Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Robert W. Rydell’

 

En los primeros meses de este año (2012) leí un ensayo que me pareció fascinante, pero que por diversas razones no pude entonces reseñar. No quiero que terminé el año sin hacerlo. Se trata de “Soundtracks of Empire: “The White Man´s Burden,” the war in the Philippines, the “ideals of America and Tin Pan Alley” de Robert W. Rydell. Publicado en el European Journal of American Studies, “Soundtracks of Empire” examina  las canciones que sirvieron de banda sonora  a la  expansión norteamericana de finales del siglo XIX.

Antes de continuar el análisis de este corto ensayo es necesario hacer algunos comentarios sobre su autor.  Robert W. Rydell es profesor del Departamento de Historia, Filosofía  y Estudios Religiosos de la Montana State University y autor uno de los trabajos pioneros en el estudio cultural del imperialismo norteamericano. Me refiero al ya clásico All the World’s a Fair: Visions of Empire at American International Expositions, 1876-1916, publicado en 1984 por la University of Chicago Press. En este libro, Rydell enfoca como las ferias mundiales celebradas en Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX sirvieron de herramientas legitimadoras, tanto del orden racial como del imperialismo estadounidense.

indexEn “Soundtracks of Empire”, Rydell examina las canciones compuestas en Estados Unidos con motivo de la Guerra hispano-cubano-norteamericana por los “songsters” (cantores) del llamado Tin Pan Alley. El autor analiza las obras de compositores como Charles K. Harris (Ma Filipino Babe), J. A. Wallace (Yankee Doodle Dewey) y Edward W. Wickes y Ben Jansen (He Laid Away a Suit of Gray to Wear the Union Blue). Es necesario aclarar que Tin Pan Alley es como era conocida la zona en la ciudad de Nueva York donde estaban ubicados los compositores y productores musicales en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX (Calle 28, entre la 5ta y la 6ta Avenida). Esta zona fue testigo de una impresionante producción musical que marcó el desarrollo de la cultura estadounidense.

Tinpanalley

Tin Pan Alley

De acuerdo con Rydell, los compositores del Tin Pan Alley también jugaron un papel muy importante en el desarrollo del imperialismo estadounidense. Las canciones que éstos crearon con motivo de la guerra con España y en las Filipinas– “canciones imperiales” les llama Rydell– ayudaron a la clase media norteamericana a desarrollar “una conexión emocional e intelectual” con el imperialismo estadounidense. Sin embargo, estas canciones –y sus creadores– mantuvieron una relación más compleja con el expansionismo de finales del siglo XIX, pues aunque no le cuestionaron, sí subrayaron algunas de sus consecuencias “negativas”, especialmente, las raciales.  Según Rydell, las canciones imperiales no sólo recogieron lo que él denomina como “the joys of imperial pursuits” (los gozos de la empresa imperial), sino también las ansiedades asociadas al incremento del llamado “problema racial” de la sociedad estadounidense, es decir, la existencia de una minoría negra.  En otras palabras, las canciones sirvieron para justificar la guerra con España, pero también reflejaron las inquietudes raciales de la época en reacción a la adquisición de territorios poblados por pueblos no blancos. Las “imperial songs” enviaron un mensaje muy claro: la inferioridad racial de la población de las colonias recién adquiridas les hacía incapaces para el autogobierno y, por ende, para ser incorporados como ciudadanos de la nación estadounidense.

Minstrel_PosterBillyVanWare_edit

AllcoonslookaliketomeUna parte clave del ensayo de Rydell  es su análisis las “Coon songs”. Estas canciones surgieron a finales del siglo XIX y representaban los negros norteamericanos de forma profundamente racista y estereotipada. La palabra “coon”, diminutivo de “raccoon” (mapache), era usada desde el siglo XVIII para referirse a los negros en Estados Unidos.  Según el autor, en el siglo XIX, los “blackface minstrels”, trovadores blancos que se pintaban la cara de negro para cantar y bailar, convirtieron la palabra coon en  un insulto racista. Rydell aclara que la combinación entre la palabra coon y la música no se dio hasta finales del siglo XIX, dando vida a un nuevo género musical, las “Coon songs”. El responsable de tal hecho fue un cantante afroamericano llamado Ernest Hogan con su canción All Coons Look Alike to Me, que fue publicada en 1896 y vendió millones de copias.  No está claro por que Hogan, un negro, escribió esta canción profundamente racista, pero es indiscutible que con ello dio vida a una nuevo género musical y creó oportunidades comerciales para otros compositores afroamericanos.  Fue así como las “Coon songs” se convirtieron en un producto comercialmente muy exitoso.

Cooncooncoon

El éxito comercial de la “Coon songs” llamó la atención de los compositores y productores blancos del Tin Pan Alley, quienes usaron sus considerables recursos económicos para saturar el mercado con este tipo de canción. Cuando estalló la guerra con España, los productores musicales adaptaron con gran rapidez e ingenio las “coon songs” con temáticas y letras relacionadas con la guerra con España y la ocupación de las Filipinas, ayudando así a la domesticación del imperio ganado en 1898.

El proceso de producción en masa de canciones imperiales comenzó con el desastre del USS Maine. De acuerdo con el autor, entre 1898 y 1899,  fueron compuestas más de 100 canciones sobre la guerra con España. Rydell menciona algunas de ellas: Brave Dewey and his Men, The Charge of the Roosevelt Ride, In Memorian of the Maine, y Teddy Rough and Ready. Estas canciones ayudaron “a hacer héroes de simples mortales y a avivar las llamas de la fiebre belicista y el nacionalismo”.

BRAVE DEWEY AND HIS MENE. F. Galvin, 1898

A squadron lay at break of day with enemy in view,

Each boat and tar had sailed afar a glorious deed to do.

American each ship and man, fought that eventful fray!

Twas Dewey’s fleet the foe did meet down at Manila Bay.

Chorus.

Then raise a cheer all earth can hear, and three times three again.

The noblest tars who sail the sea, brave Dewey and his men:

Then raise a cheer, all earth can hear, and three times three again.

The noblest tars who sail the sea, brave Dewey and his men:

A gallant dash, a roar, a crash, our guns spoke faultlessly,

And Dewey brave quick orders gave, which made new history.

At cannon’s mouth our tars did shout. “Avenge the Maine to-day!”

All Spain now weeps, four hundred sleeps down at Manila Bay.-Cho.

The Castile flag, that yellow rag. Has dipped to rise no more.

The stripes and stars, and our loved tars, are masters on the shore.

Those heroes grand throughout the land are idolized to-day:

Our foes are slain, no more of Spain down at Manila Bay.-Cho.

Fuente: http://www.traditionalmusic.co.uk/songster/60-brave-dewey-and-his-men.htm

Además de promover el espíritu bélico, canciones como Fighting side by side the Blue and the Gray de Charles Graham y There’s No North or South Today de Paul Dressler, usaron el conflicto con España para fomentar la reconciliación entre el Norte y el Sur.  Estas canciones subrayaban a España como el enemigo común que enfrentaban los antiguos adversarios de la guerra civil norteamericana. En canciones como He Laid Away a Suit of Gray to Wear the Union Blue de Edward M. Wickes y Ben James, los norteamericanos sanaban las heridas de la guerra civil y volvían a ser un solo pueblo unido frente a un enemigo común.

Ma Filipino BabeCuando la euforia nacional de la victoria contra España dio pasó a un intenso debate entre imperialistas y anti-imperialistas, Tin Pan Alley reenfocó la temática de sus canciones hacia el problema racial que significaban los habitantes de las islas recién adquiridas. Rydell examina una de las muestras más importantes de esta tendencia, Ma Filipino Babe (1899) de Charles K. Harris. Según el autor, en esta canción sobre el reencuentro de dos amantes separados por la guerra–un soldado afroamericano y una mujer filipina– Harris invocaba el fantasma del “miscegenation” (el mestizaje) –uno de los grandes temores de la época– e identificaba las semejanzas entre los filipinos (los sujetos coloniales externos, diría yo) y los negros norteamericanos (los sujetos coloniales internos). Aunque no criticaba la guerra, esta canción sí cuestionaba la capacidad de los filipinos para convertirse en ciudadanos estadounidenses al igualarles con los afroamericanos.

MA FILIPINO BABE – Charles K. Harris (1899)

On a war boat from Manila,

Steaming proudly o’er the foam,

There were many sailors’ hearts fill’d with regret;

Gazing backwards at the islands,

Where they’d spent such happy days

Making love to ev’ry pretty girl they met;

When up spoke a colored sailor lad

With bright eyes all aglow,

‘Just take a look at ma gal’s photograph.’

How the white crew laugh’d and chaffed him.

Where shiny face they saw.

But he said: “I love ma Filipino baby.”

Chorus—

She’s ma Filipino baby,

She’s ma treasure and ma pet.

There’s no yaller gal that’s dearer,

Though her face is black as jet

For her lips are sweet as honey,

And her heart is pure I know;

She’s ma pretty blackfaced Filipino baby.

In a little rustic cottage

In the far off Philippines,

Sits a little black-faced maiden all alone,

Waiting for sailor lover;

Though he’s black as black can be,

Yet she loves him and her heart for him does yearn.

Suddenly she hears his dear voice,

As he cries out, ‘Carolin,

I’ve come back to the only gal I love.’

And that night there was a wedding,

All the ship’s crew gathered there.

Fuente: Charles K. Harris, Charles K. Harris’ Complete Songster. Chicago: Frederick J. Drake Co., 1903, 88-90.

Otros compositores vincularon a los filipinos con la alegada lascivia que caracterizaba a los afroamericanos como una táctica para “racializar el discurso imperial uniendo imágenes degradantes de afroamericanos a imágenes  de las personas de piel oscura que se encontraban ahora bajo la sombrilla imperial norteamericana”. De esta forma se les recordaba a los estadounidenses que ya existía un problema racial  en Estados Unidos  que el “imperialismo republicano” buscaba aumentar añadiendo territorios poblados por pueblos racialmente inferiores.

The Charge of the RooseveltRydell concluye que como las caricaturas y las fotografías, las canciones imperiales ayudaron –­junto a sus coloridas caratulas– a  hacer visible y audible el imperio para los norteamericanos, ayudando así a generar un consenso doméstico a favor de la guerra y de la expansión. Sin embargo, éstas también jugaron un papel importante en el debate sobre qué hacer con el producto de tal expansión. Al resaltar la alegada incapacidad racial de los sujetos coloniales para la ciudadanía –es decir, para su incorporación política la Unión– contribuyeron a la representación de las nuevas colonias como  “outlying possessions” (posesiones periféricas), “insular possesions” (posesiones insulares) e “incorporated territories” (territorios incorporados), subrayando así su lejanía racial y geográfica. Las canciones imperiales ayudaron a los norteamericanos de clase media a entender el imperialismo en términos raciales y de género, subrayando que los posibles beneficios de éste venían acompañados del peligro de incorporar políticamente (hacer ciudadanos estadounidenses) a pueblos racialmente inferiores. De esta forma ayudaron a crear ­­–junto a otros factores– el escenario para las decisiones de la Corte Supremo en los llamados casos insulares. En 1901, la Corte Suprema norteamericana examinó el estatus político de las recién adquiridas posesiones coloniales de los Estados Unidos a través de una serie de importantes decisiones que pasaron a ser conocidas colectivamente como los casos insulares. En el más importante de éstos, Downes v. Bidwell, la corte decidió que las islas obtenidas en la guerra con España eran territorios no incorporados de la nación norteamericana. Según la corte, las islas pertenecían, pero no eran parte de Estados Unidos. Como los nuevos territorios eran propiedad, pero no parte integral de los Estados Unidos, era el Congreso quien definiría la aplicación de la constitución norteamericana a los habitantes a éstas. En otras palabras, ni los filipinos, ni los puertorriqueños estaban cobijados por la constitución norteamericana y, por ende, el Congreso tenía pleno poder para discriminarles negándoles la ciudadanía o el libre acceso al mercado estadounidense. En el caso de Puerto Rico, tal discriminación se ha extendido hasta nuestros días.

Brave Dewey

Sólo tengo un crítica para este interesante y valioso ensayo: su  autor no deja claro cómo las canciones que analiza ejercieron la influencia que les adjudica. En otras palabras, ¿cómo estas canciones llegaban a los norteamericanos? ¿Qué hacían éstos con ellas? ¿Cuántas de ellas se vendieron? ¿Qué ganancias generaban? ¿En qué medios artísticos se reproducían y por quienes?  Rydell está consciente de esta limitación y de ahí que recurra al trabajo de  la historiadora norteamericana Kristin L. Hoganson sobre la importancia de la esfera doméstica en el desarrollo del imperialismo norteamericano en los últimos años del siglo XIX y primeros del XIX (Consumers’ Imperium: The Global Production of American Domesticity, 1865-1920. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2007). Sin embargo, Hoganson no le sirve para contestar del todo las preguntas antes planteadas porque ésta se limita a enfocar el papel jugado por las mujeres de clase media transformando sus hogares en “imperial outposts” (puesto de avanzada imperial).  No cuestionó la importancia de la esfera doméstica en el proceso de creación de un consenso nacional alrededor del imperialismo, pero considero que ésta no explica del todo la influencia que tuvieron estas canciones. Espero que Rydell enfoque este problema en trabajos futuros.

Belle of ManilaDebo terminar subrayando que esta crítica no le resta importancia a este ensayo por varias razones. En primer lugar, porque Rydell expande los horizontes del análisis  del imperialismo estadounidense al incorporar la música. El autor examina el rol que desempeñó un grupo de compositores en la construcción de un consenso nacional imprescindible para la expansión de finales del siglo XIX.  Con ello confirma la importancia de la cultura en el análisis de las prácticas, políticas e instituciones imperiales estadounidenses. Segundo, el autor identifica la relación que existió entre raza  y música en el debate nacional que provocó la guerra con España y la adquisición de un imperio insular. Los compositores del Tin pan Alley apoyaron la guerra y a expansión, pero rechazaron en términos profundamente raciales la incorporación política de los pueblos que fueron adquiridos en 1898.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, Perú, 25 de diciembre de 2012

NOTA: todas las traducciones del inglés son mías. Aquellos interesados en el tema analizado por Rydell podrían visitar los siguientes vínculos:

Read Full Post »