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El regreso de los talibanes al poder ha levantado serias preocupaciones por el futuro de las afganas. Muchos temen, no sin razón, que los talibanes restablezcan un regimen opresivo que coarte las libertades y derechos de las mujeres.

En esta breve nota publicada en JSTOR, el escritor Matthew Wills comentá un artículo publicado en el año 2003 por la socióloga Kim Berry, analizando cómo, tanto estadounidenses y talibanes, usaron  a las afganas políticamente. De su análisis quedan claro dos cosas. Primero,  las politicas estadounidenses de los años 1980 allanaron el camino de los fundamentalistas al poder, y , por ende, fueron responsables de los problemas de las mujeres en Afganistán.  Segundo, que en la invasión de 2001, el bienestar de las afganas no era, realmente, una prioridad para los políticos en Washington.


Rules the Taliban Imposed on Women When It Last Took Over Afghanistan

¿Una guerra para liberar a las mujeres afganas?

Matthew Wills 

JSTOR   23 de agosto de 2021

La difícil situación de las niñas y las mujeres bajo el gobierno de los talibanes fue uno de los principales asuntos para promover  la invasión del Afganistán en 2001. Dos décadas después, con la retirada de las fuerzas extranjeras del país y el regreso de los talibanes al poder, la difícil situación de las mujeres y niñas afganas ha vuelto a ocupar un lugar central.

Kim Berry | Critical Race, Gender & Sexuality Studies

Kim Berry

El sociólogo Kim Berry detalla cómo el conocimiento público de las “estrategias represivas de género” de los talibanes se extendió durante la concepción inicial de la “guerra contra el terrorismo” después del 9/11. Pero, ¿podría un esfuerzo militar para perseguir a los autores intelectuales de los ataques del 9/ll ser también una guerra de liberación para las mujeres?

Berry argumenta que hubo “omisiones críticas y tergiversaciones” en el uso simbólico de mujeres y niñas afganas durante la movilización para la guerra.

Por un lado, la historia del apoyo estadounidense a los talibanes y sus precursores fue ignorada. Durante la guerra soviético-afgana (1979-1989), Estados Unidos y sus aliados canalizaron unos $10.000 millones de dólares a los muyahidines fundamentalistas. Esto, escribe Berry, estableció las “condiciones materiales e ideológicas para la eventual dominación de los islámicos en la política afgana”.

Una vez que los soviéticos se retiraron de Afganistán, en 1989, el vacío de poder resultante llevó a muchos afganos a dar la bienvenida a los talibanes, formados por elementos de los muyahidines, en nombre de la ley y el orden. Los funcionarios estadounidenses, por otro lado, estaban preocupados por las perspectivas de que UNOCAL, una compañía petrolera con sede en Texas, construyera un gasoducto de gas natural y de una ofensiva talibán contra el opio. El estatus de las mujeres era mucho menos importante para los estadounidenses.

Todo esto cambió, al menos retóricamente, después del 9/11. Por ejemplo, en un discurso por radio, la primera dama Laura Bush argumentó que “la lucha contra el terrorismo es también una lucha por los derechos de las mujeres”. La representante Carolyn Maloney usó un burka en el Congreso, mientras que el Departamento de Estado emitió un informe  que detallaba la misoginia de los talibanes. Los principales medios de comunicación lo siguieron, incluida una historia de portada de Time  titulada “Levantando el velo”.

User Clip: Rep. Carolyn Maloney wears burka on House floor (discussing  Taliban treatment of Afghan women) | C-SPAN.org

Pero entonces la agenda declarada de liberar a las mujeres se encontró con la realidad de Afganistán. Grupos como la Alianza del Norte, aliada con la fuerza de invasión liderada por Estados Unidos, a menudo estaban compuestos por ex muyahidines que podían ser tan violentamente patriarcales como los talibanes. Aliados individuales anti-talibanes como el general Rashid Dostum fueron acusados por grupos de derechos humanos de “asesinatos en masa, tortura, secuestro y violación”.

Mientras tanto, el eufemismo de “daños colaterales” abarcaba bombardeos y ataques con misiles de crucero que mataron a civiles, es decir, mujeres y niñas, así como hombres y niños. Berry cita a un crítico de la guerra que argumentó que la supuesta preocupación por las mujeres puso un “brillo feminista en algunos de los bombardeos más brutales”.

Al final, escribe Berry, tanto los estadounidenses como los talibanes usaron a las mujeres como símbolos para sus respectivas causas.

Wars Are Not Fought to Liberate Women' - FAIR

Para los talibanes, el control de las mujeres simbolizaba la adhesión a la combinación de las tradiciones pastunes con una interpretación radical del Islam, su receta para la creación de una sociedad ideal. Estados Unidos ha utilizado a las mujeres afganas como símbolo para legitimar su campaña de bombardeos… y más ampliamente para legitimar su “guerra contra el terrorismo”.

Todo esto hizo que fuera una forma contradictoria de “luchar por los derechos y la dignidad de las mujeres”, como dijo Laura Bush.

Berry, K. (2003). THE SYMBOLIC USE OF AFGHAN WOMEN IN THE WAR ON TERROR. Humboldt Journal of Social Relations, 27(2), 137-160. http://www.jstor.org/stable/23524156

Traducido por Norberto Barreto Velázquez

 

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