incipiente república estadounidense podía respaldarla con fuerza. El discurso de Monroe fue percibido inicialmente como una declaración de solidaridad contra la amenaza de la conquista europea, aunque bastante prepotente. Los líderes independentistas de las antiguas colonias hispanoamericanas tomaron nota cortésmente del discurso de Monroe como una expresión de apoyo tácito a su causa.

Sin embargo, cuando Estados Unidos se anexionó la mitad norte de México durante una guerra de conquista que duró de 1846 a 1848, la política estadounidense adquirió un tono premonitorio.

A lo largo de las décadas, la Doctrina Monroe ganó mayor prominencia entre las facciones políticas rivales en los Estados Unidos, y las conexiones con el contexto original de Monroe se debilitaron. Los sucesivos gobiernos de Estados Unidos invocaron la Doctrina Monroe para protegerse de  otros adversarios en todo el mundo: los británicos, el imperio alemán, las potencias del Eje de la Segunda Guerra Mundial y, más tarde, la Unión Soviética. En América Latina, la doctrina ofrecía a los países la protección de Estados Unidos (solicitada o no) al tiempo que reservaba el derecho de Washington a definir qué tipo de acciones contaban como amenazantes, así como el derecho a decidir cómo responder a ellas. El paternalismo inherente hacia la región pronto se complementó con el unilateralismo y el intervencionismo absolutos.

Sin embargo, a finales de la década de 1860, algunos liberales latinoamericanos y abolicionistas estadounidenses vieron la Doctrina Monroe como una oportunidad para crear un orden regional basado no en intereses dinásticos e intrigas de grandes potencias, sino en el imperio de la ley y la solidaridad.

En lugar de ver a Monroe como una licencia para el expansionismo, los liberales de mediados de siglo imaginaron un destino hemisférico común que rompía con las guerras e intrigas del Viejo Mundo. La doctrina resurgió como  un llamado a Estados Unidos para que actuara contra las incursiones francesas y españolas en las Américas, incluso en llamados de líderes liberales latinoamericanos como los presidentes mexicanos Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada.

Los líderes liberales reconocieron que el tamaño y el poder de Estados Unidos harían que su lugar en el hemisferio fuera distinto, pero argumentaron que las diferencias entre las naciones debían superarse con la solidaridad republicana, la diplomacia multilateral y el derecho internacional. La paz no se haría a través de tratados secretos a expensas de los pequeños estados, sino a través del arbitraje y la consulta.

Los latinoamericanos invocaron la Doctrina Monroe en este contexto para criticar la participación de Estados Unidos en la ahora infame Conferencia de Berlín de 1884-1885, donde las potencias europeas se repartieron el territorio africano bajo un deber autoproclamado de difundir la civilización occidental. Los latinoamericanos temían que esta expansión imperial sancionada pudiera llegar también a sus costas.

Unos años más tarde, los venezolanos apelaron de nuevo al legado de Monroe para conseguir el apoyo de Estados Unidos en su disputa con Gran Bretaña por la frontera entre Venezuela y Guyana. (La insatisfacción venezolana con el proceso de arbitraje subsiguiente hace un siglo sentó las bases para la recientes amenazas de guerra allí). En Estados Unidos, la doctrina también sirvió a los aislacionistas para avanzar en su crítica del enredo de Estados Unidos en la política de alianzas europeas.

El presidente estadounidense Theodore Roosevelt visita Río de Janeiro en 1913. ARCHIVO DE HISTORIA UNIVERSAL/UIG VÍA GETTY IMAGES

Pero a principios de siglo, el presidente Teddy Roosevelt profundizó el vínculo de la Doctrina Monroe con las intervenciones unilaterales de Estados Unidos. Lo más infame  es que su “corolario” del principio reclamaba, para los nuevos y poderosos Estados Unidos, el derecho y el deber de vigilar su vecindad. El presidente Woodrow Wilson, por lo demás adversario de Roosevelt en muchas cuestiones de política exterior, compartía en gran medida esta visión de la Doctrina Monroe. Wilson insistió en que se mencionara a Monroe  en la Carta de la Sociedad de Naciones para consagrar las prerrogativas unilaterales de Estados Unidos.

En este punto, incluso los latinoamericanos simpatizantes se habían agriado con la doctrina, y Monroe se convirtió en un grito de guerra para los nacionalistas y antiimperialistas de la región. La interpretación de Roosevelt de la doctrina desplazó en gran medida a las que enfatizaban la solidaridad y la moderación. La época estaba impregnada de una arrogancia de  presunciones raciales y civilizatorias de que Estados Unidos tenía el derecho y el deber de instruir y disciplinar a  los latinoamericanos.

Pero las esperanzas de revertir el corolario de Roosevelt y reinterpretar a Monroe como compatible con el multilateralismo no desaparecieron, como ha demostrado el académico Juan Pablo Scarfi. En algunos rincones de las sociedades latinoamericanas, Estados Unidos siguió siendo un modelo predilecto de modernidad.

Si bien las menciones explícitas a la Doctrina Monroe disminuyeron, la política exterior de Estados Unidos hacia la región adquirió un celo más intervencionista en el apogeo de la Guerra Fría. Con la justificación de excluir la influencia soviética, el gobierno de Estados Unidos ayudó a derrocar proyectos democráticos reformistas en toda América Latina para instalar dictadores afines a Estados Unidos, sobre todo en Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965 y Chile en 1973. Al comentar sobre Chile en 1970, el difunto secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, dijo que  “los temas son demasiado importantes para que los votantes [latinoamericanos] decidan por sí mismos”.

Ahora, después de tres décadas en las que las intervenciones abiertas de Estados Unidos en América Latina se han vuelto raras, la discusión sobre la Doctrina Monroe parece estar regresando.

Anticipando una renovada rivalidad entre grandes potencias, esta vez con China, Estados Unidos se encuentra buscando a tientas un enfoque coherente para los rivales de fuera del hemisferio occidental, y para los desafíos de dentro de él. La aparente simplicidad y persistencia de la Doctrina Monroe significan que ha recuperado adeptos en los Estados Unidos. Sin embargo, los recientes elogios a la doctrina desde dentro del Partido Republicano sugieren sólo una comprensión superficial de la doctrina y sus significados en América Latina.

Tales usos pueden estar dirigidos a una audiencia nacional de Estados Unidos, pero cuando llegan a oídos latinoamericanos, parecen estar fuera de lugar, o algo peor. Elogiar a Monroe  no persuadirá a los latinoamericanos de que sus intereses radican en la cooperación con Estados Unidos y no con sus rivales extra-hemisféricos. Invocar la doctrina acelera el mismo resultado que pretende evitar.

Aunque muy pocos en América Latina aceptarían el término “Doctrina Monroe”, muchos líderes de la derecha de la región tienen sus propias disposiciones anti chinas, incluido el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, el expresidente ecuatoriano Guillermo Lasso y el nuevo presidente argentino Javier Milei. Estos líderes han recurrido a Estados Unidos para compensar el creciente peso económico y político de China. En los últimos años, varios países de la región han cambiado las relaciones diplomáticas de Taiwán a China y han ampliado los acuerdos comerciales y de inversión con Pekín.

No es probable que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, siga el ejemplo de Trump y elogie abiertamente  la Doctrina Monroe en las Naciones Unidas. Pero muchas iniciativas de la administración Biden son percibidas  en América Latina bajo una luz similar. Los altos funcionarios estadounidenses rara vez dedican tiempo a América Latina más allá de los problemas relacionados con la inmigración y el narcotráfico, y las ofertas económicas de Estados Unidos a la región se consideran insignificantes en comparación con sus compromisos en otros lugares. Cuando los funcionarios de Biden insisten a los latinoamericanos sobre los peligros del compromiso económico con China, las advertencias se escuchan como ecos modernos de la broma de Monroe de que Estados Unidos sabe más.

En su último resurgimiento, a la Doctrina Monroe se le atribuirán aún más significados. Pero el monroeísmo, ya sea de nombre o como paradigma político implícito, está condenado al fracaso. Como término, la “Doctrina Monroe” está demasiado contaminada para ser redimida. Invocar la frase en las relaciones interamericanas de hoy es contraproducente. La doctrina no puede sacudirse dos siglos de vínculos con el unilateralismo, el paternalismo y el intervencionismo.

Tampoco el hecho de referirse a la Doctrina Monroe con otro nombre esconde su hedor. Los principios fundamentales de la doctrina chocan con las relaciones internacionales e interamericanas actuales. La doctrina se basaba en la idea de esferas separadas; las interpretaciones más multilaterales de Monroe tendían a enfatizar este aspecto como la base de una distintiva “idea del hemisferio occidental”.

Pero la confrontación global de la Guerra Fría y la amenaza nuclear universal pusieron en duda la viabilidad de esferas separadas. Ahora, en una era de cambio climático global y cadenas de valor, la afirmación parece aún más inverosímil. Estados Unidos no solo está inextricablemente ligado a los asuntos europeos, asiáticos y globales, sino que también lo está América Latina.

Incluso las concepciones multilaterales de la doctrina estaban empantanadas en supuestos paternalistas. Los llamados a un orden regional más multilateral e igualitario son incompatibles con el supuesto fundamental de la Doctrina Monroe de que es Estados Unidos quien decide quién cuenta como amenaza hemisférica.

Del mismo modo, la prohibición de la reconquista europea de la doctrina original se amplió con el tiempo para abarcar otras actividades, como las relaciones diplomáticas y comerciales con la Unión Soviética hace décadas, o las “trampas de la deuda” china en la actualidad. Empezando por Monroe, se supone que Estados Unidos define qué tipo de relaciones exteriores están fuera de lugar.

Y aquí está el problema. Independientemente de lo que los responsables políticos crean que significa la Doctrina Monroe, en esencia, la doctrina duda de que los países latinoamericanos puedan trazar su propio rumbo en el mundo. Hasta que la política exterior de Estados Unidos se deshaga de esa noción, quedará atrapada en las garras de Monroe.


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

 

 

 

El excepcionalismo estadounidense es uno de los temas que más atención ha recibido en esta bitácora. Esto no debe sorprender a nadie  porque la naturaleza misma de este blog – analizar la historia  estadounidense – hace necesario prestarle atención a uno de los elementos claves de esta: la alegada excepcionalidad de la nación norteamericana.

Por ello no pude superar la tentación de compartirles esta nota de Joseph Nye, Jr., analizando el debate sobre el estado actual de las relaciones internacionales de Estados Unidos y su relación con la idea del excepcionalismo.  Nye hace un corto, pero muy buen análisis del  origen y evolución de esta idea.

Joseph Nye, Jr. es profesor en Harvard University, y a sus 86 años sigue siendo uno de los principales analistas de la politica exterior de Estados Unidos.

El excepcionalismo estadunidense en 2024

Joseph S. Nye, Jr.

El Excesior 17 de diciembre de 2023

A medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2024, se distinguen tres bandos en el debate estadunidense sobre las relaciones del país con el resto del mundo: los internacionalistas liberales, al mando desde la Segunda Guerra Mundial; los partidarios del atrincheramiento, que desean retirarse de algunas alianzas e instituciones; y quienes desean priorizar el país de acuerdo con el eslogan América primero, cuya visión del papel del país en el mundo es estrecha y, a veces, aislacionista.

Desde hace mucho los ciudadanos perciben a su país como excepcional desde un punto de vista moral. Stanley Hoffmann, un intelectual franco-estadunidense, dijo que, aunque todos los países se ven a sí mismos como únicos, Francia y Estados Unidos destacan por creer que sus valores son universales. Francia, sin embargo, estuvo limitada por el equilibrio de poder europeo y, por ello, no fue capaz de dedicarse por completo a hacer realidad sus ambiciones universalistas. Sólo Estados Unidos tuvo suficiente poder para hacerlo.

El punto no es que los estadunidenses sean moralmente superiores, sino que muchos de ellos desean creer que su país es una fuerza del bien en el mundo. Desde hace mucho los realistas se quejan de que este moralismo de la política exterior estadunidense interfiere con un análisis claro del poder. Sin embargo, lo cierto es que la cultura política liberal estadunidense significó una diferencia enorme para el orden internacional liberal que existe desde la Segunda Guerra Mundial. El mundo actual sería muy diferente si Hitler hubiera sido el vencedor o la Unión Soviética de Stalin se hubiese impuesto en la Guerra Fría.

El excepcionalismo estadunidense tiene un triple origen: desde 1945, la raíz dominante ha sido el legado de la Ilustración. Como dijo el expresidente John F. Kennedy: “El poder mágico que nos acompaña es el deseo de toda persona de ser libre y de toda nación de ser independiente; porque creo que nuestro sistema es más acorde a la esencia de la naturaleza humana, creo que triunfaremos al final”. El liberalismo ilustrado sostiene que esos derechos son universales y no se limitan a EU.

Por supuesto, el país enfrentó contradicciones en la implementación de su ideología liberal. El azote de la esclavitud quedó inscrito en su Constitución y más de un siglo después de la Guerra Civil, el Congreso aprobó la Ley de Derechos Civiles de 1964. El racismo sigue siendo uno de los factores importantes de la política actual. También hubo disenso sobre los valores liberales en la política exterior.

Una variante del excepcionalismo deriva de sus raíces religiosas. Quienes escaparon de Gran Bretaña para rendir culto a Dios de manera más pura en el nuevo mundo se veían como el pueblo elegido. La naturaleza de su proyecto fue menos una cruzada que una combinación de ansia y restricción.

A los propios fundadores les preocupaba que la nueva República perdiera su virtud, como le había ocurrido a la República Romana. En el siglo XIX, visitantes europeos tan diversos como Alexis de Tocqueville y Charles Dickens notaron la obsesión por la virtud, el progreso y la caída, pero esta preocupación moral miraba hacia adentro.

La tercera fuente del excepcionalismo estadunidense subyace a las otras: la ubicación y tamaño del país siempre le otorgaron una ventaja geopolítica. En el siglo XIX, De Tocqueville notó la situación geográfica especial: protegido por dos océanos y flanqueado por vecinos más débiles, pudo centrarse en en la expansión hacia el oeste y evitar la lucha eurocéntrica por el poder mundial.

Cuando EU se convirtió en la mayor economía a principios del siglo XX, comenzó a pensar en términos de poder mundial. Después de todo, contaba con los recursos, la libertad de acción y amplias oportunidades para darse los gustos, para bien o mal. Tenía incentivos y capacidades para asumir el liderazgo en la creación de bienes públicos mundiales. Eso implicó apoyar un sistema de comercio internacional abierto, la libre navegabilidad de los mares y otros bienes comunales, y el desarrollo de instituciones internacionales.

Hoy día, el presidente Joe Biden y la mayoría de los demócratas afirman que desean mantener y proteger el orden existente, mientras que Donald Trump y los partidarios de América primero desean abandonarlo… y los defensores del atrincheramiento en ambos partidos esperan elegir entre lo que quede en pie. Los actuales conflictos europeos, asiáticos y en Oriente Medio se verán profundamente afectados por el enfoque que prevalezca en las elecciones del año que viene.