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Archive for the ‘Cuba’ Category

The Fate of the Americas

Creo que no hay mejor forma de retomar esta bitácora en el año 2026 que reseñar un gran libro. Me refiero al libro de la historiadora Renata Keller, The Fate of the Americas: The Cuban Missile Crisis and the Hemispheric Cold War (North Carolina University Press, 2025). Keller es profesora de historia en la Universidad de Nevada y  una destacada estudiosa de la Guerra Fría latinoamericana. Es autora de Mexico’s Cold War: Cuba, the United States, and the Legacy of the Mexican Revolution (Cambridge, 2015) y de varios artículos académicos publicados en destacadas revistas como The Journal of Latin American Studies, The Journal of Cold War Studies, The Journal of Cold War History y Diplomatic History.

Alumni Voices: Renata Keller, Ph.D. - Flinn Foundation

Renata Keller

Este libro es el resultado de una larga y profunda investigación de las causas, desarrollo y consecuencias de la que sin duda fue la peor de las crisis de la Guerra Fría: la Crisis de los Misiles en Cuba. El objetivo de Keller es hacer una historia hemisférica de la crisis que supere la tradicional interpretación de ésta  como un choque entre dos potencias. En otras palabras, la autora busca rescatar y enfatizar el papel central que jugó América Latina en la crisis. Keller critica que los historiadores no hayan estudiado cómo América Latina  influyó en la crisis, ni cómo esta cambió a América Latina. La autora sostiene que la gente común (everyday people) y los gobiernos latinoamericanos causaron la crisis, trabajaron para resolverla y experimentaron sus consecuencias. La autora es muy clara: Kennedy, Khruschev  y Castro influyeron en los latinoamericanos, pero a su vez sus decisiones y acciones fueron influidas por el contexto hemisférico y por las acciones de los hombres y mujeres latinoamericanos.

Para Keller, la crisis de los misiles fue un evento hemisférico y para demostrarlo recurre a una metodología que combina un enfoque macro – que pretende enfocar todo el hemisferio– con un enfoque micro que se concentra en las acciones individuales y colectivas de la gente ordinaria. La autora también mezcla metodologías transnacionales e internacionales y enfatiza  las conexiones que transcienden los límites ideológicos y políticos. Keller propone hacer una historia de la crisis con un enfoque amplio que incluya a todos los pueblos y gobiernos latinoamericanos.

Choque de superpotencias, misiles en Cuba y 13 días de extrema tensión: la crisis de octubre que casi lleva al mundo al invierno nuclear | CNN

Una de las grandes aportaciones de su análisis es su propuesta de una nueva forma de entender y estudiar la historia de la Guerra Fría en América Latina, lo que ella denomina la Guerra Fría hemisférica. Keller propone enfatizar las acciones y preocupaciones de los latinoamericanos sin dejar fuera a la URSS ni a EEUU. Se trata de reconocer el papel protagónico de soviéticos y estadounidenses –como también del conflicto entre comunismo y capitalismo –, pero insistiendo en el rol crucial que jugaron otros actores y conflictos,  tanto en la Crisis de los Misiles como en el desarrollo de  la Guerra Fría en el hemisferio occidental. En otras palabras, Keller propone ir más allá del análisis de  la competencia entre bloques y del conflicto comunismo-capitalismo, romper con el enfoque binario entre izquierda y derecha, superar las fronteras nacionales y evitar un enfoque centrado en la política exterior de EEUU.  Keller subraya la necesidad de equilibrar las preocupaciones tradicionales del análisis de la Guerra Fría, prestando atención a luchas más profundas, a actores diversos y a factores locales y regionales del conflicto. De esta forma, la autora hace una aportación significativa a la discusión del significado de la Guerra Fría en América Latina, que busca superar las interpretaciones tradicionales de esta como un conflicto en el que se vieron atrapados los latinoamericanos.

Otra aportación de Keller es su propuesta de ver la Guerra Fría como una batalla alrededor de tres valores compartidos: seguridad, soberanía y solidaridad. Según la autora, estos valores dieron forma no solo a la Crisis de los Misiles, sino también a la Guerra Fría hemisférica. Keller examina cómo estos tres valores fueron usados y discutidos durante la crisis por quienes condenaban y defendían a Cuba. Por seguridad (security) los latinoamericanos  se referían a protección (safety), no solo de la amenaza de las armas nucleares y convencionales, sino también de la violencia que podían generar sus conciudadanos y sus gobiernos. La soberanía fue un elemento clave durante la crisis. Cuando los latinoamericanos demandaban soberanía, defendían los principios de autodeterminación y de no intervención; es decir, reclamaban autoridad total para gobernarse y definir sus políticas exteriores. Aunque históricamente Estados Unidos había sido la principal amenaza a la soberanía latinoamericana, la Guerra Fría introdujo dos nuevos peligros: la presencia de la URSS y la infiltración comunista.  Durante la crisis, los pueblos y líderes latinoamericanos reaccionaron ante este nuevo escenario reclamando el respeto a su soberanía y a la de Cuba en algunos casos. Igual algunos se sintieron decepcionados por la pérdida de soberanía que significó para ellos que Cuba aceptara los misiles soviéticos. En cuanto a la solidaridad, Keller la define como un sentimiento y una práctica de apoyo mutuo, reciprocidades estratégicas, lazos de afecto, causas comunes y experiencias compartidas. Aunque tradicionalmente asociada a  los grupos de izquierda, durante la crisis la solidaridad se mostró de una forma más amplia y compleja. Con relación a estos tres valores, la autora concluye que durante la Crisis de los misiles los latinoamericanos “debated, demonstrated, and transformed their understandings of security, sovereignty, and solidarity”. (4)

60 años de la crisis de los misiles cubanos: al borde de la guerra atómica | Cultura

Para Keller, estos valores son tan importantes que pareciera proponer un nuevo paradigma para el estudio de la Guerra Fría basado en ellos. La autora argumenta que los valores compartidos de seguridad, soberanía y solidaridad no son exclusivos de América Latina y que, por ende, son útiles para desarrollar un nuevo modelo para estudiar la Guerra Fría a nivel global.   Además, al cambiar nuestra atención  del conflicto bilateral y enfocarnos en otras partes del mundo – como América Latina – la Guerra Fría resulta ser menos fría y mucho más compleja.

Keller analiza la crisis a partir de tres preguntas: ¿qué la causó?, ¿por qué no provocó una guerra nuclear? y ¿cuál es su importancia? Veamos sus respuestas.

Keller elabora una explicación muy amplia de las causas de la crisis, destacando el papel de los pueblos y gobiernos latinoamericanos. La Revolución Cubana   impactó a América Latina, generando entusiasmo, pero también miedo. Esto influyó en cómo los gobiernos latinoamericanos reaccionaron a la revolución, pues unos defendieron y otros atacaron a Castro. A mayor radicalización de la revolución, mayor radicalización de sus oponentes  regionales, que buscaron socavarla y aislar a Cuba. El apoyo y solidaridad   dados por Castro a movimientos revolucionarios se convirtió en algo inaceptable para  políticos y líderes estadounidenses y latinoamericanos (especialmente centroamericanos y caribeños). Los líderes de la derecha latinoamericana, los exiliados cubanos y el gobierno estadounidense trabajaron en conjunto para aislar a Cuba de la comunidad interamericana.  Los intentos para acabar y aislar  la Revolución, y  la cada vez más  fuerte retórica antirrevolucionaria, convencieron a Castro y Khruschev de que la seguridad y la soberanía de Cuba estaban en peligro. Para ellos era necesario tomar medidas drásticas que garantizaran la seguridad de la isla. De ahí la oferta soviética de misiles nucleares y su aceptación por Castro. En palabras de la autora, “The Cuban Missile Crisis, then began with a tragic irony: Those who were trying to weaken Castro unintentionally inspired the Soviets to offer him stronger weapons than had ever before been introduced into the Western hemisphere beyond US soil”. (2)

La crisis de los misiles - Fernando Díaz Villanueva

En cuanto a por qué la crisis se resolvió sin llegar a una guerra nuclear, la autora elabora una explicación con una fuerte participación latinoamericana. Según ella, Kennedy y Khrushchev entendieron que estaban perdiendo el control de la situación ante la creciente violencia en América Latina (los casos más extremos fueron Bolivia y Venezuela), la presión a favor de una intervención militar por parte de los halcones del Pentagono, los líderes centroamericanos y caribeños y los exiliados cubanos, y la actitud frenética de Castro que culminó con el derribo de un avión espía estadounidense. En otras palabras, la crisis terminó pacíficamente porque la situación en América Latina “was spinning out of control and becoming increasingly violent”. (237) Ambos líderes, y en especial Khrushchev, entendieron la inminencia de una guerra nuclear e hicieron todo lo que les fue posible para evitarla.

Con relación a la tercera pregunta, Keller argumenta que la crisis importa porque forzó a las personas y gobiernos latinoamericanos a confrontar la Guerra Fría y el papel que jugaban en ella. La crisis los obligó a cuestionarse lo que entendían por seguridad, soberanía y solidaridad. Según ella, la crisis forzó a los latinoamericanos a reconocer que sus destinos estaban conectados. Los obligó a  entender que lo que pasara en Cuba le podría afectar a todes.

 163La crisis también es importante por sus consecuencias. Keller insiste en que la Crisis de los Misiles no duró trece días, pues tardó años en producirse y sus consecuencias sobre América Latina y las relaciones interamericanas se extendieron por décadas. La crisis tuvo diversas consecuencias para los ciudadanos y estados latinoamericanos:

  • La promesa de Kennedy de invadir Cuba si los misiles eran retirados frustró a los exiliados cubanos y a los líderes de la región caribeña, para quienes Castro era una amenaza para su seguridad. Estos se sintieron traicionados por Kennedy.
  • La crisis resolvió la división en la OEA sobre el tema cubano y fortaleció el liderazgo estadounidense en dicha organización.
  • La crisis debilitó los lazos de EE.UU. con países que siguieron su propio camino (Brasil) y los fortaleció con quienes cooperaron con ellos (Argentina, Venezuela).
  • El desenlace de la crisis cambió la imagen de los líderes cubanos a una de debilidad y dependencia. Para algunos, al aceptar los misiles, Cuba se convirtió en un satélite soviético.
  • La imagen de Khrushchev también sufrió daño por haber roto sus promesas de defender a Cuba en su momento de mayor necesidad.
  • Muchos izquierdistas latinoamericanos llegaron a la conclusión de que no podían depender ni de Cuba ni de la URSS “and instead had to look inward or to China.” (231)
  • La crisis casi provocó un rompimiento cubano-soviético porque Castro y el pueblo cubano se sintieron traicionados por sus aliados soviéticos.
  • La crisis facilitó la creación de la primera zona libre de armas nucleares con la firma del Tratado de Tlatelolco en 1967

 

En conclusión, este es un excelente libro, cuya lectura es obligatoria para todos aquellos interesados no solo en la Crisis de los Misiles, sino también en la Guerra Fría latinoamericana y global. Solo tengo una crítica que hacerle a Keller. La autora prometió una nueva historia de la Crisis de los Misiles con un enfoque amplio que incluiría a todos los pueblos y gobiernos de América Latina. Su enfoque es impresionantemente amplio, pero no cubre a todos los pueblos y gobiernos latinoamericanos porque Puerto Rico no recibe la atención que merece. Keller menciona a Puerto Rico, pero no examina el papel que la isla jugó durante la crisis, ni cómo el gobierno y los puertorriqueños reaccionaron. Ello a pesar de la situación colonial de Puerto Rico y de la enorme importancia militar de la isla para Estados Unidos en 1962.

Dr. Norberto Barreto Velázquez

Lima, Perú, 8 de febrero de 2026

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La guerra hispano-cubano-estadounidense es uno de los temas al que más espacio le he dedicado en esta bitácora. Ello no debe sorprender a nadie dado su enorme importancia y relevancia en el desarrollo del imperialismo estadounidense. Sin embargo, que recuerde, nunca lo había hecho desde la perspectiva de este artículo del escritor cubano Leandro Estupiñán: la representación pictórica de la guerra.

El autor enfoca el trabajo de tres artistas estadounidenses: Howard Chandler Christy, Frederick Remington y Charles Johnson Post. Según Estupiñan, estos transformaron los hechos y protagonistas de la guerra en leyendas. Sus representaciones heroicas aún se mantienen en las narraciones actuales del conflicto. Como bien señala el autor, esto confirma la importancia de las representaciones ya sean escritas como visuales.

Estupiñán es un periodista, escritor, editor y fotógrafo  cubano radicado en Buenos Aires.


Una ilustración de Chandler Christy.  Foto: Tomada de la colección digital de Biblioteca Pública de Nueva York.

Pintores estadounidenses colorean la guerra en Cuba (I)

Leandro Estupiñán

12 de septiembre de 2024    CubaNews

Las memorias de la guerra Hispanoamericana, o hispano-cubano-norteamericana, cuenta con decenas de registros. Habrá pocos como el testimonio visual que sumaron a golpe de pincel y plumilla artistas cuya sensibilidad y buen ojo captó el intríngulis humano de una contienda, de la cual pasaron 126 años este verano.

El tema me mantiene ocupado, al punto que concluyo una novela cuyo trasfondo parte de la sensibilidad de los profesionales que, inscrito en uno de los batallones de voluntarios, llegó a la isla, donde realizó una serie de esbozos que hoy constituyen el cuerpo de su obra pictórica.

Pero es un tema amplio: profesionales que por estilo, técnica y uso del color habrían de encontrar la fama en años posteriores, como los pintores Howard Chandler Christy o Frederick Remington, estuvieron entre los cientos de periodistas, fotógrafos y cineastas que viajaron al oriente de Cuba con la única intención de atestiguar el tono de una contienda.

Un fervor justicialista había ido colándose en el ánimo de la nación estadounidense mediante crónicas y reportajes escritos al calor de los acontecimientos que estallaron con el Maine. Las ilustraciones de estos artistas, sin embargo, habían ido inyectando impresiones, sentimientos, sensaciones a la imaginación del público lector desde las primeras entregas.

Ilustración de Remington  de 1897.

Ilustración de Remington de 1897. Tomada de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

La fuerza de los acontecimientos, captada mediante plumilla, acuarela u óleo, transformó determinados hechos y sus protagonistas en parte de una leyenda. Narraciones nos acompañan hasta hoy y sirven para alentar el valor de la justicia o el coraje y la fuerza de la perseverancia. Tan decisiva fue la acción como la representación que fijó la escritura de la historia.

Fue una guerra trascendental. En unas pocas semanas España y Estados Unidos se disputaron el podio de las superpotencias en las postrimerías del siglo XIX; intervinieron el propio destino de los países donde se disputaban los acontecimientos, como era el caso de Cuba o Filipinas.

Entre los artistas hubo quienes arribaron al terreno como típicos reporteros de guerra, y, en ciertos casos, después de haber permanecido meses componiendo crónicas y dándole forma a escenas que habrían de ser publicadas en la primera plana de los principales diarios de Nueva York.

Frederick Remington (1861-1909) fue un dibujante y escultor neoyorquino que había descollado por el tratamiento a la figura del cowboy como resultado de sus continuos viajes al oeste de Estados Unidos, donde llegó a atestiguar los enfrentamientos de las tropas yanquis contra poblaciones de apaches en su ofensiva de dominación y exterminio. Compuso decenas de cuadros y esculturas inspiradas en estos hechos.

En su paso por la isla, mucho antes de que estallara el Maine en puerto habanero, Remington dibujó escenas inspiradas en la vida en la ciudad y captó el maltrato de las autoridades coloniales a la población civil y, especialmente, a pacíficos e insurrectos que se había exacerbado en un momento álgido de la guerra, desde su reinicio en 1895.

Formando una dupla con una estrella del reporterismo, el periodista Richard Harving Davis, Remington compuso trabajos, algunos de los que pueden encontrarse en un libro interesante como Done in the open, una compilación de su trabajo gráfico durante 20 años que llegó acompañado de textos del escritor Owen Wister.

Otro artista seducido por la guerra en Cuba fue Howard Chandler Christy (1873-1952), más adelante convertido en un exitoso pintor de influencia en la moda, especialmente por la percepción estereotipada de lo que entendía como la “nobleza natural” de la mujer, algo que expuso en libros como The American Girls, un repaso personal del ideal femenino en su país.

En los días de la contienda, en aquel bochornoso verano de 1898, la actividad de Chandler Christy se circunscribió a cubrir los movimientos de una brigada de caballería, desde donde, gracias a su paso por este conflicto y a la adulación de la prensa que lo rodeaba, sería catapultado a la presidencia de los Estados Unidos Teodoro Roosevelt. Como el propio Remington, aprovechaba los momentos de sosiego para componer esbozos de generales u operaciones en el terreno, hoy entre sus más conocidas escenas.

Pero, de entre estos artistas, solo unos pocos dejaron testimonio desde la perspectiva del soldado común, esa figura para quien la guerra es algo más que una ambiciosa pretensión profesional, política u económica, pues la mayoría de las veces se ve movido por la mera necesidad de la supervivencia.

Fue el caso del neoyorquino Charles Johnson Post (1873-1956), quien con poco más de veinte años formó parte del 71 Regimiento de Infantería de Nueva York, una estructura militar que existía desde la guerra de Secesión y que en playa de Siboney inscribió su primer desembarco militar aquel verano de 1898.

Unas de las pinturas de Post. Tomada del Centro de Historia Militar del ejército de EE.UU

Johnson Post, que había sido ilustrador de prensa en uno de los periódicos más influyentes e importantes de ese momento, llegó a escribir en la mayoría de los periódicos y revistas de la ciudad; pero en sus días de servicio, solo tomó apuntes y esbozó escenas que perfeccionaría luego para conformar su obra, dispersa e integrada hoy por una serie de acuarelas y óleos.

De estos trabajos, algunos fueron publicados en forma de esbozos en magazines como American Legion Monthly. Otra parte fue recogida en un libro que vio la luz años después de su muerte bajo el título de The Little war of private Post, una especie de diario de campaña, pero también una curiosa crónica moral en la que se dejan apuntes sobre el ser humano y su contexto.

Aunque no se atestiguan demasiados cubanos en sus pinturas conocidas, a Johnson Post se deben algunas valiosas reflexiones sobre los mambises. Sus palabras constituyen una peculiar visión sobre un ejército por momentos visto como mero lazarillo de las tropas invasoras. Robert Freeman Smith le dedica todo un capítulo a las observaciones de Johnson Post de su libro Background to Revolution, pues pocos valoraron la valentía de aquel ejército de hombres harapientos cuyo carácter algunas veces parecía ser lo único amable en medio del clima salvaje.

Personas en acción, individuos en la batalla, vacilantes, desmejorados, llenos de miedo y coraje por supervivir; personajes anónimos cuya vida la historia ha licuado. Todo ello fue captado por estos artistas o ilustradores de la guerra, sobre quienes seguiré contando detalles en próximas entregas de esta columna.

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La batalla naval de Santiago de Cuba es uno de los episodios más trágicos de la guerra hispana-cubana- estadounidense. Obligado por las circunstancias, el 29  abril de 1898 el Almirante Pascual Cervera y Topete zarpó de Cadiz con su flota en un viaje del que sabía no habría regreso. Su misión era llegar a Cuba, donde se enfrentaban el ascendente imperio estadounidense y el moribundo imperio español. Cervera sabía que  no estaba en condiciones de enfrentar a la flota superior  del Almirante  William T. Sampson. El resultado fue inevitable: todos los barcos españoles fueron hundidos o deshabilitados el fatídico 3 de julio de 1898.  Unida a la derrota de la flota española del Pacífico dos meses antes, la victoria de Sampson marcó la transformación de Estados Unidos en una potencia mundial.

En una nota publicada en el diario El País, Vicente G. Olaya, redactor especializado en arqueológicos y de patrimonio cultural,  reseña un artículo de Teodoro Rubio Castaño publicado en el número más reciente de la Revista General de Marina, con el título  «Pecios de la escuadra del almirante Cervera en Santiago de Cuba«. Olaya comenta  el papel que jugaron los barcos que componían la flota de Cervera durante la batalla de Santiago y las condiciones en que se encuentran sus pecios en aguas cubanas.

El artículo de Teodoro Rubio Castaño viene acompañado de otro del Almirante en retiro José María Treviño itulado «El Almirante  Rickover y el hundimiento del USS Maine», que podría ser del interés de los lectores de esta bitácora.


Crucero español Cristóbal Colón

La escuadra del almirante Cervera permanece ‘intacta’ bajo las aguas de Cuba 125 años después del Desastre del 98

Vicente G. Olaya

El  país  27 de octubre de 2023

A las 21.40 horas del 15 de febrero de 1898, el acorazado estadounidense USS Maine saltó por los aires. La bahía de La Habana se iluminó inesperadamente. Las autoridades de Estados Unidos acusaron a España de la muerte de 256 de sus marineros y declararon la guerra. Este año se cumple el 125º aniversario de un enfrentamiento que provocó la pérdida de las últimas posesiones españolas en América y el Pacífico y que dio pie al nacimiento de un nuevo imperio, el estadounidense. Ahora, el artículo Pecios de la escuadra del almirante Cervera en Santiago de Cuba, publicado por la Revista General de Marina, del Ministerio de Defensa, da cuenta del parque arqueológico subacuático en el que yacen —colapsados por el tiempo y por la historia— los restos de la que fuera la temida Escuadra de Operaciones de las Antillas: los cruceros acorazados Cristóbal Colón, Vizcaya, Almirante Oquendo, los destructores Furor y Plutón y el carbonero estadounidense USS Merrimac. Sin embargo, el buque insignia, el Infanta María Teresa, no se encuentra en aguas cubanas, sino que está hundido en Cat Island, en las Bahamas.

Ante la no disimulada escalada y presión bélica norteamericana (Estados Unidos había ya intentado en varias ocasiones comprar Cuba), el Gobierno de España envió preventivamente el 29 de abril una flota, mientras los estadounidenses mandaron dos claramente superiores técnicamente. Los EE UU habían declarado la guerra el 24 de abril con carácter retroactivo desde el 21 de ese mes, ya que ese día el cañonero USS Nashville había apresado al vapor español Buenaventura sin motivo alguno. El almirante Pascual Cervera y Topete, ante la superioridad tecnológica y de fuego estadounidense, decidió no presentar batalla, sino mantener a resguardo sus barcos en puerto de Santiago de Cuba. La escuadra de Estados Unidos, por su parte, se mantenía en alerta en el exterior de la bocana.

El 3 de junio de 1898 el teniente Hobson, acompañado de siete hombres, intentó hundir el carbonero estadounidense USS Merrimac para impedir una posible salida de los buques de Cervera en la bahía de Santiago de Cuba; pero los españoles se adelantaron y lo echaron a pique en un lugar que no impedía la navegación. Teodoro Rubio Castaño, autor del informe y el único español que ha buceado entre todos los pecios del llamado Desastre del 98, recuerda que el “Merrimac yace desde entonces en el lecho fangoso, entre los 16 y los 23 metros de profundidad, perpendicular a la línea de costa”. “Su casco de acero se encuentra bastante bien conservado a pesar de los 125 años que lleva hundido, e impresiona la oscuridad de su interior, que le da un aspecto fantasmagórico”, dice.

En 1892, la corbeta española Nautilus dio la vuelta al mundo. Su capitán, Fernando Villaamil, visitó así los arsenales de la Marina de Guerra estadounidense en Filadelfia. Quedó sorprendido al descubrir “el nivel de eficiencia de sus buques, la última expresión de la arquitectura naval”. Desconocía que esos mismos barcos de guerra acabarían con el destructor Furor y le costarían la vida. El Furor está hundido frente a la playa de Mar Verde, cerca de Santiago de Cuba, a una milla de la costa aproximadamente. El pecio yace a una profundidad de entre 24 y 27 metros sobre un fondo arenoso con bastantes formaciones coralinas. El navío estalló antes de su completo hundimiento, por lo que en el fondo no se distingue la típica silueta de un barco.

En la noche del 3 de junio de 1898 el destructor Plutón logró torpedear al carbonero norteamericano USS Merrimac. Después, su capitán, y ante la superioridad estadounidense, decidió embarrancarlo entre las playas de Buey Cabón y Rancho Cruz. Pero debido a la falta de profundidad y a los envites del Caribe está irreconocible. Solo permanecen los restos de sus máquinas, bielas, toberas, proyectiles y un sinfín de objetos metálicos de lo que fuera la estructura. Los cuatro o cinco metros de fondo arenoso a los que se halla y su proximidad a la costa permiten que se pueda visitar con o sin equipo de buceo autónomo.

Faja acorazada de la banda de babor del acorazado 'Vizcaya', en la bahía de Santiago.

Restos de la cubierta del acorazado ‘Vizcaya’. VICENTE GONZÁLEZ DÍAZ

Por su parte, Juan Bautista Lazaga, máximo responsable del crucero Almirante Oquendo, sabía que las posibilidades de salir con vida de la batalla eran mínimas. “Sea cual fuere el resultado del primer encuentro, juro no arriar el pabellón español, y demostraré a ese enemigo odioso que los hijos de esta tierra hidalga saben morir antes que rendirse”. Y así fue. Falleció en la batalla.

El pecio del Oquendo está situado frente a la playa de Juan González, a unos cien metros de la orilla y a una profundidad de entre 8 y 14 metros. De él emerge casi en su totalidad el cañón González Hontoria de 280 milímetros y parte del de proa, proporcionando una visión exterior espectacular. Su estado general es considerablemente bueno, a pesar de la poca profundidad a la que se encuentra y a estar sometido a la presión de las rompientes de los temporales. “Se aprecia casi toda su eslora de 103 metros de longitud y está apoyado en su quilla sobre un lecho de arena”, explica Rubio Castaño.

El crucero Vizcaya sufrió varias explosiones y un incendio, por lo que terminó embarrancado frente a la playa de Aserradero, a media milla de la costa. Está incrustado en un arrecife paralelo a tierra. “Es todo un espectáculo introducirse en la barbeta [parapeto del cañón] que permanece fuera del agua y tener la misma visión que tuvieron en su día los artilleros españoles. Es impresionante recorrer su cubierta colapsada a lo largo de toda la eslora y apreciar las varengas [pieza curva de la quilla] de su coraza de acero, sus calderas reventadas por la acción del mar y del tiempo y una de sus enormes anclas de almirantazgo, de la que cuelga una cadena de inmensos grilletes”.

Imagen del destructor 'Furor'.

Imagen del destructor ‘Furor’.

El comandante Cousteau, en su documental Cuba: las aguas del destino, describió el pecio del crucero Colón así: “Atravesando la barrera del tiempo, flotamos sobre la irreconocible chimenea que impulsó al Colón en una carrera por la supervivencia, que estaba perdida de antemano. Perseguido, el pesado crucero, acabó sucumbiendo”. Se encuentra en la desembocadura del río Turquino, a unas 48 millas náuticas de la bahía de Santiago de Cuba y a unos 64 metros de la costa, a una profundidad de entre nueve metros la popa y 32 la proa. Los restos yacen sobre un lecho de arena, siendo su estado general bueno, a pesar de los 125 años transcurridos desde su hundimiento, ya que la profundidad ha protegido al Colón de la erosión de las rompientes, conservando casi todo el pecio de una sola pieza, pues su superestructura ha resistido el paso del tiempo y los envites de los huracanes. De hecho, son visibles hoy en día las escotillas de bronce, piezas de artillería Armstrong de 152 y 120 mm, algunos cañones de tiro rápido Nordenfelt de 57 y 37 mm y muchas balas del calibre 7,62 para el fusil Mauser modelo 1893, que los marineros españoles nunca pudieron disparar.

En 2015, las aguas donde se produjo el enfrentamiento fueron declaradas Monumento Nacional y denominadas Parque Arqueológico Subacuático Batalla Naval de Santiago de Cuba 1898. Es la huella sumergida de la valentía y del fin de un imperio.

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Por insistencia de mi esposa que me empuja al autobombo, agradezco a las más de 700 personas que desde marzo de este año han descargado mi artículo «Las buenas intenciones no bastan: la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina en el siglo XX«. Publicado  en la revista Histórica de la Pontificia Universidad Católica del Perú, este artículo es la traducción al castellano de una ponencia que presenté en 2018 en China. En él analizo el desarrollo de las relaciones de Estados Unidos y América Latina a lo largo del siglo XX, enfatizando los intentos estadounidenses para mejorar sus relaciones con sus vecinos latinoamericanos. Es el producto de años de enseñanza de la historia de las relaciones entre Estados Unidos y los países latinoamericanos, y del convencimiento de la necesidad de una autocrítica regional que reconozca dos cosas: que las intenciones del Imperio no han sido siempre malévolas y que la «hegemonía» estadounidense en la región solo ha sido posible gracias a la colaboración de agentes locales, con agendas y preocupaciones propias.  Buscaba subrayar las limitaciones del Imperio para enmendarse y el papel imprescindible de sus «socios» locales en la promoción y defensa de los intereses estadounidenses en la región a lo largo del siglo XX.

Gracias a todos y todas que han descargado este artículo y espero que las haya sido útil o por lo menos interesante.

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El Grupo de Investigación Estados, Naciones y Soberanías (GRENS) de la Universitat Pompeu Fabra invita a los interesados a participar en un taller internacional que organiza titulado Imperio a Imperio: La Guerra HispanoEstadounidense y el Tratado de París (1898) Revisitado. Éste será en formato  virtual el 14 de diciembre del presente año. Quienes estén interesados en presentar propuestas tienen hasta el 15 de setiembre para hacerlo. 


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Convocatoria para la presentación de resúmenes para el taller internacional virtual «Empire to Empire: The Spanish-American War and the Treaty of Paris (1898) Revisited»

Fecha: 14 de diciembre de 2023

Fecha límite: 15 de septiembre de 2023

El Grupo de Investigación Estados, Naciones y Soberanías (GRENS) de la Universitat Pompeu Fabra tiene el placer de invitarle a un taller sobre la Guerra Hispano-Estadounidense (1898) y sus secuelas desde una perspectiva global. El Tratado de París puso fin al dominio imperial español en el Caribe y el Pacífico, y tradicionalmente se ha visto como una señal del ascenso de los Estados Unidos como potencia global. El taller también profundizará en las revoluciones en Cuba y Filipinas, destacando las complejidades y las confluencias del conflicto y la colaboración imperial entre Estados Unidos y España.

Invitamos a trabajos de veinte minutos (3.000 palabras). Los temas relacionados con el estudio de la(s) guerra(s) y el Tratado de París (1898) pueden incluir, pero no se limitan a:

  • Circulación de ideas y políticas
  • El papel de los medios de comunicación, incluidas las caricaturas
  • Las mujeres y la resistencia
  • Impacto en las identidades nacionales
  • Intercambios culturales
  • Continuidades legales y militares
  • Imperio y raza

Las ponencias se pueden presentar en inglés, castellano y catalán. El taller abarcará una amplia gama de perspectivas y alentará las presentaciones de académicos pertenecientes a grupos minoritarios subrepresentados. Reconociendo la diversidad geográfica y las diversas zonas horarias de nuestros participantes potenciales, estamos comprometidos a crear un calendario de talleres inclusivo y factible.

Invitamos a los académicos a enviar un resumen de 250 palabras y un breve CV antes del 15 de septiembre de 2023 a Gerard Llorens (gerard.llorens@upf.edu). Los avisos de aceptación se enviarán a finales de septiembre. El taller tendrá lugar como un evento en línea el 14 de diciembre de 2023. No hay cuotas de inscripción asociadas con el taller.

Se pedirá a los participantes que envíen sus documentos para su distribución previa dos semanas antes del taller. En una etapa posterior, existe la posibilidad de un número especial  de la revista del GRENS con artículos seleccionados del taller.

Información de contacto

Gerard Llorens

Investigador postdoctoral

Universitat Pompeu Fabra

Correo electrónico de contacto

gerard.llorens@upf.edu


Traducido por Norberto Barreto Velázquez

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Tuve el gusto de conversar con el colega Moisés Rodríguez Escobar sobre la historia de las relaciones de América Latina y Estados Unidos, como parte del podcast Historias de Bolsillo de la Universidad de Salamanca. Este podcast, con más de 150 episodios en cinco temporadas, está dedicado  a divulgar temas históricos de forma interesante y dinámica.

Los interesados pueden escuchar el episodio en iVoox o en Spotify.

 

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USS Maine (ACR 1)

Rickover y el hundimiento del USS Maine

16 de febrero de 2023

Una de las ventajas de administrar un blog es que no estás limitado por los parámetros de publicación que caracterizan a otros tipos de medios. Básicamente, puedo hacer lo que quiera, como reseñar un libro “viejo”. En setiembre de 1974, el Almirante H. G. Rickover leyó un artículo publicado en el diario Washington Star-News titulado “Returning to the Riddle of the Explosion that Sunk the Maine”. Su autor, John M. Taylor, planteaba la necesidad de resolver el misterio del hundimiento del USS Maine. Enviado a la Habana para presionar a los españoles a lograr la pacificación de Cuba, el Maine explotó el 15 de febrero de 1898, matando a 266 marinos estadounidenses. Esta tragedia llevó a una corta, pero muy importante guerra que cambió la historia de Estados Unidos, España, Cuba, las Filipinas, Guam y Puerto Rico. Desde entonces el porqué de la destrucción del acorazado ha generado intensas discusiones, colocando la explosión del Maine junto al asesinato de Kennedy, el ataque a Pearl Harbor y  9/11 como uno de los grandes “misterios” de la historia estadounidense. De ahí que se hayan desarrollado teorías conspiratorias que acusan a los estadounidenses de la voladura del acorazado y que alegan que la mayoría de los marinos de eran negros, entre otras cosas.[1]

How the Battleship Maine Was Destroyed : Rickover, Hyman George: Amazon.de:  BücherIntrigado por el artículo de Taylor, Rickover inició su propia investigación que culminó en 1976 con la publicación del libro How the Battleship Maine was Destroyed (Washington: Naval History Division, U.S. Govertment Printing Office, 1976). Gracias a un trabajo de Dana Wegner[2] conocía de la existencia de este escrito, pero no había podido acceder al libro. Esto cambió el año pasado, pues pude comprar una copia de la reimpresión del libro de Rickover publicada por la Naval Institute Press (Annapolis: 1995). Tras disfrutar de su lectura lo voy a reseñar.

Hay que comenzar con una pregunta básica: ¿quién fue el Almirante H. G. Rickover? La respuesta más sencilla es que es el padre del programa de submarinos nucleares de la Marina estadounidense, pero me quedaría corto. Rickover fue un marino de carrera que nació en Polonia, pero emigró a Estados Unidos a muy corta edad. Graduado de la Naval Academy en 1918, Rickover se incorporó a la Marina como oficial. En 1930 obtuvo una Maestría en ingeniería eléctrica de la Universidad de Columbia. Durante gran parte de la segunda guerra mundial, Rickover trabajó en el Bureau of Engineering en Washington, D.C como jefe adjunto de la sección eléctrica del Bureau of Engineering. Después de la guerra se convirtió en un promotor del uso de la energía nuclear para propulsión marítima. Sus esfuerzos culminaron con la botadura del USS Nautilius, el primer submarino propulsado por energía atómica, cuyo diseño y construcción dirigió. Admirado y respetado, Rickover se retiró de la Marina en 1982 con el rango de Contralmirante de cuatro estrellas, después de 63 años servicio.

Para indagar las causas del hundimiento del Maine, Rickover contó con la ayuda de un equipo de investigadores. Dos de ellos eran historiadores: el Dr. Francis Duncan y Dana Wegner, ambos empleados del US Navy. Duncan trabajó en la Atomic Energy Commission y en 1991 publicó un libro titulado Rickover and the Nuclear Navy: The Discipline of Techonology (Annapolis: Naval Institute Press). Este trabajo ganó el Theodore and Franklin D. Roosevelt Naval History Prize de 1991. Wegner era Curador de Maquetas de Buques para la Armada de Estados Unidos y autor de Fouled Anchors: The “Constellation” Question Answered (Bethesda: David Taylor Research Center, 1991). Ambos trabajaban para Rickover y se encargaron de la parte histórica de la investigación.

Para atender los temas técnicos, el almirante contó con la ayuda de  dos ingenieros: Ib Hansen y Robert Price. Hansen era ingeniero civil y estructural, especializado en el análisis de estructuras de barcos expuestas por explosiones. Price era un ingeniero químico y experto en la fotografía de explosiones submarinas.

Hyman Rickover Interview Techniques

Almirante H. G. Rickover

Tras la explosión del Maine se llevaron a cabo dos investigaciones: una por la Marina estadounidense y otra por las autoridades españolas. Ambas se realizaron en medio de un periodo muy tenso que presagiaba una guerra. La comisión investigadora española llegó a la conclusión que la destrucción del Maine había sido provocada por un accidente. La comisión estadounidense contó con los dibujos y testimonios de los busos que examinaron los restos del acorazado. También testificaron los sobrevivientes de la tripulación del barco, incluyendo a su capitán Charles D. Sigsbee. Los estadounidenses concluyeron que el Maine había sido hundido por una mina. Aunque su informe no identificaba a los perpetradores del atentado, su conclusión hizo inevitable la guerra hispano-cubano-estadounidenses.

En 1911 el Congreso aprobó fondos para reflotar y remover los restos del Maine de la bahía de la Habana.  Rickover describe con gran precisión los detalles técnicos de este proceso. También fue nombrada una comisión investigadora para que examinara los restos de barco y determinara las causas de su destrucción. Aunque fueron invitados, los españoles se negaron a participar de esta segunda investigación. La comisión investigadora de 1911 contó con la ventaja de que pudo ver los restos del barco, que además fueron fotografiados antes de ser removidos de la Habana y hundidos a cuatro millas de la costa cubana el 16 de marzo de 1912. En su informe final esta comisión confirmó las conclusiones de su homóloga de 1898: el Maine fue hundido por una mina.

The USS Maine And The Real Story Behind Its Explosion

USS Maine

Rickover rechaza las conclusiones de ambas investigaciones, señalando que “there is no evidence that a mine destroyed the Maine”. (91) Para ello se fundamenta en un informe técnico preparado por Hansen y Price – incluido como una apéndice del libro– basado en el análisis de las fotos tomadas en 1911 y de la documentación recopilada por las dos comisiones estadounidenses. Para Hansen y Price, la destrucción del Maine fue causada por una explosión interna en los polvorines del barco. En otras palabras, una accidente y no un ataque premeditado.

Para Rickover, la principal falla de las dos investigaciones estadounidenses estuvo en la ausencia de asesoría técnica. Tanto la comisión investigadora de 1898 como la de 1911 estuvieron integradas por marinos de carrera, con amplia experiencia naval, pero sin el conocimiento técnico necesario para examinar los restos del Maine y llegar una conclusión acertada de las causas de su destrucción. ¿Cómo explica el almirante esta seria falla? Según él, en la investigación de 1898 privó la prisa de llegar a un dictamen, pues la presencia de técnicos hubiera atrasado el desarrollo de la investigación en un contexto de urgencia nacional por determinar qué le había ocurrido al Maine. Rickover señala, además, que “the court´s verdict of an external explosion was on that could be expected” por tres razones: la tensión existente en las relaciones españolas-estadounidenses, la actitud patriótica y guerrerista de gran parte de la opinión pública, la prensa y el Congreso estadounidenses, y que se quería evitar que la culpa de la destrucción del Maine cayera sobre la Marina. Según el almirante,

“Had the ship blown up in an American or friendly foreign port, and had the same type of damage occurred, it is doubtful that an inquiry would have laid the blame on a mine. The finding of the court of 1898 appears to have been guided less by technical consideration and more by the awareness that war was now inevitable”. (95)

USS Maine Disaster

Reflotando el Maine, 1911

Aunque la comisión de 1911 no estaba bajo la presión de una guerra inminente, confirmó las conclusiones de la investigación de 1898. Tampoco contó con la asesoría de expertos. Según Rickover, solo habían transcurrido 13 años desde que el hundimiento del Maine había llevado a Estados Unidos a una guerra con España y “it would have been difficult for the Board to raise the issue whether the nation and its constitued authorities had made a grave error in 1898”. (97) En otras palabras, cuestionar que el Maine había sido destruido por una mina era políticamente incorrecto.

Podríamos entonces concluir, que el trabajo, tanto de la comisión de 1898 como la de 1911, estuvo determinado, no por factores técnicos, sino políticos.

Para terminar, debo señalar que el libro está acompañado de fotos, gráficos, dibujos, diagramas, planos y una sección de apéndices, que enriquecen esta obra. A pesar de la seriedad y profundidad de este estudio, su publicación no acabó con el debate en torno a qué ocurrió la noche que el Maine explotó en la Habana. Las teorías de conspiración no han desaparecido, sobre todo, aquellas que buscan por razones ideológicas, culpar al gobierno de Estados Unidos de la destrucción del Maine

Dr. Norberto Barreto Velázquez

Lima, 16 de febrero de 2023

[1] Para un examen de las diversas explicaciones dadas a la tragedia del Maine pueden consultar la entrada del 23 de octubre de 2021 titulada El acorazado norteamericano Maine: ¿qué sucedió?.

[2] Wegner, Dana, “New Interpretations of How the Maine was Lost”,  en Edward J. Marolda. Theodore Roosevelt, the U.S. Navy, and the Spanish-American War. New York: Palgrave, 2001, 7-17.

 

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La Operación Pedro Pan fue una de las más crueles de la guerra fría porque conllevó la separación de miles niños cubanos de sus familias. En pleno incremento de las tensiones que llevaron al rompimiento de las relaciones cubano-estadounidenses, a la invasión de bahía de Cochinos y a la crisis de los misiles, el gobierno norteamericano puso en marcha un programa de evacuación de niños cubanos basado en una mentira fabricada por sus organismos de inteligencia. Preocupados por un rumor de que el gobierno revolucionario cubano le iba a quitar la patria potestad de sus hijos por medio de una ley, miles de padres y madres cubanas enviaron sus hijos a Estados Unidos, en donde luego les debían darles alcance.  Sin embargo, por diversos factores que analiza la historiadora Deborah Shnookal, miles de estos niños quedaron varados en territorio estadounidense. Demasiados de ellos no volvieron a tener contacto con su familia.

La Dra. Shnookal es una historiadora australiana dedicada al estudio de la historia cubana. Es investigadora en el Institute of Latin American Studies en La Trobe University y autora  de Operation Pedro Pan and the Exodus of Children from Cuba (University Press of Florida, 2020).

Los interesados en este tema pueden consultar el libro de Yvonne M. Conde, Operation Pedro Pan. The Untold Exodus of 14,048 Cuban Children (Routledge, 1999) y el artículo de Susan Maret y Lea Aschkenas, “Operation Pedro Pan: The Hidden History of 14,000 Cuban Children” (Research in Social Problems and Public Policy, 19, 171–184).


Operación Peter Pan: los 14.000 niños que huyeron del comunismo

Las víctimas olvidadas de la Crisis de los Misiles

Deborah Shnookal

NACLA   18 de octubre de 2022

Hace sesenta años, cuando Moscú y Washington llegaron a un acuerdo que resolvió la crisis de los misiles cubanos en octubre de 1962, el mundo respiró aliviado. Pero para 4,100 de los 14,000 niños cubanos no acompañados que habían llegado a Miami en los 22 meses previos, y que todavía estaban dispersos por todo Estados Unidos, el futuro parecía sombrío. La perspectiva de reunirse con sus familias era más incierta que nunca.

Curiosamente apodada Operación Pedro (o Peter) Pan, el  plan de evacuación de niños cubanos se había iniciado en el período previo a la fatídica invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961. Washington había esperado que al ofrecer refugio a los hijos de activistas anticastristas, más cubanos permanecerían en la isla y participarían en lo que se esperaba que fuera el derrocamiento exitoso de Fidel Castro y detuviera el proceso revolucionario que se aceleraba rápidamente.

Lo que estaba detrás de este éxodo masivo sin precedentes de niños cubanos sigue siendo muy controvertido. En Cuba, a pesar de que nadie fue arrestado o acusado por haber organizado el plan de evacuación, la historia a menudo se relata como un secuestro masivo de los ciudadanos más pequeños de la nación. Por otro lado, la historia de la Operación Pedro Pan ha ayudado a reforzar la política beligerante de Washington hacia la Cuba revolucionaria durante más de medio siglo.

El engaño de “Patria Potestad”

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en junio de 2017 que estaba  “cancelando” la política hacia Cuba de su predecesor Barack Obama, hizo mención especial del éxodo como evidencia de lo que enfatizó era la “naturaleza brutal del régimen de Castro”.  Al hacerlo, simplemente estaba reiterando lo que se ha convertido  en la visión ortodoxa en los Estados Unidos: que la operación era una misión humanitaria urgente para salvar a los niños cubanos del “adoctrinamiento comunista”.

Deborah Shnookal - Historian, writer, editor - Melbourne, Victoria,  Australia | LinkedInEl puente aéreo fue impulsado por un rumor generalizado de que el gobierno estaba a punto de promulgar una nueva ley que eliminaría la patria potestad. Este engaño sin duda aprovechó los temores, prejuicios e inseguridades entre los cubanos en gran parte blancos y más privilegiados en un clima político altamente volátil. La introducción de guarderías para alentar a las mujeres a participar en la fuerza laboral y el proceso revolucionario, junto con la desegregación, nacionalización y secularización de un sistema educativo previamente altamente discriminatorio y corrupto, también alarmó a los sectores más conservadores de la sociedad cubana.

Los agentes de guerra psicológica de la CIA en Cuba llegaron a imprimir y hacer circular un falso “decreto” del gobierno que describía los planes del gobierno para asumir la custodia de sus ciudadanos más jóvenes. Solo décadas más tarde algunos ex agentes como Antonio Veciana expresaron su sincero pesar por su participación en la perpetración de este fraude.

En la atmósfera de la Guerra Fría, la publicidad sobre la difícil situación de los pequeños exiliados cubanos alimentó la propaganda estadounidense contra la revolución en el país y en el extranjero. Un documental desgarrador con un niño triste y solitario fue hecho y distribuido por la United States Information Agency, y los llamamientos para las familias de acogida publicados en los periódicos estadounidenses declararon sin rodeos: “Podemos pensar en pocas maneras mejores de ‘luchar contra el comunismo’ que cuidar a los niños que huyen de él”.

Los Pedro Pan fueron exhibidos como celebridades anticomunistas junior en las funciones de la Legión Americana y la Iglesia Católica para contar sus historias de horror de la Cuba de Castro, y sus “salvadores“ fueron aclamados como héroes.

Del “rescate” al aislamiento

El puente aéreo fue facilitado por una política de inmigración extraordinaria, políticamente motivada y sin precedentes. Durante los años de Trump, los hijos de familias centroamericanas y otras familias migrantes fueron brutalmente arrancados de los brazos de sus padres en nombre de una política de “tolerancia cero” hacia los indocumentados que ingresan. En contraste, después de la Revolución Cubana, el padre (más tarde monseñor) Bryan Walsh, un joven sacerdote que dirigía un pequeño personal en la Oficina Católica de Bienestar en Miami, recibió el visto bueno del Departamento de Estado para firmar exenciones de visa para tantos niños cubanos como sus padres quisieran despachar.

Se estableció un programa de cuidado de crianza financiado con fondos federales  (el Cuban Children’s Programs), y en pocos años se había convertido en una parte importante del presupuesto de refugiados del gobierno federal. Lejos de ser superados por el pánico por la supuesta amenaza a las mentes de los niños y los derechos de los padres, algunas familias cubanas vieron esto como una oportunidad para una muy codiciada “beca” (o beca) para que sus hijos estudien y aprendan inglés en el Norte, un factor que con frecuencia se pasa por alto en los relatos de la operación.

Para octubre de 1962, el plan de evacuación de niños había cumplido en gran medida su propósito en las guerras encubiertas y de propaganda de Washington  contra la Revolución Cubana. Las redes anticastristas en Cuba en las que se había basado la operación se debilitaron significativamente. Más importante aún, sin embargo, el puente aéreo ya no era viable después de la cancelación de vuelos directos entre los Estados Unidos y Cuba.

En este punto, la política de Estados Unidos hacia Cuba se volvió aislacionista, haciendo que la emigración de la isla fuera más difícil y costosa ya que los cubanos tenían que viajar a través de terceros países. Esto obstaculizó significativamente la posibilidad de reunir a los niños varados con sus familias. Además, el número de niños que requerían colocación era abrumador para las agencias de cuidado de crianza en Florida y en otros lugares, y los jóvenes cubanos que llegaban a Miami durante 1962 a menudo tenían más probabilidades de ser enviados a orfanatos y otras colocaciones inapropiadas si no podían ser reclamados por familiares o amigos.

Estos cambios de política resaltaron las justificaciones defectuosas para el programa: ¿las mentes de los niños que permanecen en Cuba ya no estaban en peligro? ¿Por qué detener el esfuerzo de evacuación, incluso si era más difícil en este momento?

Como reconoció el ex diplomático estadounidense en La Habana Wayne Smith, “ahora sabemos que los rumores [sobre la ley ‘patria potestad’] eran falsos. Los niños [que se quedaron en Cuba] no fueron separados de sus familias, por lo que la dolorosa experiencia no fue realmente necesaria”.

La generación Pedro Pan crece

¿Qué pasó con esos miles de jóvenes cubanos que se encontraron varados por los trascendentales acontecimientos de octubre de 1962? La mayoría, pero no todos, se reunieron con sus familias cuando comenzaron los llamados Vuelos de la Libertad de Cuba a los Estados Unidos en diciembre de 1965. Sin embargo, varios meses después, entre el 5 y el 10 por ciento de los Pedro Pan aún no se habían reunido con al menos uno de los padres. Alrededor del 3 por ciento nunca volvió a conectarse con sus familias, y solo un puñado de ellos regresó a vivir en Cuba.

Operación Peter Pan: así la CIA trasladó secretamente a EE.UU. y España más  de 14 mil niños cubanos sin acompañantes › Hoy en la Historia › Granma -  Órgano oficial del PCC

Cuando las familias finalmente se reunieron, en ciudades y pueblos de todo el país donde los niños habían sido enviados, a muchos les resultó imposible continuar donde lo habían dejado, especialmente aquellos que habían estado separados durante años. Por lo tanto, aunque los Pedro Pan eran de hecho “niños que podían volar como Peter Pan” en el “juego de hadas” original de J.M. Barrie, la metáfora del éxodo resultó trágicamente irónica. A diferencia del personaje de cuento que nunca creció, muchos de los jóvenes cubanos pronto se encontraron solos en una tierra extranjera y obligados a crecer demasiado rápido.

Con los años, la historia de la huida desesperada de los niños cubanos se convirtió en clave para la base ideológica de la comunidad de exiliados cubanos. Continúa justificando el poder político y los privilegios especiales que los inmigrantes cubanos aún esperan y disfrutan como refugiados “políticos” y no “económicos”. De hecho, algunos cubanoamericanos se enfurecieron recientemente cuando el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, se atrevió a comparar a los niños no acompañados de América Central que intentan cruzar la frontera hoy con la huida de los Pedro Pan de la “Cuba comunista”.

Recordemos a Carlos Muñiz VarelaUn final trágico es la paradójica historia de Carlos Muñiz Varela, quien fue asesinado a la edad de 26 años por los mismos exiliados anticastristas que supuestamente lo habían rescatado como un Pedro Pan. Junto con su madre y su hermana, Carlos se estableció en Puerto Rico, donde fue influenciado por el movimiento independentista de la isla. Como estudiante, se unió a un grupo de jóvenes cubanoamericanos que buscaban un diálogo y reconciliación con su tierra natal. Las visitas de estos jóvenes emigrados a Cuba, sin embargo, provocaron una reacción violenta de la comunidad de exiliados. Aunque la organización terrorista en el exilio Omega 7 se atribuyó la responsabilidad del crimen, nadie fue acusado por el asesinato a sangre fría de Carlos.

“Mi madre tomó la decisión de enviarme [fuera del país]”, comentó Silvia Wilhelm, ex Pedro Pan, “pero la decisión de regresar fue mía”.  Sintió la necesidad de regresar “para cerrar el círculo y hacer las paces con nosotros mismos, nuestra historia y nuestro país”. Para muchos padres, sin embargo, tales visitas de retorno desafiaron no solo su dolorosa decisión de enviar a sus hijos fuera del país solos, sino su propia identidad como comunidad de exiliados.

Un ex Pedro Pan reflexionó enojado: “Comencé a sentirme parte de un gran engaño de una enorme máquina manipuladora … Lo que había sucedido es que los estadounidenses estaban utilizando a los cubanos: la salida de los niños había sido una herramienta de propaganda. Y lo que salió de los campamentos [de niños de Miami] fue una generación herida”.

Muchas familias cubanas permanecen divididas hoy, política y geográficamente. Sesenta años después, recordar la trágica historia de la Operación Pedro Pan arroja luz sobre cuán efectivamente los sentimientos familiares naturales fueron manipulados por la propaganda de la Guerra Fría y cómo los niños cubanos quedaron atrapados en un juego de poder político internacional. Aunque poco conocido entre la población en general en los Estados Unidos, el episodio sigue siendo una piedra de toque en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y todavía se recuerda con gran amargura en ambos lados del Estrecho de Florida.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

 

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En este ensayo, el historiador Geraldo Cadava contrapone el libro de Ada Ferrer Cuba: An American History y el ya famoso texto de Nikole Hannah-Jones The 1619 Project: A New Origin Story. Los objetivos de Cadava son dos. El primero es subrayar el efecto espejo que según él -siguiendo a Ferrer- existe entre la historia cubana y estadounidense. El segundo, criticar a Hannah-Jones por no tomar en cuenta que en la historia de Estados Unidos existen otras minorías además de los afroamericanos. Citando al historiador Frank Guridy(Columbia University), Cadava es muy claro en su crítica a Hannah-Jones: “Leer El Proyecto 1619 oscurece el hecho de que la lucha por la libertad de los negros, por sustancial que sea, no es más que una parte de las luchas más amplias por la libertad libradas por los pueblos indígenas, los asiático-americanos, los latinos de tonos más claros y oscuros,  y otras personas marginadas en este país”.

Geraldo Cadava es profesor de historia en Northwestern University. Sus investigaciones enfocan dos temas principales: la historia de los latinos en los Estados Unidos y el análisis de la frontera mexicano-estadounidense como fenómeno histórico. Es autor de dos libros: The Hispanic Republican: The Shaping of An American Political Identity, from Nixon to Trump (Ecco / HarperCollins, 2020) y Standing on Common Ground: The Making of a Sunbelt Borderland (Harvard University Press 2013).


Book Review: “Cuba: An American History” - Inextricably Linked, for Better  and Worse - The Arts Fuse

CUBA Y EE.UU.: ESPEJOS NECESARIOS

GERALDO CADAVA

Public Books  13 de abril de 2022

En noviembre de 1898, un grupo de hombres blancos en Wilmington, Carolina del Norte, anularon la elección de funcionarios negros para el gobierno local, lo que provocó un motín que llevó a la quema del distrito comercial negro de la ciudad y al asesinato de al menos 60 personas negras. Al mismo tiempo, los congresistas en los Estados Unidos estaban debatiendo cómo tratar a los ciudadanos indígenas, negros y mestizos de sus nuevas posesiones caribeñas después de la Guerra Hispanoamericana: Cuba y Puerto Rico. Para demostrar su capacidad para gobernarse a sí mismos, es decir, para aplacar al gobierno de los Estados Unidos, los líderes blancos del movimiento de independencia de Cuba dejaron de lado algunas de las ideas de los ciudadanos negros de la isla sobre la democracia racial y la igualdad.

Así fue como en1898, como tantos otros momentos en la historia de Estados Unidos y Cuba, es imposible entender completamente la historia de una nación sin la otra.

“Compartimos la misma sangre”, dijo Barack Obama a los cubanos, cuando visitó Cuba en marzo de 2016, el primer presidente de Estados Unidos en casi 100 años en hacerlo. “Ambos vivimos en un mundo nuevo, colonizado por europeos. Cuba, al igual que los Estados Unidos, fue construida en parte por esclavos traídos aquí desde África. Al igual que los Estados Unidos, el pueblo cubano puede rastrear su herencia tanto a los esclavos como a los propietarios de esclavos”.

Cuba: An American History: Ada Ferrer: 9781501154553: Amazon.com: BooksLa historia del discurso de Obama es contada por Ada Ferrer en las páginas finales de su nuevo libro, Cuba: An American History. Para Ferrer, la visita de Obama a Cuba y sus comentarios fueron un ejemplo perfecto de una dinámica que describe a lo largo del libro: Cuba y Estados Unidos se sostienen un espejo el uno al otro. La historia de los dos países ha estado entrelazada. Cubanos y estadounidenses se ven a sí mismos a través de los ojos del otro.

Mirarse en este espejo, explicó Ferrer en un reciente webinar sobre su libro, nos permite ver la historia “torcida”. En otras palabras, tiene el efecto de desafiar las historias familiares que los cubanos y los estadounidenses creen sobre sus países, permitiéndoles ver lo familiar desde nuevos ángulos. El discurso de Obama, y el espejo sobre el que escribe Ferrer, subrayan la profunda conexión entre naciones que, durante las últimas décadas, se han visto a sí mismas, y han sido vistas por otros, como antagonistas.

Ver la historia torcida es también el objetivo de Nikole Hannah-Jones en The 1619 Project: A New Origin Story. Comprender el papel fundamental, de hecho, central, que la esclavitud africana ha desempeñado en la creación de los Estados Unidos necesariamente transforma la forma en que consideramos los mitos preciados de la fundación de nuestro país en 1776.

A diferencia de Ferrer, Hannah-Jones no utiliza explícitamente la metáfora del espejo; aún así, sospecho que a ella le gustaría. En su prefacio a The 1619 Project, sugiere que las experiencias de los negros siempre han sido una especie de espejo que Estados Unidos podría sostenerse a sí mismo, para revelar una unión mucho menos perfecta. A los ciudadanos no negros de este país podría no gustarles lo que verían si pudieran mirar a los Estados Unidos a través de los ojos de los estadounidenses negros.

Los negros, escribe Hannah-Jones, “son los crudos recordatorios de algunas de las verdades más condenatorias [de los Estados Unidos]”. Una de estas verdades es que “ocho de cada diez personas negras no estarían en los Estados Unidos si no fuera por la institución de la esclavitud en una sociedad fundada en ideales de libertad”. Los estadounidenses tratan de ocultar historias de esclavitud porque “nos avergüenza”. Cuando los negros han utilizado la retórica de la libertad y los derechos que aparece en los documentos fundacionales de los Estados Unidos, ha sido, al menos en parte, “para revelar las graves hipocresías de esta nación”.

The 1619 Project Resource page - NEA EdJustice

Si las naciones y sus pueblos se sostienen espejos el uno al otro, también lo hacen Cuba y el Proyecto 1619. Más concretamente, Cuba ofrece otro reflejo de lo importante  que es el Proyecto 1619; específicamente, al demostrar la centralidad de la esclavitud en la evolución de las Américas. También en Cuba, la esclavitud de los africanos hizo posible la riqueza de los imperios europeos, disparó los deseos de los estadounidenses de anexar Cuba y mantener la esclavitud de las plantaciones en la isla, cuando les preocupaba que esta institución fuera abolida en su propio país  y animó los movimientos de independencia contra España en el siglo 19. La vida después de la muerte de la esclavitud es un debate urgente en Cuba hoy, al igual que en los Estados Unidos.

Y, sin embargo, Cuba también refleja cuánto más  el Proyecto 1619 podría haber sido, y debería haber sido. Esto es especialmente cierto si vamos a tomar en serio la afirmación histórica central del libro: que debemos ver 1619 como una nueva historia de origen para los Estados Unidos, una historia de origen que reconoce el papel que la esclavitud ha desempeñado en la creación de todo desde esa fecha. Si bien Obama conectó a Cuba y los Estados Unidos a través de su historia compartida de colonización y esclavitud, Hannah-Jones, a juzgar por lo que escribe en este libro, no está preocupada por tales vínculos.

Cuba y El Proyecto 1619 son libros esenciales. Aun así, el Proyecto 1619 es simultáneamente amplio y estrecho. Su objetivo es ofrecer un relato fundamental de la historia de los Estados Unidos, pero se centra exclusivamente en la introducción de la esclavitud africana por parte del imperio británico. Al hacerlo, empuja miopemente a un lado a los esclavos españoles e indígenas que también dieron forma al país en el que vivimos hoy. Por el contrario, Cuba es amplia, expansiva e inclusiva, contando una historia hemisférica de colonialismo, esclavitud e imperios, naciones y pueblos enredados, cuyos legados todavía están con nosotros.

Agence France-Presse 在 Twitter: "#INFOGRAFÍA Mapa del mundo con los flujos  de trata de esclavos registrados entre 1519 y 1867 entre África y América  #AFP @AFPgraphics https://t.co/aGlhDhOzKC" / Twitter

En el transcurso de la era del comercio transatlántico de esclavos, como muestra Ferrer, se trajeron exponencialmente más africanos esclavizados a las tierras que ahora conforman América Latina que los que fueron llevados a las colonias británicas y los Estados Unidos. Estas personas se vieron obligadas a participar en los patrones de explotación capitalista que desde entonces se han convertido en un sello distintivo de las Américas; se “mezclaron” (una palabra altamente saneada, sin duda) con poblaciones indígenas y europeas; e introdujeron prácticas lingüísticas, musicales y religiosas que perduran hoy en día, incluso en los Estados Unidos. Las historias de los latinoamericanos, los latinos y los negros, y, por supuesto, los afrolatinoamericanos y los afrolatinos se identifican con más de una de estas etiquetas, se han entrelazado de maneras que uno no entendería al leer The 1619 Project.

La historia narrativa de Ferrer de los últimos 500 años de Cuba es épica, autoritaria y profundamente perspicaz. Nuestra comprensión popular de la isla ha sido dominada por la Revolución Cubana de 1959; por lo tanto, es refrescante que, al menos cronológicamente hablando, los años transcurridos desde ese evento histórico innegablemente importante solo representen alrededor del 10 por ciento de la historia de Ferrer.

La isla es mucho más que Fidel Castro y el Che Guevara. De hecho, es imposible entender la revolución sin entender sus profundas raíces en el colonialismo español y la esclavitud, así como los movimientos del siglo 19 para derrocar esas instituciones por parte del líder militar afrocubano Antonio Maceo o el editor de periódicos, intelectual y líder independentista José Martí. Los cubanos siguen invocando los nombres de ambas figuras como luces guía en sus luchas por la justicia en la actualidad.

A lo largo de su libro, Ferrer no nos deja perder de vista lo importante que han sido la raza y la esclavitud en la creación de Cuba. Tampoco nos permite dejar de lado como intrascendente la relación entre Cuba y Estados Unidos.

La centralidad de la raza y el racismo en la historia de la nación es exactamente lo que Hannah-Jones parece querer que entendamos sobre los Estados Unidos también. Desde 1619, el deseo, o la necesidad sentida, de salvaguardar la esclavitud en los Estados Unidos motivó la construcción de instituciones, el establecimiento de leyes y el desarrollo de hábitos y tradiciones diseñados para lograr este objetivo. La esclavitud puede haber sido abolida en la década de 1860, pero eso no puso fin a las afirmaciones de la supremacía blanca a través de instituciones, leyes, hábitos y tradiciones.

Además, los esfuerzos de los “esclavizados y sus descendientes” para combatir la supremacía blanca, escribe Hannah-Jones, también “jugaron un papel central en la configuración de nuestras instituciones, tradiciones intelectuales, cultura, nuestra propia democracia”. Esta es, entonces, la historia contada por Hannah-Jones en sus tres ensayos (así como por muchos de los principales pensadores, académicos, periodistas y escritores de la nación en los otros ensayos, poemas y cuentos reunidos en The 1619 Project): las raíces racistas de los Estados Unidos, los esfuerzos liderados por negros para combatir la discriminación derivada de esta historia, y los legados perdurables de ambos.

El Proyecto 1619 hace una intervención política crítica. Necesitamos entender cómo la raza y la esclavitud se situaron en el centro de la historia de nuestra nación, y debemos recordar que este legado no terminó con la Guerra Civil, la Reconstrucción, la desegregación o el movimiento por los derechos civiles. En cambio, la raza y la esclavitud se han filtrado continuamente en todos los rincones de la vida estadounidense: movilidad económica, resultados de salud, temores blancos, violencia policial, encarcelamiento masivo, la infraestructura de las ciudades y una letanía de injusticias legales (a pesar de las afirmaciones, hoy, en cualquier caso, de que nuestras leyes son neutrales en cuanto a la raza). Esta es solo una lista parcial de los temas  que toca el Proyecto 1619.

Por supuesto, debemos derribar a los padres fundadores de los pedestales que hemos construido para ellos. Cuando los tallamos en piedra como partidarios infalibles de la democracia, la libertad y la igualdad, no estamos diciendo toda la verdad sobre ellos ni sobre ningún otro ser humano. Pero lo peor de todo es que cuando lionizamos estas cifras del pasado, como han argumentado todos los críticos de “Founders chic“, también erosionamos nuestra propia capacidad de decidir qué es correcto y justo en el presente. Además, como sugiere Hannah-Jones, los africanos esclavizados también fueron fundadores de este país, al igual que, yo diría, los pueblos nativos, los españoles y muchos otros.

The 1776 Report - Kindle edition by Arnn, Larry P.. Politics & Social  Sciences Kindle eBooks @ Amazon.com.Por lo tanto, sostener a Cuba y the 1619 Project como espejos el uno del otro no es ofrecer la misma crítica de The 1619 Project que la articulada por los autores de The 1776 Report. Tampoco pretende repetir los argumentos de los historiadores, principalmente más antiguos, principalmente blancos, cuyos preciados hechos sobre la Revolución Americana Hannah-Jones ha reformulado.

No, las preguntas que siguen persistiendo para mí son diferentes. Leer Cuba y The 1619 Project juntos me hizo preguntarme qué habría sido este último si Hannah-Jones hubiera integrado en su análisis de la raza y la esclavitud en los Estados Unidos la perspectiva ofrecida por Ferrer de la raza y la esclavitud en Cuba y en todas las Américas. ¿Qué pasaría si Hannah-Jones hubiera integrado la historia de la esclavitud en otras partes de las Américas antes de 1619 no simplemente como “más información”, como escribe en su prefacio, sino como una parte central del argumento del libro? ¿Y cuánto le habría costado  al Proyecto 1619 luchar e incorporar historias fuera de su marco actual?

Haber expandido la incisiva exposición del Proyecto 1619 de los Estados Unidos a las Américas solo habría fortalecido el caso que Hannah-Jones hace. Entonces, ¿por qué no habría contado esta historia ampliada? la historia que Barack Obama contó en La Habana en 2016, que las Américas, Cuba y Estados Unidos, en particular, tienen una historia compartida de raza y esclavitud, y que estas historias están vinculadas?

UNC ha ensombrecido el "Esquema 1619" de Nikole-Hannah Jones al negarle el  mandato | de Allison Gaines | Mayo de 2021 - Peace Music and Love

Nikole Hannah-Jones

Por un lado, Hannah-Jones podría haber tenido que titular su libro “The 1492 Project” en su lugar, incluso si eso se hubiera involucrado en la misma creación de mitos narrativos involucrados en la elección de cualquier momento como original. La historia de la esclavitud africana en las Américas, después de todo, no comenzó en lo que se convertiría en los Estados Unidos. En cambio, comenzó con la colonización española y portuguesa.

Los africanos esclavizados, nos dice Ferrer, llegaron por primera vez a Cuba a mediados del siglo 16. Las comunidades indígenas fueron diezmadas por la violencia y la enfermedad, incluso cuando los españoles, solo después de un debate serio, concluyeron que eran humanos que tenían almas que eran dignas de conversión. La destrucción de las poblaciones indígenas y la nueva letra de la ley que ordena que los indios sean tratados más humanamente fue, en parte, lo que llevó a los españoles a traer africanos esclavizados a las Américas.

Durante los siglos 16 y 17, el número de africanos en Cuba palideció en comparación con lo que se convirtieron durante el auge industrial de siglos posteriores. Sin embargo, por muy pocos que fueran, su presencia instigó e incrustó patrones de explotación capitalista, desigualdad racial y violencia, y mezcla y borrado cultural, y lo hizo décadas antes de la llegada, en 1619, de más de 20 africanos frente a la costa de Virginia, en un barco llamado The White Lion. Y no solo estaban en Cuba. Los africanos esclavizados también fueron llevados a territorios españoles que más tarde se convirtieron en México, Panamá, Perú, etc.

Tal vez, solo tal vez, los estadounidenses están empezando a entender, en gran parte a través del trabajo de académicos y activistas indígenas, así como historiadores de la América Latina colonial, que Cristóbal Colón no “descubrió” “América”. Como señala Ferrer, ni siquiera puso un pie en la tierra que se convirtió en los Estados Unidos.

Sin embargo, muchos estadounidenses todavía consideran que la llegada de Colón al “Nuevo Mundo” hizo posible el asentamiento posterior de las Américas por parte de los europeos, incluidos los colonos británicos que están en el centro del Proyecto 1619. Nuestra arraigada comprensión de Colón como un presagio de los Estados Unidos es la razón por la que muchas personas en este país continúan observando el Día de Colón, en lugar del Día de los Pueblos Indígenas, el 12 de octubre. Es el homónimo de una versión temprana de nuestro himno nacional, nuestro distrito federal, una prestigiosa universidad y tantas otras Columbias. Ferrer argumenta que al menos parte de por qué vemos el desembarco de Colón en las Américas como uno de los primeros episodios de la historia de Estados Unidos tiene que ver con las ambiciones imperialistas de nuestra nación desde el principio.

Colón no descubrió tanto un mundo nuevo como tropezó con uno muy antiguo. Aún así, es su llegada la que lanzó siglos de daño a las sociedades indígenas, a través de la enfermedad, la aculturación forzada, el trabajo forzado, el pillaje, la violación y el asesinato.

Los africanos del Nuevo Mundo incluyen al marroquí Estevanico, que acompañó a Alvar Núñez Cabeza de Vaca en su viaje a través del continente norteamericano en las décadas de 1520 y 1530, y que puso un pie en las tierras que se convirtieron en Florida, Texas y Nuevo México. El número de africanos del Nuevo Mundo creció, especialmente después de que los escritos del sacerdote español Bartolomé de Las Casas, el primer obispo de Chiapas, llamaran la atención sobre el maltrato de los pueblos indígenas.

A medida que los africanos cautivos eran comercializados dentro de las Américas, algunos que hablaban español y portugués fueron llevados a las colonias británicas, donde se encontraron con hablantes de inglés. Son los antepasados de los afrolatinoamericanos y afrolatinos que viven en todo el continente americano de hoy, que continúan siendo empujados a los márgenes de los discursos sobre la negritud y la latinidad, o la latinoidad. Un par de los ensayos en The 1619 Project, sobre todo los de Khalil Gibran Muhammad y Tiya Miles, abordan estas historias más amplias, pero la propia Hannah-Jones no lo hace.

Después del período colonial, el Proyecto 1619 continúa centrándose claramente en los africanos traídos a los Estados Unidos por el imperio británico. Pero una perspectiva panamericana considerablemente más amplia se ofrece en la Cuba de Ferrer. Ferrer demuestra cómo Thomas Jefferson siempre tuvo la intención de que su “imperio por la libertad” incluyera las islas del Caribe. Después de que el imperio español comenzó a caer, quiso reclamar sus antiguas posesiones “pieza por pieza [sic]”. Aquí, una vez más, uno no puede entender completamente a los Estados Unidos sin entender a Cuba, y viceversa.

Ada Ferrer

Ada Ferrer

Los Estados Unidos, escribe Ferrer, intentaron anexar Cuba a principios del siglo 19. Pero no fue para extender la libertad. En cambio, los propietarios de esclavos querían extender el imperio de Jefferson porque les preocupaba el futuro de la esclavitud en los Estados Unidos. Trataron de proteger la institución trasladándola a otro lugar. Poner la esclavitud fuera del alcance de los abolicionistas era su objetivo en Texas, los antiguos territorios mexicanos y Nicaragua también. Algunos cubanos, mexicanos y nicaragüenses apoyaron la esclavitud, o al menos hicieron la vista gorda ante ella, porque pensaron que podrían beneficiarse financieramente.

Los acontecimientos en los Estados Unidos también resonaron más allá de sus fronteras de otras maneras. Cuando se ratificó la 14ª Enmienda, en 1868, convirtió a los negros en ciudadanos de los Estados Unidos y les dio la misma protección ante la ley. Poco después, los africanos esclavizados en Puerto Rico y Cuba iniciaron levantamientos contra España que con el tiempo condujeron a la abolición de la esclavitud en esas islas. Al igual que con la violencia contra los negros en 1898 que afectó a los líderes negros en la recién anexionada Cuba, ver más allá del estado nos ayuda a entender lo que sucedió dentro de él.

Sin duda, no correspondía a Hannah-Jones y a los otros colaboradores de The 1619 Project incluir todo lo que Ferrer aborda en Cuba. Todos los libros tienen un enfoque, y ningún libro puede hacer todo.

Pero, ¿no debería un libro que nos pide que adoptemos “una nueva historia de origen” para nuestro país ayudar a tantos de nosotros como sea posible a sentirnos incluidos en esa historia, especialmente en un país tan diverso como el nuestro? ¿No debería un libro como ese tener un enfoque más riguroso y amplio de lo que se incluye y lo que se deja de lado, reconstituir los Estados Unidos como un todo, en lugar de dejarlo en partes atomizadas? ¿No debería ser ese el objetivo de una democracia verdaderamente multirracial?

La mutualidad y la solidaridad deben fluir en múltiples direcciones. Como me dijo el historiador Frank Guridy, quien enseña y escribe sobre las conexiones entre los afrocubanos y los afroamericanos y los movimientos sociales estadounidenses: “Leer El Proyecto 1619 oscurece el hecho de que la lucha por la libertad de los negros, por sustancial que sea, no es más que una parte de las luchas más amplias por la libertad libradas por los pueblos indígenas, los asiático-americanos, los latinos de tonos más claros y oscuros,  y otras personas marginadas en este país”.

Comprender las experiencias de diferentes grupos en relación entre sí, y, de hecho, cómo las líneas entre los diferentes grupos podrían ser más borrosas de lo que a menudo suponemos, ciertamente amplía y profundiza la forma en que pensamos sobre las injusticias a lo largo de la historia estadounidense. Pero también amplía las posibilidades para la lucha contra la injusticia.

Considere el caso Méndez v. Westminster de 1947, un caso de desegregación escolar que involucra a estudiantes mexicoamericanos en California que sentó un precedente para Brown v. Board of Education (1954). El abogado jefe de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP), Thurgood Marshall, presentó un escrito de amicus en Méndez v. Westminster; luego argumentó el  caso Brown v. Board antes de convertirse en juez de la Corte Suprema, en 1967.

Dizzy Gillespie And His Orchestra Featuring Chano Pozo | DiscogsO, consideremos el caso del baterista de jazz negro Chico Hamilton, de Los Ángeles, quien en 1965 grabó un álbum llamado El Chico, que incluía canciones tituladas “Conquistadores” y “Los Moros”.  Este álbum de un músico negro fue influenciado por el jazz latino y la bossa nova brasileña; a su vez, pasó a influir en la estrella de rock chicana Carlos Santana, quien lo cubrió en sus famosos conciertos de 1968 en el Fillmore de San Francisco. Asimismo, el músico afrocubano Chano Pozo escribió canciones para Dizzie Gillespie y fue percusionista en la banda de Gillespie. Pozo practicaba la religión afrocubana Santería, que tiene muchos miles de devotos en Estados Unidos.

En el capítulo final de su libro, titulado “Justicia”, Hannah-Jones escribe sobre cómo el “nacionalista negro” Marcus Garvey apoyó las reparaciones a principios del siglo 20. Sin embargo, no menciona que uno de los barcos de la flota Black Star Line de Garvey, que estableció para que las naciones lideradas por negros pudieran comerciar entre sí, se llamó SS Antonio Maceo, en honor al héroe afrocubano que ayudó a ganar la independencia de Cuba de España. Un capítulo cubano de la organización de Garvey, la Universal Negro Improvement Association, se refirió a Maceo como uno de los más grandes líderes de la raza negra. Hoy en día hay una escuela en Jamaica llamada Garvey Maceo High, que destaca la estrecha asociación entre estos dos líderes.

Hacia el final de Cuba, Ferrer escribe sobre un busto de Maceo que, al menos durante la década de 1940, se exhibió en la Universidad de Howard, donde Hannah-Jones trabaja hoy. No sé si el busto del feroz defensor antiesclavista todavía está en exhibición, o si está guardado en algún lugar, aunque he tratado de averiguarlo. Aún así, es tentador preguntarse si Hannah-Jones sabe sobre la estatua y lo que piensa sobre cómo alguien como Maceo podría encajar dentro de su narrativa de la historia de los Estados Unidos, y la historia de los Estados Unidos en general.

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

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El Instituto Franklin de la Universidad del Alcalá de Henares (IF-UAH)  es la única institución universitarias española dedicada a la investigación y docencia graduada de temas relacionados con  Estados Unidos.  Fundado en 1987, el IF-UHA posee un programa de Maestría en estudios norteamericanos, grupos de investigación, una editorial y programas de becas de estudio e investigación. Además, de una colección de libros, publica varias revistas (Tribuna Norteamericana, Revista Española de Estudios Norteamericanos (REDEN) y Camino Real Estudios de las Hispanidades Norteamericanas) y posee una bitácora (Diálogo Atlántico). Envidiable para quienes, desde el subdesarrollo económico y mental, buscamos desarrollar la investigación y el estudio de Estados Unidos con un óptica latinoamericana.

En esta corta nota publicada en Diálogo Atlántico, el Dr. Ignacio Uría comenta el proceso que llevó a la creación e imposición al pueblo cubano de la enmienda Platt. Uría recoge muy bien el juego de intereses económicos, ideológicos, estratégicos  y raciales   que determinaron el desarrollo de las relaciones cubano-estadounidenses en un momento crucial de la historia de Cuba.

Este análisis les sirve de base para introducir su libro Viento norte. La primera ocupación militar norteamericana de Cuba (1899-1902), co-editado por la editorial  Los Libros de la Catarata y el Instituto Franklin-UAH como parte de la Colección de Estudios Norteamericanos. Esta obra será presentada mañana miércoles 19 de enero a las 7:30PM (hora de Madrid)  en el Congreso de Diputados de España. Desafortunadamente no habrá transmisión en línea de esta actividad.

Ignacio Uría es profesor contratado  de la Universidad de Alcalá y  Doctor por la Universidad de Navarra. Ha sido Visiting Researcher en Georgetown University  y Senior Associate Researcher en el Cuban Studies Institute.


Viento-norte-DA

Estados Unidos en Cuba: ¿anexión o independencia?

Ignacio Uría

Diálogo Atlántico     18 de enero de  2022

España perdió Cuba en 1898 y, partir de ese momento, la Isla dejó de interesarle a la gran mayoría de los españoles. Por eso, el periodo posterior a la derrota apenas se conoce en nuestro país. Sin embargo, se trató de una etapa clave para los cubanos, para Estados Unidos y para los doscientos mil españoles (el 10 % de la población) que se quedaron allí.

Entre 1899 y 1902, EE. UU. ocupó militarmente Cuba. Este hecho es capital en la historia norteamericana, ya que se trató su primera intervención en América y su ascenso a potencia regional llamada a empresas mayores. Gracias a esa intervención, Cuba se convirtió en un semiprotectorado estadounidense, situación imprevista cuando Washington declaró la guerra a España «por motivos humanitarios y solo el tiempo estrictamente necesario». Al menos, esa fue su declaración.

Sin embargo, EE. UU. permaneció en la Isla durante casi cuatro años e inició una renovación estructural que afectó a la educación y la judicatura, el ejército, la economía o las relaciones con la Iglesia católica. Incluso permitió la redacción de una nueva Constitución. Cuba se convirtió entonces en un laboratorio político con inmensas posibilidades económicas, sociales y estratégicas. Tan grandes que, desde el primer momento, se planteó convertirla en un nuevo estado de la Unión. El número 46, antes que Oklahoma, Nuevo México, Arizona, Alaska o Hawái, que aún no pertenecían a EE. UU.

En contra de la anexión estaban, por supuesto, los mambises cubanos, que llevaban cuatro décadas luchado contra España. A favor, se encontraba la colonia española, un próspero grupo compuesto por decenas de miles de personas que habían decidido permanecer en la Isla. ¿Motivos? Lazos familiares, propiedades y negocios, empleos… o la incapacidad de comprar un pasaje a España. Para ellos, Norteamérica suponía estabilidad política y el acceso a un mercado inmenso de 76 millones de consumidores que necesitaba el azúcar de Cuba.

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En EE. UU., entre tanto, había disparidad de opiniones acerca de la anexión. Se oponían a ella los estados productores de tabaco (Virginia, Kentucky, Carolina del Norte o Tennessee) o de azúcar (ya fuera de caña, como Luisiana, o de remolacha, como California), amenazados todos por la producción cubana, más amplia y de mejor calidad. Tampoco la querían aquellos estados de mayoría blanca, opuestos a la integración de un territorio donde el 40 % de la población era negra. Y, finalmente, un grupo de legisladores —tanto republicanos como demócratas— para los que anexionarse a Cuba contradecía el ideario democrático estadounidense y traicionaba las promesas hechas a los independentistas.

Sin embargo, la Isla era clave desde el punto de vista militar por su situación a la entrada al Caribe, un mar que EE. UU. quería controlar a cualquier precio. También, por las grandes oportunidades económicas (el ferrocarril, las minas de cobre, la construcción…) y su privilegiada posición cercana al canal de Panamá, que pronto comenzaría a operar controlado por los norteamericanos una vez que los panameños se independizaran de Colombia.

Por todos estos motivos, la amenaza de la anexión sobrevoló durante toda la ocupación de Cuba, pero fue neutralizada porque los cubanos maniobraron con habilidad. ¿Cómo lo consiguieron? Convenciendo a Estados Unidos de que no hacía falta perturbar su política interna si podían conseguir lo mismo por medios más sencillos y baratos (como tener una base naval en Guantánamo, situación que pervive hoy). En síntesis, si alcanzaban la independencia, serían un aliado fiable.

A cambio, ciertamente, Cuba pagó un alto precio: la entrega de su política exterior a EE. UU. mediante la Enmienda Platt, una cláusula constitucional impuesta de Washington y que dividió a la clase política en dos bandos, los reformistas y los rupturistas. Sin embargo, gracias a esta concesión, Cuba alcanzó la libertad y un tratado de reciprocidad comercial que les garantizó el acceso al mercado estadounidense. La soberanía nació mediatizada, sin duda, pero suponía el primer paso hacia la verdadera independencia, alcanzada en 1902.

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Todas estas cuestiones son analizadas en el libro Viento norte. La primera ocupación militar norteamericana de Cuba (1899-1902), co-editado recientemente por Los Libros de la Catarata y el Instituto Franklin-UAH dentro de la Colección de Estudios Norteamericanos. Esta monografía incorpora documentación inédita de archivos estadounidenses (Library of Congress, National Archives and Records Administration, Harvard University…), cubanos (Archivo Nacional de Cuba) y españoles (Archivo Histórico Nacional), así como monografías y artículos académicos hasta 2021.

El miércoles 19 de enero a las 19:30 horas se celebrará la presentación del libro en la Sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados (Madrid).


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